Mostrando las entradas con la etiqueta 8 de marzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 8 de marzo. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 06, 2012

Victoria, tragedia y farsa

En algún lugar utópico, lejos del despotismo y de la miseria, se trazaron los meridianos del progreso para extinguir los contrastes de la ignorancia; y en aquel mundo sin límites, se realizarían las grandes esperanzas en cada uno de los acordes de la sinfonía humana…

Dicen los que saben que los momentos estelares de la historia universal suelen repetirse dos veces; afirman que la primera repetición es trágica, confirman que la segunda es una farsa y sustentan este postulado con la naturaleza volátil de la memoria.

El 5 de Mayo de 1862 el ejército mexicano venció en Puebla a las fuerzas intervencionistas francesas; el estruendo de aquella victoria cubrió de gloria a las armas nacionales pero en este episodio se confirma la veleidosa naturaleza de las repeticiones en la historia: en1862 el Ejército de Oriente derrotó a los invasores extranjeros y a los conservadores mexicanos que los apoyaron; al año siguiente, la confrontación entre México y Francia se repitió como una de las grandes tragedias en la historia nacional; la caída de Puebla en 1863 fue el preludio del Segundo Imperio Mexicano coronando los esfuerzos de los conservadores.

En la magna conmemoración del 150 aniversario de la heroica batalla de Puebla se rindieron honores y ofrendas al General Ignacio Zaragoza, el estratega militar que derrotó al mejor ejército del mundo y se dramatizaron las acciones bélicas alrededor de los fuertes de Loreto y Guadalupe. Pero la farsa se transformó en un insulto a la inteligencia: Felipe Calderón, presidente de México, flamante heredero del conservadurismo y ferviente opositor al estado laico, exaltó el valor de aquellos héroes que defendieron la ideología liberal durante el régimen de Benito Juárez, cuando el laicismo se instituyó como atribución del estado.

La remembranza enfatiza el contraste en las tendencias del pensamiento y provoca un dolor ligero pero insufrible; las utopías irrealizadas lesionan la capacidad de elevar las aspiraciones. El nacionalismo fue el ideal político de la Modernidad temprana, el factor de identidad y cohesión social que sustentaba al gobierno; hoy por hoy, en plena globalización, los estados nacionales están peligro de extinción. El llamado a defender la soberanía nacional “para que ningún poder de facto intente arrebatarnos lo que es nuestro” lo emite un mandatario que concibe la administración pública como una mega agencia de negocios que oferta los recursos de su país al mejor postor.

Pero estas inconsistencias éticas pasan desapercibidas en el espectáculo mediático que comprime y trivializa las andanzas de la historia; el espíritu de una época se evapora en la parafernalia de festejos insulsos. La conmemoración de las glorias del pasado debería propiciar la reflexión, recapitular las victorias y los ideales fallidos, reconstruir aquel mundo sin límites para realizar las grandes esperanzas en cada uno de los acordes de la sinfonía humana…

lunes, marzo 07, 2011

Pan y rosas

En algún lugar de la modernidad, entre los engranes y las líneas de ensamble en un mundo industrializado surgió la imperiosa necesidad de reconocer la importancia de la feminidad, de valorar sus esfuerzos y ponderar su influencia en un mundo edificado con la virilidad…

A finales del siglo XIX, en los albores de la industrialización, el trabajo se erigió como la única fuente de sustento y subsistencia; la aguda desigualdad social y la pobreza galopante obligó a las mujeres a salir del hogar e incorporarse al lumpen de las fuerzas productivas. El 8 de marzo de 1857 en Nueva York, las mujeres que trabajaban en la industria textil (garmet workers) protestaron contra los salarios bajos y las inhumanas condiciones laborales. La policía reprimió la protesta y dispersó a las manifestantes. Dos años más tarde, también en marzo, estas mujeres crearon su primer sindicato con el fin de protegerse y conseguir los derechos laborales básicos. El 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir un recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. El eslogan que eligieron fue "Pan y Rosas": el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida. En 1910, en Copenhague, en la conferencia internacional de organizaciones socialistas se propuso la creación de una Día de la Mujer con carácter internacional para conmemorar la huelga de las "garment workers" de los Estados Unidos.

Hoy por hoy, en el imperio del mercado, las celebraciones del Día Internacional de la Mujer consisten en eventos que exaltan el “empoderamiento” femenino en un mundo falocéntrico. Pero en el ímpetu feminista posmoderno se omite reconocer la influencia de la mujer cuando intervenía en la construcción del destino desde el hogar.

En la oscuridad de los tiempos la reproducción de la especie fue posible por el cuidado que las primeras mujeres prodigaron a los hijos en las cavernas y en las chozas; el derecho materno fue la única secuencia confiable para establecer los parentescos y linajes; la agricultura, el detonante del desarrollo de la especie humana, se atribuye a las mujeres prehistóricas que esperaban en la aldea el regreso de los hombres que salían a cazar. En la modernidad, el reconocimiento a la mujer surge cuando ellas deben incorporarse al mercado laboral, pero en la posmodernidad se agudizan los estragos de la ausencia de la figura femenina como el centro del hogar. El declive de los “memes” se confirma en la falta de hábitos alimenticios, en la carencia de conciencia, de valores éticos y en el egoísmo trepidante de la generación digital.

Por eso ahora, en el umbral de la sociedad del conocimiento cuando la información fluye vertiginosamente, la formación de seres humanos, pensantes y sensibles es un imperativo global porque el empoderamiento de la mujer fuera del hogar dejó un vacío que nada ni nadie han logrado compensar en un mundo materializante y edificado con el criterio de la virilidad…