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martes, abril 07, 2020

Sin servidumbre ni dominio


En algún lugar dominical se abrazaron las voces femeninas y al caer la tarde, el eco de la dignidad herida reivindicó un reclamo ancestral…    

El domingo 8 de marzo caminé junto a muchas mujeres compartiendo un reclamo legendario; grité exigiendo respeto y justicia alentada por la empatía de un duelo compartido; todas éramos diferentes y sin conocernos, surgió un aprecio espontáneo; la confianza recíproca nos hermanó con un lazo auténtico que se manifestó el día siguiente.

Y nos ausentamos del mundo circundante en una adhesión masiva y su magnitud revela la incidencia de los abusos a la mujer: a todas, en algún momento, nos han demeritado, reprimido, ofendido, lastimado. La violencia, en todas sus manifestaciones y tonalidades, es un elemento persistente en la cotidianidad femenina: tolerado, oculto y agazapado en el último rincón de la memoria.

Ahora, la ausencia deliberada de las mujeres en la esfera pública se impone como un punto sin retorno a partir del cual, erradiquemos los modelos y estereotipos denigrantes. Quiero creer que en el hogar convergerán dos voluntades que se complementarán, dos lealtades recíprocas, sin servidumbre ni dominio con el único afán de formar seres humanos, con todo lo que ello implica. La persistencia del machismo declinará cuando las madres y los padres pregonen con el ejemplo e infundan en sus hijos el respeto a la dignidad de los semejantes; cuando el talento emerja sin las distinciones del género; cuando extirpemos los prejuicios impuestos por especímenes alfa ancestrales.    

Porque lo único que nos distingue de los primeros sapiens es la organización social. Alguna vez, cuando la perpetuación de la especie era la prioridad absoluta, se veneraba la fertilidad de las venus paleolíticas; durante siglos, la maternidad fue la única certeza para secuenciar el linaje. Cuando la guerra se erigió como la industria más lucrativa, el patriarcado emerge y se impone por cuestiones patrimoniales: para garantizar, sin duda alguna, la paternidad del primogénito que heredaría la riqueza familiar.

Pero el criterio patriarcal aún se impone y dispone. El gran patriarca de la 4T demeritó la marcha y el paro nacional de mujeres; no conforme, le adjudica motivos subversivos y la nefasta intención de derrocar a su régimen, como lo declaró un célebre personaje digno de toda nuestra confianza: una mujer encapuchada que fue entrevistada durante la marcha del domingo que así, le proporcionó al mandatario el elemento vital para la manipulación goebbeliana, tergiversando los hechos como ataques siniestros a su régimen en el cuento sexenal de nunca acabar.

Aclaro: la reivindicación de la mujer es una tarea postergada por siglos, la violencia por motivos de género es una perversión de nuestra especie que se agudiza exponencialmente. La causa no se le atribuye a la 4T pero tampoco su solución porque será un largo proceso social y la anhelada secuencia cultural nos involucra a todas y todos: la siguiente mutación de nuestra especie será el advenimiento de la igualdad de los géneros como una prerrogativa de la condición humana atendiendo, por fin, al eco de la dignidad herida como un reclamo ancestral…

9 de marzo


“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”
Emily Dickinson

En algún lugar vulnerable irrumpen los afanes deshumanizantes que nos envilecen; el dominio a través de la crueldad impregna la esfera pública con todas las manifestaciones de la crueldad por motivos de género…         

Durante toda mi vida he sido testigo del maltrato a las mujeres; familiares, amigas, colegas, compañeras, de una u otra forma soportaron (y lo refiero en pasado con la esperanza de que nunca se repita) ofensas a su intelecto, agresiones físicas, gritos y toda clase de agravios a su integridad. Pero debo aclarar, que la crueldad no es una prerrogativa del género masculino; las mujeres también lastiman, vulneran y ofenden porque el ejercicio del dominio a través de la violencia es una perversión que no obedece al género.

Los feminicidios recientes que han indignado a todas las mexicanas y a los mexicanos, revelan que hemos traspasado los índices conocidos de maldad en un retroceso que nos ubica en los grados más grotescos de la bestialidad. Perdemos, inexorablemente, la cualidad que alguna vez nos humanizó. En la mayoría de los casos, el afán de dominar con amenazas y violencia se impone a cualquier atisbo de empatía en un fenómeno que nos involucra a todas y a todos.

Desde la divulgación de la convocatoria “El 9 nadie se mueve” han surgido argumentos a favor y en contra, se han prodigado razones para apoyar el paro nacional y motivos para demeritarlo. El presidente López Obrador descalificó la convocatoria advirtiendo que sus adversarios son los paladines del feminismo y ha intentado desviar la atención de la opinión pública a temas triviales. Pero el apoyo se multiplica a pesar del presidente. Es evidente que el tema femenino jamás atrajo su atención y su postura revela los rasgos de una dictadura mesiánica. Es obvio que la defensa de las mujeres no coincide con la cuadratura de su criterio vetusto y arcaico, que desvirtúa todos los reclamos con el mismo cuento: todo es culpa de los perversos conservadores y de los neoliberales corruptos.

Y aquí, es necesario aclararle al mandatario, que el reclamo de justicia en cuestiones de género, no es un ataque al régimen de la 4T, es la expresión del hartazgo y del repudio por la impunidad que venimos arrastrando de tiempo atrás. Es un flagelo social que se ha agudizado por el silencio de las víctimas, por la indefensión de los deudos, por la impotencia de los ofendidos en un sistema que no protege ni defiende a los más vulnerables.

También han surgido interrogantes: qué se pretende lograr en un Día sin mujeres?  Le confieso que no tengo ni la menor idea pero sí, la más positiva de las expectativas. Quiero creer que la ausencia de las mujeres en la esfera pública y económica modificará la actitud tradicional que nos somete, flagela y demerita. Es imperativo un cambio radical en todos y en todas para castigar en su justa dimensión, todas las manifestaciones de la crueldad por motivos de género...



Divagando sobre un tema inédito


Un deseo absolutamente inédito no podría ser percibido,
porque no tendríamos un código para descifrarlo.
Dalmiro Sáenz

En algún lugar recóndito de una dimensión desconocida, se erige la Biblioteca de las Obras Inéditas; ahí se conservan todos los proyectos irrealizables, los planos de los castillos que se edificarían en el aire, las improvisaciones y las soluciones descabelladas…

Por fin se aclaró la duda existencial que nos mortificaba: no hemos caído en el abismo de una dimensión desconocida, tampoco deambulamos en el realismo mágico, ni traspasamos las fronteras del surrealismo: estamos en el terreno de lo inédito. Ya es oficial, y a partir de ahora, todo lo insólito, inaudito y lo que implique originalidad adquirirá validez jurídica.

El incidente que oficializa nuestra inédita ubicación es la infame rifa del avión presidencial, una reverenda vacilada que desencadena una secuencia de definiciones y sinónimos: Lo inédito, entendido como todo aquello que aún no se publica o se divulga implica también todo lo nuevo y lo desconocido cuya originalidad lo hace excepcional y extraordinario; pero en el territorio de lo inédito también residen los excesos que conducen al absurdo, a lo ridículo y extravagante.

Continuando con la secuela de sinónimos: Lo excepcional, es la rapidez con que se modificó la Ley Orgánica de la Lotería Nacional para rifar un premio que no admite fragmentaciones y que no se entregará al afortunado ganador. Lo insólito, es la preponderancia de este asunto en la opinión pública a sabiendas que es una burda distracción. Lo inaudito, es la fugacidad de los planes y de las soluciones a los problemas causados por la necedad y la insensatez. Lo inverosímil, es la distorsión de la aritmética en cenas guajiras que ofenden a la inteligencia.

Parecía improbable pero ya es una realidad. En este régimen, la secuencia histórica no representa ningún avance porque el rumbo de esta transformación nos conduce a un pasado nefasto. Pero lo increíble, por extraño que parezca, es la ausencia del equilibrio en el poder, que debe entenderse como el preámbulo del absolutismo. Merodeando en la explanada de lo extravagante, es inconfundible la figura dogmática de un gobernante que no admite réplicas ni cuestionamientos.  Recuerde que la polémica venta del avión presidencial surgió como una promesa de campaña cuyos costos e inconvenientes todavía no bastan para reconsiderarla.

Sea como fuere, debemos adaptarnos al entorno con singular alegría. Por eso, debemos reconocer que una de las bondades de lo inédito es la vigorización de la capacidad de asombro: cuando creíamos que ya nada podría sorprendernos, surge un caso insólito y una solución más exasperante que todo lo anterior. Y tras la sacudida neuronal provocada por la sorpresa, se reconectan las percepciones y se fortalece el filtro que discierne lo razonable y lo irrisorio; y así, sorpresa tras sorpresa, blindamos el hemisferio de la cordura contra todos los proyectos irrealizables, los planos de los castillos que se edificarían en el aire, las improvisaciones y las soluciones descabelladas…


martes, enero 21, 2020

Hitos del surrealismo democrático


“Parece necesario recordar que, en democracia,
el poder político siempre es limitado y se sujeta a la ley.”
Ciro Murayama

            En algún lugar claroscuro se registran los vaivenes de los ideales; la retórica obedece al criterio imperante y por eso, algunos hitos se escriben con ética democrática y otros, con la perorata vergonzante de las tiranías…  

            Dicen los que saben, que el lunes 20 de enero es el día más triste del año. Para algunos, el fin de las fiestas y el inicio de la cuesta de enero son motivo de tristeza; para mí, y para muchos ciudadanos en México, el motivo de la tristeza de este lunes es la amenaza a la autonomía del INE, el órgano ciudadano que ha organizado elecciones libres y auténticas logrando la alternancia y la erradicación del autoritarismo.  

            La reforma que está preparando el partido en el poder vulneraría la condición autónoma del INE en un retroceso brutal que se inscribiría en la larga lista de los momentos más vergonzosos en nuestra historia. Los hitos de la democracia en México son claroscuros de un ideal de largo aliento, algunos son una auténtica vergüenza, pero otros, motivo de optimismo; no voy a remontarme a la entrevista de James Creelman a Porfirio Díaz, me limitaré a rememorar los episodios que exhiben los excesos del poder como un surrealismo rampante en su máximo esplendor.

Este breve recorrido inicia en 1976 con una boleta electoral con un contendiente único, lo que exhibió la arrogancia de partido gobernante. En aquel entonces, la responsabilidad de organizar las elecciones recaía en la Comisión Federal Electoral presidida por el Secretario de Gobernación porque el órgano electoral dependía del poder Ejecutivo y cumplía con la doble función de calificar la elección y atender los caprichos del candidato como paladín del Ejecutivo.  José López Portillo fue el único candidato en la boleta electoral y fue postulado por el Partido Revolucionario Institucional, por el Partido Popular Socialista y por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana; el candidato del Partido Acción Nacional no contendió en  los comicios porque no alcanzó el porcentaje establecido en sus estatutos para la elección interna y los votos para los candidatos del Partido Comunista  Mexicano y del Partido Femenino se calificaron como nulos porque los partidos no tenían registro oficial.

Fuimos el hazmerreír mundial y el colmo del cinismo. La retórica del surrealismo registró este episodio así: “Muchos años después, en una entrevista a Enrique Krauze, el expresidente José López Portillo habría de recordar aquella tarde de julio en que, con un solo voto, el voto de su madre, ganó la elección”.

Este recorrido continuará en las próximas columnas. Por lo pronto, y en mi calidad de ciudadana, apegándome a los principios democráticos que me comprometí a observar desde que rendí protesta como consejera electoral, con la ética como argumento primigenio y según mi leal saber y entender, hago eco del llamado en defensa de la autonomía de la institución electoral; de no hacerlo, escribiríamos el próximo hito de la democracia con la perorata vergonzante de las tiranías...
   

miércoles, diciembre 11, 2019

La más triste y fatal de las paradojas


En algún lugar frenético, las aversiones resurgen amalgamando ansias vengativas en un afán absolutista; si los rencores acendrados vulnerasen los ideales democráticos, se provocaría la más triste y fatal de las paradojas…

            Me queda claro. La esencia de la transformación en este régimen es el antagonismo: una amalgama de aversiones agazapadas que se agudizó sexenio tras sexenio y que ahora, se legitima en la retórica presidencial que resucita a las antípodas que creíamos extintas. En pleno siglo XXI, incursionan en la política los “conservadores y los liberales” (de los tiempos del  juarismo) y la población se polariza en “fifís y chairos” encarnando a las filias y las fobias del señor presidente.

Cada mañana, en la conferencia presidencial, se actualiza la estrategia primigenia de la propaganda goebbeliana que consiste en dirigir la frustración social hacia un enemigo único; por eso, a diestra y siniestra surgen “adversarios” al régimen de un presidente que aún no se percata que nos gobierna a todos: a chairos y fifís, a conservadores y liberales, a sus adversarios y a sus partidarios, a sus críticos y a sus aduladores. La lista de los adversarios es una evidencia galopante que incluye a los periodistas que muerden la mano que les quitó el bozal, a los empresarios que usan doble chaqueta, a los académicos que andan en las nubes, y recientemente, a la burocracia dorada.

Pero las filias y fobias son mucho más que exabruptos presidenciales porque trascienden los mensajes mañaneros y se concretan en decisiones y acciones para someter a su voluntad, y a su inquina, al poder judicial y a las instituciones autónomas. La sombra del caudillo popular enturbia el paisaje político remitiéndonos a un totalitarismo que oficializa los resentimientos de un líder que sigue en campaña. Aplicando la austeridad como criterio fundacional, el castigo del régimen se traduce en recortes presupuestales a las instituciones y dependencias que por su autonomía y su masa crítica constituyen el único contrapeso al poder presidencial. 

En la Ley de Egresos de la Federación la inquina presidencial se dirige contra la burocracia dorada en el Instituto Nacional Electoral con un recorte de mil millones de pesos, por lo que el instituto deberá implementar la estrategia de la manufactura esbelta para realizar sus funciones. Pero la fobia persiste: la autonomía del INE podría vulnerarse si se aprueba la reforma de Morena que reduce el periodo en la presidencia del Consejo General y que propone la rotación del cargo. Desafortunadamente, la oposición carece de fuerza y consistencia.

Pero la democracia es un valor que excede al monto presupuestado porque en la construcción del órgano electoral han intervenido todas fuerzas sociales y a todos nos concierne su defensa porque los principios democráticos no deben postrarse ante rencores acendrados; desvirtuar el matiz ciudadano y el carácter autónomo del INE implicaría un retroceso aberrante; vulnerar al órgano electoral que garantizó la libertad de los votos que llevaron a la presidencia a López Obrador sería mucho más que una triste y fatal paradoja, sería el preámbulo de una tiranía autocrática y popular…




jueves, febrero 07, 2019

Un dilema de largo aliento


“Fiat iustitia, ruat caelum.”
Hágase justicia, aunque se caiga el cielo.
Lucio Anneo Séneca

            En algún lugar de la vanguardia, precediendo todos los discursos se erige el estandarte que guiará todas las acciones y justificará todas las reacciones; con el advenimiento del nuevo ideal se reinterpreta la historia y se redefinirá el porvenir…

            La reinvención del Estado suele intensificarse en los gobiernos de transición y es entonces cuando las necesidades insatisfechas y los problemas desatendidos deberían transformarse en los satisfactores y las soluciones del nuevo régimen. El contraste, como virtud y como proyecto, suele instaurarse desde los primeros días del nuevo gobierno con el criterio que habrá de definir las prioridades en las políticas públicas.

Más allá del ímpetu demostrado por la infatigable condición de los gansos, el régimen de Andrés Manuel López Obrador emprendió el vuelo mucho antes de la transmisión oficial del poder y desde entonces se enarboló por los cielos el estandarte del combate a la corrupción como la estrategia primordial para resolver los problemas que afligen a l@s mexican@s.

Tras décadas de desencanto acumulado por un sinfín de aberraciones sin castigo, cuando Andrés Manuel prometió que no habría nada ni nadie por encima de la ley, las expectativas se elevaron hasta el firmamento. Cada cual en su circunstancia, imaginó el feliz desenlace de un drama nacional exacerbado por la desigualdad social y la procuración discrecional de la justicia; cada quien desde su perspectiva, celebró el combate a la corrupción. Con esta lógica, la revelación de una compleja y complicada red de complicidades en el robo de hidrocarburos en todo el territorio nacional se entiende como el inicio del combate a la corrupción: el éxito dependerá de la aplicación de la ley, en un auténtico Estado de Derecho. Y es ahí, donde resurge el legendario dilema que atormenta a todos los gobernantes: aplicar la ley aunque al hacerlo disminuya la aceptación popular o el favor de las elites. Solo así puedo explicar las recientes redefiniciones del crimen y la reconfiguración del ámbito delictivo que pretenden instaurarse. El latrocinio y la depredación de la riqueza nacional no admiten atenuantes cuando sus estragos han deteriorado la calidad de vida de una inmensa mayoría de mexican@s.

 El dilema de los gobernantes (entre procurar el amor de los ciudadanos o inculcarles temor) nunca ha sido fácil. Tampoco lo es ahora cuando el estandarte de la Cuarta Transformación ondea ya en la idiosincrasia nacional como el abandono de las actitudes que deterioran la calidad de la ciudadanía y la erradicación de los vicios que nos envilecen. Las expectativas están por los cielos y tod@s anhelamos que por fin, se haga justicia aunque se caiga el cielo. Todas las miradas coinciden en el ideal reinstaurado de una patria justa y generosa, todos los afanes se aprestan a la reivindicación del bien común como valor cívico, todos los anhelos convergen en la legalidad como la pauta que redefinirá el porvenir…    


jueves, enero 24, 2019

Una moraleja anticipada


En algún lugar intrincado, la dinámica de los fluidos y el volumen delictivo se desplazaban en una siniestra ecuación eludiendo los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

El operativo contra el robo de hidrocarburos implementado en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador revela la existencia de una complicada red de complicidades cuya extensión, magnitud y profundidad plantean incógnitas por esclarecer. Los analistas identifican la trayectoria del dinero y esta ruta inicia con cantidades escalofriantes (porque exceden la capacidad de asombro) e insufribles (porque son una ofensa a la inteligencia): Pemex reportó 12, 581 tomas clandestinas que extraían gasolina durante 10 o 12 horas todos los días, razón por la cual disminuía “notablemente” la presión en los ductos pero esta anomalía pasó desapercibida durante tres sexenios; el monto de las fugas en los ductos ascendió a 60 mil millones de pesos anuales que fueron debidamente registrados como merma pero hasta el momento no se han cuantificado los beneficios mal habidos.

Sí… parece el inicio de un relato surrealista ubicado en la República del Infeliciaje. Y si agregamos el contagio de pánico en las redes sociales provocando reacciones histéricas y compulsivas, tendríamos los elementos para un episodio negro, tan negro como el cartel [1] que controla el huachicoleo y tenebroso como el origen de la palabreja.  La decisión es temeraria: acabar con una fuga estratosférica, y con sus estragos en el gasto público, implica un esfuerzo monumental por los recursos humanos, materiales y técnicos que exige, por la intrincada red de intereses y complicidades que afecta, por los retos de su implementación y por el costo social derivado de molestias e inconformidades.

La moraleja de este episodio es que la Cuarta Transformación exige mucho más que las acciones del gobierno: requiere una perspectiva diferente para aceptar la crítica y la apertura necesaria para incluir alternativas y soluciones propuestas por los sectores ajenos a la administración pública; pero el factor más importante es la reingeniería social, el vencimiento de las inercias en un giro de 180 grados en la actitud generalizada. La erradicación de los vicios, excesos y abusos en el poder exige la adopción del bien común en las prioridades individuales, recuperar la noción extraviada de la patria como factor de identidad y cohesión, pensar y actuar por y para nosotros. Pero si la Cuarta Transformación se concentra en un Estado Todopoderoso y Dogmático (que todo lo puede y no acepta cuestionamientos, réplicas ni críticas) el resultado será una Transformación de Cuarta.

Son muchos los hábitos nocivos que todos debemos extirpar de nuestra singular idiosincrasia y el reto es colosal. La construcción del porvenir es una faena social que habrá de realizarse de arriba hacia abajo y viceversa, inculcando el valor civil como el atributo imprescindible de los mexicanos dispuestos a erradicar los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

            [1] La periodista Ana Lilia Pérez Mendoza identifica a los implicados en el robo de hidrocarburos en su libro “El cartel negro”.

domingo, septiembre 23, 2018

La batalla de los necios


En algún lugar de la discordia, merodean los adjetivos de la hostilidad exacerbando los argumentos del triunfo, enardeciendo los motivos de la derrota, transformando en incordios todas las oportunidades para el acuerdo…  

            En semanas recientes y por obra de la casualidad, he observado los efectos del fanatismo en varias conversaciones cuando los tintes políticos convirtieron a los participantes en fieros adversarios. Los encuentros de opiniones en torno a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador son auténticos encontronazos de filias y fobias, defendidas apasionadamente. Y ahí, en la defensa a ultranza y en la contundencia del ataque, merodeaba la intolerancia.

            Paulatinamente, los mexicanos nos hemos segregado en dos opciones excluyentes y repelentes; no hay medias tintas ni tonos grises porque las alternativas se encuentran en extremos que cada vez se alejan más, alejándonos del verdadero consenso. La hostilidad entre los conversadores demerita el debate y no existe la justa medianía para lograr un acuerdo porque al calor de la discusión se evaporan las razones y emergen los prejuicios para asestar insultos sin disimulo y con desdén.

            Unos se envalentonan y otros se afanan pero el intercambio de opiniones se reduce al reproche de las diferencias entre ellos, pero tanto unos como los otros, son víctimas del fanatismo: Quienes defienden al presidente electo y quienes no lo eligieron son paladines fieles a su dogma y no admiten cuestionamientos, críticas ni observaciones. Y si alguien no comulga con sus postulados, es un adversario indigno de confianza.

Los que presencian estos altercados generalmente se quedan sin palabras, algunas veces por prudencia y otras por la efusividad de los contrincantes; en el resguardo del silencio y con pena ajena, atestiguan la metamorfosis de sus conocidos en personajes con una ferocidad desconocida cuando se les pregunta por su militancia partidista. Al percatarse de la transformación de dos finas personas en feroces energúmenos, los testigos de la polémica intentan atenuar la rispidez y calmar los ánimos exasperados alertándolos de la intolerancia inminente, pero nadie atiende los llamados a la concordia y el fiel de la balanza permanece imperturbable, esperando que la sensatez conduzca a los beligerantes al aristotélico punto del equilibrio.  

            Los incordios, y el fervor que implican, conducen invariablemente al callejón de la amargura. Estos insufribles ejercicios de la necedad concluyen cuando alguno de los involucrados desiste, ya sea por cansancio o por coraje, mientras su contra parte se vanagloria como el portador de la verdad absoluta, o sea, la neta del planeta. Tras la pírrica victoria de los necios, lo que queda en el ambiente es una sensación agridulce y la desagradable certeza del distanciamiento.

            La simpatía o militancia partidista es el criterio menos recomendable para adjudicar atributos a nuestros compatriotas, sin embargo, parece que el incordio se ha convertido en el entretenimiento favorito de la ciudadanía pero ya es tiempo de erradicarlo; el próximo presidente gobernará a tod@d l@s mexican@s, debe trabajar por el bienestar, la seguridad y el progreso de tod@s; sin importar las filias partidistas, la ciudadanía debe asumir su responsabilidad como contrapeso del poder y aprovechar todas las oportunidades para el acuerdo…

domingo, agosto 05, 2018

Rompiendo lanzas. El discreto encanto del contraste

En algún lugar veleidoso, muy lejos de la consistencia, las fobias se convierten en filias, los ataques encarnizados se transforman en lisonjas disfrazadas y en un giro insólito, se rompen lanzas por los enemigos de antaño…

La victoria de Andrés Manuel López Obrador fue contundente, insólita. El próximo régimen inicia con un efecto trepidatorio conmocionando las estructuras de la parafernalia mediática al servicio del gobierno. La comentocracia y los opinólogos orgánicos han hecho gala de sus mejores artificios para atenuar el giro excéntrico de su perspectiva y disimular el contraste en sus críticas. Algunos se ufanaban como moderados e imparciales porque insertaban su rechazo entre las líneas de su discurso enfatizando su postura con medios tonos y medias tintas. Aquellos que aprovecharon las bondades del periodismo para defender su condición orgánica, lanzaron críticas implacables con el pretexto de formar opinión.

Sin saber cómo ni cuándo, aquellos que atacaron ferozmente al candidato ahora le desean la mejor de las suertes al virtual presidente electo, justifican sus propuestas y se afanan en detectar las ventajas de lo que alguna vez descalificaron. Categóricamente, pero con discreción, se desplazaron de un extremo a otro. Ahora, los unos y los otros, se desdicen con la gracia del cinismo y se atreven porque creen, firmemente, en la escasa memoria de la gentil audiencia.

Sea como fuere, encubrir las filias y las fobias entre las palabras de una nota informativa es mucho más que una ofensa a la inteligencia porque desvirtúa la esencia del periodismo, definido por Gabriel García Márquez como el “mejor oficio del mundo”. Y tratar de encubrir el giro absoluto en sus intereses, es un flagelo insufrible. La simpatía por algún partido, la adherencia a una ideología o la defensa de un proyecto son humanamente inevitables, pero deben asumirse éticamente, como deben admitirse los errores, las omisiones y los cambios de perspectiva.

Hoy por hoy, cuando Andrés Manuel se prepara para recibir las carpetas de la administración pública, como secuela de la designación de Manuel Bartlett como el próximo director de la Comisión Federal de Electricidad, la comentocracia ha divulgado toda clase de opiniones incluyendo la redefinición de la caída del sistema en 1988 como una “elección inequitativa”, como el gran “mito” que “transformó el sistema político mexicano en una auténtica democracia”. Los orgánicos pretenden redimirse y se disfrazan de transgénicos. 

Esta es apenas una de las redefiniciones que se avecinan. Le recomiendo que acuda a los datos y a las cifras originales, evite a los intermediarios y configure su propia opinión. Ojalá que, en el próximo régimen, la crítica se mantenga a una sana distancia del poder y se erija como una autoridad ética e intelectual porque su ausencia sería un brutal retroceso. En estos días, la química primigenia de los opinólogos es poco menos que una quimera y ya no se distingue la militancia autentica y asumida de las simpatías artificiales porque súbitamente las fobias se convirtieron en filias, los ataques encarnizados se transformaron en lisonjas disfrazadas y en un giro insólito, se rompen lanzas por los enemigos de antaño…

domingo, julio 22, 2018

En un puente de París. ¿A qué le tiras cuando sueñas?


“Seamos realistas,  pidamos lo imposible”
Herbert Marcuse

En algún lugar del porvenir se construyen los ideales y se configuran las utopías; cuando llega el momento, la realización de los sueños exigirá el abandono del pasado para materializar los anhelos y las convicciones…

Como ejemplo vivo de mi generación, permanezco en una etapa intermedia hacia la digitalización: celebro las bendiciones de la tecnología en el acceso a la información y para mantener el contacto con los seres queridos, pero aún prefiero las versiones concretas y tangibles. Por ejemplo, después de buscar y buscar sin éxito en bibliotecas y librerías, le doy gracias a la nube cuando encuentro el ansiado libro digitalizado; lo leo, lo disfruto, lo atesoro… pero sigo anhelando la versión impresa. Uno de los síntomas de mi causi-digitalización es la estrecha cercanía con las ideas y las palabras: mis libros consentidos acompañan mis sueños porque reposan plácidamente cerca de la cabecera de mi cama. Uno de los autores con quienes mantengo esa estrecha cercanía es Julio Cortázar, a quien reencontré anoche en Internet en una fotografía tomada en  un puente de París durante la Primavera del 68 junto a la famosa frase de Marcuse. En aquel entonces, y ahora, la frase de Marcuse exalta la asombrosa capacidad de nuestra especie para imaginar un futuro mejor; pero Marcuse también detectó la fragilidad de lo utópico cuando “está bloqueado por el poder de las sociedades establecidas”. Y yo me atrevo a agregar “por la resistencia al cambio de hábitos y actitudes”.

Todo avance implica el abandono de lo conocido y lo cotidiano. Por eso, los primeros proyectos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han provocado reacciones contrastantes. Una de ellos es la descentralización de las secretarías y dependencias del gobierno federal; durante décadas, fue poco menos que un sueño guajiro: se admitía su conveniencia, pero se descartaba por la magnitud del esfuerzo requerido y por el costo político de su implementación.

Como lo han reconocido los expertos, la descentralización es “un mecanismo efectivo y adecuado que generaría desarrollo económico y potenciaría ciudades”. El desacuerdo surge por la mudanza y todo lo que implica: el cambio del domicilio y de hábitos, la adaptación al nuevo entorno. No será fácil, pero no es imposible. Muchos empleados del gobierno federal y del sector privado han trasladado su residencia varias veces porque así lo exige la normatividad de la dependencia o las estrategias de la empresa. Es una cuestión de disciplina y actitud.

Estamos en uno de esos momentos históricos que delimitan el antes y el después. Si realmente estamos convencidos de la imperiosa necesidad de transformar al país, debemos aceptar que el cambio, tan ansiado y esperado, se logrará con la suma de todos los esfuerzos individuales.
Actualicemos la frase de Marcuse: seamos realistas y logremos lo imposible. La construcción del porvenir es una tarea multitudinaria, es un desplazamiento masivo y una mudanza de actitudes porque la realización de los sueños exige el abandono del pasado para materializar los anhelos y las convicciones…