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miércoles, junio 03, 2020

Reingeniería de la expresión

 

            En algún lugar remoto, el primero de los hitos de la humanidad se erigió en el momento en que sentimos como propio el dolor ajeno, cuando manifestamos la empatía con acciones embellecidas con las palabras no dichas que nos hermanaron…  

 

            La Jornada Nacional de la Sana Distancia impuso la empatía como prioridad social con un código de conducta que debe observarse para evitar la propagación del coronavirus; las nuevas buenas costumbres distinguirán a los individuos en función de la consideración a los demás, de tal forma que los macuarros en tiempos del covid-19, serán todos aquellos que expresen su valemadrismo por la salud pública.

 

            La regla número 1 de la nueva etiqueta es el confinamiento voluntario y los nuevos modales procuran el distanciamiento físico cuando no es posible permanecer en casa. De esta forma, la limpieza exhaustiva y el uso de accesorios de protección se incorporan a los nuevos usos y costumbres: los cubrebocas y caretas se han incorporado a la vestimenta como accesorios indispensables. Entre otras cosas, el código de la nueva urbanidad impone la diplomacia del estornudo y la manifestación alterna del afecto con gestos y ademanes que sustituyen a los besos y los abrazos.

 

            Y así, con la nueva urbanidad, el cubrebocas apareció como una barrera infranqueable que nos impide apreciar las sonrisas de los demás. Ahora, la mirada y el tono son los únicos indicios del ánimo de las palabras que escuchamos; en cualquier conversación la atención se enfocará en los ojos, en la curvatura de las cejas, en la longitud de las pestañas, en la intensidad del contacto visual… Le confieso que para mi ha sido muy difícil hablarle a un rostro cubierto con una mirada inexpresiva.

 

            Ya se ingeniaron los modales alternos que remplazarán al tradicional saludo estrechando las manos y a los abrazos. Pero también será necesaria la reingeniería de todas las expresiones faciales con las que solíamos transmitir mil y un emociones. Imagino que los poetas del Romanticismo estarían felices porque ya nos percatamos de que los ojos son el espejo del alma y que, por fín, atribuiremos el justo valor a los mensajes que emitimos con la mirada. La belleza de un rostro protegido con cubrebocas y careta residirá en la estética de los ojos y en la calidez de su mirada; se me ocurre que los cosméticos para embellecer los ojos serán artículos de primera necesidad.           

 

            En la reingeniería de la expresión, la entonación de las palabras y los ademanes adquirirán la importancia que perdieron con la preponderancia de la imagen. La cortesía deberá transmitirse con el tono más amable de nuestra voz, con la elección adecuada de palabras. La empatía por los demás fue el primer indicio de humanización y ahora, será la manifestación inequívoca del humanismo que pretendemos recuperar; la mirada remontará cualquier distancia entre nosotros, manifestaremos la empatía en nuevos modales embellecidos con las palabras no dichas que nos hermanan…    

 


martes, mayo 26, 2020

De las caravanas, los sombreros y el viento


“Tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes”
Aristóteles

            En algún lugar recóndito, agazapado entre las líneas de un discurso persiste un motivo arcaico que se desplaza a destiempo anticipando promesas a una audiencia cautiva…
            Desde siempre he padecido los estragos de una pésima noción del tiempo y por eso, suelo confundir la distancia de los eventos en el pasado, y en el presente, los días del mes y de la semana; el único antídoto es la observancia rigurosa de mi agenda. Mi despiste involuntario se agudiza con la edad pero ahora en el confinamiento ha llegado a niveles excéntricos porque esa incertidumbre deambula en mi cerebro y siempre despierto alarmada y preguntando ¿!qué día es hoy!? 
            En días recientes, empeoró mi desorientación en el tiempo  y ahora traigo una escalofriante confusión con las épocas y los conceptos; esto inició cuando leí el ensayo de Nuestro Señor Presidente, “Nueva política económica en los tiempos del covid-19” donde propone “establecer un Estado de bienestar igualitario y fraterno”… y ahí fue cuando las épocas se me traslaparon provocándome  una ligera conmoción porque hasta entonces, tenía entendido que el Estado de Bienestar ha existido sobre la faz de la Tierra desde las últimas décadas de 1800.
Seguí leyendo y las ideas se desplazaron en un salto cuántico enlazando el pasado y el presente cuando el mandatario afirma: “El estado de bienestar que estamos construyendo tiene como objetivo la protección de las personas a lo largo de la vida, desde la cuna hasta la tumba, haciendo realidad el derecho a la alimentación, al trabajo, la salud, la cultura, la vivienda y la seguridad social” … y: ¿acaso, no fueron esas las características del Estado Benefactor en el siglo XX?
Intenté refrescar la memoria pero la confusión persistía y acudí a la definición: el Estado de Bienestar debe asumir la responsabilidad de la prestación de servicios tales como la educación o la sanidad y ofrecerlos de forma no discriminatoria y sin costo para los ciudadanos”. Luego entonces, llegué a la conclusión de que el mandatario está proponiendo como nuevo un modelo de estado que funciona desde el siglo pasado.
La curva de mi desorientación llegó a su pico cuando el presidente declaró que “lo importante es el interés humanitario mundial y no privatizar la vacuna contra el covid-19”… el eco de esas palabras me remitió al mensaje del  presidente chino Xi Jinping en la 73ª Asamblea Mundial de la Salud prometiendo compartir la vacuna en el combate mundial a la pandemia. Entonces, me percaté de que alguien hace caravanas con sombreros ajenos porque las críticas le hacen lo que el viento a Juárez.
Ponderé el beneficio de la duda porque me incomodaron esas palabras a destiempo pero después lo comprendí todo: entre las líneas de las arengas presidenciales yace un proselitismo arcaico dirigido a quienes no tienen referentes para analizar su discurso en un audiencia nacional y cautiva…

11:58 PM. Breve bitácora del tiempo perdido


En algún lugar digital, el tiempo se expande con los devaneos del ocio hasta la impasible frontera del olvido y súbitamente se evapora por la premura de los plazos en una agenda inaudita…

            Por el confinamiento en esta pandemia, muchas actividades migraron al entorno digital; tras la suspensión de las clases presenciales, se implementaron las sesiones virtuales para compensar la ausencia en las aulas y continuar con el programa en curso. De la noche a la mañana, los alumnos, profesores y padres de familia se involucraron en la educación en línea y todos los días, le dedican el mejor de sus esfuerzos pero la adaptación a la modalidad virtual no ha sido fácil.

            Una de las variantes en la educación a distancia son los pretextos: ya no es posible culpar al perro de la casa que se comió la tarea porque en el entorno digital, los pretextos son de índole tecnológico. Por la contingencia, imparto cursos en línea a estudiantes de licenciatura y suele suceder que a las 11:58 PM, un minuto antes del cierre de la recepción de tareas, todas las fuerzas ocultas del universo conjuran contra mis alumnos: se desconfigura la computadora, cortan la señal de internet por fallas en el servicio, la plataforma del curso no acepta el archivo con la tarea, no se concluye el envío o no se confirma la recepción, la contraseña ya no es válida porque la cambió un hacker malvado…y todas las excusas tecnológicamente aplicables.

            Estos contratiempos son frecuentes porque la pasividad del confinamiento modifica la percepción del tiempo; el plazo para enviar las tareas parece muy lejano y los estudiantes lo desplazan a un futuro incierto que llegará en algún momento después del torneo de videojuegos, de la revisión exhaustiva de los memes en Facebook o del maratón de series y películas. La bitácora de actividades en la cuarentena suele ser muy breve porque el tiempo transcurre plácidamente durante la procrastinación digital hasta que repentinamente concluye el plazo para la entrega de las tareas: entonces, el tiempo ya no alcanza para leer ni siquiera las instrucciones y la premura evapora la concentración impregnando valemadrismo a lo que debería ser el producto de la reflexión.

Dicen los que saben que el éxito de la educación virtual depende de la disciplina de todos los involucrados pero el apego a los plazos se complica en el entorno digital, saturado de distracciones. Los efectos de las pandemias son trágicos, aleccionadores y la reingeniería social es inmediata. La súbita migración a la virtualidad impone una adaptación instantánea que no admite excusas ni pretextos; la disciplina y la voluntad deberán fortalecerse para emular los niveles de excelencia que tuvimos en las versiones presenciales. La templanza será imprescindible para controlar los devaneos del ocio, para reubicar la frontera de las responsabilidades evaporando las premuras en esta agenda inaudita…

Con mi admiración a tod@s los involucrad@s en la educación durante el confinamiento.



miércoles, abril 29, 2020

Ni juntos ni revueltos


“Nos encontramos, más que nunca en la historia,
en una situación de verdadera disyuntiva:
O unimos nuestras manos o nos unimos a la comitiva fúnebre
 de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común.”
Zygmunt Bauman


            Desde el siglo XX, los científicos revelaron el carácter instrumental de la ciencia para la dominación y el exterminio, y los filósofos detectaron los mecanismos del control social en las leyes del mercado. Como en todos los relatos, las advertencias se extinguieron por la indiferencia globalmente deliberada. Ahora, la distopía se vuelve realidad por los estragos de un virus y el miedo que propaga es más efectivo que todas las teorías de los científicos y de los filósofos; el peligro es inminente y el cambio es inmediato.

Todos los días se descubre alguna característica del coronavirus, se comparten estadísticas del contagio, se revelan avances en la curación, se identifican sus estragos y secuelas porque enfrentamos una amenaza insólita, jamás imaginada, que trastornó las prioridades de un mundo erigido en la frivolidad del consumo. La irrupción del coronavirus en el planeta y la dispersión del miedo modificaron significativamente la escala de necesidades; ahora, la protección de la vida es la única prioridad y las esperanzas del mundo dependen de la búsqueda exhaustiva de los científicos para encontrar la vacuna.   

Guiados por la advertencia científica extendimos el rango de la cercanía evitando el contacto con los demás y encontramos el antídoto contra la indefensión en el confinamiento voluntario. Y el miedo, que es la señal de alerta más efectiva en todas las especies, modificó inmediatamente usos, costumbres, hábitos y vicios; en una mutación social sin precedentes, reconfiguramos la escala de actividades esenciales y nos adaptamos a las nuevas exigencias del entorno.

Reaprendemos a convivir alejados los unos de los otros, recuperamos la empatía respetando los límites del distanciamiento físico y lo hacemos convencidos pero anhelando que estas circunstancias sean temporales y que en un futuro cercano, erradicaremos la amenaza, extirparemos el miedo y volverá la normalidad… aunque todo indica que el retorno a la normalidad perdida es una cuestión impredecible.

La normalidad que anhelamos no será la misma que tuvimos. En el desenlace de esta distopía se vislumbra la mutación social de los humanos como seres gregarios que deben adaptarse a una cercanía distante; será muy riesgoso el contacto y las muchedumbres, improbables: ni juntos ni revueltos. Desde ya, se reacondicionan los espacios, los horarios y los turnos en las escuelas, en las oficinas y en la industria para funcionar dentro de los límites de la sana distancia; atendiendo a las advertencias de la ciencia, se reconstruyen las costumbres y las actitudes porque la sobrevivencia dependerá de la adaptación a los bemoles inéditos de la normalidad venidera…

sábado, abril 25, 2020

Apenas un suspiro


“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla
 mientras el género humano no la escucha.”
Víctor Hugo

En algún lugar tranquilo, el silencio esparce serenidad y el aire transporta la leve sensación de confianza; la ausencia de conmociones y ruidos restablece la belleza que los caprichos humanos arrebataron a la naturaleza…

La propagación del coronavirus confinó a todos los habitantes del planeta en sus hogares. Alejados de los sitios frecuentados y distanciados los unos de los otros, permanecemos en el recinto que nos brinda protección. Mientras nos refugiamos, la naturaleza se alivia de los estragos que causamos y las especies en todo el planeta recuperan el territorio perdido.

La cuarentena le ha dado un breve alivio al planeta que recupera la calma perdida por la intromisión de los humanos, y sin su perniciosa presencia, resurge la majestuosidad de la naturaleza; el mundo entero está en calma, mejoró significativamente la calidad del aire y la contaminación por el ruido llegó a niveles ínfimos en las calles desiertas.

Y los tenues acordes de este silencio amenizan una celebración mundial: los camellos juegan en las playas vacías de Marruecos; una hermosa ballena juega, baila y se contonea en la Marina de San Carlos; los leones aprovechan la ausencia de visitantes y duermen plácidamente en uno de los caminos de Parque Nacional Kruger en Sudáfrica; una manada de elefantes atraviesa una autopista en Tailandia; los zorros se acercan curiosos a los patios y jardines en Ushuaia; un pavorreal hace gala a su nombre y se pavonea recorriendo las calles de Madrid; las focas aplauden contentas mientras toman el sol en los islotes del Pacifico… y todos ellos, disfrutan las bondades del planeta gracias a nuestra ausencia.

            Estas escenas confirman que el virus más letal en este planeta proviene del depredador más inclemente, que la invasión más cruel redujo los espacios naturales con proyectos urbanos para conglomerados bestiales. Los estragos de la humanidad en el planeta destrozaron la armonía y el equilibrio biológicos, alterando el clima y extinguiendo a las especies que no tuvieron el tiempo suficiente para mutar y adaptarse a un entorno artificialmente impuesto.

            Y así estábamos cuando llegó el Día Internacional de la Madre Tierra y en esta ocasión se enfatizaron los estragos de la devastación humana ¿Acaso esta pandemia es el eco de un reclamo que hemos ignorado en nombre del progreso? ¿Llegó el momento de enfrentar las consecuencias de nuestros excesos? ¿Nos percataremos, por fin, de los estragos del confinamiento? ¿Nos compadeceremos de todos los animales que viven cautivos y confinados?

 La advertencia es latente: Debemos cuidar a la Madre Tierra porque la posibilidad de migrar a otro planeta es realmente imposible. Las secuelas de la pandemia reconfigurarán las prioridades y las actitudes; por lo pronto, le regalamos al planeta un insólito lapso de alivio y resurge la belleza que los caprichos humanos arrebataron a la naturaleza…

            Quédese en casa: La humanidad y el planeta claman por alivio.

martes, abril 07, 2020

Un reencuentro inesperado


En algún lugar aislado, sin más compañía que los pensamientos, rodeada de las ideas que permanecían agazapadas, me dispongo a redescubrir lo que alguna vez pospuse, y ahora, en la solitaria autoría del que escribe, extiendo las fronteras de mi mundo para reencontrar los confines de la proximidad…

En la escala geológica del tiempo se han registrado las extinciones que modificaron la faz de la Tierra devastando a la mayoría de las formas de vida; esos cataclismos se desencadenaron por las fuerzas incontenibles del planeta, los cambios fueron inminentes, repentinos, inesperados y solo sobrevivieron aquellas especies que se adaptaron al nuevo entorno. Elizabeth Kolbert, ganadora del Premio Pulitzer en 2015, sorprendió al mundo cuando demostró los estragos de los patrones de consumo de la humanidad en los ecosistemas y en la biodiversidad. La investigación de Kolbert confirmó que la sexta extinción, provocada por la humanidad, es paulatina como el cambio climático e irreversible como la desaparición de especies.

Ahora, en plena era Antropozoica (así llamada por la aparición del homo sapiens), la pandemia del coronavirus se incorpora a todos los males provocados por nuestra especie y nos encontramos, súbitamente, en el umbral de la próxima mutación. Pero la mutación del Holoceno impondrá cambios sociales y la adaptación al aislamiento.

Nuestra especie, como todos los seres vivos, es gregaria; somos un animal social por naturaleza, pero ahora, el aristotélico ser político deberá adaptarse al aislamiento y superar las ansiedades, las angustias y las frustraciones que el confinamiento provoca. El tiempo se extenderá a límites inimaginables y el ocio absorberá la mayoría de las horas; como una de las secuelas del distanciamiento, la voz interior trascenderá todos los ruidos y será inevitable escucharla en un reencuentro inesperado con uno mismo. Y así, la soledad relativa será el detonante de una mutación social y resurgirá la empatía con la que alguna vez iniciamos el trayecto hacia la civilización.

Somos una especie con un optimismo, arraigado y temerario; por eso, aprovecharemos la inaudita posibilidad de confirmar leyes darwinianas a flor de piel, porque la soledad relativa también provocará cambios en otros tejidos, órganos y sistemas: se agudizarán los sentidos para percibir a distancia lo que antes era cercano, aprenderemos a interpretar con la vista y el oído todo lo que percibíamos con el tacto.  Además, la sobrevivencia exige la reingeniería de los hábitos: un conglomerado de prosumidores acostumbrados a la inmediatez debe aprender a esperar y a posponer; el plazo incierto de la contingencia obligará a moderar y racionalizar el consumo extirpando el egoísmo y el dispendio.

En México apenas iniciamos el periodo de confinamiento riguroso y las secuelas empiezan a registrarse gracias a la tecnología: los encuentros que eran presenciales hoy son virtuales, la comunidad se reúne en la ubicuidad y las distancias se desvanecen. Y ahora, en la solitaria autoría del que espera, se extienden las fronteras de la soledad para reencontrar los confines de la proximidad…

Efectos secundarios


“Un virus es un trozo de ácido nucleico rodeado de malas noticias.”
Peter Brian Medawar
           
            En algún lugar vulnerable se desencadenaron los vestigios olvidados del instinto primigenio; súbitamente, la sobrevivencia adquirió preponderancia imponiendo distancias y reinventando la calidez de la cercanía…

            Con la inminente propagación global del coronavirus aparecieron efectos secundarios, algunos insufribles y otros, verdaderamente increíbles como las elucubraciones que afirman que los gobiernos (sin especificar cuáles) son los autores del virus para usarlo como arma biológica; y no faltaron las teorías de la conspiración que descifran los designios encriptados en las manifestaciones del covid-19  que auguran el advenimiento de un fundamentalismo, enfatizando que el nombre (coronavirus)es el presagio del próximo déspota que controlará el mundo.

            Los efectos secundarios se agudizaron cuando se registraron los primeros fallecimientos por covid-19: proliferó el desconcierto con las interrogantes sobre el contagio, los síntomas, el tratamiento y la prevención. Entonces, las mascarillas para cubrir la boca y el gel anti bacterial se agotaron en cuestión en horas; poco después y al margen de los reportes oficiales, una fuente desconocida divulgó información “clasificada” provocando la imperiosa necesidad de comprar y almacenar papel higiénico pero ningún epidemiólogo justifica la magnitud ni la intensidad de esa desquiciada reacción colectiva.

            Para atenuar los efectos indeseables de la virulencia de mitos y rumores, los expertos afirman que la propagación del virus es inevitable, que todavía no hay un tratamiento y que la vacuna desarrollada por científicos en Shangai apenas está en fase experimental y se someterá a ensayos clínicos hasta abril, por lo que la prevención es vital y el único antídoto comprobado es el aislamiento. México se encuentra en la fase de contingencia 1 (presencia de covid-19 en casos importados) y ya se implementó “la sana distancia” como medida de prevención. Hasta el momento de escribir esta columna, varias instituciones educativas, negocios, algunos gobiernos, autoridades, y la inmensa mayoría de mexicanos, implementaron el distanciamiento social (precaución de la fase de contingencia 2) para evitar en todo lo posible, el flagelo de la epidemia en la fase de contingencia 3.

Por lo pronto, la prudencia será el ingrediente esencial contra la virulencia de covid-19.   La cercanía, los besos y los abrazos están restringidos a personas libres de toda sospecha de contagio y el coronavirus impone la modificación inmediata de hábitos: lavar y desinfectar las manos con frecuencia, evitar tocarse la cara, abrir las puertas con los codos, limpieza exhaustiva de superficies de contacto y observar la rigurosa etiqueta de los estornudos.


Sin servidumbre ni dominio


En algún lugar dominical se abrazaron las voces femeninas y al caer la tarde, el eco de la dignidad herida reivindicó un reclamo ancestral…    

El domingo 8 de marzo caminé junto a muchas mujeres compartiendo un reclamo legendario; grité exigiendo respeto y justicia alentada por la empatía de un duelo compartido; todas éramos diferentes y sin conocernos, surgió un aprecio espontáneo; la confianza recíproca nos hermanó con un lazo auténtico que se manifestó el día siguiente.

Y nos ausentamos del mundo circundante en una adhesión masiva y su magnitud revela la incidencia de los abusos a la mujer: a todas, en algún momento, nos han demeritado, reprimido, ofendido, lastimado. La violencia, en todas sus manifestaciones y tonalidades, es un elemento persistente en la cotidianidad femenina: tolerado, oculto y agazapado en el último rincón de la memoria.

Ahora, la ausencia deliberada de las mujeres en la esfera pública se impone como un punto sin retorno a partir del cual, erradiquemos los modelos y estereotipos denigrantes. Quiero creer que en el hogar convergerán dos voluntades que se complementarán, dos lealtades recíprocas, sin servidumbre ni dominio con el único afán de formar seres humanos, con todo lo que ello implica. La persistencia del machismo declinará cuando las madres y los padres pregonen con el ejemplo e infundan en sus hijos el respeto a la dignidad de los semejantes; cuando el talento emerja sin las distinciones del género; cuando extirpemos los prejuicios impuestos por especímenes alfa ancestrales.    

Porque lo único que nos distingue de los primeros sapiens es la organización social. Alguna vez, cuando la perpetuación de la especie era la prioridad absoluta, se veneraba la fertilidad de las venus paleolíticas; durante siglos, la maternidad fue la única certeza para secuenciar el linaje. Cuando la guerra se erigió como la industria más lucrativa, el patriarcado emerge y se impone por cuestiones patrimoniales: para garantizar, sin duda alguna, la paternidad del primogénito que heredaría la riqueza familiar.

Pero el criterio patriarcal aún se impone y dispone. El gran patriarca de la 4T demeritó la marcha y el paro nacional de mujeres; no conforme, le adjudica motivos subversivos y la nefasta intención de derrocar a su régimen, como lo declaró un célebre personaje digno de toda nuestra confianza: una mujer encapuchada que fue entrevistada durante la marcha del domingo que así, le proporcionó al mandatario el elemento vital para la manipulación goebbeliana, tergiversando los hechos como ataques siniestros a su régimen en el cuento sexenal de nunca acabar.

Aclaro: la reivindicación de la mujer es una tarea postergada por siglos, la violencia por motivos de género es una perversión de nuestra especie que se agudiza exponencialmente. La causa no se le atribuye a la 4T pero tampoco su solución porque será un largo proceso social y la anhelada secuencia cultural nos involucra a todas y todos: la siguiente mutación de nuestra especie será el advenimiento de la igualdad de los géneros como una prerrogativa de la condición humana atendiendo, por fin, al eco de la dignidad herida como un reclamo ancestral…

9 de marzo


“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”
Emily Dickinson

En algún lugar vulnerable irrumpen los afanes deshumanizantes que nos envilecen; el dominio a través de la crueldad impregna la esfera pública con todas las manifestaciones de la crueldad por motivos de género…         

Durante toda mi vida he sido testigo del maltrato a las mujeres; familiares, amigas, colegas, compañeras, de una u otra forma soportaron (y lo refiero en pasado con la esperanza de que nunca se repita) ofensas a su intelecto, agresiones físicas, gritos y toda clase de agravios a su integridad. Pero debo aclarar, que la crueldad no es una prerrogativa del género masculino; las mujeres también lastiman, vulneran y ofenden porque el ejercicio del dominio a través de la violencia es una perversión que no obedece al género.

Los feminicidios recientes que han indignado a todas las mexicanas y a los mexicanos, revelan que hemos traspasado los índices conocidos de maldad en un retroceso que nos ubica en los grados más grotescos de la bestialidad. Perdemos, inexorablemente, la cualidad que alguna vez nos humanizó. En la mayoría de los casos, el afán de dominar con amenazas y violencia se impone a cualquier atisbo de empatía en un fenómeno que nos involucra a todas y a todos.

Desde la divulgación de la convocatoria “El 9 nadie se mueve” han surgido argumentos a favor y en contra, se han prodigado razones para apoyar el paro nacional y motivos para demeritarlo. El presidente López Obrador descalificó la convocatoria advirtiendo que sus adversarios son los paladines del feminismo y ha intentado desviar la atención de la opinión pública a temas triviales. Pero el apoyo se multiplica a pesar del presidente. Es evidente que el tema femenino jamás atrajo su atención y su postura revela los rasgos de una dictadura mesiánica. Es obvio que la defensa de las mujeres no coincide con la cuadratura de su criterio vetusto y arcaico, que desvirtúa todos los reclamos con el mismo cuento: todo es culpa de los perversos conservadores y de los neoliberales corruptos.

Y aquí, es necesario aclararle al mandatario, que el reclamo de justicia en cuestiones de género, no es un ataque al régimen de la 4T, es la expresión del hartazgo y del repudio por la impunidad que venimos arrastrando de tiempo atrás. Es un flagelo social que se ha agudizado por el silencio de las víctimas, por la indefensión de los deudos, por la impotencia de los ofendidos en un sistema que no protege ni defiende a los más vulnerables.

También han surgido interrogantes: qué se pretende lograr en un Día sin mujeres?  Le confieso que no tengo ni la menor idea pero sí, la más positiva de las expectativas. Quiero creer que la ausencia de las mujeres en la esfera pública y económica modificará la actitud tradicional que nos somete, flagela y demerita. Es imperativo un cambio radical en todos y en todas para castigar en su justa dimensión, todas las manifestaciones de la crueldad por motivos de género...



Divagando sobre un tema inédito


Un deseo absolutamente inédito no podría ser percibido,
porque no tendríamos un código para descifrarlo.
Dalmiro Sáenz

En algún lugar recóndito de una dimensión desconocida, se erige la Biblioteca de las Obras Inéditas; ahí se conservan todos los proyectos irrealizables, los planos de los castillos que se edificarían en el aire, las improvisaciones y las soluciones descabelladas…

Por fin se aclaró la duda existencial que nos mortificaba: no hemos caído en el abismo de una dimensión desconocida, tampoco deambulamos en el realismo mágico, ni traspasamos las fronteras del surrealismo: estamos en el terreno de lo inédito. Ya es oficial, y a partir de ahora, todo lo insólito, inaudito y lo que implique originalidad adquirirá validez jurídica.

El incidente que oficializa nuestra inédita ubicación es la infame rifa del avión presidencial, una reverenda vacilada que desencadena una secuencia de definiciones y sinónimos: Lo inédito, entendido como todo aquello que aún no se publica o se divulga implica también todo lo nuevo y lo desconocido cuya originalidad lo hace excepcional y extraordinario; pero en el territorio de lo inédito también residen los excesos que conducen al absurdo, a lo ridículo y extravagante.

Continuando con la secuela de sinónimos: Lo excepcional, es la rapidez con que se modificó la Ley Orgánica de la Lotería Nacional para rifar un premio que no admite fragmentaciones y que no se entregará al afortunado ganador. Lo insólito, es la preponderancia de este asunto en la opinión pública a sabiendas que es una burda distracción. Lo inaudito, es la fugacidad de los planes y de las soluciones a los problemas causados por la necedad y la insensatez. Lo inverosímil, es la distorsión de la aritmética en cenas guajiras que ofenden a la inteligencia.

Parecía improbable pero ya es una realidad. En este régimen, la secuencia histórica no representa ningún avance porque el rumbo de esta transformación nos conduce a un pasado nefasto. Pero lo increíble, por extraño que parezca, es la ausencia del equilibrio en el poder, que debe entenderse como el preámbulo del absolutismo. Merodeando en la explanada de lo extravagante, es inconfundible la figura dogmática de un gobernante que no admite réplicas ni cuestionamientos.  Recuerde que la polémica venta del avión presidencial surgió como una promesa de campaña cuyos costos e inconvenientes todavía no bastan para reconsiderarla.

Sea como fuere, debemos adaptarnos al entorno con singular alegría. Por eso, debemos reconocer que una de las bondades de lo inédito es la vigorización de la capacidad de asombro: cuando creíamos que ya nada podría sorprendernos, surge un caso insólito y una solución más exasperante que todo lo anterior. Y tras la sacudida neuronal provocada por la sorpresa, se reconectan las percepciones y se fortalece el filtro que discierne lo razonable y lo irrisorio; y así, sorpresa tras sorpresa, blindamos el hemisferio de la cordura contra todos los proyectos irrealizables, los planos de los castillos que se edificarían en el aire, las improvisaciones y las soluciones descabelladas…


miércoles, febrero 05, 2020

La transfiguración de los conceptos


Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Evelyn Beatrice Hall

En algún lugar dogmático, por los efectos de la intolerancia, se transfiguraron los ideales en una versión apócrifa de la ciudadanía y, eludiendo los límites de la cordura, se propaga el virus pernicioso del fanatismo…
   
A todas las revoluciones las precede un periodo de concientización cuya intensidad se revelará en el ejercicio de la ciudadanía en el nuevo régimen. Desde sus orígenes, la ciudadanía implica la pertenencia a una comunidad y las definiciones, los derechos y las obligaciones de un ciudadano obedecen la ideología inculcada, pero hay un límite: la ciudadanía, como atributo y como ideal, no admite radicalismos; como una convicción generalizada, la ciudadanía no debe distorsionarse en una creencia y jamás debe convertirse en un fanatismo político; como factor de identidad y pertenencia, la ciudadanía nos hermana y nos iguala, jamás debe exacerbar las diferencias.

A la instauración de la 4T le preceden 18 años de “concientización” a todo lo largo del territorio nacional con un discurso que confirmó, y sigue confirmando, la efectividad de la propaganda goebbeliana enardeciendo la frustración y el desencanto provocado en los regímenes anteriores. Y la orquestación no terminó con el triunfo electoral:  todos los días en las mañaneras y en los domingos provincianos, el mandatario propaga “slogans” con los matices de una homilía. 

Por eso ahora, la definición de ciudadanía toma un nuevo rumbo traspasando sus límites para transfigurarse en una militancia exacerbada; como suele suceder en los regímenes de ruptura, las convicciones se transforman en dogmas, las manifestaciones de la ciudadanía reflejan los excesos que la desvirtúan y aparecen los estragos del fanatismo en una población segmentada en sectores antagónicos.

La ciudadanía en la 4T se caracteriza por la intensidad de sus reacciones (y ofensas) a la crítica, por los desplantes de superioridad ante la oposición, por el celo con que defienden el dogma del régimen, por la ceguera selectiva que les impide percatarse de sus incongruencias, impericias y ocurrencias; pero ser morenista no es justificación para demeritar ni ofender a quienes sostienen opiniones distintas, y mucho menos, para denigrar a los animales en vulgares comparaciones.  

Y así, los barbarismos se instauraron en este régimen. Por eso, es imprescindible fortalecer los contrapesos y conservar la independencia de los órganos autónomos para evitar el advenimiento de un neoabsolutismo; hasta hoy, el ejercicio de la ciudadanía se limitaba a la inscripción en el registro electoral y a la emisión del voto, pero ahora, la ciudadanía debe manifestarse respetando las diferencias y la crítica, como el vínculo que nos une y nos identifica a los mexicanos más allá de filias y fobias que ahora nos separan. Ser mexicano, en la 4T y siempre, implica solidaridad con las causas justas y el ejercicio del pensamiento crítico para construir un país mejor, inmunizándonos contra el virus pernicioso del fanatismo…


miércoles, diciembre 11, 2019

94


En algún lugar nostálgico inicia y concluye un sendero andado y por andar: ahí regreso buscando la mirada impasible que me remonta al origen cuando todo el mundo se reducía al cálido entorno del abrazo maternal…
           
Con el paso de los años, el tiempo adquiere una relatividad insólita: en ocasiones se detiene en un apacible compás de espera; algunas veces, se interrumpe y se desplaza al pasado para revivir escenas ya protagonizadas. En el pensamiento de mi madre, el tiempo transcurre en una secuencia volátil: para ella los años tienen la consistencia de los minutos y los momentos se repiten por un obstinado capricho o se desvanecen en un olvido improvisado.

            Por la irremediable ley del cansancio universal, al acumular cumpleaños mi madre perdió la confianza de sus pasos. Desde entonces, ella contempla el paso del tiempo desde su pequeño refugio y ahí, en una realidad alterna, juega con los momentos eludiendo las fechas. Pero la fragilidad de la memoria provoca alteraciones en el temple y en un instante impreciso, su atención se dispersó hacia un punto de fuga llevándose los rasgos más sutiles de su carácter.
            A sus 94, la sensación del dolor llegó para quedarse y cada día aparecen motivos para exasperarla; el calentamiento global es una advertencia infundada porque ella siempre tiene frío; las dietas recomendadas para su edad son innecesarias porque apenas puede comer con los pocos dientes que conserva, y este año, la cumpleañera no creía la cantidad de años que le festejamos sus hijos, nietos y bisnietos. Pero la ancianidad no implica la caducidad del cariño y yo la quiero con misma intensidad de siempre y necesito su abrazo con la misma urgencia con que lo he buscado desde niña.
A pesar de las confusiones que la distraen, reencuentro al primer gran amor de mi vida en el fondo de su mirada porque el lazo que nos une ha resistido las inclemencias del olvido; por la relatividad de los tiempos, cuando estoy a su lado, respiro la esencia de mi niñez y la fragancia de mi insensatez en una paradoja de largo aliento impulsada por la vigencia de la gratitud.
En mi caso, por la relatividad del tiempo se intensifican las evocaciones y los recuerdos surgen con más frecuencia. No hay un día en que no piense en mi madre. Cada vez que llego a su lado, los minutos se detienen y las evocaciones se desplazan a mi infancia para revivir la placida calidez de su abrazo. Pero en cada despedida, se inicia un lapso que transcurrirá lentamente entre añoranzas recordándola en sus mejores años cuando su presencia diluía todas mis angustias. Siempre me duele despedirme pero parto con la certeza de volver a verla.

Este diciembre, acompañé a mi mamá en su cumpleaños número 94; la festejamos en su casa donde inicia y concluye un sendero andado y por andar; ahí reencontré la mirada impasible que me remonta al origen cuando todo el mundo se reducía al cálido entorno de su abrazo…


jueves, octubre 10, 2019

tragicomedia a la mexicana


En algún lugar surrealista, en el último resquicio de la solemnidad perdura la esencia folclórica que colorea el cristal con que se miran las tristezas para transitar por un duelo con singular alegría…

            Primer Acto. Con el fallecimiento de José José, el Príncipe de la Canción, inició una tragicomedia con todos los matices del surrealismo a la mexicana. El cantante falleció en Miami, en el seno de la familia que formó con su tercera esposa; al divulgarse la noticia, los hijos de su matrimonio anterior viajaron a Miami para despedirse de su padre y organizar el funeral. Allá, se suscitaron los malentendidos y desencuentros que atrajeron la atención de los medios y agudizaron el morbo popular. Durante varios días nadie supo dónde se encontraban los restos de José José, los hijos de aquí revelaron los desvaríos de la hija de allá y súbitamente, estos personajes se convirtieron en celebridades mediáticas: unos como mártires, la otra como villana.

            Segundo Acto. La confusión rampante desató la inspiración de los dolientes mexicanos que imprimieron su repudio en memes con humor macabro para ridiculizar el sainete. No faltaron las glorificaciones al cantante fallecido ni las críticas a sus errores y vicios. Lo único que se mantuvo inalterable fue el prodigio de su voz, que desde su fallecimiento resurgió del olvido impregnando el ambiente con una tenue nostalgia. En eso estábamos cuando, sin saber cómo ni dónde, los hijos de aquí y la villana de allá se reconciliaron para dignificar los funerales del Príncipe. Acordaron hacer dos homenajes de cuerpo presente: uno allá, en Miami, y otro aquí, en México; y otra vez, sin saber por qué sí ni por qué no, la hija de… allá anunció que los restos del cantante se cremarían y que se repartirían las cenizas entre las dos familias, la mitad se quedaría en Miami y la otra llegaría aquí, a México para rendirle todos los honores que sólo los ídolos merecen.

            Tercer Acto. El féretro dorado con las cenizas de José José descendió en el hangar presidencial; fue recibido por su exesposa, un contingente de allegados y una multitud de curiosos. Se agradeció el cariño y el apoyo para lograr el gran cometido de traer al artista a su patria y el cortejo fúnebre partió a Bellas Artes, de ahí a la Basílica y pasó por la colonia Clavería antes de llegar al Panteón francés. Y la mexicanidad salió a relucir. En el trayecto se armó un borlote cuando los motociclistas de la policía capitalina trataron de impedir el paso a los reporteros: después de unos guamazos, patadas, zapes y mentadas, todos se incorporaron al cortejo; y en Clavería, los vecinos cantaron sin temor a desentonar, recibieron a su ídolo cantando y aplaudiendo; muchas horas después del sentido homenaje, seguían brindando y cantando en el Parque de la China ante la estatua de José José.

Este desgarriate revela que la esencia surrealista de la mexicanidad perdura en el último resquicio de la solemnidad y que colorea el cristal con que se mira la tristeza para transitar por un duelo con singular alegría…


martes, octubre 01, 2019

Los vaivenes de la memoria


“Si el pasado es una ausencia que sólo puede colmarse a través de las huellas,
 las memorias públicas no forzosamente están unidas a estas marcas” *
Eugenia Allier Montaño 

            En algún lugar versátil, se configuran y reconfiguran las memorias colectivas con los matices imperantes en una secuencia estigmatizada por la visión oficial…

Escribo en la víspera del 2 de octubre cuando todos los inmuebles ubicados en el trayecto de las marchas conmemorativas se pertrechan para resistir los daños de los vándalos y anárquicos infiltrados, en una deleznable tradición que se agudiza cada año. No siempre fue así. Recuerdo que durante muchos años el tema fue censurado y las demandas, ninguneadas. Para evitar los claroscuros de mi memoria busqué información de los inicios y la secuencia de las conmemoraciones del 2 de octubre; encontré un ensayo, excelente, de Eugenia Allier Montaño (Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM) que documenta brillantemente la trayectoria de la memoria colectiva en torno a la masacre de Tlatelolco en 1968.

Desde el primer aniversario, todavía en el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, la esencia de las conmemoraciones fue la petición de la libertad de los dirigentes e integrantes del movimiento (presos en Lecumberri); eran marchas de universitarios que, invariablemente bajo la lluvia, encendían veladoras y guardaban un minuto de silencio a las 18:10 horas; en aquel entonces persistía la versión de la conjura del comunismo internacional contra el estado mexicano y bajo esa lógica, todo lo relacionado con el movimiento se consideró clandestino, ilegal y hasta inmoral; la izquierda era casi invisible y aunque el estado controlaba a la prensa y a los medios de comunicación, en el editorial del periódico El Día, el 2 de octubre del 1969, aparece por primera vez la consigna social de “no olvidar” que acompañará a los manifestantes cada aniversario.

En el sexenio de Echeverría se consuma el debilitamiento de la izquierda e inicia la desintegración del movimiento mediante la cooptación del Estado de “amplios sectores de los jóvenes” involucrados. En los sexenios siguientes, la marcha conmemorativa del 2 de octubre fue el breve espacio para los reclamos sociales de la liberación de presos políticos y la denuncia de desapariciones forzadas en  la guerra sucia pero aquellas manifestaciones nunca fueron un motivo de alarma ni el foco de atención en los gobiernos del Priato. Fue hasta finales de los 80s cuando la exigencia por una apertura democrática derivó en el surgimiento de la sociedad civil que dignificó la conmemoración del 68 y en los 90s, los medios y la clase política reivindicaron el movimiento y el reclamo era por el juicio y el castigo a los culpables.

            Ha sido un largo y sinuoso camino. Por eso es lamentable, insufrible, el espectáculo grotesco en el que han convertido una conmemoración histórica y un reclamo legítimo. Me queda claro que persiste el vicio de vulgarizar la memoria y deslegitimar los movimientos sociales con huestes de vándalos que obedecen los matices imperantes en una secuencia estigmatizada por la visión oficial…


jueves, septiembre 05, 2019

Honores, delirios y vergüenzas


“y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.”

              En algún lugar republicano, en el centro de la veneración cívica existe un majestuoso Arco del Triunfo; ahí culmina el paseo de los héroes y los próceres cruzan el umbral de la gloria portando los ordenamientos quebrantados…
              Los incidentes que complicaron la renovación de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados confirman la magnitud de las inercias y que los viejos hábitos se resisten a desaparecer. Solo así puede entenderse la propuesta de perpetuar al ilustre legislador Porfirio Muñoz Ledo en la presidencia de la Mesa Directiva quebrantando el acuerdo parlamentario existente y distorsionando la Ley Orgánica vigente. En el frenesí del poder, los legisladores morenistas se agazaparon en uno de los recovecos legales para vulnerar el acuerdo aclamando que es un honor estar con Obrador y un delirio con Porfirio.
              Las peroratas se atenuaron cuando el Ejecutivo envió una exhortación a los legisladores morenistas para distinguirse de sus predecesores calificando de vergonzosa la intención de modificar las leyes para el beneficio inmediato de los grupos en el poder y los diputados acordaron posponer la reforma que ya querían aplicar. Lo que suceda y cómo suceda, reflejará el control que ejerce López Obrador sobre sus huestes y la solidez de la oposición.
              Porque esta crisis en el legislativo revela una de las aspiraciones de la Cuarta Transformación es la modificación radical del marco jurídico para la reinstauración de una república neo-totalitaria. Algunas de las propuestas y reformas son auténticas guarradas, como la extensión del mandato en la gubernatura en Baja California; otras, exhiben el gandallismo en todo su esplendor, como la propuestas del diputado por el Partido del Trabajo, Óscar González Yáñez para regular los medios de comunicación y evitar que operen a favor de la derecha en el próximo proceso electoral del 2021; y ya se vislumbra la aprobación del Ejecutivo si llegase a surgir la propuesta  de reducir a los plurinominales argumentando la austeridad para justificar la nulificación de la oposición en el Congreso.
              Ante estos desvaríos, exigir la congruencia con lo prometido es un imperativo social. Al momento de escribir esta columna, si es que no lo modifican en la madrugada, el artículo 87 constitucional todavía establece la protesta que rinde el mandatario, y todos los funcionarios públicos, al tomar posesión de su cargo. Protestan guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanan, lo que significa que el espíritu de las leyes es la única garantía contra el despotismo.
La protesta constitucional concluye confiriendo a la ciudadanía el atributo de exigir el respeto a las leyes y el acatamiento ético de sus principios; si antes no lo hicimos, es el mejor momento para denunciar los excesos y abusos del grupo en el poder. Erradiquemos la triste costumbre de presenciar atónitos el desfile de los próceres del régimen que cruzan el Arco del Triunfo portando los ordenamientos quebrantados…

Un héroe en cada hijo te dio


En algún lugar virtual, la realidad se configura con fragmentos cotidianos que recopilan momentos de felicidad y de quebranto en testimonios indudables, capturados desde el ángulo más distante y en la cruel perspectiva de la indiferencia…

            En el taller “Primer repondiente en primeros auxilios” impartido en Cetys Universidad por el Consejo Estatal para la Prevención de Accidentes en Baja California (Coepra),  me percaté de los estragos de la indiferencia generalizada: El incremento de las defunciones ya sea por lesiones o por enfermedad, obedece a la ausencia del socorro inmediato. La insuficiencia de recursos en los cuerpos de auxilio ante el desbordante aumento de habitantes propensos a enfermedades crónico-degenerativas se agrava con la desensibilización social: Paulatinamente, nos desprendemos de los pocos vestigios de empatía y compasión justificándonos con las arbitrariedades jurídicas que castigan a quienes se atreven e intentan socorrer a los heridos en algún percance.

            La evidencia más cruel de la indiferencia ante el dolor ajeno es la virulenta propagación de videos capturados en el lugar de los hechos por personas que se  mantienen impasibles frente a la escena. Detrás de la cámara de un teléfono móvil se captura el momento en que permanecieron ajenos a las contrariedades que atestiguaron y de inmediato, publican el video que exhibe la ausencia de su compasión. 

            En un valeroso intento por revertir esta dolorosa tendencia, la Secretaría de Salud instituyó el Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (CONAPRA) para disminuir la morbilidad y mortalidad. Y así, en el Protocolo Nacional de Actuación surge el  “Primer respondiente”, identificado como la persona, cualquier persona, que decide acercarse a un lesionado para activar el servicio de emergencias médicas y brindar cuidados prioritarios a la víctima hasta la llegada de una ambulancia.

El objetivo es que haya ciudadanos capacitados como primeros respondientes en todas las comunidades, y yo agregaría, que se predique con el ejemplo la ley del buen samaritano. En el taller me explicaron el sentido común es el más raro de los sentidos y que la llegada del primer respondiente infunde calma a las víctimas;  aprendí que los héroes inspiran la nomenclatura de calles y avenidas, pero yo quiero creer que ésta es una nueva forma de heroísmo y que en cada mexicano hay indicios de una vocación heroica.

Salí del taller convencida de la urgencia de zurcir el lazo de la hermandad prodigando compasión los unos a los otros; que la calidad de la ciudadanía no depende de los dogmas religiosos o políticos y que es prioritario continuar con este esfuerzo, sea cual fuere el partido en el gobierno. Me queda claro que combatir la indiferencia y erradicar los vicios de la apatía es una proeza social que demanda un compromiso humanitario y que la compasión nos confiere un aura de heroísmo en los tiempos en que dolor y el quebranto se propagan como un ocio morboso en testimonios capturados desde el ángulo más distante y en la cruel perspectiva de la indiferencia…
                     

jueves, agosto 22, 2019

La Necrópolis del Holoceno



Dicen los que saben, que si persiste el ritmo en la emisión de contaminantes, la humanidad será la única especie en provocar su propia extinción. El avance rumbo al cataclismo en la era Cuaternaria parece incontenible y cada vez se acumulan más agravantes: a la contaminación y al cambio climático ahora se suman los estragos de la sobrepoblación. Global Footprint Network (GFN) es una organización que registra el impacto de la actividad humana en el planeta y ha obtenido un resultado deficitario porque la cantidad de los recursos naturales producidos en un año se agota antes de concluir ese periodo.

En una metáfora contable, GFN determina que en el “Día del sobregiro de la Tierra”  el consumo de recursos excede a su recuperación natural: la advertencia es que ese momento se adelanta paulatinamente desde hace 20 años y en 2019, esa fecha es la más temprana que se ha registrado: el 29 de julio es el día del sobregiro mundial y esta fecha fluctúa dependiendo de los recursos en cada país: “en Colombia, el sobregiro comenzará el 18 de octubre; en Perú el 23 de septiembre; en Venezuela el 23 de agosto; en México el 17 de agosto y en Argentina inició el 26 de junio”.

Los indicadores y los plazos determinados por GNF son una leve estimación del “insustentable desastre planetario” y estos cálculos no proceden de una fantasía distópica sino de la más cruda e implacable de las realidades. El dispendio de los recursos, la extinción de especies y los estragos de la contaminación apresuran el advenimiento de la sexta extinción y esta amenaza exige la concientización de la especie; con ese propósito, 47 artistas enfatizaron los estragos de la depredación humana en la exposición colectiva “Nékros Opsis” que es “una propuesta científico-estética en la que el cadáver de la Tierra se convierte en objeto de estudio, observación y análisis” trasladándonos a un momento posterior al cataclismo del Holoceno. La exposición “Nékros Opsis” se presenta desde el 14 de agosto en el Museo del Instituto de Geología de la UNAM, coincidiendo con el Día del sobregiro en México.  
            La advertencia es contundente: Si no revertimos el déficit planetario el horizonte será apocalíptico y en el epílogo del Antropozoico los caprichos de la naturaleza confirmarán, otra vez, las teorías de Darwin porque sólo sobrevivirán aquellos que se adapten al nuevo ambiente. La próxima era iniciará en el cementerio planetario de las especies extintas, en un paisaje insólito habitado por organismos que respirarán una mezcla tóxica de gases y realizarán sus funciones vitales con el mínimo de nutrientes.
            Por eso, ante la inminencia del desastre, debemos enaltecer el cuidado del planeta como prioridad social, como convicción y cultura, ajena a dogmas e ideologías para erradicar los vicios del consumismo y de la indiferencia, para revertir los estragos infringidos y conjurar las amenazas de la devastación.

Todo cabe en una burbuja



“Un buen día te despiertas y te encuentras con que todo el mundo piensa como tú”
Eli Parisier

En algún lugar volátil coincidieron los fervores silentes y las frustraciones latentes que deambulaban en los recovecos de la hostilidad; al encontrarse, adquirieron la consistencia de lo absoluto y  adoptaron el matiz implacable de una supremacía…

La causa es incuestionable: los crímenes de odio son la reacción a los discursos oficiales de la ultraderecha que inflaman el racismo que creíamos erradicado; los efectos son insufribles: la supremacía blanca se concreta en agresiones porque las armas se venden como caramelos. Lo alarmante, es la frecuencia de los ataques y la ubicación donde se perpetran porque eluden cualquier patrón que permita contenerlos.

La xenofobia que ahora nos flagela se esparce por contagio en el entorno virtual, donde se intensifica. Actualmente, se propaga una teoría de conspiración atribuida a los musulmanes, y a todos los migrantes, describiéndolos como invasores que inciden y alteran la cultura del país que los recibe con la perversa intención de suplantar a los nativos en un futuro cercano. El autor de esta aberración galopante es Brenton Tarrant quien la publicó en Facebook como el manifiesto “El gran reemplazo” poco antes de perpetrar un ataque islamófobo en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda, en marzo de este año.

Al otro lado del mundo, la misma aberración exacerbó el odio de Patrick Crusius quien anunció la “defensa contra la invasión hispana en Texas” en su manifiesto titulado “Una verdad incómoda”, publicado el 4 de agosto minutos antes de irrumpir en un supermercado y disparar contra la multitud “defendiendo a su país del reemplazo cultural y étnico”.

Éste es el evento más reciente en una indignante secuencia de ataques perpetrados por individuos que frecuentan foros virtuales donde comparten los mismos prejuicios, divulgando temores infundados,  compartiendo  frustraciones similares y satanizando a los migrantes. Estos espacios digitales son exclusivos y excluyentes porque sólo acceden usuarios afines con ideas semejantes al amparo de la intolerancia porque las opiniones contrarias, las réplicas y las críticas, los cuestionamientos, son inadmisibles.

En esos espacios virtuales el grado de coincidencia entre los usuarios no es una desafortunada casualidad sino un desliz de la tecnología porque es el resultado del registro de sus actividades en Internet (consultas, compras, preferencias, ubicación). Eli Parisier define como el Filtro Burbuja  a la configuración del perfil digital de los usuarios atendiendo a sus preferencias. Entonces, la inteligencia artificial crea rutas arborescentes que conducen a una opción compartida por otros usuarios que han buscado, comprado o  elegido lo mismo, y todos se reúnen en esa burbuja ajena a las críticas, inmune a los castigos (hasta el momento, no existen lineamientos jurídicos aplicables), y ahí, el odio se intensifica inflamando los fervores silentes y reprimidos, hermanando las frustraciones latentes en un afán aberrante que se proclama como absoluto y se propaga con el matiz implacable de un dogma perverso…

lunes, agosto 05, 2019

La vaporosa frontera de las distopías


En algún lugar del porvenir, más allá de los confines de la lógica se extiende el territorio de lo improbable; ahí suelen deteriorarse las aspiraciones y se vulneran sin piedad los rasgos de la cordura para erigir una aberrante versión del futuro…

            Una de las  manifestaciones de la condición humana es la irrenunciable propensión a soñar que suele reflejarse en el feliz desenlace de las ficciones y en las bondades del paisaje descrito en todas las utopías. Pero el optimismo no es el único atributo para el ejercicio de la imaginación, como siempre y desde entonces, existe la probabilidad de que suceda lo indeseable en el fatídico entorno de las distopías.

            La frontera que separa a las utopías y a las distopías es tan  frágil como la frontera entre la realidad y las ficciones; son vulnerables por naturaleza y etéreas como los pensamientos. Confieso que me fascinan las distopías: porque aún en la más cruel de las tiranías germina la vocación por la verdad y florece, temeraria, una esperanza.   

            Una de las distopías más impactantes es “El cuento de la criada” (The handmaid’s tale), escrita por Margaret Atwood, publicada en 1985. Atwood enfatiza la caprichosa interpretación del antiguo testamento en la dictadura fundamentalista de la república de “Gilead”. Ahí, traspasamos el umbral de la ficción dispuestos a deambular en un régimen despótico donde la intolerancia es una virtud acompañando las vivencias de una protagonista que pierde hasta el derecho a la identidad. La autora advierte que: “En este clima de división, en el que parece estar al alza la proyección del odio contra muchos grupos, al tiempo que los extremistas de toda denominación manifiestan su desprecio a las instituciones democráticas, contamos con la certeza de que, en algún lugar, alguien está tomando nota de todo lo que ocurre a partir de su propia existencia.”

            La descripción de los rituales en Gilead es perturbadora, desconcertante al grado de la indignación por el flagelo inaudito a las libertades. Pero los efectos de la distopía son contundentes al detectar sus semejanzas con la realidad: el desconcierto es atroz cuando se perciben amenazas a las libertades conquistadas; la perturbación es inevitable al escuchar términos religiosos en el discurso oficial; la indignación es inevitable cuando el retroceso hacia el despotismo se justifica argumentando que no hacerlo “generaría una mayor afectación al erario público del estado, generando incertidumbre, económica, política y social, impactando de manera inevitable en los servicios públicos y en el bienestar de los ciudadanos de”…  dónde? Gilead?  

            Atendiendo a la advertencia de esta distopía, es menester señalar las amenazas a las libertades, evitar la imposición de los desvaríos y defender las fronteras de la realidad alejándonos de las aberraciones de Gilead. En el umbral del porvenir es urgente  redefinir el límite entre la legalidad y la obsesión para mantener  el despotismo en el territorio de lo improbable,  como un relato ficticio sobre la destrucción de la cordura en una aberrante versión del futuro…


jueves, marzo 07, 2019

Dialéctica existencial. En busca de la dignidad perdida


En algún lugar de la modernidad, entre los engranes industriales surgió la imperiosa necesidad de reconocer la importancia de la feminidad, de valorar sus esfuerzos y ponderar su influencia en un mundo edificado por la virilidad…

En todas las formas de vida los géneros se complementan y la especie humana no es la excepción. En la oscuridad de los tiempos la reproducción de la especie fue posible por el cuidado que las primeras mujeres prodigaron a los hijos en las cavernas; el derecho materno fue la única secuencia confiable para establecer los parentescos y linajes; la agricultura, el detonante de la Revolución del Neolítico, se atribuye a las recolectoras que esperaban en la aldea el regreso de los hombres que salían a cazar, en un sistema sin dominio ni servidumbre, pero esas condiciones de equidad se desvanecieron con el advenimiento de la propiedad privada y la civilización.

A finales del siglo XIX cuando la industria se erigió como la fuente predominante de sustento, la aguda desigualdad social y la pobreza galopante obligaron a las mujeres a salir del hogar para incorporarse al lumpen de las fuerzas productivas. El 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres se manifestaron por las calles de Nueva York para exigir un recorte del horario laboral, mejores salarios, el derecho al voto y el fin del trabajo infantil. El eslogan que eligieron fue "Pan y Rosas": el pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida. En 1910, en Copenhague, en la conferencia internacional de organizaciones socialistas se propuso la creación de una Día Internacional de la Mujer; desde entonces, en esta conmemoración la palabra clave es “empoderamiento”: un concepto tan antiguo como la vulnerabilidad femenina y tan vigente como la desventaja que deben remontar todas las mujeres en un mundo falocéntrico.

La Fundación del Español Urgente, Fundéu, indica que “empoderar” es un antiguo verbo español que adquirió un nuevo significado: ‘Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido’. Luego entonces, el empoderamiento implica los esfuerzos de la mujer para acceder a las oportunidades, a los recursos y al conocimiento en un contexto de desigualdad. Esta definición fue oficialmente adoptada en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing (1995) “para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder”. 

Al margen de las políticas públicas y de los proyectos gubernamentales, la mujer aporta, todos los días, sus esfuerzos, sus cuidados, sus ideas en todos los ámbitos en que se desenvuelve; su presencia es imprescindible (como lo es la figura masculina) en la dialéctica existencial de nuestra especie pero la reivindicación de la mujer es un imperativo ancestral; la fragilidad de la mujer es un prejuicio que surgió hace miles de años, tergiversando la reciprocidad en las cuestiones de género, imponiendo un paradigma excluyente con la  percepción parcializada  en un mundo edificado por la virilidad…