En algún lugar de la noche, en la víspera de la contienda y bajo la oscuridad que envuelve al anonimato, las huestes velan sus armas mientras esperan el inicio de la batalla…
De acuerdo con la agenda política, el 2011 será un año determinante en la configuración de los bastiones del poder: los estados conquistados, recuperados o arrebatados en la interminable contienda de la partidocracia. El calendario electoral indica la renovación de gubernaturas en los estados de Guerrero, Baja California Sur, Coahuila, Estado de México, Nayarit y Michoacán. El primer enfrentamiento de las fuerzas políticas tendrá lugar en el estado de Guerrero el próximo domingo 30 de Enero.
La importancia de esos comicios se reflejará en el nivel de la beligerancia, en la suciedad de las estrategias y en la podredumbre que se exhibe. Y entonces, en el preámbulo de los comicios se produce una cruel paradoja: cuando el proselitismo se impregna de vulgaridad y cinismo pretendiendo la simpatía de los indecisos, se agudizan el hartazgo y el desencanto del electorado que se manifiesta en niveles insultantes de abstencionismo. Por eso, sea cual fuere la tendencia en los sondeos, el porcentaje de encuestados que manifiestan desconocimiento o rechazo por el proceso electoral será superior a los márgenes de error. Hasta el momento, no hay encuesta que refleje un porcentaje de apatía menor al 5%.
Y los indicios no son alentadores: el proselitismo en el estado de Guerrero ha exacerbado a las fuerzas contendientes y las evidencias se acumulan en escándalos mediáticos: la violenta agresión al representante de la coalición PRD, PT y Convergencia, el providencial hallazgo de un camión presuntamente del DIF del Estado de México con despensas, la presencia de empleados de la fiscalía de Coahuila para fungir como representantes del PRI en los comités electorales, la divulgación de la grabación de una supuesta conversación del candidato Ángel Aguirre Rivero con una senadora perredista en la que se ofrece el respaldo de cien zacatecanos… más lo que ocurra en el apoteósico cierre de campañas.
Mientras tanto, el temor se ha desatado en Guerrero y las expectativas no son favorables: el porcentaje de guerrerenses indecisos supera el 25%, el 36% de los encuestados supone que habrá compra de votos, el 33% considera que habrá incidentes de violencia social y el 19% prevé que será necesaria la actuación del Ejército. Esta percepción que se ha generalizado proyecta el encono y la beligerancia que matizan los procesos electorales, percibidos como una lucha despiadada por el poder desde el poder, y justamente ahora, en la víspera de la contienda y bajo la oscuridad que envuelve al anonimato, las huestes velan sus armas mientras esperan el inicio de la batalla…
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domingo, enero 23, 2011
domingo, junio 28, 2009
Fin de Temporada
En algún lugar excéntrico, en el punto donde concluyen los ciclos, el tiempo se desplaza automáticamente y en un instante el presente se convierte en pasado; la ley de los plazos es inexorable porque el destino nunca espera…
El domingo 28 de junio se cerraron las campañas electorales; por una extraordinaria y sutil coincidencia, esa mañana una reconfortante llovizna sorprendió a Mexicali en pleno hastío veraniego. Quiero creer que esa llovizna es un límite impuesto por la naturaleza que desplaza hacia el pasado la inclemente temporada proselitista.
La víspera de la jornada electoral está repleta de especulaciones, la clase política deambula en el callejón del encono cargando el lastre de su nefasta naturaleza, esparciendo podredumbre a diestra y siniestra. Mientras tanto, el electorado espera el día de los comicios para expresar el hartazgo por todo lo que implique a la clase gobernante.
El desencanto, los intereses o la desaprobación de la ciudadanía se materializarán en las urnas, ejerciendo las escasas prerrogativas que otorga la deficiente ley electoral: el voto de castigo, el voto nulo, el voto duro, o simplemente absteniéndose de participar en los comicios. La trascendencia de estas elecciones reside en el impacto del abstencionismo y del voto nulo, figuras evanescentes que adquirieron forma y consistencia y que habrán de contemplarse en la próxima contra reforma de la pseudo reforma electoral.
La próxima jornada electoral marcará el final oficial de la temporada de proselitismo caracterizada por la incesante divulgación de porquería. A partir del 6 del julio, todos los ciudadanos podremos salir a la calle sin necesidad de bloqueadores ni repelentes, porque ese día se evaporará la inmundicia que pulula en el ambiente electoral.
Por los efectos de la ley inexorable de los plazos, una vez concluido el proceso electoral se extinguirán los mensajes idiotizantes de la propaganda política, fenecerán las imposturas y las florituras de la imbecilidad, desaparecerán, o deberían desaparecer, los rostros transfigurados de los candidatos que contaminaron el paisaje urbano, y se disolverán en el ácido más potente la verborrea, las trivialidades y las diatribas vulgares de los adalides de la partidocracia.
La cotidianidad recuperará su ritmo habitual, se depurará el aire respirable. Descasarán los sentidos cuando decline el bombardeo de inmundicia, pero sobre todo, cesarán los ataques feroces contra la inteligencia del electorado y el raciocinio recuperará paulatinamente su integridad.
Por fin, dejaremos de escuchar aberraciones gramaticales como los mega pleonasmos “proponer propuestas propositivas” y “gobernar para personas humanas” que denotan una imbecilidad imperturbable; disminuirá considerablemente el uso exacerbado del “más sin embargo” que proyecta una brutalidad fosforescente.
Y gracias a un proceso biológico, desencadenado por el instinto de conservación, mandaremos al averno las grandilocuencias baratas y la pirotecnia electorera, se confinarán al olvido las ambigüedades discursivas que pretendieron ocultar la carencia de proyectos, la ausencia de carismas y la deleznable ética de lucro de una clase gobernante que transforma las necesidades sociales en negocios privados.
El destino se construye todos los días, el fin de la época de la partidocracia tiránica terminará cuando la conciencia ciudadana despierte de su letargo, cuando la voluntad del electorado y la opinión pública sean, realmente, garantes de la democracia. El porvenir del Estado mexicano es un relato de largo aliento y cada manifestación de la percepción social es un capítulo en esa historia.
A pocos días de los comicios, el único dato constante es el porcentaje de la apatía y el abstencionismo; el resultado de esta elección deambula entre las huestes partidistas porque la expresión ciudadana es una cifra imponderable, porque la conciencia ciudadana duerme el sueño de los justos, la voluntad popular es un poder latente pero adormecido, que habrá de despertar tarde o temprano… porque la ley de los plazos es inexorable y el destino nunca espera…
Nota: El artículo 48 fracción VII de la Ley Inexorable de los Plazos estipula que no hay proselitismo que dure cien años, ni electores que los aguanten.
El domingo 28 de junio se cerraron las campañas electorales; por una extraordinaria y sutil coincidencia, esa mañana una reconfortante llovizna sorprendió a Mexicali en pleno hastío veraniego. Quiero creer que esa llovizna es un límite impuesto por la naturaleza que desplaza hacia el pasado la inclemente temporada proselitista.
La víspera de la jornada electoral está repleta de especulaciones, la clase política deambula en el callejón del encono cargando el lastre de su nefasta naturaleza, esparciendo podredumbre a diestra y siniestra. Mientras tanto, el electorado espera el día de los comicios para expresar el hartazgo por todo lo que implique a la clase gobernante.
El desencanto, los intereses o la desaprobación de la ciudadanía se materializarán en las urnas, ejerciendo las escasas prerrogativas que otorga la deficiente ley electoral: el voto de castigo, el voto nulo, el voto duro, o simplemente absteniéndose de participar en los comicios. La trascendencia de estas elecciones reside en el impacto del abstencionismo y del voto nulo, figuras evanescentes que adquirieron forma y consistencia y que habrán de contemplarse en la próxima contra reforma de la pseudo reforma electoral.
La próxima jornada electoral marcará el final oficial de la temporada de proselitismo caracterizada por la incesante divulgación de porquería. A partir del 6 del julio, todos los ciudadanos podremos salir a la calle sin necesidad de bloqueadores ni repelentes, porque ese día se evaporará la inmundicia que pulula en el ambiente electoral.
Por los efectos de la ley inexorable de los plazos, una vez concluido el proceso electoral se extinguirán los mensajes idiotizantes de la propaganda política, fenecerán las imposturas y las florituras de la imbecilidad, desaparecerán, o deberían desaparecer, los rostros transfigurados de los candidatos que contaminaron el paisaje urbano, y se disolverán en el ácido más potente la verborrea, las trivialidades y las diatribas vulgares de los adalides de la partidocracia.
La cotidianidad recuperará su ritmo habitual, se depurará el aire respirable. Descasarán los sentidos cuando decline el bombardeo de inmundicia, pero sobre todo, cesarán los ataques feroces contra la inteligencia del electorado y el raciocinio recuperará paulatinamente su integridad.
Por fin, dejaremos de escuchar aberraciones gramaticales como los mega pleonasmos “proponer propuestas propositivas” y “gobernar para personas humanas” que denotan una imbecilidad imperturbable; disminuirá considerablemente el uso exacerbado del “más sin embargo” que proyecta una brutalidad fosforescente.
Y gracias a un proceso biológico, desencadenado por el instinto de conservación, mandaremos al averno las grandilocuencias baratas y la pirotecnia electorera, se confinarán al olvido las ambigüedades discursivas que pretendieron ocultar la carencia de proyectos, la ausencia de carismas y la deleznable ética de lucro de una clase gobernante que transforma las necesidades sociales en negocios privados.
El destino se construye todos los días, el fin de la época de la partidocracia tiránica terminará cuando la conciencia ciudadana despierte de su letargo, cuando la voluntad del electorado y la opinión pública sean, realmente, garantes de la democracia. El porvenir del Estado mexicano es un relato de largo aliento y cada manifestación de la percepción social es un capítulo en esa historia.
A pocos días de los comicios, el único dato constante es el porcentaje de la apatía y el abstencionismo; el resultado de esta elección deambula entre las huestes partidistas porque la expresión ciudadana es una cifra imponderable, porque la conciencia ciudadana duerme el sueño de los justos, la voluntad popular es un poder latente pero adormecido, que habrá de despertar tarde o temprano… porque la ley de los plazos es inexorable y el destino nunca espera…
Nota: El artículo 48 fracción VII de la Ley Inexorable de los Plazos estipula que no hay proselitismo que dure cien años, ni electores que los aguanten.
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