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domingo, febrero 16, 2014

Una búsqueda incesante

“La luz de la pantalla tiene su parte de sombra:
 cuando se vuelve refugio, la vida se difumina en el señuelo
de la experiencia delegada y en la tibia banalidad de lo ya formateado.”
 Lipovetsky – Serroy

            En algún lugar congénito, las razones se desquician por un imperativo existencial que no admite mutaciones; y con la incesante búsqueda de afinidades se escribe el argumento de una vida…

            Desde la oscuridad de los tiempos, el rechazo y la exclusión han sido castigos implacables de la naturaleza; la vida fluye en compañía de los congéneres y las especies se extinguen por el flagelo de la soledad. Desde entonces, un mandato genético nos impulsa a buscar la mirada donde culmina el porvenir y el suspiro que apacigua todos los anhelos; y así, se han escrito  capítulos épicos de la historia.
            Las interpretaciones son diversas: la selección natural compagina los genes que se complementan en un espécimen destinado a sobrevivir; esotéricamente, las auras se impregnan;  y Octavio Paz  explica que “el mundo cambia cuando los que se buscan se miran y se reconocen”; a pesar de su solidez,  esos argumentos se desvanecieron cuando  las relaciones amorosas se incorporaron al calendario del mercado como un motivo para trivializar un anhelo biológico con matices poéticos y místicos. 
            Esther Howland comercializó tarjetas con mensajes amorosos en1847 para conmemorar el 14 de Febrero a un santo que celebraba bodas clandestinas, desde entonces, en ese día todos los seres sensibles adquieren el compromiso de expresar con objetos los sentimientos que deberían manifestarse con acciones todos los días y la soltería suele convertirse en un cruel indicio de fracaso. En esta tradición mercantil el instinto congénito aflora por el condicionamiento publicitario y el consumismo se enardece: la venta de flores, chocolates, joyería, celulares y otras cursilerías se incrementa en un 30%  según los registros de  la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope); para  la Cámara Nacional de la Industria del Restaurante y Alimentos (Canirac) esta fecha representa “un ingreso de 550 millones de pesos y un incremento del 20% en sus ventas”.

Y hoy por hoy, en la tangente más sutil del mercado, este 14 de Febrero miles de chocolates de enviaron en un doodle y en la nueva prueba del amor consiste se comparten las contraseñas de Facebook. En la hipermodernidad la búsqueda vital se realiza sobre un teclado emitiendo caracteres y dígitos, las almas gemelas suelen coincidir en una pantalla y el amor se encuentra a un click de distancia. Por el feliz efecto de las coincidencias instantáneas, la vida transcurre en las redes sociales y en la pantalla de un teléfono inteligente se disipa la soledad en una mutación del aislamiento. En un giro inesperado del progreso, la pantalla se incorpora a las necesidades existenciales,  sólo lo que se comparte en línea es real y verdadero y en el muro de Facebook se exhiben los momentos significativos y la incesante búsqueda de afinidades en el argumento de una vida…           




 Fuentes:

Bauman, Zigmunt.(2005) Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. México D.F. Fondo de cultura económica.
Bermejo, Jesús. (s/f).  Consumidores y usuarios ante las nuevas tendencias de la publicidad al inicio del siglo XXI. Recuperado el 15 de Febrero del 2014, de  http://www.reddircom.org/textos/bermejo.pdf
 Celorio, Mariana. (2012). El amor a través de Internet en la sociedad de rendimiento.
Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.
CNN México. (2014). ¿Facebook vio nacer tu romance? Tal vez también sepa cuándo morirá. Recuperado el 15 de Febrero del 2014, de http://mexico.cnn.com/tecnologia/2014/02/14/facebook-vio-nacer-tu-romance-tal-vez-tambien-sepa-cuando-morira
Castells, Manuel, Subirats, Marina (2007) Mujeres y hombres ¿un amor imposible? Madrid: Alianza.
Catalá, Josep. (2009). Pensar al borde del abismo. Tripodos (no. 25) pp. 209-211.
Dubar, Claude. (2002). La crisis de las identidades. Barcelona: Bellaterra.  
EFE. (2014). El amor en los tiempos de Facebook, Twitter, Viber.... Recuperado el 15 de Febrero del 2014, de http://www.elnuevodia.com/elamorenlostiemposdefacebooktwitterviber-1712317.html
Lipovetsky, Gilles. (1999) La tercera mujer: permanencia y revolución de lo femenino. Barcelona: Anagrama
Lipovetsky, Gilles y Serroy, Jean. (2009).  La Pantalla Global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Barcelona: Anagrama.[i]
Molina, Mauricio. (2009). Elogio de las efímeras. Revista de la Universidad de México.
Paz, Octavio. (1957). Piedra de sol [ii]. Recuperado el 15 de Febrero del 2014, de http://fuentes.csh.udg.mx/CUCSH/argos/antologi/paz.htm
Proceso. (2014). San Valentín: Romanticismo, Consumismo y el golpe de la Soledad. Recuperado el 15 de Febrero del 2014, de http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/san-valentin-romanticismo-consumismo-y-el-golpe-de-la-soledad-1392423605
Roussel, Louis.(1992) La famille incertaine. Paris: Points.
Tamés, Enrique. (2007). Lipovetsky: del vacío a la hípermodernidad. Casa del tiempo. Difusión Cultural UNAM.



[i] “Pantalla mundo. Pantallas por todos lados. El mundo es del tamaño del celular y pronto será del de un reloj. Miniaturización y gigantización de las pantallas. Pantallocracia. A diferencia de los años 60, las pantallas son el enlace al mundo. La manera de contactarlo. Vivir es estar conectado. El modo actual de comunicación ya no es uno hacia todos, sino todos hacia todos. De los medios de masas a los automedios. La generación de contenidos es horizontal, en bloque y en ambos sentidos, como una pared con colocación de ladrillos en todo momento y en cualquier sitio. Ha cesado la enajenación del individuo a costa de la pantalla-espectáculo. Las personas se han apropiado de las pantallas y los medios. Aparecen conceptos como el de la teledemocracia y la contrapolítica.”

[ii] ”amar es combatir, si dos se besan/el mundo cambia, encarnan los deseos,/el pensamiento encarna, brotan las alas/ en las espaldas del esclavo, el mundo/
es real y tangible, el vino es vino,/ el pan vuelve a saber, el agua es agua,/ amar es combatir, es abrir puertas, /dejar de ser fantasma con un número/ a perpetua cadena condenado/ por un amo sin rostro;/       el mundo cambia/ si dos se miran y se reconocen,/amar es desnudarse de los nombres

domingo, noviembre 17, 2013

La cultura del deseo


"Debemos cambiar América desde una cultura basada en las necesidades

a una cultura basada en el deseo. La gente debe ser entrenada para desear, para querer nuevas cosas, incluso antes de que las cosas viejas hayan sido consumidas totalmente.

Los deseos del hombre deben eclipsar sus necesidades".

Paul Mazer

 

            En algún lugar alejado de las multitudes y en un complejo industrial se fabrican los artificios de la ingeniería del consentimiento;  en una línea incesante de producción se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…

           

            En las coordenadas occidentales del planeta,  desde la perspectiva del mundo libre y civilizado, suele condenarse la radicalización de los dogmas orientales satanizando el exceso del rigor y el fanatismo. Una de las críticas recurrentes al régimen socialista fue el despojo paulatino de la voluntad a los ciudadanos, quienes moldeaban su actitud y su conducta a los mandatos de un régimen represivo. Y ante la emergencia del terrorismo como secuela exacerbada de un sacramento distorsionado, toda la indignación del planeta se dirigió contra el fanatismo  musulmán que enaltece a los que ofrendan su vida en una lucha sin cuartel contra los invasores.

 

            Pero en cuestión de fanatismos, todo depende de la perspectiva. Busqué las diferencias  en las democracias occidentalizadas  que exhibieran la perversidad de la idiotización colectiva en el socialismo y en el islam, y debo confesar, que no encontré ninguna.  La única diferencia entre los regímenes capitalista, socialista y musulmán es el objeto de la veneración: los socialistas anteponían la supremacía del estado, los musulmanes buscan el paraíso por la vía del auto sacrificio y los capitalistas responden automáticamente a los mandatos del mercado.

 

            Hoy por hoy, en la cultura del deseo, la realidad supera con creces las proyecciones realizadas a principios del siglo XX, cuando los ciudadanos se transformaron en consumidores vulnerables a las presiones mediáticas que inciden en la percepción de la felicidad como equivalente a la adquisición y acumulación de bienes. Los objetos de culto en el capitalismo industrial siempre son novedosos pero el efecto placebo es efímero porque deberá adquirirse el modelo más reciente para satisfacer una necesidad ficticia, surgida de un deseo irracional y glorificada como sinónimo del éxito en una pequeña inmensidad de mensajes publicitarios. Así, en Norteamérica, y en todo el ámbito de su influencia, la celebración del Día de Gracias se distorsiona en una vulgar estrategia comercial. El “viernes negro”, el día de las mega ofertas y las compras compulsivas se extiende a México como el “buen fin”. Hordas de  consumidores alienados recorren las tiendas y los almacenes buscado la los precios más bajos porque su  felicidad  consiste en aprovechar la mejor oferta y adquirir el producto  aunque no sea indispensable.

 

            Y todos tan contentos!! Por unos días la felicidad es un objeto a mitad de precio, disponible en todas las sucursales de los consorcios comerciales. Y el fervor consumista impulsa los  engranes de la  cultura del deseo que  condiciona la actitud de las  multitudes por  los artificios de la ingeniería del consentimiento; y el círculo vicioso se reinicia  en una línea incesante de producción donde se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…