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domingo, noviembre 19, 2017

El nuevo 30 de brumario

En algún lugar del tiempo, sobre la línea perpetua de los meses y los días sobresalen los íconos de los momentos cruciales para conmemorar los escasos instantes en los que el ímpetu de una idea logró cambiar el destino… 

Las prioridades de los pueblos suelen reflejarse en sus calendarios porque determinan la conmemoración masiva de eventos importantes en fiestas y rituales. El mejor ejemplo es el calendario republicano francés, instituido en 1793 por la Convención Nacional Francesa para eliminar las fiestas religiosas, enaltecer el triunfo de la Revolución y glorificar a la Razón. Durante los 12 años que estuvo vigente, los meses cambiaron de nombre, desaparecieron las semanas con sus domingos y cada día tenía un nombre propio.  

En el calendario de los regímenes emanados de la Revolución mexicana, el 20 de noviembre de todos los años se conmemoraba el “acontecimiento social y político más importante del siglo XX” ( su equivalente en el republicano francés sería el 30 de brumario, día del rodillo). El asueto oficial mexicano coincidía con la fecha sin importar el día de la semana. Un dato curioso sobre la observancia popular del calendario revolucionario: a partir de 2014, en el estado de Sonora se prohibió registrar con el nombre “Aniv de la Rev” a  los nacidos el 20 de noviembre.

Hoy por hoy y desde ya, las prioridades de la aldea global se reflejan en la movilidad de sus fechas conmemorativas al fin de semana más próximo para extender el asueto oficial. Gracias a este desplazamiento, los aniversarios de las fiestas patrias pasan desapercibidos de martes a jueves y el motivo histórico de la celebración se desvanece en un fin de semana destinado al descanso y esparcimiento… o a las compras!

Los sacrosantos postulados de la Revolución mexicana y las hazañas épicas de los héroes se diluyen inexorablemente entre las mil y un ofertas del Buen Fin, el largo fin de semana en el que todo puede comprarse o disfrutarse en una ganga porque los consorcios comerciales, en un ataque de locura, decidieron rebajar sus precios y alargar los plazos de los pagos. Súbitamente: ¡todo cuesta una bicoca!  Y entonces, nos damos cuenta de que “necesitamos” el sacacorchos virtual para brindar en las redes sociales, o las pantuflas con aire acondicionado que inhiben el desagradable olor de los pies sudados, o el viaje al paraíso perdido en un globo en medio del desierto. Con singular alegría recibimos el adelanto del aguinaldo y emprendemos la eufórica aventura de comprar en un estallido de dopamina que extingue las angustias de la cruel realidad con el delicioso placebo de adquirir lo innecesario.

El giro del destino es evidente: la triste figura patria se postra en el altar del consumo, las nuevas generaciones celebrarán el festival de las compras el 20 de noviembre porque el mercado habrá condicionado la mente y el corazón de las masas que identificarán la felicidad con una caja registradora; en una secuencia incontenible aparecerán nuevas necesidades que serán obsoletas rápidamente porque sobre la línea perpetua de los meses y los días, se yergue, impecable, el ícono del dinero para conmemorar los escasos instantes en los que el ímpetu de una oferta es suficiente para cambiar el destino… 


Fuentes

Nájar, Alberto. (2014). El estado en México que prohíbe llamar a un bebé Harry Potter o Yahoo. Recuperado el 19 de noviembre del 2017, de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_mexico_nombres_prohibidos_bullying_sonora_an
Notimex. (2017). Arranca Buen Fin 2017; estima SE ventas por 100,000 mdp. Recuperado el 19 de noviembre del 2017, de https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Arranca-El-Buen-Fin-2017-estima-SE-ventas-por-100000-mdp-20171117-0064.html
Sánchez Dórame, Daniel. (2014). Shakira, Circuncisión y Aniv de la Rev, no son nombres legales. Recuperado el 19 de noviembre del 2017, de http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/02/11/943058
Sánchez, Mayka. (2017). Cada vez los jóvenes son más adictos a las compras. Recuperado el 19 de noviembre del 2017, de https://elpais.com/elpais/2017/02/08/mamas_papas/1486553940_167932.html



domingo, noviembre 17, 2013

La cultura del deseo


"Debemos cambiar América desde una cultura basada en las necesidades

a una cultura basada en el deseo. La gente debe ser entrenada para desear, para querer nuevas cosas, incluso antes de que las cosas viejas hayan sido consumidas totalmente.

Los deseos del hombre deben eclipsar sus necesidades".

Paul Mazer

 

            En algún lugar alejado de las multitudes y en un complejo industrial se fabrican los artificios de la ingeniería del consentimiento;  en una línea incesante de producción se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…

           

            En las coordenadas occidentales del planeta,  desde la perspectiva del mundo libre y civilizado, suele condenarse la radicalización de los dogmas orientales satanizando el exceso del rigor y el fanatismo. Una de las críticas recurrentes al régimen socialista fue el despojo paulatino de la voluntad a los ciudadanos, quienes moldeaban su actitud y su conducta a los mandatos de un régimen represivo. Y ante la emergencia del terrorismo como secuela exacerbada de un sacramento distorsionado, toda la indignación del planeta se dirigió contra el fanatismo  musulmán que enaltece a los que ofrendan su vida en una lucha sin cuartel contra los invasores.

 

            Pero en cuestión de fanatismos, todo depende de la perspectiva. Busqué las diferencias  en las democracias occidentalizadas  que exhibieran la perversidad de la idiotización colectiva en el socialismo y en el islam, y debo confesar, que no encontré ninguna.  La única diferencia entre los regímenes capitalista, socialista y musulmán es el objeto de la veneración: los socialistas anteponían la supremacía del estado, los musulmanes buscan el paraíso por la vía del auto sacrificio y los capitalistas responden automáticamente a los mandatos del mercado.

 

            Hoy por hoy, en la cultura del deseo, la realidad supera con creces las proyecciones realizadas a principios del siglo XX, cuando los ciudadanos se transformaron en consumidores vulnerables a las presiones mediáticas que inciden en la percepción de la felicidad como equivalente a la adquisición y acumulación de bienes. Los objetos de culto en el capitalismo industrial siempre son novedosos pero el efecto placebo es efímero porque deberá adquirirse el modelo más reciente para satisfacer una necesidad ficticia, surgida de un deseo irracional y glorificada como sinónimo del éxito en una pequeña inmensidad de mensajes publicitarios. Así, en Norteamérica, y en todo el ámbito de su influencia, la celebración del Día de Gracias se distorsiona en una vulgar estrategia comercial. El “viernes negro”, el día de las mega ofertas y las compras compulsivas se extiende a México como el “buen fin”. Hordas de  consumidores alienados recorren las tiendas y los almacenes buscado la los precios más bajos porque su  felicidad  consiste en aprovechar la mejor oferta y adquirir el producto  aunque no sea indispensable.

 

            Y todos tan contentos!! Por unos días la felicidad es un objeto a mitad de precio, disponible en todas las sucursales de los consorcios comerciales. Y el fervor consumista impulsa los  engranes de la  cultura del deseo que  condiciona la actitud de las  multitudes por  los artificios de la ingeniería del consentimiento; y el círculo vicioso se reinicia  en una línea incesante de producción donde se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…

 

domingo, mayo 12, 2013

Un motivo para celebrar


En algún lugar del tiempo, por el ajetreo de la mudanza de una época a la siguiente se olvidaron los motivos de una celebración auténtica y se perdieron entre los vestigios de los paradigmas destrozados…

 

            Las primeras  fiestas y tradiciones de los pueblos estuvieron determinadas por los fenómenos naturales desatados por las divinidades y en el imperio del dogma, por el onomástico de los santos y los mártires del cristianismo; durante el siglo XX,  las prioridades del régimen de mercado se enmarcaron en nuevos rituales para materializar las cualidades y los valores intangibles. Es por eso que el año transcurre entre  celebraciones que irremediablemente implican  la compra de objetos o la contratación de servicios: desde el día del amor y la amistad hasta la noche vieja.

 

Una de esas fiestas es el día de las madres. La idea de celebrar a la madre surgió en la tristeza de un duelo: en 1905 falleció la madre de Ana Marie Jarvis  después de dedicar su vida a la dignificación de las madres trabajadoras y al mejoramiento de las condiciones sanitarias en las fábricas. Dos años después, Ana Jarvis decidió abandonar la estrechez del luto y  transformó el aniversario luctuoso de su madre  en una celebración  para todas las madres. Dirigió una campaña de promoción en todo el territorio norteamericano que culminó en 1914 con la conmemoración nacional del día de las madres el segundo domingo de mayo. La nueva costumbre se expandió a todo el mundo y en México se dedicó el 10 de mayo a la celebración del día de la madre en 1922.

 

            Pero sucedió lo inevitable y los valores sublimes se degradaron por la ética del lucro. La admiración sincera y el agradecimiento de los hijos perdieron su esencia emocional en una vulgar materialización y las cualidades maternales se estereotiparon en la imagen de una mujer  abnegada, sufrida y callada.  En 1920 Ana Jarvis manifestó su contrariedad por la comercialización del día de las madres, a partir de entonces dedicó sus esfuerzos y sus recursos para protestar contra la explotación mercantilista, incluso  fue arrestada varias veces por perturbar la paz. Casi un siglo después y en el preludio de una nueva época, es menester recuperar la esencia de una celebración que ha provocado una gama insufrible de cursilerías en el mercado de las emociones. Ana Jarvis murió con un desencanto crónico en el corazón pero ahora, la condición humana y los atributos maternales generan cifras y datos contundentes: el estudio más reciente del Instituto Nacional de Estadística y  Geografía  (Inegi) indica que el 71% de las mujeres mayores de 15 años tienen al menos un hijo; el 96% de las madres son económicamente activas y el 72% son madres solteras, viudas, separadas o divorciadas.  

 

La realidad se impone y es imperativo reconocer que la maternidad exige valentía para asumir una responsabilidad que nunca termina, disposición para la generosidad,  habilidad para atender simultáneamente el llamado de la vocación y el llanto de los hijos y la insólita fortaleza para mantener la calidez del hogar a pesar de todas las ausencias y las carencias. Y ahora, en el ajetreo de la mudanza de una época a la siguiente es menester recuperar  los motivos de una celebración auténtica, romper el molde de una figura maternal débil y olvidar esa fragilidad entre los vestigios de los paradigmas destrozados…

 

 

domingo, septiembre 30, 2012

Secuencia infinita


En algún lugar vital, sobre la línea del tiempo se traza  una tendencia inexorable cuando las turbulencias preceden a la calma; el destino se encauza hacia rumbos insospechados en escenarios amenazantes y en los momentos críticos se reinicia una secuencia infinita de contrastes…

 

            En los periodos de crisis se agudizan las incongruencias entre el criterio predominante y las exigencias de la realidad, surgen demandas y necesidades que los modelos existentes son incapaces de solventar, y entonces, por los efectos ineludibles del contraste se transita a nuevas alternativas. La generalización de demandas insatisfechas es un indicador del anacronismo de un sistema y desde esa perspectiva deben analizarse las manifestaciones multitudinarias contra las medidas gubernamentales de austeridad en Madrid, Lisboa, Varsovia, Hamburgo, Berlín y París, donde el silencio de las mayorías no aminora la desesperanza de los indignados.

 

La  insuficiencia del Estado como promotor del bienestar social es una evidencia incuestionable de su inminente extinción. Ante el predominio de las posturas neoliberales en el hemisferio capitalista del mundo, los Estados implementaron una serie de ajustes y recortes presupuestarios en  salud y seguridad social. Los estados cedieron sus atribuciones en la generación y distribución de la riqueza al sistema de mercado y ahora su funcionamiento está condicionado por el criterio de los consorcios financieros internacionales. Los efectos de esta tendencia se traducen en índices que califican la economía de un país en función de la solvencia para cubrir la deuda pública y sus intereses. Los lineamientos del mercado transformaron a los estados en agencias de negocios, los intereses de una firma se imponen al bienestar social y la ciudadanía es el consumidor cautivo de ideas y estereotipos.

 

            En el paroxismo del mercado, el comportamiento de las masas se diseña previamente y en una cruel materialización los individuos se transforman en los componentes de una línea infinita de producción y consumo, sujetos alienados al mercado que deberán responsabilizarse de su bienestar. Este es el mensaje entre las líneas del discurso del candidato republicano Mitt Romney quien califica como dependientes del estado al 47% de la población.

 

            Los estragos del sistema del mercado incidieron en la mentalidad de las masas consumidoras y consumistas pero en algún momento serán insuficientes para explicar la pérdida irrevocable de oportunidades y el deterioro en las condiciones de subsistencia. La confrontación del desencanto con el modelo que lo impone es el preámbulo de la transición a un nuevo orden que encauce el destino hacia rumbos insospechados porque las utopías germinan en escenarios amenazantes y  en los momentos críticos se reinicia la secuencia infinita de contrastes…

domingo, agosto 12, 2012

Los ecos de la gloria


En algún lugar del triunfalismo, los artificios extienden el esplendor de las victorias fugaces  para iluminar los oscuros rincones de la mediocridad; entre los ecos festivos se atenúan los tonos derrotistas porque la esperanza de muchos se concentra en la gloria de pocos…   



            La tradición olímpica se reanudó en el auge de la Modernidad cuando las aspiraciones de la humanidad se elevaron a alturas épicas; en aquel entonces, la construcción de un mundo mejor se creía posible y el proyecto de la Modernidad extendería  las bondades de la ciencia a todos los rincones del planeta procurando el bienestar y la prosperidad universales.



Pero mientras se fortalecía la utopía del progreso universal se agudizaron los nacionalismos y se produjo una fusión inesperada que amalgamó al fervor patriótico y a los ideales de excelencia en las versiones modernas de los juegos olímpicos. Durante el ascenso del III Reich se inauguró la tradición alterna de los juegos olímpicos y el usufructo del estadio olímpico para exhibir y ostentar la superioridad de una nación a través de sus campeones. Y  la competencia entre las naciones adquirió la contundencia de los conflictos bélicos porque la victoria de una nación en el medallero olímpico reflejaba el éxito de las políticas públicas  y el nivel del bienestar que ese estado procuraba a sus habitantes.  Así fue en los años de la Guerra Fría cuando las rivalidades entre el bloque socialista y el mundo occidental se dirimieron pacíficamente en la contienda olímpica por el primer lugar en el medallero.  En esta perspectiva, México ha figurado modestamente en el medallero olímpico entre los países del subdesarrollo y no ha logrado remontar posiciones desde los juegos olímpicos de México en 1968, evidencia incuestionable de la ineficiencia de las políticas públicas y de la impericia del estado como benefactor social y promotor de la cultura deportiva.



Después de la desintegración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, en medio de una crisis que erosiona la grandeza del imperio capitalista, el poderío de los estados nacionales se tambalea ante los consorcios del mercado; hoy por hoy, los juegos olímpicos son el escaparate de un mundo configurado por el lucro que reflejan el ocaso de una época y el advenimiento de nuevos paradigmas cuando ascienden al pódium campeones forjados en países pequeños que triunfaron sobre las carencias en economías endebles y que derrotaron las inequidades imperantes en regímenes anacrónicos. Al margen de los nacionalismos y de los patrocinios,  el triunfo olímpico debe entenderse como el galardón al esfuerzo personal de una casta de soñadores que perseveran y enfrentan todo tipo de adversidades. 



Y en este marco de referencia, México mantiene su modestísima posición en el medallero gracias al bajo rendimiento de la vetusta estructura gubernamental encargada del deporte. La medalla de oro en el futbol varonil fue la única presea dorada de México en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, la gana un equipo de deportistas formados fuera del olimpismo mexicano pero  los ecos de esa victoria deberán repetirse incesantemente para acallar los graves tonos del fracaso de las instituciones que burocratizan el deporte y en el jolgorio  nacional se disimularán los estertores de un estado fallido. Lamentablemente, el deporte en México no es una prestación social otorgada al pueblo por el estado porque es el privilegio de una minoría y el resultado incuestionable del apoyo incondicional que los padres prodigan a sus futuros campeones  pero el fulgor del oro olímpico iluminará los oscuros rincones de la mediocridad y entre los ecos festivos se atenuarán los tonos derrotistas porque la esperanza de muchos se concentra en la gloria de pocos…  

domingo, noviembre 27, 2011

Momentos estelares

En algún lugar perpetuo, sobre las órbitas excéntricas del tiempo se producen coincidencias excepcionales que se materializan en afinidades expansivas que abandonan el silencio y rompen los paradigmas imperantes; y en esas circunstancias y sólo entonces, es posible vislumbrar los momentos estelares de la humanidad…

La transición entre las épocas suele ser un periodo de contrastes en el que se agudizan las diferencias, las condiciones en que sobreviven las multitudes llegan a niveles insufribles mientras las élites acaparan todos los privilegios e imponen su visión del mundo. En la sociedad de mercado los consorcios del capitalismo industrial impusieron la ética del lucro y glorificaron el consumo compulsivo: para ser feliz es indispensable comprar y el valor de las personas varía en función de su poder adquisitivo. Por esta imposición, las festividades giran en torno al consumo y el mejor de los ejemplos es el Viernes Negro cuando hordas frenéticas irrumpen en tiendas y almacenes buscando la felicidad en el vértigo compulsivo de mil y un ofertas.

Pero las idiosincrasias tienen una fecha de caducidad, que coincide con una temporada de cambios en el entorno social. Y el imperio del consumo no será la excepción. Al margen del mercado, donde lo valioso se materializa, ha sobrevivido la visión humanista, esa convicción que denuncia los estragos de un sistema inclemente que produce gente indiferente y ensimismada. En la posmodernidad se inicia un proceso inexorable: las minorías del pasado ahora son mayorías dispuestas a defender su derecho a la felicidad, en los grupos marginados surge la empatía como elemento de cohesión y los rígidos modelos sociales tienden a suavizarse.

En el vienes negro reciente, en el fragor de las compras se escucharon las protestas de los indignados, ese ejército de desafortunados que han perdido la cualidad indispensable para sobrevivir en este mundo: la solvencia. Este movimiento de indignación se expandió rápidamente en todo el mundo porque la producción de marginados no ha cesado desde la primera revolución industrial y, hoy por hoy, la insolvencia alcanza niveles nacionales por la propagación de la volatilidad financiera.

El sistema global sustentado en el consumo se tambalea: la crisis por endeudamiento en la zona euro está extendiéndose rápidamente y los mercados temen un efecto de contagio de dimensiones inimaginables hacia otros países y regiones. Estas son condiciones para el advenimiento de una época de transformaciones y cambios significativos en las convicciones y en las prioridades. Porque los periodos críticos provocan reacciones extraordinarias, entre las ruinas de los imperios yacen los cimientos de un nuevo orden social y en el porvenir se vislumbra el resplandor de uno de los momentos estelares de la humanidad…

domingo, noviembre 13, 2011

Un mundo sin humanos

“La solidaridad no se reduce al movimiento intimista de la compasión, sino que se amplía a la promoción de una justicia humanizadora para todos.”
Ramón Mínguez Vallejos

En algún lugar del porvenir, entre la ciencia y la ficción, existe un laboratorio donde se analizan los efectos de la materia sobre la conciencia; el resultado de un sinfín de experimentos cristaliza en las versiones posibles del hombre en un entorno deshumanizante…

Desde siempre, el conocimiento de las fuerzas que gobiernan el planeta le facilitó al hombre la ardua tarea de sobrevivir, y desde entonces, los avatares del progreso han modificado los hábitos y las actitudes; hoy por hoy, la tecnología impregna todas las esferas del quehacer humano y su influencia en la cotidianidad se manifiesta en el consumo como valor prioritario de individuos ensimismados, habitantes virtuales de la aldea global, conectados pero aislados. Y en este entorno materializante se diluyen la empatía y la solidaridad ante el predominio del ego como el origen de todos los afanes. Alguna vez, todo lo sólido se desvaneció en el aire, y ahora, la vida es un fluido efímero: los lazos afectivos se condensan y se evaporan la proximidad y las afinidades.

Un rasgo distintivo de la posmodernidad es la fragilidad de los vínculos entre los seres humanos, y una secuela inexorable de esta vulnerable condición se percibe en el entorno familiar, donde se extingue la calidez del resguardo. El hogar se transforma en un ambiente controlado donde coinciden los miembros de una familia pero no conviven ni se comunican. Cada cual atiende sus propios intereses. La presencia física no implica compañía, sobre todo cuando se vive al pendiente de lo que sucede en las redes sociales.

Y en este escenario se escuchan voces que advierten que la educación se ha reducido a la transmisión de los saberes indispensables para competir en el mercado de las oportunidades, y que no implica la formación de profesionales sensibilizados con la realidad social ni de ciudadanos capaces de reconstruir la equidad destruida por la ética del lucro.

Ante el individualismo, como dogma social que entroniza la indiferencia, surge la responsabilidad como un compromiso ético hacia los semejantes. La voluntad, la entrega y el esfuerzo de los padres permitirán que los hijos descubran lo que es verdaderamente importante en su vida; en la escuela, la nueva perspectiva de la educación implica la formación de seres humanos sensibles a las necesidades sociales con la determinación suficiente para solucionarlos.

Porque es imperativo reforestar el yermo del individualismo exacerbado con el germen de la solidaridad, erradicar la frialdad que materializa las esperanzas y reencauzar el rumbo del destino hacia un mundo más justo para escribir la nueva versión del hombre en un entorno humanizante…

domingo, septiembre 11, 2011

Una pálida sombra

En algún lugar de la condición humana, entre el raciocinio y la emoción, eludiendo todas las mutaciones, perduran los genes del dominio; justamente ahí, donde las razones sobran y los sentimientos estorban, surgen los imperativos instintivos de la bestia que yace en el interior del hombre…

El hito más reciente en la historia de la humanidad se registró el 11 de Septiembre del 2001. A partir de ese momento el aire respirable se impregnó de miedos exacerbados, de indignante repudio y miradas discriminatorias. Se materializaron los peores presagios y en una cruzada de odio y venganza se confrontaron dos versiones del mundo. El atentado perpetrado al World Trade Center desencadenó un bombardeo incesante e implacable de mensajes mediáticos que introdujeron la sensación de vulnerabilidad y despertaron una enfermiza xenofobia en la mente de todos los habitantes de la porción “civilizada” del mundo. Desde entonces, año tras año, se conmemora ese brutal ataque para mantener viva a la incertidumbre y resucitar al temor.

Hoy por hoy, la secuela destructiva de aquel atentado aún no concluye. La cruzada posmoderna emprendida por las huestes de la ambición en nombre de la libertad y la democracia ha producido un ejército de mutilados y paranoicos, las diferencias se han agudizado y el planeta se divide ahora en dos hemisferios dogmáticos: el hemisferio del mercado y el hemisferio del fanatismo. La porción terrestre donde residen los últimos especímenes de la esperanza es cada vez más reducida, es por eso que el Dalai Lama es un templo itinerante, la encarnación de la ética que camina por el mundo con el alma envuelta en el ombligo. En el umbral de la sociedad del conocimiento, el raciocinio es una habilidad en peligro de extinción, y es por eso que cada día es más dolorosa la ausencia de José Saramago, el profeta del pesimismo que inquietaba las conciencias cuando pregonaba los estragos del lucro y del odio en la explanada del absurdo.

En aquel septiembre del 2001, Saramago deslindó de culpas a todos los dioses cuando identificó al “Factor Dios, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.”

En su visita a México, el Dalai Lama logró mantener encendida la esperanza con la luz de una ética laica basada en la conciencia del bien común, muy diferente a la moral religiosa fundamentada en el castigo divino, porque “los problemas siempre serán algo natural, pero su solución no vendrá de los gobiernos, sino de cada uno de los integrantes de la sociedad que actúen con ética y responsabilidad, independientemente de cuál sea su religión.”

En este mundo devastado por la ética del lucro la esperanza es apenas un pálida sombra que yace olvidada en el fondo del ánfora de Pandora, pero aún existe la remota posibilidad de rescindir los genes del dominio para erradicar el vacío existencial donde las razones sobran y los sentimientos estorban, y en un salto evolutivo, domesticar a la bestia que yace en el interior del hombre…

domingo, julio 31, 2011

El factor humano

En algún lugar de la exactitud, las cifras surgen y se reproducen en el gélido clima de la aritmética, y ahí, los cálculos y las ponderaciones sólo admiten una interpretación porque la realidad siempre es única y contundente…

Las cifras publicadas recientemente por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), indican que del 2008 al 2010 el ámbito de la pobreza se extendió para aglutinar a 52 millones de mexicanos, quienes representan un 46% de la población: 4 de cada 10 habitantes no obtiene los ingresos necesarios para subsistir y progresar.

El resultado de esta medición es implacable y no admite interpretaciones tendenciosas porque refleja el fracaso de las políticas públicas de un estado que funciona como agente de inversiones. Y si se aplicase el factor humano a la frialdad de estas cifras catastróficas se obtendría una visión realista del origen de esta inequidad social.

Como producto del entorno globalizado, la economía mexicana pretende incorporarse a un sistema de mercado que somete y doblega a las soberanías nacionales; la genuflexión ante la ética del lucro tergiversa las funciones del estado: ahora el gobierno es una mega agencia de negocios internacionales, depende de los consorcios comerciales y oficializa el criterio que define a la población como mano de obra explotable y como un sector inmenso de consumidores manipulables.

Pero aún bajo esa lógica los resultados son contundentes: los beneficios de la economía de mercado se concentran en los estratos superiores donde no existe sensibilidad social. El índice de la pobreza refleja la ineficiencia de la administración pública en la atención de las necesidades apremiantes de la población y, paradójicamente, exhibe la escasa retribución de los consorcios internacionales al erario y al nivel de vida de los habitantes.

En Baja California, uno de los estados del panismo rampante donde la inversión privada y extranjera influyen en la agenda pública, el desempleo y la falta de poder adquisitivo de grupos vulnerables que habitan en zonas marginadas dificulta que las familias puedan adquirir la canasta básica.

Ante la contundencia de las cifras, la pobreza ha sido una ambigüedad demagógica que se encubre en clasificaciones triviales, el rubro más oscuro de la economía y la asignatura pendiente de los regímenes, será el tema recurrente en las campañas políticas rumbo a la presidencia, el número esquivo en todos los discursos y una consecuencia sin causa. La paradoja reside precisamente en esa porción de los mexicanos: en el ámbito de la necesidad donde no se escuchan las promesas políticas que juegan con los cálculos y las ponderaciones, porque en el sector marginado por la pobreza la realidad siempre es única y contundente…

domingo, julio 24, 2011

La incógnita generacional

“Preguntarme a qué generación pertenezco es,
en un nivel más profundo, preguntarme quién soy”
Julián Marías

En algún lugar del tiempo y sobre un inmenso pliego de papel en blanco, cuando se escriben las biografías de los seres humanos se subrayan los efectos del entorno que incidirán en el destino de las generaciones…

Por siempre y desde entonces, en la escritura de la historia de la humanidad se detectan los estilos y acentos de las generaciones porque la percepción de los giros del destino depende y varía con la edad de quien los atestigua. Cuando atravesamos el umbral del siglo XXI había 800 millones de adolescentes que nacieron en la sociedad de mercado y crecieron rodeados de comodidades tecnológicas. Las huestes de la “Generación Y” se conforman con los pequeños tiranos que gobiernan a su antojo en el reino familiar y que ejercen un control despiadado sobre sus padres. Los adolescentes de la posmodernidad se caracterizan por una mentalidad saturada con mensajes que inducen al consumismo, sus prioridades se establecen en función de las marcas comerciales y configuran una identidad cambiante atendiendo a las figuras esporádicas, ídolos efímeros con los que la cultura de masas pretende resolver la carencia de modelos de excelencia permanentes.

La incógnita de esta generación incide en su destino, en la construcción del porvenir en un entorno donde todo es válido, en un clima social desolado por la violencia cotidiana y la ausencia de límites. La incógnita es insufrible pero es imperativo despejarla porque el resultado de una ecuación sin valores constantes de autoridad es la apatía generalizada y el egoísmo exacerbado. Por los efectos perversos del mercado los niños abandonan prematuramente la infancia para incursionar en una adolescencia precoz. La celotipia, el acoso y el maltrato suelen predominar en las relaciones afectivas de los adolescentes “Y” y el impacto de los modelos emergentes se detecta en la incidencia creciente de casos de anorexia y bulimia en la infancia.

Sí! … La cuestión ya es impostergable. Los extremos a los que pueden llegar los adolecentes “Y” son deplorables: La Red por los Derechos de la Infancia estima que unos 30.000 menores realizan actividades para los cárteles como pasar droga, secuestrar y asesinar migrantes. Según un informe de la fiscalía general, de diciembre de 2006 a abril de 2010, un total de 3.664 menores de edad fueron capturados en operaciones contra la delincuencia organizada. Los escándalos lo confirman: un adolescente de 14 años y conocido como “Ponchis, el niño sicario”, era filmado con un teléfono celular al momento de golpear y asesinar a sus víctimas y estos vídeos fueron publicados en internet; y en Mexicali, un asesinato cruelmente premeditado fue la secuela de los celos enardecidos en la tormentosa relación de una pareja de adolescentes que no conocieron límites.

La incógnita que todos los predecesores de la “Generación Y” debemos resolver es: cómo enmendar, y en el mejor de los casos atenuar, los efectos de un criterio materializante? Cómo revertir la insensibilidad galopante que germina en un ambiente que glorifica el egoísmo y celebra la violencia? Cómo re-escribir el destino de una generación atrofiada por los efectos nocivos del entorno?…

domingo, abril 24, 2011

El gen reprimido de la infancia

“El hombre es dueño de su destino;
pero los niños están a merced de quienes les rodean."
John Lubbock

En algún lugar maravilloso, cuando la cruda realidad enturbia el ambiente el aire respirable se torna denso, el clima se endurece por los reclamos de la vida y se extinguen los oasis donde solían refrescarse las visiones de la infancia…

Alguna vez, el entretenido juego de la infancia abarcaba una época imprecisa pero imperecedera, era un periodo que no se extinguía del todo porque en el corazón de todos los hombres, en el recoveco más plácido, entre sueños y fantasías, dormía el niño que alguna vez fue. Dicen los que saben que se requieren millones y millones de años para que los cambios biológicos se inscriban en el código genético, que por eso, las mutaciones recientes en los seres humanos surgen y se inscriben en el entorno social. Desde la modernidad tardía, en los estratos favorecidos, la infancia perdió sus rasgos placenteros y despreocupados cuando la figura materna se transformó en una mujer productiva, las actividades extracurriculares saturaron todas las tardes y por los nuevos paradigmas, la infancia se transformó en un sector de mercado.

Pero mientras algunos afortunados desperdician los dones maravillosos de la infancia en un circo de objetos y marcas, una porción inconmensurable debe prescindir de las fantasías para incorporarse a las filas de un ejército de trabajadores que luchan por sobrevivir. Los niveles del trabajo infantil se incrementan en función de la escasez de oportunidades y por el detrimento en la calidad de vida. En México, en los estratos marginados, la educación y la salud públicas se otorgan en condiciones deplorables en un ambiente hostil donde solo una minoría sobrevive y pocos sobresalen. Y a la pobreza y al maltrato que flagelan la infancia se añade la orfandad como daño colateral de la guerra calderonista contra el crimen organizado.

Y así, las bendiciones de la prosperidad, el flagelo de la miseria o los daños colaterales de una cruzada absurda, arrebatan la espontaneidad y la inocencia de los pequeños habitantes de la aldea global. El juego carece de diversión y en su modalidad electrónica es uno más de los indicadores del poder adquisitivo; los rasgos infantiles se pierden en una adolescencia prematura. Pero los cambios en el entorno aún no se inscriben en el código genético: dormido, recesivo tal vez, pero latente, el gen de la infancia pervive en los seres humanos. Será necesario reorientar el curso del mundo para recuperar la frescura de la raza humana, quizá se requiera un cataclismo universal que nos obligue a recuperar los valores primigenios, es posible que el desencanto de las generaciones posmodernas provoque una mutación emocional, que la cruda realidad sucumba ante el impacto de la esperanza y que el clima enrarecido por los reclamos de la vida se torne gentil y que ese entorno propicie el florecimiento de la infancia como la virtud más grande de la humanidad…

domingo, enero 31, 2010

La cuadratura del círculo

En algún lugar de la prosperidad, cuando se diseñaron las aristas del planeta, el entorno del mercado absorbió todas las manifestaciones de la vida, y desde entonces, la curvatura del horizonte se diluye inexorablemente en la cuadratura de un criterio materializante…

Desde el ocaso de la modernidad, el devenir histórico de la especie humana ha sido un largo y sinuoso camino hacia la deshumanización. Hoy por hoy, la oferta y la demanda son las leyes universales que rigen al mundo porque desplazaron y sustituyeron a la leyes que alguna explicaron la compleja condición de la especie humana.

El índice de precios y cotizaciones destrozó la palanca con que Arquímedes movía al mundo; el filo de la espada de Damocles se disolvió ante la discrecionalidad con que se procura la justicia; la divina proporción que demostraba la esencia estética de todo lo existente sufrió una vulgar factorización cuando se convirtió a una escala monetaria.

Ahora, el único elemento que confiere poder, y todos los privilegios implícitos, es el dinero; el único entorno donde es posible subsistir es el mercado. Todos los derechos que alguna vez se idealizaron, como la igualdad, la fraternidad y la felicidad, se atenúan hasta extinguirse en la frialdad de un encuadre financiero; los atributos que alguna nos humanizaron sucumbieron ante la ostentación como arquetipo del éxito.

El poder adquisitivo doblega normas y principios. La evidencia del nefasto influjo, es la serie de errores y contradicciones en la investigación del incidente en el que resultó herido el futbolista Salvador Cabañas. El esquivo factor que obstaculiza la procuración de la justicia deambula en las altas esferas de la farándula, donde es posible eludir cualquier reglamento y disposición oficial. El presunto agresor tenía siete identidades diferentes todas ellas oficiales y válidas, como lo demuestran siete pasaportes debidamente expedidos por la Secretaría de Relaciones Exteriores, siete credenciales de elector emitidas por la Instituto Federal Electoral, siete CURP (Clave única de registro poblacional) debidamente otorgadas por la Secretaría de Gobernación.

El criterio mercantil también ha impregnado las políticas públicas: la Secretaria de Desarrollo Social (Sedesol) propuso incorporar al mercado oficial los productos de procedencia ilícita: que la mercancía “pirata” incautada por la Procuraduría General de la República (PGR) sea vendida en cinco y diez pesos en las zonas de marginación donde reside el espectro de la miseria. De esta forma, el combate a la pobreza se realizará en el mercado donde el hambre se atenuará con un par de zapatos de diez pesos.

Me queda claro que la justicia y el bienestar son privilegios del estrato dominante en la sociedad de consumo, de la élite que diseño las aristas del planeta y erigió el entorno del mercado absorbiendo todas las manifestaciones de la vida, y que desde entonces, la curvatura del horizonte humano se diluye inexorablemente en la cuadratura de un criterio materializante…

domingo, febrero 15, 2009

El imperio de la conciencia

“A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.”
Mario Benedetti




En algún lugar de la ausencia, entre el siempre y el jamás, muy cerca del país donde habita el olvido, el aire es un compendio de suspiros y el tiempo una secuencia infinita de insomnios; allá, la multitud es un conglomerado de seres asilados y la faz de la Tierra se fragmenta en un sinfín de islas individuales; es por eso que ahora, el mundo es un archipiélago inconmensurable…


Dicen los que saben, que los habitantes de la era digital están más comunicados que nunca, que la información fluye eludiendo las distancias y abatiendo el tiempo, que este mundo es una aldea regida por la tecnología, y que por eso, el ser humano se refugia en una burbuja virtual, desde donde ve pasar los días de su vida.


La soledad es uno de los efectos colaterales de las tecnologías de la información; pero además, es un padecimiento social estigmatizado, el sinónimo del fracaso y del rechazo, la contradicción del estereotipo vigente. Y en la aldea globalizada donde todo, absolutamente todo, equivale a un precio en el mercado, la soledad es la antípoda del amor y la felicidad. La crueldad de la sociedad de consumo se concentra el Día de San Valentín y excluye a todos aquellos que son no aptos para realizar los rituales del amor y la amistad.


El 14 de Febrero los sentimientos se materializan, la objetivización de los afectos culmina, invariablemente, con un gasto; la cuantía de la erogación determina la dimensión del amor. Y ese día, todos los habitantes de la aldea global sucumben al embrujo de los convencionalismos comerciales masivamente aceptados y socialmente impuestos. Todo lo que el mundo necesita es amor, y ese día, esa necesidad infla millones de globos rojos que pululan en todas las esquinas.


Porque el amor, es ahora, un indicador económico. La tercera encuesta internacional “Can’t buy me love” (No me puedes comprar amor) indica que los mexicanos son los compradores más generosos del mundo cuando de amor se trata.
De acuerdo con un estudio realizado en el portal Parship, vencer la soledad y encontrar pareja implica una inversión económica y un dramático cambio de actitud: el 21% de los solteros mexicanos destina entre 10 y 20 mil pesos al año a la incesante búsqueda del amor, como tratamientos de belleza, salidas para conocer gente, ropa y accesorios, comida e inscripciones a sitios en la Red especializados en citas.


Porque la conversión matemática del cariño y el amor en cifras pecuniarias es una de las manifestaciones de una sociedad materializada, los bemoles actuales del amor coinciden con los dictados del consumismo y la ética del lucro.


Pero la evidencia más contundente del poder del amor como uno de los motores de la economía global es la suspensión del bloqueo sobre Gaza: por primera vez en casi tres años, Gaza exportará a Europa flores para San Valentín, lo que dará un pequeño respiro a los comerciantes de una franja ahogada por un bloqueo inhumano y duramente castigada por la ofensiva militar de Israel. El permiso para exportar este año se debe a los esfuerzos del Gobierno holandés, que envía materiales y financia la producción horticultora. Lamentablemente, el bloqueo no cedió por motivos humanitarios, sino por la inversión extranjera que estaba comprometida.


Sí!... El amor es un negocio, y además, una de tantas actividades asimiladas por el hiper espacio. El sociólogo José Luis Trueba Lara, revisa la historia de las prácticas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días; en su obra “Ensayo en pequeños capítulos” afirma que antes se creía que el amor duraría toda la vida, pero que ahora el amor es fugaz, desechable y carente de compromiso; que lo que fue el arte del amor, es ahora, el arte del truene. Trueba considera que el amor ha perdido terreno ante las nuevas tecnologías y que el mundo ha cambiado la perspectiva porque el amor y el erotismo han sucumbido en la vorágine de la cibernética y del consumo.


Hoy por hoy, los sitios más visitados en la Red son los portales de encuentro y redes sociales. Las citas por internet son una modalidad en expansión de las relaciones humanas, y es también, la evidencia de que la soledad es un padecimiento generalizado.


Yo?... prefiero la versión de los poetas: en esta aldea materializada y deshumanizante, ellos ostentan la única autoridad moral para suministrar el antídoto para la soledad: Benedetti la define como “nuestra propiedad más privada”, Gustavo Adolfo Bécquer la ubica en el “imperio de la conciencia”, Luis Cernuda la confronta y concluye: “cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?”, y Jaime Sabines la personaliza y describe a los amorosos como “los insaciables, los que siempre –que bueno- han de estar solos”.

Sea como fuere, es preciso aceptar la soledad como la condición primigenia de los seres humanos, renunciar a considerarla un episodio traumático y convertirla en un lapso de reflexión; si caminamos por los solitarios senderos de la conciencia, tarde o temprano encontraremos nuestra propia identidad. Y allá, en la más privada de nuestras propiedades, ventilar los temores y curar las angustias.

La soledad no es un castigo, y es algo muy diferente al aislamiento deliberado: la lejanía del entorno circundante por la conectividad es la conducta que predomina en la aldea global. Pero es una quimera, porque la interconexión no desvanece la soledad, al contrario: refuerza la burbuja donde habita cada cibernauta, y “así, diseminados pero juntos, cercanos pero ajenos, solos codo con codo, cada uno en su burbuja, insolidarios, envejecen mezquinos como islotes”1… porque el mundo globalizado es un archipiélago inconmensurable…



1 Fragmento del poema “Las soledades de Babel” de Mario Benedetti