En algún lugar solitario y silencioso, en el páramo inmenso de la madrugada deambulan las angustias y las inquietudes que se resisten a abandonar el ámbito mental, y su presencia insidiosa devora el sutil tejido en el que reposan los sueños…
Octavio Paz describió el paisaje del insomnio como “las rotas columnas entre la nada y el sueño” en la costa nocturna de un mar sonámbulo donde navegan las sílabas de algún nombre. Cuando Paz escribió el poema Monólogo, las imágenes del ser amado tripulaban el inquietante navío nocturno; hoy por hoy, el insomnio ha perdido la aureola poética porque sucumbió a las exigencias de un mundo hostil y vertiginoso, y por una cruel metamorfosis, resurge como un trastorno que flagela las horas del sueño. Las inquietudes trascienden el plano de la realidad para atormentar la mente del durmiente con presagios espantosos y terrores infundados que consumen sus ánimos y energías y que, noche tras noche, producen la versión pusilánime y fatigada del insomne.
Actualmente, los trastornos del sueño afectan a la mayoría de los habitantes de la aldea global quienes presentan somnolencia durante el día, la persistente sensación de fatiga, hastío, desánimo y una depresión galopante. El insomnio flagela la calidad de vida de quienes lo padecen, altera su carácter, deteriora las relaciones con compañeros, familiares y amigos y debido a la proliferación de insomnes, la Asociación Mundial de Medicina del Sueño instituyó el 16 de Marzo como el Día Mundial del Sueño, en la edición del 2012 el lema fue “Respira fácilmente, duerme bien”.
Dicen los que saben, que sólo un tercio de los insomnes acude al médico buscando una solución; si la tendencia se mantiene y el insomnio continúa flagelado a la población, la hipermodernidad será el hábitat de sonámbulos diurnos, de caminantes taciturnos sin esperanzas, reflejo viviente del triunfo de la materia; el derrocamiento de los valores internos provocó la nefasta transformación de la autoestima en la ostentación de artefactos y artificios; la perniciosa exigencia de tener algo para ser alguien ha elevado el poder adquisitivo al rango de las angustias existenciales.
Aquellas noches en vela que transcurrían entre suspiros y la imagen idealizada del ser amado pertenecen a un pasado romántico, a un mundo pletórico de utopías y grandes esperanzas; ahora, la felicidad proviene de la adquisición. Ésta es una de tantas manifestaciones del influjo del entorno en la condición humana y los pronósticos no son alentadores: las horas insomnes serán atendidas hasta que los trastornos del sueño incidan en la salud pública y se tipifiquen como una causa de pérdidas en el mundo del mercado.
Pero el porvenir aún no se define. La conducta de los seres humanos es como una embarcación vulnerable y susceptible al capricho de los vientos, pero esta embarcación se ha construido al navegar y se perfecciona en el trayecto; y a veces, cuando se desatan las corrientes del pensamiento, se corrige el rumbo hacia horizontes insospechados, aún es posible redirigir el timón y emprender la eterna búsqueda del placebo existencial, ese elixir que desvanece las angustias que deambulan en el ámbito mental y restablece el sutil tejido en el que reposan los sueños…
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domingo, marzo 18, 2012
sábado, abril 24, 2010
Generación XXL
En algún lugar vital, en el núcleo de la personalidad, se configuran las actitudes y los ideales; y es justamente ahí, sobre el horizonte de las expectativas, donde se inscribe el canon social y se condiciona la conducta…
Desde la oscuridad de los tiempos, desde el amanecer de la humanidad, el entorno ha determinado el paradigma y ha modelado a los próceres en cada periodo histórico. Cuando la Modernidad implantó el paradigma de la industrialización como el único sendero hacia el progreso, se transformaron los códigos de conducta y el trabajo se erigió como el móvil en la sociedad de consumo.
El trabajo se ha diversificado y en la sociedad de mercado los estándares reflejan exclusivamente el poder adquisitivo. Debido a la incursión de los padres en el ámbito profesional, el tiempo destinado a la comida en familia se desvanece entre las distancias, los horarios, las prisas y las exigencias del trabajo.
Con la modernidad, la comida rápida y el entretenimiento incursionaron en la vida cotidiana; las comodidades generadas por la tecnología avanzada y el impacto de las telecomunicaciones produjeron un nuevo sedentarismo. Los niños y adolescentes crecen dentro de un hogar erigido como perímetro de seguridad, exploran el mundo navegando en la Red y conocen la realidad circundante por los videos en una página de colaboración multitudinaria. La televisión es la compañera insustituible en la infancia.
La generación (extra-extra-grande) es el reflejo de nuevos hábitos: la ingesta diaria de porciones desmesuradas de comida rápida, la expectación pasiva ante un monitor y los juegos reducidos a un dispositivo de video. Pero además, la generación XXL soporta un presente matizado por la discriminación en un entorno donde la flacura exacerbada es sinónimo de belleza y, además, se enfrenta a un porvenir diagnosticado como degenerativo.
La formación de individuos sanos, plenos y felices, exige cambios drásticos en el estilo de vida de niños y adultos, de padres y maestros. La comida chatarra y el sedentarismo, como pautas arraigadas y extendidas de conducta, no se modificarán por un decreto o una reforma, mucho menos por el cabildeo de los legisladores.
Recientemente, los senadores analizaron las reformas a la Ley Sanitaria, a la Ley de Educación y a la Ley para la Protección de Niños y Adolescentes, como respuesta a la obesidad, al sobrepeso y a los trastornos alimenticios que predominan en la población. Sin embargo, los legisladores han encontrado todos los obstáculos posibles para la implementación de una idiosincrasia que pondere la salud y el bienestar social.
Los senadores argumentan que “no se puede obligar a las escuelas a impartir media hora diaria de actividad física porque la gran mayoría de los planteles carecen de espacios para la práctica del deporte”. Y para cerrar el círculo de las contrariedades, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) planteó que no existen las condiciones de infraestructura, ni el número suficiente de maestros ni el tiempo adecuado para que se cumpla esta reforma, que consideran autoritaria.
Los hábitos se generan por la repetición deliberada y frecuente; los hábitos perniciosos sólo sucumbirán cuando se recuperen las prácticas que han caído en desuso: el cuidado de la alimentación en el hogar, la dosificación del tiempo dedicado al ocio cibernético, los juegos que involucran actividad física.
Para recuperar la salud y la integridad física será necesario navegar contra la corriente y superar los obstáculos en un régimen insuficiente e ineficiente, además, será preciso resistir los embates del mercado y de los arquetipos de una felicidad sustentada en las comodidades y el ocio, para reconfigurar el canon social y modificar la conducta…
Desde la oscuridad de los tiempos, desde el amanecer de la humanidad, el entorno ha determinado el paradigma y ha modelado a los próceres en cada periodo histórico. Cuando la Modernidad implantó el paradigma de la industrialización como el único sendero hacia el progreso, se transformaron los códigos de conducta y el trabajo se erigió como el móvil en la sociedad de consumo.
El trabajo se ha diversificado y en la sociedad de mercado los estándares reflejan exclusivamente el poder adquisitivo. Debido a la incursión de los padres en el ámbito profesional, el tiempo destinado a la comida en familia se desvanece entre las distancias, los horarios, las prisas y las exigencias del trabajo.
Con la modernidad, la comida rápida y el entretenimiento incursionaron en la vida cotidiana; las comodidades generadas por la tecnología avanzada y el impacto de las telecomunicaciones produjeron un nuevo sedentarismo. Los niños y adolescentes crecen dentro de un hogar erigido como perímetro de seguridad, exploran el mundo navegando en la Red y conocen la realidad circundante por los videos en una página de colaboración multitudinaria. La televisión es la compañera insustituible en la infancia.
La generación (extra-extra-grande) es el reflejo de nuevos hábitos: la ingesta diaria de porciones desmesuradas de comida rápida, la expectación pasiva ante un monitor y los juegos reducidos a un dispositivo de video. Pero además, la generación XXL soporta un presente matizado por la discriminación en un entorno donde la flacura exacerbada es sinónimo de belleza y, además, se enfrenta a un porvenir diagnosticado como degenerativo.
La formación de individuos sanos, plenos y felices, exige cambios drásticos en el estilo de vida de niños y adultos, de padres y maestros. La comida chatarra y el sedentarismo, como pautas arraigadas y extendidas de conducta, no se modificarán por un decreto o una reforma, mucho menos por el cabildeo de los legisladores.
Recientemente, los senadores analizaron las reformas a la Ley Sanitaria, a la Ley de Educación y a la Ley para la Protección de Niños y Adolescentes, como respuesta a la obesidad, al sobrepeso y a los trastornos alimenticios que predominan en la población. Sin embargo, los legisladores han encontrado todos los obstáculos posibles para la implementación de una idiosincrasia que pondere la salud y el bienestar social.
Los senadores argumentan que “no se puede obligar a las escuelas a impartir media hora diaria de actividad física porque la gran mayoría de los planteles carecen de espacios para la práctica del deporte”. Y para cerrar el círculo de las contrariedades, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) planteó que no existen las condiciones de infraestructura, ni el número suficiente de maestros ni el tiempo adecuado para que se cumpla esta reforma, que consideran autoritaria.
Los hábitos se generan por la repetición deliberada y frecuente; los hábitos perniciosos sólo sucumbirán cuando se recuperen las prácticas que han caído en desuso: el cuidado de la alimentación en el hogar, la dosificación del tiempo dedicado al ocio cibernético, los juegos que involucran actividad física.
Para recuperar la salud y la integridad física será necesario navegar contra la corriente y superar los obstáculos en un régimen insuficiente e ineficiente, además, será preciso resistir los embates del mercado y de los arquetipos de una felicidad sustentada en las comodidades y el ocio, para reconfigurar el canon social y modificar la conducta…
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