En algún lugar de la hostilidad, en la tierra de nadie y muy lejos del amparo de ley germinó el híbrido de la venganza y la justicia; como todos los sentimientos encontrados, las paradojas sociales eluden las normas y las ansias justicieras proliferan en el vacío de autoridad…
Dicen los que saben que la esencia de las leyes reside en su observancia general y obligatoria, que según el canon jurídico, nadie está por encima de la ley y que nada queda fuera de su ámbito, y que por eso, la paz social sólo existe bajo el amparo de las leyes.
El origen de todas las normas se ubica en la necesidad de imponer un orden superior que regule la conducta de los individuos para lograr un ambiente de armonía. En las primeras comunidades, cuando la sobrevivencia era la prioridad y la cohesión social residía en los lazos de la sangre, la ley común otorgaba el derecho de la venganza. En el proceso civilizatorio, la sociedad confirió a una minoría la atribución para legislar, y fue entonces cuando la crueldad y la violencia se erradicaron como forma de castigo; no obstante, con la aparición de los poderes en los estados nacionales se dispersó la polución del totalitarismo, y con él, se distorsionó la facultad para legislar e imponer el orden social.
El cabildeo legislativo, que tantas veces se ha justificado como el ejercicio de la democracia, es la evidencia del deterioro en el criterio del legislador, ese padecimiento que se ha propagado como una pandemia y que reduce el espíritu social de las leyes a los caprichos de la clase política.
Cuando el poder es el móvil de los legisladores y mantenerlo es la única prioridad de los gobernantes, se descuida la intención primigenia del Estado y el espíritu de todas las leyes, que debiera ser la convivencia pacífica y el funcionamiento armónico de la sociedad. Y entonces, surge un vacío de autoridad que se expande gracias a la impunidad; y ante las injusticias y la impotencia, brota el germen justiciero, ese fruto híbrido de la venganza y la justicia.
Después de la grotesca Fuenteovejuna que linchó a dos secuestradores en el Municipio de Ascención, en el estado mexicano de Chihuahua, resulta evidente la impericia de las autoridades para controlar la situación y procurar justicia; el epílogo forzoso de este episodio es la desaparición fáctica de las corporaciones policiacas en ese Municipio que ahora es protegido por un grupo de residentes.
Es obvio que un gobernante deja de ser un estadista en el mismo momento en que el estado desatiende las atribuciones que le dieron origen; cuando la vida, la propiedad y la seguridad de los gobernados dejan de ser prioritarios germina el híbrido de la venganza y la justicia; y como paradoja social, las ansias justicieras proliferan en el vacío de autoridad…
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domingo, septiembre 26, 2010
domingo, noviembre 22, 2009
Un régimen sin adjetivos
"En una jerarquía,
todo individuo tiende a ascender
hasta su nivel de incompetencia"
Laurence J. Peter
En algún lugar sobre la cima del poder, una nebulosa impregna el ambiente y obstruye el entendimiento; por eso, en la cúspide social, la visión de la realidad se tergiversa y la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…
La titularidad del Ejecutivo representa el nivel más elevado en la jerarquía social, es el objetivo de todas las trayectorias en la clase gobernante. Sin embargo, los mecanismos del ascenso en la jerarquía política obedecen a la tensión entre los adversarios, a los intereses y compromisos adquiridos y a una serie de contingencias e imponderables esquivos.
Como una secuela del marketing político, el ascenso a la presidencia de la república no garantiza la excelencia del candidato en la contienda electoral; el vencedor en los comicios electorales suele ser un personaje mediático que logra despertar la esperanza del electorado, una imagen prefabricada, diseñada para atraer simpatías y votos.
En cuanto el personaje asume el mandato presidencial: se diluye la imagen que lo llevó al poder, y a partir de ese momento, se confirma paulatinamente el Principio de Peter y la presidencia se erige como el nivel de incompetencia (1). La función de los consejeros que asesoran al mandatario es atenuar la asimetría entre el cargo y la eficiencia del titular. El círculo inmediato que envuelve al mandatario también es el filtro que decodifica los mensajes provenientes de la realidad.
Por eso, las críticas al régimen y los adjetivos que descalifican el desempeño de la administración pública suelen desvanecerse en la atmósfera que envuelve al poder. Es posible que el mandatario permanezca ajeno a la realidad, que no pondere los efectos de decisiones erróneas porque la verdad es un elemento excluido o encubierto en ese entorno. Sólo así puede explicarse la providencial omisión mediática de la rechifla masiva como seña de repudio a Felipe Calderón en la inauguración del estadio del equipo Santos de Torreón (2).
Pero la contundencia de la realidad es inexorable: si el círculo del poder la contiene y la excluye, trasciende las fronteras y emerge en el ámbito internacional: El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, declaró que el gobierno de Felipe Calderón aplicó las peores medidas contra la crisis económica mundial (3). Y la empresa de inteligencia estratégica Stratfor, divulgó una monografía geopolítica de México titulada “Un estado montañoso bajo asedio”, donde se afirma que “la guerra contra las drogas puso al país en conflicto consigo mismo en muchos niveles, que si la violencia se prolonga, el gobierno deberá escoger entre continuarla o regresar al viejo sistema de aquiescencia inclusiva” (4).
Las críticas desde el exterior son las consecuencias de la anulación sistemática de la crítica interna; la adjudicación de adjetivos a un régimen que desvanecía todos los descalificativos, es un proceso inexorable. El presidente del empleo se convirtió en el paladín del desempleo, el prometido remanso tributario se transformó en una irracional carga impositiva para el sostenimiento de un ineficiente aparato burocrático, la lucha contra la delincuencia organizada ha sido una costosa quimera (5).
Los adjetivos omitidos y eludidos adquieren forma y consistencia; la ineficiencia, la impericia, la ingobernabilidad y la incompetencia son los calificativos de un estado fallido. La realidad soslayada emerge y desvanece esa nebulosa que impregna la cúspide social, donde la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…
(1) Laurence J. Peter, Raymund Hull. El Principio de Peter. http://www.librosmaravillosos.com/principiopeter/index.html
(2) Álvaro Delgado. Razones para rechifla. Proceso 16 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=73983
(3) Jorge Carrasco Araizaga. Vergüenza ante el mundo. Proceso 20 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=74153
(4) José Carreño Figueras. Ven posible renuncia a la guerra anti narco. Excélsior 22 de Noviembre del 2009. http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/pulsonacional/ven_posible_renuncia_a_la_guerra_antinarco/786401
(5) José Antonio Rojas Nieto. Entre el fracaso y la desvergüenza. La Jornada 22 de Noviembre del 2009. http://www.jornada.unam.mx/2009/11/22/index.php?section=opinion&article=025a1eco
todo individuo tiende a ascender
hasta su nivel de incompetencia"
Laurence J. Peter
En algún lugar sobre la cima del poder, una nebulosa impregna el ambiente y obstruye el entendimiento; por eso, en la cúspide social, la visión de la realidad se tergiversa y la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…
La titularidad del Ejecutivo representa el nivel más elevado en la jerarquía social, es el objetivo de todas las trayectorias en la clase gobernante. Sin embargo, los mecanismos del ascenso en la jerarquía política obedecen a la tensión entre los adversarios, a los intereses y compromisos adquiridos y a una serie de contingencias e imponderables esquivos.
Como una secuela del marketing político, el ascenso a la presidencia de la república no garantiza la excelencia del candidato en la contienda electoral; el vencedor en los comicios electorales suele ser un personaje mediático que logra despertar la esperanza del electorado, una imagen prefabricada, diseñada para atraer simpatías y votos.
En cuanto el personaje asume el mandato presidencial: se diluye la imagen que lo llevó al poder, y a partir de ese momento, se confirma paulatinamente el Principio de Peter y la presidencia se erige como el nivel de incompetencia (1). La función de los consejeros que asesoran al mandatario es atenuar la asimetría entre el cargo y la eficiencia del titular. El círculo inmediato que envuelve al mandatario también es el filtro que decodifica los mensajes provenientes de la realidad.
Por eso, las críticas al régimen y los adjetivos que descalifican el desempeño de la administración pública suelen desvanecerse en la atmósfera que envuelve al poder. Es posible que el mandatario permanezca ajeno a la realidad, que no pondere los efectos de decisiones erróneas porque la verdad es un elemento excluido o encubierto en ese entorno. Sólo así puede explicarse la providencial omisión mediática de la rechifla masiva como seña de repudio a Felipe Calderón en la inauguración del estadio del equipo Santos de Torreón (2).
Pero la contundencia de la realidad es inexorable: si el círculo del poder la contiene y la excluye, trasciende las fronteras y emerge en el ámbito internacional: El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, declaró que el gobierno de Felipe Calderón aplicó las peores medidas contra la crisis económica mundial (3). Y la empresa de inteligencia estratégica Stratfor, divulgó una monografía geopolítica de México titulada “Un estado montañoso bajo asedio”, donde se afirma que “la guerra contra las drogas puso al país en conflicto consigo mismo en muchos niveles, que si la violencia se prolonga, el gobierno deberá escoger entre continuarla o regresar al viejo sistema de aquiescencia inclusiva” (4).
Las críticas desde el exterior son las consecuencias de la anulación sistemática de la crítica interna; la adjudicación de adjetivos a un régimen que desvanecía todos los descalificativos, es un proceso inexorable. El presidente del empleo se convirtió en el paladín del desempleo, el prometido remanso tributario se transformó en una irracional carga impositiva para el sostenimiento de un ineficiente aparato burocrático, la lucha contra la delincuencia organizada ha sido una costosa quimera (5).
Los adjetivos omitidos y eludidos adquieren forma y consistencia; la ineficiencia, la impericia, la ingobernabilidad y la incompetencia son los calificativos de un estado fallido. La realidad soslayada emerge y desvanece esa nebulosa que impregna la cúspide social, donde la altura de miras impide percibir la bajeza de los errores…
(1) Laurence J. Peter, Raymund Hull. El Principio de Peter. http://www.librosmaravillosos.com/principiopeter/index.html
(2) Álvaro Delgado. Razones para rechifla. Proceso 16 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=73983
(3) Jorge Carrasco Araizaga. Vergüenza ante el mundo. Proceso 20 de Noviembre del 2009. http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=74153
(4) José Carreño Figueras. Ven posible renuncia a la guerra anti narco. Excélsior 22 de Noviembre del 2009. http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/pulsonacional/ven_posible_renuncia_a_la_guerra_antinarco/786401
(5) José Antonio Rojas Nieto. Entre el fracaso y la desvergüenza. La Jornada 22 de Noviembre del 2009. http://www.jornada.unam.mx/2009/11/22/index.php?section=opinion&article=025a1eco
domingo, noviembre 08, 2009
Advenimientos del pasado
“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.”
Carlos Marx
En algún del relieve, sobre el mismo camino donde se proclamaron las victorias, en el mismo sendero de los regresos sin gloria, en ese mismo suelo, han transitado los especímenes de la humanidad, y en la misma atmósfera, se han esparcido las versiones del pensamiento…
Dicen los que saben, que el tiempo es relativo, que el único elemento inconmensurable es la estupidez humana, y que la historia es una espiral excéntrica de ciclos repetitivos hacia el infinito, que por eso, cuando las tragedias se repiten lo hacen como una vulgar comedia.
Invariablemente, en las transiciones históricas se producen cambios irreversibles, se altera la puntada del tejido social, se rompen paradigmas y se hilvanan modelos alternos. La posmodernidad ha sido una época de intermitencias y emergencias, de advenimientos y rupturas.
Rasgos del pasado remoto resucitan en versiones posmodernas; modelos sociales diferentes y remotos se amalgaman en los paradigmas actuales porque el único elemento que no ha registrado cambios a lo largo de la historia es la esquiva condición humana.
Hoy por hoy, cuando la inseguridad y la violencia amenazaron la vida y la integridad de los ciudadanos, resultó insuficiente la capacidad de adaptación a un entorno hostil y caótico, y por eso, se ha reactivado el instinto de conservación.
El estado-nación no ha cumplido con las responsabilidades elementales establecidas en el contrato social, por eso, las elites se concentran en espacios fortificados emulando los señoríos feudales, mientras la población se protege con lo que puede.
Mauricio Fernández, alcalde del municipio de San Pedro Garza García, en el estado mexicano de Nuevo León, donde reside la cúpula empresarial, heredera indiscutible de los privilegios de la aristocracia porfiriana, proclamó el advenimiento de aquel legendario derecho de venganza que permitió imponer el orden durante la barbarie.
Las reacciones oficiales fueron tardías, tibias y endebles, pero los escuadrones de limpieza en San Pedro Garza García, feudo de la burguesía industrial del siglo XXI, constituyen la evidencia de las acciones emprendidas por un sector de la sociedad para erradicar la amenaza del crimen organizado.
En un estado fallido como titular del monopolio de la violencia, emergen modelos alternos de justicia. La existencia de grupos justicieros, que nos remite a tiempos caóticos, tiende a propagarse: los matazetas en Veracruz, el Comando Ciudadano por Juárez en Chihuahua, los comandos blancos en la Ciudad de México y en Tijuana.
Y en este ambiente de confusión, en la clase gobernante y en las élites se elevan voces alertando de un estallido social, pretendiendo emular el llamado patriótico de los humanistas del siglo XVIII. La farsa es inminente.
Ignorando que la repetición de aquellos movimientos sociales será tan sólo una comedia, se afanan en agudizar la desesperación de una población flagelada por la pobreza, transformada en un lumpen del mercado, que deambula en el mismo suelo donde han transitado los especímenes de la humanidad, y que sobrevive en la misma atmósfera donde se han esparcido las versiones del pensamiento…
Carlos Marx
En algún del relieve, sobre el mismo camino donde se proclamaron las victorias, en el mismo sendero de los regresos sin gloria, en ese mismo suelo, han transitado los especímenes de la humanidad, y en la misma atmósfera, se han esparcido las versiones del pensamiento…
Dicen los que saben, que el tiempo es relativo, que el único elemento inconmensurable es la estupidez humana, y que la historia es una espiral excéntrica de ciclos repetitivos hacia el infinito, que por eso, cuando las tragedias se repiten lo hacen como una vulgar comedia.
Invariablemente, en las transiciones históricas se producen cambios irreversibles, se altera la puntada del tejido social, se rompen paradigmas y se hilvanan modelos alternos. La posmodernidad ha sido una época de intermitencias y emergencias, de advenimientos y rupturas.
Rasgos del pasado remoto resucitan en versiones posmodernas; modelos sociales diferentes y remotos se amalgaman en los paradigmas actuales porque el único elemento que no ha registrado cambios a lo largo de la historia es la esquiva condición humana.
Hoy por hoy, cuando la inseguridad y la violencia amenazaron la vida y la integridad de los ciudadanos, resultó insuficiente la capacidad de adaptación a un entorno hostil y caótico, y por eso, se ha reactivado el instinto de conservación.
El estado-nación no ha cumplido con las responsabilidades elementales establecidas en el contrato social, por eso, las elites se concentran en espacios fortificados emulando los señoríos feudales, mientras la población se protege con lo que puede.
Mauricio Fernández, alcalde del municipio de San Pedro Garza García, en el estado mexicano de Nuevo León, donde reside la cúpula empresarial, heredera indiscutible de los privilegios de la aristocracia porfiriana, proclamó el advenimiento de aquel legendario derecho de venganza que permitió imponer el orden durante la barbarie.
Las reacciones oficiales fueron tardías, tibias y endebles, pero los escuadrones de limpieza en San Pedro Garza García, feudo de la burguesía industrial del siglo XXI, constituyen la evidencia de las acciones emprendidas por un sector de la sociedad para erradicar la amenaza del crimen organizado.
En un estado fallido como titular del monopolio de la violencia, emergen modelos alternos de justicia. La existencia de grupos justicieros, que nos remite a tiempos caóticos, tiende a propagarse: los matazetas en Veracruz, el Comando Ciudadano por Juárez en Chihuahua, los comandos blancos en la Ciudad de México y en Tijuana.
Y en este ambiente de confusión, en la clase gobernante y en las élites se elevan voces alertando de un estallido social, pretendiendo emular el llamado patriótico de los humanistas del siglo XVIII. La farsa es inminente.
Ignorando que la repetición de aquellos movimientos sociales será tan sólo una comedia, se afanan en agudizar la desesperación de una población flagelada por la pobreza, transformada en un lumpen del mercado, que deambula en el mismo suelo donde han transitado los especímenes de la humanidad, y que sobrevive en la misma atmósfera donde se han esparcido las versiones del pensamiento…
domingo, julio 26, 2009
El preludio del fracaso
En algún lugar apacible, en la Biblioteca Nacional de los Avatares Históricos, cerca de los códigos perpetuos y más allá de la hemeroteca del patriotismo, existe una pequeña estancia donde se archivan las causas de todas las derrotas y los antecedentes de las grandes decepciones…
Esa estancia es conocida como la “Antesala de la Derrota” y ahí se compendian los preludios de fracasos monumentales, los preámbulos de crisis galopantes, los prefacios de quebrantos espectaculares y todas y cada una de las peores decisiones que se han tomado en la encrucijada del punto sin retorno.
La obra paradigmática en este recinto de la historia, es la Enciclopedia Ilustrada del Acervo Inútil e Intrascendente, y en el tomo de los Disparates Descomunales se han registrado hasta la fecha, los momentos cruciales en la historia nacional en los que se han tomado las peores decisiones con pésimas consecuencias.
Los expertos que consultan los archivos de la “Antesala de la Derrota” afirman que no hay proezas ni debacles sin premisas precedentes, que el principio de las causas y los efectos rige todos los ámbitos de la vida, que siempre existe la posibilidad de evitar los errores, y que por eso, siempre hace más daño un perplejo que un perverso.
Y precisamente en estos días, los Doctores en Lógica Trascendental y los Maestros en los Avatares del Destino actualizan la Enciclopedia con la crónica del calderonismo.
Dicen los que saben, que en retrospectiva son evidentes los antecedentes del estado fallido de Felipe Calderón y que el fracaso del régimen es poco menos que irremediable. Los expertos describen las aristas de la cuadratura del círculo de la impericia gubernamental: la derrota en la guerra al crimen organizado, el avance despiadado en los índices de pobreza, la militarización del régimen, la expansión del desempleo, el recrudecimiento de la violencia, las tragedias provocadas por la corrupción en las políticas públicas, más lo que se acumule en el sexenio.
Pero los Doctores en Lógica Trascendental y los Maestros en Avatares no logran explicar la persistencia del ejecutivo federal en una línea que ha demostrado su ineficacia: cuando la utilización de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública ha resultado un fracaso estruendoso, Felipe Calderón presentó al Senado la iniciativa de una ley que avala la intervención del ejército en aquellas zonas del país en las que, a juicio del ejecutivo, peligre la seguridad interior y la paz social.
Este proyecto del ejecutivo pretende instaurar un estado de excepción otorgando un poder desproporcionado al ejército, cuando los defensores de los derechos humanos demandaron al presidente estadounidense Barack Obama la congelación del Plan Mérida debido a la persistencia de los abusos cometidos por militares y a la negativa del gobierno calderonista de enjuiciar y castigar a los responsables.
Con el pretexto de combatir al narcotráfico Calderón pretende atribuirse facultades unilaterales y discrecionales, debilitando al Congreso de la Unión, recientemente renovado, para instaurar la dictadura del panismo rampante.
Pero el advenimiento del Panato Institucionalizado será poco menos que un sueño guajiro si el presidente Felipe Calderón insiste en legitimar su mandato ejerciendo la titularidad del monopolio de la violencia, desplegando las fuerzas armadas en el territorio nacional, especialmente en los estados gobernados por la oposición.
Por lo pronto, el cónclave de los eruditos registra puntualmente todos los eventos, las decisiones y los desplantes que, por la ley perpetua de la causalidad, pasaran a la historia como el preludio del fracaso calderonista; y algún día, en un futuro no muy lejano, la crónica de este sexenio se depositará en el recinto de los avatares, en esa pequeña estancia donde se archivan las causas de todas las derrotas y los antecedentes de las grandes decepciones…
Esa estancia es conocida como la “Antesala de la Derrota” y ahí se compendian los preludios de fracasos monumentales, los preámbulos de crisis galopantes, los prefacios de quebrantos espectaculares y todas y cada una de las peores decisiones que se han tomado en la encrucijada del punto sin retorno.
La obra paradigmática en este recinto de la historia, es la Enciclopedia Ilustrada del Acervo Inútil e Intrascendente, y en el tomo de los Disparates Descomunales se han registrado hasta la fecha, los momentos cruciales en la historia nacional en los que se han tomado las peores decisiones con pésimas consecuencias.
Los expertos que consultan los archivos de la “Antesala de la Derrota” afirman que no hay proezas ni debacles sin premisas precedentes, que el principio de las causas y los efectos rige todos los ámbitos de la vida, que siempre existe la posibilidad de evitar los errores, y que por eso, siempre hace más daño un perplejo que un perverso.
Y precisamente en estos días, los Doctores en Lógica Trascendental y los Maestros en los Avatares del Destino actualizan la Enciclopedia con la crónica del calderonismo.
Dicen los que saben, que en retrospectiva son evidentes los antecedentes del estado fallido de Felipe Calderón y que el fracaso del régimen es poco menos que irremediable. Los expertos describen las aristas de la cuadratura del círculo de la impericia gubernamental: la derrota en la guerra al crimen organizado, el avance despiadado en los índices de pobreza, la militarización del régimen, la expansión del desempleo, el recrudecimiento de la violencia, las tragedias provocadas por la corrupción en las políticas públicas, más lo que se acumule en el sexenio.
Pero los Doctores en Lógica Trascendental y los Maestros en Avatares no logran explicar la persistencia del ejecutivo federal en una línea que ha demostrado su ineficacia: cuando la utilización de las fuerzas armadas en labores de seguridad pública ha resultado un fracaso estruendoso, Felipe Calderón presentó al Senado la iniciativa de una ley que avala la intervención del ejército en aquellas zonas del país en las que, a juicio del ejecutivo, peligre la seguridad interior y la paz social.
Este proyecto del ejecutivo pretende instaurar un estado de excepción otorgando un poder desproporcionado al ejército, cuando los defensores de los derechos humanos demandaron al presidente estadounidense Barack Obama la congelación del Plan Mérida debido a la persistencia de los abusos cometidos por militares y a la negativa del gobierno calderonista de enjuiciar y castigar a los responsables.
Con el pretexto de combatir al narcotráfico Calderón pretende atribuirse facultades unilaterales y discrecionales, debilitando al Congreso de la Unión, recientemente renovado, para instaurar la dictadura del panismo rampante.
Pero el advenimiento del Panato Institucionalizado será poco menos que un sueño guajiro si el presidente Felipe Calderón insiste en legitimar su mandato ejerciendo la titularidad del monopolio de la violencia, desplegando las fuerzas armadas en el territorio nacional, especialmente en los estados gobernados por la oposición.
Por lo pronto, el cónclave de los eruditos registra puntualmente todos los eventos, las decisiones y los desplantes que, por la ley perpetua de la causalidad, pasaran a la historia como el preludio del fracaso calderonista; y algún día, en un futuro no muy lejano, la crónica de este sexenio se depositará en el recinto de los avatares, en esa pequeña estancia donde se archivan las causas de todas las derrotas y los antecedentes de las grandes decepciones…
domingo, abril 12, 2009
El ágora menesteroso
En algún lugar del ágora, donde alguna vez concurrieron todos los ciudadanos, se erigieron los muros autoritarios que destruyeron el consenso social; desde entonces, impera un nefasto silencio porque la voz de la ciudadanía se recluyó en el menester de la apatía…
Alguna vez, en los albores de la democracia, la plaza pública en las ciudades griegas constituyó el centro de la vida administrativa, religiosa y comercial: los ciudadanos se reunían en el ágora, y ahí, al concertar las voces de los concurrentes, se construía el porvenir social. Sin embargo, la quintaesencia de lo idílico es sumamente frágil y tiende a evaporarse fácilmente. La condición humana, en forma de praxis, siempre tergiversa los ideales teóricos.
Así surgió el concepto del “estado” como la corporización de una forma moderna de dominación, que establece la diferencia entre el soberano y la población a él sometida, adjudicando al estado el monopolio de la fuerza y a la sociedad el monopolio de la generación de la riqueza. Esta dicotomía subsiste y se actualiza por los vaivenes en la tensión entre el poder político y el poder económico.
Esta concepción destruyó el ágora, como concepto y como espacio, porque el titular del monopolio de la fuerza ejerce sus atribuciones al legislar, imponiendo reglas y tributos en un recinto de acceso restringido, muy alejado de la plaza y de la opinión públicas. Cuando se erigió la distancia entre los gobernantes y los gobernados, también se trazó la tenue frontera que separa a las hegemonías de las tiranías.
La Revolución Institucionalizada, y ahora el Panismo Rampante, ascendieron al poder gracias a su compactación como una hegemonía que desplegó las estrategias necesarias para obtener el consenso social para su dominio. Y en ambos casos, en cuanto esas hegemonías alcanzaron el poder político se inició un proceso irreversible, inexorable, hacia el control absoluto, hacia la tiranía.
Porque la diferencia entre una democracia y una tiranía reside en el espacio público, en el ágora donde se encuentran las voces de los gobernantes y gobernados. En una democracia los ciudadanos participan en la construcción del consenso social y del porvenir de la nación; en una tiranía se esgrimen todos los artificios fabricados por el estado para imponer su voluntad sin considerar a la ciudadanía. En la democracia, el espacio público es el recinto del bien común; en la tiranía, el ámbito legislativo es el recinto de los privilegios políticos.
En el Priato, en la alternancia en el poder y en el Panismo Institucionalizado se ha dilapidado la plaza pública, se ha destruido sistemáticamente el espacio abierto de la sociedad civil donde debiera discutirse el futuro, la forma de organización y la búsqueda de los caminos más adecuados para lograr el bien común.
En las ruinas del espacio público, en un ágora sin quórum ni consensos, la formación de la opinión pública es un proceso mediático en el que intervienen especialistas y expertos. La ciudadanía rara vez tiene acceso al discurso público. Y estas son las circunstancias idóneas para la imposición, recientemente actualizadas en el calderonismo.
La incompetencia, ineficiencia e impericia del gabinete económico de Felipe Calderón se materializaron en un pésimo manejo de la crisis y sus efectos: para revertir el declive de la recaudación fiscal y de la renta petrolera, se incrementó la carga tributaria violando los principios jurídicos esenciales de justicia, equidad y proporcionalidad. Como secuela lógica de esa imposición se presentaron 35,000 demandas contra el Impuesto Empresarial a Tasa Única en el 2008, cuando la Ley de Ingresos de la Federación contempló que la recaudación por el IETU sería del orden de 70 mil millones de pesos.
Otra manifestación de la distancia entre el recinto del ejecutivo y la plaza pública y la indiferencia lacerante hacia la ciudadanía y el destino de la nación es la decisión de Felipe Calderón, a nombre de todos los mexicanos, de solicitar fondos en los mercados internacionales y expandir la deuda pública.
Y otra más: para eludir la devolución de impuestos impugnados en la Cámara de Diputados se aprobó por una aplastante mayoría de 335 votos, la reforma al artículo 107 de la Constitución que establece que el derecho del amparo contra el fisco sólo podrá ser colectivo, y que elimina la devolución del impuesto pugnado aún cuando el contribuyente ganase el juicio de amparo.
El monto de los impuestos impugnados y devueltos al contribuyente es la cuantificación de las imposiciones absurdas de tributos al margen de la ley, es el costo de la histeria oficial al implantar medidas descabelladas para subsanar la ineficiencia de la administración pública. La devolución de los impuestos es un rubro de gran magnitud y de alto impacto en el presupuesto federal: del 2000 al 206 el fisco devolvió algo así como 47,000 millones de pesos, por eso, cuando se presentó la iniciativa para reformar la ley del amparo fiscal, los diputados lograron el consenso por unanimidad.
La incursión en los senderos de la tiranía no es exclusiva y la imposición de tributos suele ser una canonjía de regímenes absolutistas; la aberración tributaria que hoy nos aqueja guarda una semejanza asombrosa con los impuestos en el régimen de su Alteza Serenísima y obedecen al mismo propósito. El Impuesto Empresarial a Tasa Única, y el Impuesto a Depósitos en Efectivo tienen las mismas características de aquel Impuesto a los Perros, a Puertas y Ventanas del gobierno de Antonio López de Santa Ana.
En aquel entonces y ahora, la opinión pública y la participación ciudadana se excluyeron del recinto legislativo donde unos cuantos deciden el futuro del país, rodeados de un nefasto silencio porque la voz de la ciudadanía se recluyó en el menester de la apatía…
Alguna vez, en los albores de la democracia, la plaza pública en las ciudades griegas constituyó el centro de la vida administrativa, religiosa y comercial: los ciudadanos se reunían en el ágora, y ahí, al concertar las voces de los concurrentes, se construía el porvenir social. Sin embargo, la quintaesencia de lo idílico es sumamente frágil y tiende a evaporarse fácilmente. La condición humana, en forma de praxis, siempre tergiversa los ideales teóricos.
Así surgió el concepto del “estado” como la corporización de una forma moderna de dominación, que establece la diferencia entre el soberano y la población a él sometida, adjudicando al estado el monopolio de la fuerza y a la sociedad el monopolio de la generación de la riqueza. Esta dicotomía subsiste y se actualiza por los vaivenes en la tensión entre el poder político y el poder económico.
Esta concepción destruyó el ágora, como concepto y como espacio, porque el titular del monopolio de la fuerza ejerce sus atribuciones al legislar, imponiendo reglas y tributos en un recinto de acceso restringido, muy alejado de la plaza y de la opinión públicas. Cuando se erigió la distancia entre los gobernantes y los gobernados, también se trazó la tenue frontera que separa a las hegemonías de las tiranías.
La Revolución Institucionalizada, y ahora el Panismo Rampante, ascendieron al poder gracias a su compactación como una hegemonía que desplegó las estrategias necesarias para obtener el consenso social para su dominio. Y en ambos casos, en cuanto esas hegemonías alcanzaron el poder político se inició un proceso irreversible, inexorable, hacia el control absoluto, hacia la tiranía.
Porque la diferencia entre una democracia y una tiranía reside en el espacio público, en el ágora donde se encuentran las voces de los gobernantes y gobernados. En una democracia los ciudadanos participan en la construcción del consenso social y del porvenir de la nación; en una tiranía se esgrimen todos los artificios fabricados por el estado para imponer su voluntad sin considerar a la ciudadanía. En la democracia, el espacio público es el recinto del bien común; en la tiranía, el ámbito legislativo es el recinto de los privilegios políticos.
En el Priato, en la alternancia en el poder y en el Panismo Institucionalizado se ha dilapidado la plaza pública, se ha destruido sistemáticamente el espacio abierto de la sociedad civil donde debiera discutirse el futuro, la forma de organización y la búsqueda de los caminos más adecuados para lograr el bien común.
En las ruinas del espacio público, en un ágora sin quórum ni consensos, la formación de la opinión pública es un proceso mediático en el que intervienen especialistas y expertos. La ciudadanía rara vez tiene acceso al discurso público. Y estas son las circunstancias idóneas para la imposición, recientemente actualizadas en el calderonismo.
La incompetencia, ineficiencia e impericia del gabinete económico de Felipe Calderón se materializaron en un pésimo manejo de la crisis y sus efectos: para revertir el declive de la recaudación fiscal y de la renta petrolera, se incrementó la carga tributaria violando los principios jurídicos esenciales de justicia, equidad y proporcionalidad. Como secuela lógica de esa imposición se presentaron 35,000 demandas contra el Impuesto Empresarial a Tasa Única en el 2008, cuando la Ley de Ingresos de la Federación contempló que la recaudación por el IETU sería del orden de 70 mil millones de pesos.
Otra manifestación de la distancia entre el recinto del ejecutivo y la plaza pública y la indiferencia lacerante hacia la ciudadanía y el destino de la nación es la decisión de Felipe Calderón, a nombre de todos los mexicanos, de solicitar fondos en los mercados internacionales y expandir la deuda pública.
Y otra más: para eludir la devolución de impuestos impugnados en la Cámara de Diputados se aprobó por una aplastante mayoría de 335 votos, la reforma al artículo 107 de la Constitución que establece que el derecho del amparo contra el fisco sólo podrá ser colectivo, y que elimina la devolución del impuesto pugnado aún cuando el contribuyente ganase el juicio de amparo.
El monto de los impuestos impugnados y devueltos al contribuyente es la cuantificación de las imposiciones absurdas de tributos al margen de la ley, es el costo de la histeria oficial al implantar medidas descabelladas para subsanar la ineficiencia de la administración pública. La devolución de los impuestos es un rubro de gran magnitud y de alto impacto en el presupuesto federal: del 2000 al 206 el fisco devolvió algo así como 47,000 millones de pesos, por eso, cuando se presentó la iniciativa para reformar la ley del amparo fiscal, los diputados lograron el consenso por unanimidad.
La incursión en los senderos de la tiranía no es exclusiva y la imposición de tributos suele ser una canonjía de regímenes absolutistas; la aberración tributaria que hoy nos aqueja guarda una semejanza asombrosa con los impuestos en el régimen de su Alteza Serenísima y obedecen al mismo propósito. El Impuesto Empresarial a Tasa Única, y el Impuesto a Depósitos en Efectivo tienen las mismas características de aquel Impuesto a los Perros, a Puertas y Ventanas del gobierno de Antonio López de Santa Ana.
En aquel entonces y ahora, la opinión pública y la participación ciudadana se excluyeron del recinto legislativo donde unos cuantos deciden el futuro del país, rodeados de un nefasto silencio porque la voz de la ciudadanía se recluyó en el menester de la apatía…
domingo, marzo 15, 2009
Los trazos del nuevo mundo
En algún lugar del mapamundi, entre los meridianos y las líneas imaginarias, en la geometría planetaria se trazaron las fronteras políticas que alguna vez resguardaron el principio de autodeterminación de los pueblos…
Después de las grandes tragedias, o cuando se extinguen por la fuerza las causas de un conflicto bélico, se emprende la afanosa tarea de cuantificar los daños, proporcionar socorro e iniciar la reconstrucción. Es entonces cuando se determinan los límites geográficos de las hegemonías.
Vgrs: Después de la II Guerra Mundial, en la fundación de la Liga de la Naciones, se planteó la igualdad de derechos y la autodeterminación de los pueblos como un principio general de derecho internacional; la autodeterminación fue codificada por primera vez en la Carta de las Naciones Unidas en 1945. El último ajuste del orden mundial se realizó cuando cayó el Muro de Berlín y el bloque socialista.
Hoy por hoy, la crisis global adquiere la devastadora condición de un cataclismo o de una guerra, y el mundo se reconfigura obedeciendo los trazos del flujo del dinero. Los ocho gobiernos más ricos del mundo acordaron los detalles para la creación de una nueva arquitectura financiera internacional; la prioridad es la renovación del sistema de regulación de los mercados y su vigilancia.
Pero en esta recomposición mundial, existe una variante, una cláusula escrita al calce con letras muy pequeñitas: la prerrogativa de las naciones poderosas para socorrer a las democracias incipientes y a las economías emergentes, cuando se vulneren las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones.
Bajo este criterio deben entenderse: la Iniciativa Mérida y la calificación extranjera de México como un estado fallido, las exigencias en el discurso de Monsieur Sarkozy y la reciente inclusión de Joaquín Guzmán en la élite de los multimillonarios de la revista Forbes.
Ahora como siempre, los trazos de la geografía del poder se escriben anteponiendo signos monetarios y el devenir de muchos pueblos sigue el flujo de los capitales. México se encuentra en un aguerra sin cuartel contra el narcotráfico, y lo preocupante es la posibilidad de reunir los requisitos que justifiquen una incursión de socorro, un proyecto financiero de apoyo y la postrera reconstrucción de un estado fallido.
La señal de alerta se enciende en una sociedad polarizada, en una clase política confrontada, en un gobierno incierto y en un pueblo que se acerca temerariamente al hartazgo y a la desesperación. Porque la mexicanidad quedará inserta entre los meridianos y las líneas imaginarias de una geometría planetaria que traza nuevas fronteras políticas que vulneran el principio de autodeterminación de los pueblos…
Después de las grandes tragedias, o cuando se extinguen por la fuerza las causas de un conflicto bélico, se emprende la afanosa tarea de cuantificar los daños, proporcionar socorro e iniciar la reconstrucción. Es entonces cuando se determinan los límites geográficos de las hegemonías.
Vgrs: Después de la II Guerra Mundial, en la fundación de la Liga de la Naciones, se planteó la igualdad de derechos y la autodeterminación de los pueblos como un principio general de derecho internacional; la autodeterminación fue codificada por primera vez en la Carta de las Naciones Unidas en 1945. El último ajuste del orden mundial se realizó cuando cayó el Muro de Berlín y el bloque socialista.
Hoy por hoy, la crisis global adquiere la devastadora condición de un cataclismo o de una guerra, y el mundo se reconfigura obedeciendo los trazos del flujo del dinero. Los ocho gobiernos más ricos del mundo acordaron los detalles para la creación de una nueva arquitectura financiera internacional; la prioridad es la renovación del sistema de regulación de los mercados y su vigilancia.
Pero en esta recomposición mundial, existe una variante, una cláusula escrita al calce con letras muy pequeñitas: la prerrogativa de las naciones poderosas para socorrer a las democracias incipientes y a las economías emergentes, cuando se vulneren las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones.
Bajo este criterio deben entenderse: la Iniciativa Mérida y la calificación extranjera de México como un estado fallido, las exigencias en el discurso de Monsieur Sarkozy y la reciente inclusión de Joaquín Guzmán en la élite de los multimillonarios de la revista Forbes.
Ahora como siempre, los trazos de la geografía del poder se escriben anteponiendo signos monetarios y el devenir de muchos pueblos sigue el flujo de los capitales. México se encuentra en un aguerra sin cuartel contra el narcotráfico, y lo preocupante es la posibilidad de reunir los requisitos que justifiquen una incursión de socorro, un proyecto financiero de apoyo y la postrera reconstrucción de un estado fallido.
La señal de alerta se enciende en una sociedad polarizada, en una clase política confrontada, en un gobierno incierto y en un pueblo que se acerca temerariamente al hartazgo y a la desesperación. Porque la mexicanidad quedará inserta entre los meridianos y las líneas imaginarias de una geometría planetaria que traza nuevas fronteras políticas que vulneran el principio de autodeterminación de los pueblos…
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