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domingo, octubre 07, 2012

El hongo venenoso


“Si una mentira se repite las veces suficientes,

acaba convirtiéndose en la verdad".

Joseph Goebbels


            En algún lugar sinuoso, donde terminan los senderos más remotos del silencio se extiende el páramo donde germinan  las voces del pensamiento, y ahí, se sostiene incólume el monolito de la verdad: ese artificio del eco que impregna las ideas y pervierte las mentes…  

 

 

Los estragos en las ideas y en las pautas de conducta que provoca el pernicioso artefacto mediático fueron detectados desde el siglo pasado por George Orwell quien describe este entorno como la “época del engaño universal” cuando “decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”.

 

En la creación de un imperio y en todas las versiones del totalitarismo,  la divulgación del ideario es una de las máximas  prioridades; la secuencia inicia con el implantamiento de una idea que a su debido tiempo germinará en las pautas de conducta de las masas alienadas al credo del régimen. Vgr: en el surgimiento el III Reich, varias generaciones alemanas leyeron el cuento  Der Giftpilz (El hongo venenoso), un libro antisemita para niños  publicado por Julius Streicher, el director del periódico Der Stürmer. Aquellas metáforas nefastas que denigraban al pueblo judío entraron por los ojos de los niños e impregnaron sus mentes, con el paso de los años, aquella  convicción enardecida corrompió su corazón y los jóvenes nazis traspasaron todos los límites de la crueldad.

 

Y no!... No es obsoleto ni anacrónico. La perversa repetición goebbeliana que transforma las mentiras en verdades sigue siendo una estrategia infalible  y el desarrollo tecnológico en la comunicación disparó a niveles superlativos el efecto de la propaganda. Hoy por hoy, en los tiempos de la información y en la sociedad del conocimiento se agudiza a niveles exasperantes la influencia que los medios masivos de comunicación ejercen en la opinión y la actitud públicas. Y sí!... Las ironías siempre contienen una dosis de crueldad: imitando la estrategia anti semita del ministro de propaganda nazi, una asociación pro israelí,  la American Freedom Initiative (AFDI) incita el rechazo al Islam con una campaña publicitaria que inició el 24 de Septiembre en  el metro de Nueva York con carteles que pregonan: “En toda guerra entre el hombre civilizado y el salvaje, apoye al hombre civilizado. Apoye a Israel. Derrote la yihad.”

 

Y no!.. Esta campaña no es un producto de la casualidad, es un eslabón en la cadena de atentados informativos y manipulación mediática internacional, es la evidencia incuestionable del uso de la blasfemia como táctica de un contingente sion-anglo-estadounidense que pretende destronar a los líderes árabes que resultan incómodos y molestos a los intereses geoestratégicos del neo imperialismo. En esta secuencia de ataques a la idiosincrasia se ubican las convocatorias inflamadas que a través de las redes sociales lograron concentrar a las multitudes exigiendo el cambio de gobierno en la Primavera árabe, la publicación de tiras cómicas que ridiculizan al profeta Alá, y recientemente, la divulgación del video “La inocencia de los musulmanes” que ofende al líder espiritual del mundo islámico.

 

 

 

Por qué?... Porque ahora, como siempre y desde entonces, la guerra es la industria más rentable y el  patrocinador de la investigación y la ciencia aplicada; porque es evidente que el objetivo de las huestes del mundo civilizado se ubica en el Medio Oriente y para justificar la injustificable incursión en los países árabes fue preciso erigir el monolito de la verdad: ese artificio del eco que impregna las ideas y pervierte las mentes… 

 

domingo, octubre 03, 2010

Propaganda elemental

“Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo?
Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse
hasta disfrazar las ideas”. Joseph Goebbels


En algún lugar de la condición humana existen pautas de conducta inalterables, reacciones que permanecen intactas desde la oscuridad de los tiempos; y por eso, los conceptos que las describen y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…

Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad del conocimiento, los principios y las técnicas de la propaganda configurados por Joseph Goebbels, y exitosamente comprobados por Adolf Hitler, siguen vigentes. Su ejecución constante en el entorno político y su desmesurada aplicación en la sociedad de mercado han generado el anglicismo híbrido “marketing político” que se caracteriza por el ejercicio superlativo y despiadado de los principios de Goebbels.

El primero de esos principios es la ley de la simplicidad: “A fin de conseguir la mayor efectividad, el mensaje debe ser lo más sencillo posible para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, sin exigirles demasiado esfuerzo. Debe ser breve y claro, elaborado con frases sencillas y enunciaciones primarias. Conviene,
por lo tanto, reducirlo a slogans y símbolos”.

La influencia de la propaganda se expande en la cultura de masas y el discurso político se reduce a mensajes simples y breves que serán transmitidos repetidamente hasta que los ciudadanos lo asimilen y lo integren a su percepción de la realidad.

La ley de la simplicidad se ejecuta consuetudinariamente y el ejemplo más claro y reciente, es la difusión mediática de las acciones de gobierno emprendidas en Baja California, campaña que fue justificada por José Guadalupe Osuna Millán al concluir su III Informe cuando al referirse a la construcción de hospitales públicos en su gobierno declaró que es necesario repetirlo hasta que todos los ciudadanos lo entiendan.

La ejecución de la ley de la simplicidad atenta contra la conciencia colectiva, ofende a la inteligencia de todos aquellos que se percatan de este vulgar manipuleo de la opinión pública; pero afortunadamente, aún se cumplen los principios de la ley de la causa y efecto, y ahora como siempre y desde entonces, la fabricación de falsos consensos, como una acción nefasta, desencadena una reacción en el raciocinio y se articula el mecanismo de la disidencia.

En una de tantas paradojas de la posmodernidad, las tecnologías de información y comunicación consideradas como el vehículo que conduciría a la democratización del conocimiento, son el medio idóneo para actualizar aquellos principios elementales de la propaganda creados para distorsionar la percepción y esclavizar la voluntad de la multitud.

Y así, en este proceso perpetuo y sobre la tensión entre la propaganda y la reflexión, las percepciones se confabulan y se desvanecen en la legendaria crónica del mundo, porque desde la oscuridad de los tiempos, en la condición humana predominan pautas inalterables y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…