“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.”
José Saramago
En algún lugar de la noche, en el primer minuto del primer día del año nuevo se hilvana el destino con el mismo material con el que se tejen los sueños; por eso, ante la página en blanco del porvenir, las primeras líneas escritas compendian los propósitos y los anhelos…
El tránsito del pasado hacia el futuro es un desplazamiento fugaz que suscita sentimientos encontrados porque el final de los ciclos provoca la recapitulación del pasado inmediato y en el inicio de un nuevo plazo surgen las visiones del porvenir concentradas en deseos y propósitos.
Y ahora, en los albores del penúltimo año del sexenio este desplazamiento es inevitable y la ponderación inexorable. No obstante, este ejercicio de conciencia se distorsiona cuando se realiza en el inframundo de la política: la clase gobernante se obstina en conservar el poder y perseguir sus sueños guajiros, mientras en la oposición cauterizan las derrotas del pasado.
En retrospectiva: la cruzada calderonista contra el crimen organizado ha sido el fracaso irremediable del régimen que ha desencadenado el temor y la fragilidad del tejido social. El necio de afán de continuar con esta guerra sin cuartel produjo la primera incongruencia del 2011: solicitar la participación de la sociedad civil en el combate a la delincuencia organizada.
Y en la perspectiva panista, el poder como prioridad se ha determinado eludiendo el canon de la lógica y los preceptos de su moralina; creen que pueden cruzar el pantano sin manchar las plumas de su pendón y están dispuestos a mancillar su ideario con la fatal decisión de conformar alianzas con la izquierda que alguna vez aborrecieron.
Sí!... en todos los partidos y en todas las corrientes políticas el triunfo indiscutible en la elección presidencial del 2012 es la única prioridad y el propósito que moverá todos los engranes de sus mecanismos. Ese será el motivo siniestro y oculto de los próximos escándalos mediáticos, de conflictos violentos y eventos descabellados. Y si aplicásemos esta prioridad al pasado inmediato, tal vez, podríamos explicar lo aparentemente inexplicable, como la misteriosa desaparición y aparición de Diego Fernández de Cevallos.
Y no!... No es saludable ni recomendable aceptar las versiones oficiales de la realidad. Por eso, ante el inminente bombardeo de necedades, aberraciones y falacias, en el extremo opuesto del poder y como ciudadanos racionales de la República del Absurdo, es preciso ejercitar el músculo atrofiado de la crítica para mantener intacto el pensamiento, para hilvanar el porvenir con el mismo material con el que se tejen los sueños y escribir las primeras líneas del año nuevo con los propósitos y los anhelos… humana y éticamente posibles…
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lunes, enero 03, 2011
domingo, octubre 03, 2010
Propaganda elemental
“Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo?
Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse
hasta disfrazar las ideas”. Joseph Goebbels
En algún lugar de la condición humana existen pautas de conducta inalterables, reacciones que permanecen intactas desde la oscuridad de los tiempos; y por eso, los conceptos que las describen y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…
Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad del conocimiento, los principios y las técnicas de la propaganda configurados por Joseph Goebbels, y exitosamente comprobados por Adolf Hitler, siguen vigentes. Su ejecución constante en el entorno político y su desmesurada aplicación en la sociedad de mercado han generado el anglicismo híbrido “marketing político” que se caracteriza por el ejercicio superlativo y despiadado de los principios de Goebbels.
El primero de esos principios es la ley de la simplicidad: “A fin de conseguir la mayor efectividad, el mensaje debe ser lo más sencillo posible para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, sin exigirles demasiado esfuerzo. Debe ser breve y claro, elaborado con frases sencillas y enunciaciones primarias. Conviene,
por lo tanto, reducirlo a slogans y símbolos”.
La influencia de la propaganda se expande en la cultura de masas y el discurso político se reduce a mensajes simples y breves que serán transmitidos repetidamente hasta que los ciudadanos lo asimilen y lo integren a su percepción de la realidad.
La ley de la simplicidad se ejecuta consuetudinariamente y el ejemplo más claro y reciente, es la difusión mediática de las acciones de gobierno emprendidas en Baja California, campaña que fue justificada por José Guadalupe Osuna Millán al concluir su III Informe cuando al referirse a la construcción de hospitales públicos en su gobierno declaró que es necesario repetirlo hasta que todos los ciudadanos lo entiendan.
La ejecución de la ley de la simplicidad atenta contra la conciencia colectiva, ofende a la inteligencia de todos aquellos que se percatan de este vulgar manipuleo de la opinión pública; pero afortunadamente, aún se cumplen los principios de la ley de la causa y efecto, y ahora como siempre y desde entonces, la fabricación de falsos consensos, como una acción nefasta, desencadena una reacción en el raciocinio y se articula el mecanismo de la disidencia.
En una de tantas paradojas de la posmodernidad, las tecnologías de información y comunicación consideradas como el vehículo que conduciría a la democratización del conocimiento, son el medio idóneo para actualizar aquellos principios elementales de la propaganda creados para distorsionar la percepción y esclavizar la voluntad de la multitud.
Y así, en este proceso perpetuo y sobre la tensión entre la propaganda y la reflexión, las percepciones se confabulan y se desvanecen en la legendaria crónica del mundo, porque desde la oscuridad de los tiempos, en la condición humana predominan pautas inalterables y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…
Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse
hasta disfrazar las ideas”. Joseph Goebbels
En algún lugar de la condición humana existen pautas de conducta inalterables, reacciones que permanecen intactas desde la oscuridad de los tiempos; y por eso, los conceptos que las describen y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…
Hoy por hoy, en el umbral de la sociedad del conocimiento, los principios y las técnicas de la propaganda configurados por Joseph Goebbels, y exitosamente comprobados por Adolf Hitler, siguen vigentes. Su ejecución constante en el entorno político y su desmesurada aplicación en la sociedad de mercado han generado el anglicismo híbrido “marketing político” que se caracteriza por el ejercicio superlativo y despiadado de los principios de Goebbels.
El primero de esos principios es la ley de la simplicidad: “A fin de conseguir la mayor efectividad, el mensaje debe ser lo más sencillo posible para que todos y cada uno de los individuos sean capaces de comprenderlo, sin exigirles demasiado esfuerzo. Debe ser breve y claro, elaborado con frases sencillas y enunciaciones primarias. Conviene,
por lo tanto, reducirlo a slogans y símbolos”.
La influencia de la propaganda se expande en la cultura de masas y el discurso político se reduce a mensajes simples y breves que serán transmitidos repetidamente hasta que los ciudadanos lo asimilen y lo integren a su percepción de la realidad.
La ley de la simplicidad se ejecuta consuetudinariamente y el ejemplo más claro y reciente, es la difusión mediática de las acciones de gobierno emprendidas en Baja California, campaña que fue justificada por José Guadalupe Osuna Millán al concluir su III Informe cuando al referirse a la construcción de hospitales públicos en su gobierno declaró que es necesario repetirlo hasta que todos los ciudadanos lo entiendan.
La ejecución de la ley de la simplicidad atenta contra la conciencia colectiva, ofende a la inteligencia de todos aquellos que se percatan de este vulgar manipuleo de la opinión pública; pero afortunadamente, aún se cumplen los principios de la ley de la causa y efecto, y ahora como siempre y desde entonces, la fabricación de falsos consensos, como una acción nefasta, desencadena una reacción en el raciocinio y se articula el mecanismo de la disidencia.
En una de tantas paradojas de la posmodernidad, las tecnologías de información y comunicación consideradas como el vehículo que conduciría a la democratización del conocimiento, son el medio idóneo para actualizar aquellos principios elementales de la propaganda creados para distorsionar la percepción y esclavizar la voluntad de la multitud.
Y así, en este proceso perpetuo y sobre la tensión entre la propaganda y la reflexión, las percepciones se confabulan y se desvanecen en la legendaria crónica del mundo, porque desde la oscuridad de los tiempos, en la condición humana predominan pautas inalterables y las técnicas que las manipulan siguen vigentes…
domingo, agosto 30, 2009
Demagogia con derecho de admisión
En algún lugar del protocolo, cuando el fondo se disuelve en las formas, el impacto del mensaje varía en función de la cobertura mediática; y entonces, por obra y gracia de la repetición incesante, las ambigüedades y las imprecisiones adquieren el matiz de las verdades…
De acuerdo al nuevo formato, la glosa del informe presidencial será entregada por un al Congreso de la Unión el 1 de septiembre. El protocolo, ahora vigente, elimina el discurso que el mandatario dirigía a la nación, y de esta forma, se evitan los groseros exabruptos de la Legislatura recién instalada, se extingue la posibilidad de tomar la tribuna por asalto y se anulan las estrategias beligerantes para impedir el cumplimiento de los ordenamientos constitucionales.
Las razones que se argumentaron para modificar la ceremonia oficial y protocolaria del informe presidencial se concentraron en las objeciones, protestas y reclamos que la oposición profería durante el discurso del mandatario.
La eliminación del discurso en la ceremonia oficial será debidamente compensada con la transmisión de pequeños mensajes en los medios masivos, antes y después de la entrega del informe.
En la producción de esos pequeños mensajes se aplicaron las técnicas y las estrategias de la propaganda política, de tal manera que el contenido del mensaje se disuelve entre los movimientos de las cámaras, debajo de un guión debidamente ensayado, detrás de una imagen cuyo impacto dice más que mil mentiras.
Pero la modificación en el formato de la ceremonia del informe presidencial es tan sólo la manifestación del control que se ejerce sobre el discurso oficial, de los procedimientos de exclusión que impiden la intervención de los opositores. Y en esta lógica, el discurso oficial se erige como una prerrogativa exclusiva del poder.
Por eso, el nuevo formato no impide la realización de los rituales del Presidencialismo. Hoy por hoy, la ostentación del poder se lleva a cabo en una ceremonia alterna, en un contexto estrictamente controlado y con derecho de admisión.
En el escenario alternativo del informe, el presidente pronuncia un discurso a la élite política, económica y social.
Me queda claro que la información de la administración pública siempre se ha disuelto entre formatos y protocolos, que la simple exposición de cifras no implica la transparencia en la determinación de las cuentas, y que ni las peroratas insufribles de antaño ni los mensajes mediáticos de ahora, logran infundir confianza en la ciudadanía.
Porque las líneas de un discurso, de todos los discursos, tarde o temprano inciden en la conducta del auditorio, pero las vacuidades de la demagogia jamás se reflejan en las condiciones de vida de la ciudadanía.
Cuando el discurso se diluye en el filtro de la realidad, inmediatamente deberán implementarse los dictados elementales de la propaganda… y entonces, por obra y gracia de la repetición incesante, las ambigüedades y las imprecisiones adquieren el matiz de las verdades…
De acuerdo al nuevo formato, la glosa del informe presidencial será entregada por un al Congreso de la Unión el 1 de septiembre. El protocolo, ahora vigente, elimina el discurso que el mandatario dirigía a la nación, y de esta forma, se evitan los groseros exabruptos de la Legislatura recién instalada, se extingue la posibilidad de tomar la tribuna por asalto y se anulan las estrategias beligerantes para impedir el cumplimiento de los ordenamientos constitucionales.
Las razones que se argumentaron para modificar la ceremonia oficial y protocolaria del informe presidencial se concentraron en las objeciones, protestas y reclamos que la oposición profería durante el discurso del mandatario.
La eliminación del discurso en la ceremonia oficial será debidamente compensada con la transmisión de pequeños mensajes en los medios masivos, antes y después de la entrega del informe.
En la producción de esos pequeños mensajes se aplicaron las técnicas y las estrategias de la propaganda política, de tal manera que el contenido del mensaje se disuelve entre los movimientos de las cámaras, debajo de un guión debidamente ensayado, detrás de una imagen cuyo impacto dice más que mil mentiras.
Pero la modificación en el formato de la ceremonia del informe presidencial es tan sólo la manifestación del control que se ejerce sobre el discurso oficial, de los procedimientos de exclusión que impiden la intervención de los opositores. Y en esta lógica, el discurso oficial se erige como una prerrogativa exclusiva del poder.
Por eso, el nuevo formato no impide la realización de los rituales del Presidencialismo. Hoy por hoy, la ostentación del poder se lleva a cabo en una ceremonia alterna, en un contexto estrictamente controlado y con derecho de admisión.
En el escenario alternativo del informe, el presidente pronuncia un discurso a la élite política, económica y social.
Me queda claro que la información de la administración pública siempre se ha disuelto entre formatos y protocolos, que la simple exposición de cifras no implica la transparencia en la determinación de las cuentas, y que ni las peroratas insufribles de antaño ni los mensajes mediáticos de ahora, logran infundir confianza en la ciudadanía.
Porque las líneas de un discurso, de todos los discursos, tarde o temprano inciden en la conducta del auditorio, pero las vacuidades de la demagogia jamás se reflejan en las condiciones de vida de la ciudadanía.
Cuando el discurso se diluye en el filtro de la realidad, inmediatamente deberán implementarse los dictados elementales de la propaganda… y entonces, por obra y gracia de la repetición incesante, las ambigüedades y las imprecisiones adquieren el matiz de las verdades…
domingo, junio 21, 2009
El fragor de la contienda
En algún lugar beligerante, el fragor de una lucha sin cuartel no admite sesgos éticos ni morales, porque el encono superlativo de la contienda corresponde a la cuantía del botín; quien obtenga los laureles de la victoria electoral, obtendrá el derecho indiscutible de trazar el rumbo de la nación…
El próximo 5 de Julio se decidirá en las urnas el control del legislativo, el desenlace del calderonismo, la definición de las fuerzas en la partidocracia, el rumbo hacia la presidencia del 2012. Los privilegios y canonjías derivados del triunfo en las urnas determinan la ferocidad de los ataques entre los contendientes.
Por eso, los delitos y el crimen se han incorporado a este proceso electoral como la estrategia predominante: candidatos de todos los partidos a diputaciones, alcaldías y gubernaturas, han sido acusados de presuntas actividades y conductas ilícitas. Algunos ya abandonaron las candidaturas, otros han sido aprehendidos y muchos enfrentan escándalos y campañas de desprestigio.
La forzada evocación de tragedias y la exhibición de evidencias de corrupción abundan y surgen en todas las trincheras hacia todos los frentes de batalla. Sin embargo, la crisis económica y las ambigüedades de la pseudo reforma electoral, evidencias reales y contundentes de la incompetencia generalizada de la clase gobernante no se han esgrimido como armas en la contienda, porque la legislación electoral y la crisis que ahora nos flagela son el resultado de la confabulación de todas las fuerzas políticas.
Pero la ferocidad de las acusaciones sólo es mediática porque son raras y escasas las denuncias que se presentan ante las autoridades correspondientes. Tal vez, la crueldad de los ataques está maquiavélicamente calculada porque los cañonazos mediáticos no culminan en una sentencia judicial, sólo perturban el ambiente, provocan el escarnio y el rechazo, manifestaciones a las que la clase política ya es inmune.
El ejecutivo federal ostenta el combate al crimen organizado como el estandarte en todos los frentes de la campaña electoral y esa es la línea inamovible del discurso de los candidatos de Acción Nacional. Haciendo alarde de su capacidad para asimilar y deglutir a sus adversarios, el ejecutivo federal ha implementado, en pleno proceso electoral, propuestas y proyectos surgidos en la oposición. Vgrs: los vales de medicamentos para subsanar la insuficiencia del sector salud.
El cinismo del partido gobernante es ya insufrible: su dirigente nacional, Germán Martínez, es el vocero exacerbado de la consigna presidencial, el peón encargado de esparcir la podredumbre en la contienda; en contraste, la parsimonia de los candidatos panistas sólo puede interpretarse como la confianza en la orquestación de una elección de estado, o como la táctica de victimizar a los candidatos para atraer el voto por compasión.
Sea como fuere, el bajo perfil de todos los candidatos se disimula bajo el impacto mediático de los partidos que han movilizado a sus militantes más conocidos y carismáticos. Gracias a la estrategia testimonial resucitó la figura irreverente del candidato Vicente Fox, Enrique Peña Nieto apoya a los candidatos priísta los fines de semana.
El despliegue de las armas y el encono de los ataques sólo se justifican por el botín de esta guerra; pero los adversarios han desestimado el relieve del campo de batalla. El electorado estoico que soporta el bombardeo de la mugre partidista, está a punto de desprenderse de la apatía social que permitió el ascenso de una elite gobernante sin sensibilidad social.
El 5 de Julio es una fecha crucial. No sólo se medirá la fuerza de las huestes de la partidocracia, también se ponderará el grado de hartazgo y repudio de la ciudadanía a la partidocracia, a esa clase minoritaria que decide el futuro de todos los mexicanos en función de sus intereses y beneficios.
El día de los comicios termina la cruel temporada de divulgación de las verdades que se mantuvieron ocultas para exhibir a los adversarios en tiempos de proselitismo, cuando el fragor de una lucha sin cuartel no admite sesgos éticos ni morales; pero ese día es también, una oportunidad irrepetible para hacer valer la voluntad de la ciudadanía… porque los laureles de la victoria electoral confieren el derecho indiscutible de trazar el rumbo de la nación…
El próximo 5 de Julio se decidirá en las urnas el control del legislativo, el desenlace del calderonismo, la definición de las fuerzas en la partidocracia, el rumbo hacia la presidencia del 2012. Los privilegios y canonjías derivados del triunfo en las urnas determinan la ferocidad de los ataques entre los contendientes.
Por eso, los delitos y el crimen se han incorporado a este proceso electoral como la estrategia predominante: candidatos de todos los partidos a diputaciones, alcaldías y gubernaturas, han sido acusados de presuntas actividades y conductas ilícitas. Algunos ya abandonaron las candidaturas, otros han sido aprehendidos y muchos enfrentan escándalos y campañas de desprestigio.
La forzada evocación de tragedias y la exhibición de evidencias de corrupción abundan y surgen en todas las trincheras hacia todos los frentes de batalla. Sin embargo, la crisis económica y las ambigüedades de la pseudo reforma electoral, evidencias reales y contundentes de la incompetencia generalizada de la clase gobernante no se han esgrimido como armas en la contienda, porque la legislación electoral y la crisis que ahora nos flagela son el resultado de la confabulación de todas las fuerzas políticas.
Pero la ferocidad de las acusaciones sólo es mediática porque son raras y escasas las denuncias que se presentan ante las autoridades correspondientes. Tal vez, la crueldad de los ataques está maquiavélicamente calculada porque los cañonazos mediáticos no culminan en una sentencia judicial, sólo perturban el ambiente, provocan el escarnio y el rechazo, manifestaciones a las que la clase política ya es inmune.
El ejecutivo federal ostenta el combate al crimen organizado como el estandarte en todos los frentes de la campaña electoral y esa es la línea inamovible del discurso de los candidatos de Acción Nacional. Haciendo alarde de su capacidad para asimilar y deglutir a sus adversarios, el ejecutivo federal ha implementado, en pleno proceso electoral, propuestas y proyectos surgidos en la oposición. Vgrs: los vales de medicamentos para subsanar la insuficiencia del sector salud.
El cinismo del partido gobernante es ya insufrible: su dirigente nacional, Germán Martínez, es el vocero exacerbado de la consigna presidencial, el peón encargado de esparcir la podredumbre en la contienda; en contraste, la parsimonia de los candidatos panistas sólo puede interpretarse como la confianza en la orquestación de una elección de estado, o como la táctica de victimizar a los candidatos para atraer el voto por compasión.
Sea como fuere, el bajo perfil de todos los candidatos se disimula bajo el impacto mediático de los partidos que han movilizado a sus militantes más conocidos y carismáticos. Gracias a la estrategia testimonial resucitó la figura irreverente del candidato Vicente Fox, Enrique Peña Nieto apoya a los candidatos priísta los fines de semana.
El despliegue de las armas y el encono de los ataques sólo se justifican por el botín de esta guerra; pero los adversarios han desestimado el relieve del campo de batalla. El electorado estoico que soporta el bombardeo de la mugre partidista, está a punto de desprenderse de la apatía social que permitió el ascenso de una elite gobernante sin sensibilidad social.
El 5 de Julio es una fecha crucial. No sólo se medirá la fuerza de las huestes de la partidocracia, también se ponderará el grado de hartazgo y repudio de la ciudadanía a la partidocracia, a esa clase minoritaria que decide el futuro de todos los mexicanos en función de sus intereses y beneficios.
El día de los comicios termina la cruel temporada de divulgación de las verdades que se mantuvieron ocultas para exhibir a los adversarios en tiempos de proselitismo, cuando el fragor de una lucha sin cuartel no admite sesgos éticos ni morales; pero ese día es también, una oportunidad irrepetible para hacer valer la voluntad de la ciudadanía… porque los laureles de la victoria electoral confieren el derecho indiscutible de trazar el rumbo de la nación…
domingo, abril 05, 2009
Táctica elemental
En algún lugar de la contienda, cuando la determinación excede los límites de la sensatez, las aspiraciones se trasladan al territorio de las obstinaciones, donde surgen la beligerancia y el encono; pero en el fragor de las hostilidades suele perderse la perspectiva…
El Partido Acción Nacional, a través Germán Martínez, el ventrílocuo oficial de la presidencia, ha iniciado las hostilidades en la contienda por el voto; la premura en la divulgación de mensajes impregnados de proselitismo contraviene a las fechas y a las formas establecidas en la reforma electoral reciente (avalada y defendida por el PAN) y elude el cabal cumplimiento de los convenios pactados.
La estrategia mediática emprendida por AN revela la trascendencia de las elecciones intermedias para el partido en el poder. El predominio en la configuración del legislativo y la conservación de los bastiones estatales del panismo son indispensables para fortalecer a un régimen sin mandato y consolidar la hegemonía de la ultraderecha.
Por eso, el rey está reacomodando a sus peones en el tablero: la designación de los candidatos a diputaciones y senadurías se hizo en función de su lealtad al ejecutivo y/o su funcionalidad para el partido. Como en las típicas elecciones de estado, los candidatos serán aquellos militantes, o simpatizantes, con capacidad probada para obedecer ciegamente, que hayan demostrado un servilismo incondicional y que estén ansiosos por incorporarse al presupuesto y hacer del erario su modus vivendi.
La lealtad y la abnegación se personifican en Josefina Vázquez Mota, quien alguna vez le pidió a Dios hacerla viuda, y ahora le pide hacerla diputada, y presidenciable con el favor de Calderón. El usufructo de la notoriedad encarna en celebridades deportivas dispuestas a luchar olímpicamente en la arena política. Vgrs: Carlos Hermosillo, quien se define (y se flagela) a sí mismo como un “soldado del gobierno”.
En ambos casos, la motivación de la partidocracia es controlar el legislativo porque la representación de los sectores populares y la atención de las demandas del electorado se encuentran en el último rubro de una sinuosa lista de motivos. La verdadera prioridad de la clase gobernante es consolidar sus parapetos, y una vez fortalecidos, emprender la lucha por la presidencia. Táctica elemental.
Pero cuando se contiende por el dominio total y la victoria significa el control absoluto, suele perderse la perspectiva y se recurre a estrategias deleznables. Entonces, el proselitismo se transforma en un vulgar intercambio de ofensas, en un cuadrilátero de mala muerte, en un espectáculo de quinta con jaloneos ridículos.
Sí! … Aquí ya se perdió la perspectiva y aún no inician las campañas. La ferocidad de la contienda se explica por el botín de la victoria, y para alcanzarla, el partido gobernante ejecuta burdamente las estrategias más rudimentarias de la propaganda política. El Partido Acción Nacional (PAN) ha reducido el proceso electoral a una rivalidad entre personajes políticos, la propuesta del partido consiste en alardear de sus virtudes y enfatizar los defectos y evocar el pasado del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La campaña beligerante de Acción Nacional revela la ausencia total de un criterio inteligente, de perspectiva y de proyecto, y además, es una campaña con vicios desde su origen: fue diseñada por el ejecutivo con el objetivo de afianzar y conservar el poder presidencial, sin considerar el rango estatal de las elecciones intermedias, donde las inercias partidistas no tienen el mismo efecto que en las elecciones presidenciales; y por otro vicio en el diseño de la campaña los panistas eluden los ínfimos niveles de credibilidad y aceptación social de los legisladores, quienes acaparan el repudio popular.
Por esa falta de perspectiva, los contendientes subestiman la capacidad de discernimiento del electorado y pretenden minimizar el rango de la memoria colectiva.
La altura de miras les impide a los panistas y priístas percatarse de que proyectan la misma imagen a la ciudadanía. En la percepción social, PAN y PRI guardan una asombrosa semejanza porque los equiparan dos factores incontrovertibles: el ascenso a la presidencia y los magros resultados obtenidos.
Por los efectos del mimetismo político, todos los argumentos para denostar al adversario siguen una trayectoria excéntrica que los revierte contra quien los esgrime. La vulgaridad del ataque lesiona por igual a la víctima y al victimario.
Y este es tan sólo el preámbulo de una contienda de enconos que excede y desvirtúa la esencia democrática de la pugna por el poder; la partidocracia se enfrascará en una iracunda diatriba, se desgarrarán mutuamente sin piedad ni compasión ante la mirada impasible del electorado, el espectador cautivo del fragor de las hostilidades donde se ha esfumado perspectiva…
El Partido Acción Nacional, a través Germán Martínez, el ventrílocuo oficial de la presidencia, ha iniciado las hostilidades en la contienda por el voto; la premura en la divulgación de mensajes impregnados de proselitismo contraviene a las fechas y a las formas establecidas en la reforma electoral reciente (avalada y defendida por el PAN) y elude el cabal cumplimiento de los convenios pactados.
La estrategia mediática emprendida por AN revela la trascendencia de las elecciones intermedias para el partido en el poder. El predominio en la configuración del legislativo y la conservación de los bastiones estatales del panismo son indispensables para fortalecer a un régimen sin mandato y consolidar la hegemonía de la ultraderecha.
Por eso, el rey está reacomodando a sus peones en el tablero: la designación de los candidatos a diputaciones y senadurías se hizo en función de su lealtad al ejecutivo y/o su funcionalidad para el partido. Como en las típicas elecciones de estado, los candidatos serán aquellos militantes, o simpatizantes, con capacidad probada para obedecer ciegamente, que hayan demostrado un servilismo incondicional y que estén ansiosos por incorporarse al presupuesto y hacer del erario su modus vivendi.
La lealtad y la abnegación se personifican en Josefina Vázquez Mota, quien alguna vez le pidió a Dios hacerla viuda, y ahora le pide hacerla diputada, y presidenciable con el favor de Calderón. El usufructo de la notoriedad encarna en celebridades deportivas dispuestas a luchar olímpicamente en la arena política. Vgrs: Carlos Hermosillo, quien se define (y se flagela) a sí mismo como un “soldado del gobierno”.
En ambos casos, la motivación de la partidocracia es controlar el legislativo porque la representación de los sectores populares y la atención de las demandas del electorado se encuentran en el último rubro de una sinuosa lista de motivos. La verdadera prioridad de la clase gobernante es consolidar sus parapetos, y una vez fortalecidos, emprender la lucha por la presidencia. Táctica elemental.
Pero cuando se contiende por el dominio total y la victoria significa el control absoluto, suele perderse la perspectiva y se recurre a estrategias deleznables. Entonces, el proselitismo se transforma en un vulgar intercambio de ofensas, en un cuadrilátero de mala muerte, en un espectáculo de quinta con jaloneos ridículos.
Sí! … Aquí ya se perdió la perspectiva y aún no inician las campañas. La ferocidad de la contienda se explica por el botín de la victoria, y para alcanzarla, el partido gobernante ejecuta burdamente las estrategias más rudimentarias de la propaganda política. El Partido Acción Nacional (PAN) ha reducido el proceso electoral a una rivalidad entre personajes políticos, la propuesta del partido consiste en alardear de sus virtudes y enfatizar los defectos y evocar el pasado del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La campaña beligerante de Acción Nacional revela la ausencia total de un criterio inteligente, de perspectiva y de proyecto, y además, es una campaña con vicios desde su origen: fue diseñada por el ejecutivo con el objetivo de afianzar y conservar el poder presidencial, sin considerar el rango estatal de las elecciones intermedias, donde las inercias partidistas no tienen el mismo efecto que en las elecciones presidenciales; y por otro vicio en el diseño de la campaña los panistas eluden los ínfimos niveles de credibilidad y aceptación social de los legisladores, quienes acaparan el repudio popular.
Por esa falta de perspectiva, los contendientes subestiman la capacidad de discernimiento del electorado y pretenden minimizar el rango de la memoria colectiva.
La altura de miras les impide a los panistas y priístas percatarse de que proyectan la misma imagen a la ciudadanía. En la percepción social, PAN y PRI guardan una asombrosa semejanza porque los equiparan dos factores incontrovertibles: el ascenso a la presidencia y los magros resultados obtenidos.
Por los efectos del mimetismo político, todos los argumentos para denostar al adversario siguen una trayectoria excéntrica que los revierte contra quien los esgrime. La vulgaridad del ataque lesiona por igual a la víctima y al victimario.
Y este es tan sólo el preámbulo de una contienda de enconos que excede y desvirtúa la esencia democrática de la pugna por el poder; la partidocracia se enfrascará en una iracunda diatriba, se desgarrarán mutuamente sin piedad ni compasión ante la mirada impasible del electorado, el espectador cautivo del fragor de las hostilidades donde se ha esfumado perspectiva…
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