domingo, octubre 12, 2008

La ironía en la parodia de la novela de la Revolución mexicana: Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia

Por: Laura M. López Murillo




Introducción

Debido a la cercanía del primer centenario de la Revolución mexicana es inevitable mirar atrás y recapitular; los análisis retrospectivos son insoslayables, aquellos que abarcan las expresiones artísticas que se han producido en torno a la Revolución, y los que ponderan los ideales, las conquistas y las secuelas de uno de los grandes movimientos sociales del siglo XX. La narrativa reflejó los cambios experimentados en la sociedad mexicana durante el siglo pasado: la vida campirana sucumbió paulatinamente mientras se propagaban nuevas costumbres, el entorno urbano y la modernización se consolidaron como nuevos paradigmas; y en la expresión literaria se desplegó en una gama de perspectivas, voces y estilos, entre los cuales aparece la parodia, estilo que desarrolló Jorge Ibargüengoitia.

Para sustentar el afán retrospectivo, se realizó una revisión bibliográfica para determinar las características de la novela de la Revolución mexicana y las principales tendencias literarias desde entonces. Sin embargo, los autores consultados mencionan brevemente la obra de Jorge Ibargüengoitia: en México en su novela, J. S. Brushwood le dedica apenas diez líneas a la obra Maten al león de Jorge Ibargüengoitia para indicar que el ambiente de la novela es ficticio pero que la situación política es reconocible porque es una representación apegada a la realidad latinoamericana; en Hacia la novela total: Fernando del Paso de Inés Sáenz, Jorge Ibargüengoitia sólo es mencionado en una cita textual de Von Ziegler, en la que establece que la Revolución mexicana es un tema inagotable.

Debido a la escasa consideración de Jorge Ibargüengoitia en las obras consultadas se decidió analizar su obra; por la cercanía del centenario de la Revolución mexicana se eligió la novela Los relámpagos de agosto. El propósito de este ensayo es examinar Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia para identificar la intervención de la ironía en esta novela y ponderar sus efectos en esta versión paródica de un tema que suele abordarse con solemnidad. Una de las dificultades en la investigación de la ironía fue la escasa bibliografía, el único texto disponible fue el Diccionario de Retórica y Poética de Helena Beristáin; no obstante, se obtuvo suficiente información en Internet, donde se localizaron estudios recientes de la ironía aplicados al análisis de diversas obras literarias. Los conceptos de la ironía que surgieron de esta investigación son más recientes que la novela de Ibargüengoitia, por lo que se espera que este ensayo contribuya al estudio de ironía, como la figura del pensamiento que logra proyectar los avatares del destino y que establece una complicidad con el lector.

En el primer capítulo, De la epopeya a la parodia, se presenta brevemente el desarrollo de la novela de la Revolución mexicana en siglo XX, se identifican el periodo y las tendencias literarias que predominaban cuando se publicó la novela Los relámpagos de agosto, y se incluye una semblanza de Jorge Ibargüengoitia. En el capítulo dos, El ámbito revolucionario, se identifican las características de la novela de la Revolución mexicana que se encontraron en Los relámpagos de agosto, se ubica el contexto histórico en el que se desarrolla esta novela y se presenta una síntesis. El tercer capítulo, La ironía como artificio, contiene el análisis de Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia, en el que se identifican las características de la parodia y la ironía en fragmentos seleccionados de la novela; también se ejemplifican las formas, matices y funciones de la ironía, y los actantes que en ella intervienen. Los resultados del análisis se presentan en las conclusiones del ensayo bajo el título Más allá del texto.




Capítulo 1: De la epopeya a la parodia


1.1. Panorama del contexto literario en el siglo XX

El rango de la influencia que ha ejercido la Revolución mexicana en la literatura es un parámetro muy esquivo; sólo puede determinarse con precisión el inicio del ciclo de la novela de la Revolución mexicana porque aún no declina su vigencia como tema ó escenario, como estilo ó técnica. Al respecto, en 1972 Seymour Menton cuestionaba el final de la Revolución mexicana y establecía que todas las novelas escritas en México desde 1910 merecían ser consideradas como novelas de la Revolución, en virtud de que el partido revolucionario instauró un régimen que conservó el poder político del país durante todo el siglo XX e influyó en todos los aspectos de la vida nacional (Menton, 37).

Uno de los estudios retrospectivos más esclarecedores es el que realiza Inés Sáenz en Hacia la novela total: Fernando del Paso. En el capítulo Fernando del Paso en el contexto de la novela mexicana del siglo XX, la autora establece que la Revolución mexicana impregnó la temática de la literatura decimonona, que por eso, es más realista referirse a la novela de la Revolución mexicana como un proceso creativo en constante transformación que no puede circunscribirse a periodos cronológicos. Sin las restricciones del género ni las limitaciones del tiempo, la Revolución mexicana es un tema maleable e inclusivo que aún acepta muchas perspectivas y provoca visiones diferentes; Inés Sáenz cita al crítico Jorge Von Ziegler cuando establece que el tema de la Revolución es un asunto inagotable y que "no se puede decir que exista una novela de la Revolución como corriente literaria, sino novelistas para los cuales el tema es la única identidad posible en este vasto y desorganizado mundo de posibilidades narrativas" (Sáenz, 20).

En ese inmenso espectro de posibilidades que conjugan y amalgaman la ficción y la realidad se desarrolló la narrativa mexicana en el siglo XX; este proceso de transformación se inicia con la Revolución mexicana porque con ella cambia la percepción de la historia y surge la diversidad creativa (Sáenz, 22). Por eso, cuando Inés Sáenz analiza el contexto literario en el siglo XX, inicia identificando las características de las novelas escritas durante la Revolución mexicana: el realismo testimonial de los relatos y la fusión entre el sentido crítico y la creación que impide la idealización de los personajes y del movimiento revolucionario (Sáenz, 27).

Las vertientes por las que fluye el análisis de Inés Sáenz son los autores Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Luis Spota, Elena Poniatowska, José Agustín y Gustavo Sáinz. El transcurso del tiempo coincide con el trayecto de su análisis, lo que hace posible identificar los rasgos que caracterizaron la obra de esos autores y relacionarlos con el contexto al que pertenecieron: la narrativa poética de Juan Rulfo se desplaza entre mitos, símbolos y el desencanto de la Revolución en el yermo campirano; la visión urbana es el crisol de épocas y razas donde Carlos Fuentes retrató a la nueva burguesía capitalina; Luis Spota describe el devenir del poder en el entorno político donde la vanagloria y el egocentrismo consolidaron el culto a la personalidad; con Elena Poniatowska se ausentaron los formalismos y proliferó el lenguaje coloquial de los marginados como protagonistas de la lucha revolucionaria; el escepticismo de José Agustín corresponde a un cambio de actitud en la manera de mirar al mundo, proyecta la vida cotidiana de los adolescentes y expresa su rebeldía; Gustavo Sáinz retó a los convencionalismos al describir la vida de los jóvenes en los perímetros urbanos de lo prohibido (Sáenz, 30-62).
Inés Sáenz puntualiza que con las novelas de José Agustín y Gustavo Sáinz en la década de los sesenta, se cierra el ciclo iniciado por Carlos Fuentes y Luis Spota en la década de los cincuenta (Sáenz, 64).

En este punto, es imperativo precisar que cuando concluía el ciclo de la descripción exhaustiva se publicó la primera novela de Jorge Ibargüengoitia Los relámpagos de Agosto en 1965; un año antes se publicó La tumba de José Agustín y ese mismo año se publicó Gazapo de Gustavo Sáinz, cuando la tendencia predominante era el rechazo a la solemnidad y a los convencionalismos lingüísticos, se incursionaba en el territorio de lo prohibido y la rebeldía se expresaba con irreverencia.
Fue entonces, cuando el “corrosivo alegato a favor del humor sarcástico y la ironía antihistórica”1 de Jorge Ibargüengoitia se integró a la diversidad de estilos y perspectivas compendiados en la novela de la Revolución mexicana. El crítico y ensayista literario Ignacio Trejo Fuentes considera que: 2 “El sarcasmo, la ironía y el sentido de la parodia constituyeron uno de los pilares más firmes de la obra de Jorge Ibargüengoitia. Uno de sus principales blancos en ese sentido fue la historia.” (Domínguez). Por mérito propio, Jorge Ibargüengoitia se incorporó al intenso trayecto de la narrativa mexicana del siglo XX, abordó el ferrocarril revolucionario en el fragor de la epopeya y se apeó en la estación de la parodia, con la firme intención de inaugurar una nueva forma de percibir la historia.


1.2. Semblanza de Jorge Ibargüengoitia3

Jorge Ibargüengoitia nació en 1928 en la ciudad de Guanajuato. Cuando se graduó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México se incorporó al plantel docente; fue un literato con alto sentido crítico y su obra abarca novelas, cuentos, obras de teatro, artículos periodísticos y relatos infantiles. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, de las fundaciones Rockefeller, Fairfield y Guggenheim. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1964 por su novela Los relámpagos de agosto, que se publicó en 1965, y el Premio Internacional de Novela México en 1974 por Estas ruinas que ves. El humor en sus obras surgía de un sarcasmo fino y salvaje. También escribió Maten al león (1969), y sus novelas Las muertas (1977), Dos crímenes (1979) y Los pasos de López (1982) conforman la novelística del “Plan de Abajo”, porque se desarrollan en una región ficticia muy parecida a Guanajuato. El escritor decidió vivir en París con su esposa, la pintora inglesa Joy Laville quien ilustró las portadas de todos los libros que publicó en Joaquín Mortiz; en la capital francesa se dedicó a trabajar intensamente en la que sería su séptima novela, situada en la época de Maximiliano y Carlota. Por eso, cuando llegó la invitación para un encuentro de escritores en Bogotá, se mostró reacio a asistir. De última hora decidió hacerlo y abordó el fatídico avión que se estrellaría en Madrid, el 28 de noviembre de 1983.


Notas

1 Citando al reconocido crítico literario Christopher Domínguez en la semblanza de Jorge Ibargüengoitia que incluye el editor Joaquín Mortiz en la publicación de Los relámpagos de agosto.

2 Así lo consideró Ignacio Trejo Fuentes, en la segunda sesión del ciclo Presencia de... Jorge Ibargüengoitia a los 70 años de su nacimiento, que se efectuó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde también estuvieron presentes Christopher Domínguez, crítico y narrador, y Manuel Felguérez, pintor amigo del desaparecido dramaturgo guanajuatense.

3 Los datos que se presentan en esta semblanza de Jorge Ibargüengoitia se obtuvieron el 26 de agosto del 2007 en el portal de la enciclopedia Wikipedia




Capítulo 2: El ámbito revolucionario


2.1. Rasgos de la novela de la Revolución mexicana en Los relámpagos de agosto

Los relámpagos de agosto es un relato ficticio que se desarrolla en las postrimerías de la gesta revolucionaria, en agosto de 1929, y describe las vicisitudes de un grupo de militares que se rebelan contra el gobierno federal. Esta novela presenta algunos de los rasgos que caracterizaron a la novela de la Revolución mexicana, y para identificarlos se consultaron los estudios sobre este tema realizados por Antonio Castro Leal, Inés Sáenz, Seymour Menton y Joseph Sommers.

El acento en el análisis de Antonio Castro Leal recae en el realismo de los autores como narradores-testigos, quienes lograron un reflejo fiel de su entorno y sus circunstancias; indica que predominan los tintes autobiográficos, las descripciones objetivas de los acontecimientos y el desarrollo lineal de las narraciones como el transcurso natural del tiempo (Castro, 27). Los relámpagos de agosto es una novela autobiográfica: el General José Guadalupe Arroyo relata sus memorias para “deshacer algunos malentendidos, confundir a algunos calumniadores y poner los puntos sobre las íes respecto a su participación en la llamada Revolución del 29” (Ibargüengoitia, 9).

Seymour Menton indica que en la novela de la Revolución mexicana el argumento se subordina a la narración de los acontecimientos, episodios y anécdotas en los que interviene el narrador (Menton, 39). Como narrador y testigo en Los relámpagos de agosto, el General Arroyo describe solamente los acontecimientos en los que interviene, ya sea como testigo presencial o como participante activo y expone su apreciación personal de los eventos y de las personas. El relato inicia cuando “se apaga la estrella” del General Arroyo y gira en torno a los episodios en los que participa y a las anécdotas fatídicas cuando lo golpea “la pérfida y caprichosa Fortuna” (Ibargüengoitia, 11).

Joseph Sommers puntualiza que el común denominador en las novelas de la Revolución mexicana es que capturaron el caos y la confusión de un período dramático en la historia mexicana y establece que su originalidad reside en la definición de los problemas y ansiedades del pueblo mexicano en los albores del siglo XX (Sommers, 35). Al respecto, la novela de Jorge Ibargüengoitia coincide con el rasgo indicado por Sommers porque el desconcierto y la improvisación son elementos constantes en Los relámpagos de agosto. Un ejemplo es el relato de la ofensiva nocturna en el cerro de San Mateo donde se confundieron y se cruzaron las líneas ofensivas y el General Arroyo recibió los cañonazos de su aliado el General Trenza. Otro ejemplo es el episodio en que el General Arroyo se percata de que la única fuente de información es la que él llama la “Vendida Prensa Metropolitana” (Ibargüengoitia, 86-88).

El rasgo distintivo para Inés Sáenz es la fusión entre el realismo histórico de la novela de la Revolución mexicana y la crítica social, cultural y política. El apego a la realidad y la visión crítica impidieron que los autores idealizaran a sus personajes y al movimiento revolucionario (Sáenz, 27). Esta característica también se encuentra en Los relámpagos de agosto, porque en sus memorias, el General Arroyo describe las ineptitudes y las debilidades en el carácter tanto de sus correligionarios como de sus enemigos. Por ejemplo, es muy enfático cuando se refiere a Macedonio Gálvez como un “ladrón”, al presidente Vidal Sánchez lo considera un “déspota” y un “torvo asesino”, al presidente interino Eulalio Pérez H. lo califica como un “vulgar ratero”. Sus compañeros de armas también son víctimas de su objetividad: a Cenón Hurtado lo describe como un “cobarde”, cuando menciona al General Canalejo, lo hace con el peyorativo “Ave Negra del Ejército Mexicano”, y se refiere al candidato Juan Valdivia como el “grandísimo tarugo” que organizó una “jugada” en momentos de zozobra (Ibargüengoitia, 86).


2.2. Contextualización de la novela

Los sucesos ficticios relatados en Los relámpagos de agosto se ubicarían en la fase intermedia de la novela de la Revolución mexicana propuesta por Joseph Sommers, de 1920 a 1934, que comprende los periodos presidenciales del general Álvaro Obregón y de Plutarco Elías Calles, cuando se sofocaron brotes contrarrevolucionarios y se fundó el Partido Nacional Revolucionario, excluyendo de la arena política a las fuerzas del ejército (Sommers, 5). En Los relámpagos de agosto el relato inicia en 1928, y ese mismo año nació Jorge Ibargüengoitia. En 1929, el año en que se suscita la rebelión ficticia del general Arroyo, Martín Luis Guzmán escribía La sombra del caudillo en el exilio. Ambas novelas relatan la lucha por el poder político que enfrenta a los caudillos y Generales revolucionarios. La sombra del caudillo y Los relámpagos de agosto se desarrollan en el círculo del poder político y reflejan el oportunismo, la hipocresía, la ambición y el cinismo que predominaban en la nueva clase gobernante (Sommers, 16-18).


2.3. Síntesis

El relato memorístico de Los relámpagos de agosto inicia en 1928 en la ciudad ficticia de Vieyra, donde residía el General José Guadalupe Arroyo cuando el presidente electo lo invitó a la ciudad de México para integrarse en su gabinete como su secretario particular. En el tren rumbo a la capital, Arroyo reconoce a Macedonio Gálvez, un militar exiliado que le confiesa que viaja de incógnito, le pide discreción, se disculpa y ya no regresa; es por eso que cuando Arroyo se percata de la ausencia de su pistola de cacha de nácar, asume que Gálvez es el ladrón. A la mañana siguiente lo sorprende la noticia de la muerte repentina del presidente electo. En la ciudad de México, Arroyo se reúne con el General Trenza y asisten al velorio; la viuda le dice a Arroyo que su marido le heredó su reloj de oro, pero que por desgracia se lo habían robado y que ella sospechaba de Eulalio Pérez H. Arroyo se reúne con sus compañeros de armas que acuerdan convencer al presidente Vidal Sánchez para que nombre presidente interino al General Artajo, quien arreglaría las elecciones para que resultara electo como presidente el General Arroyo. Después del funeral Arroyo se pierde en el panteón de Dolores y ya era de noche cuando se topa con Pérez H. Le reclama el robo del reloj de oro del difunto, lo empuja a una fosa recién cavada y lo abandona en el fango gritando y pidiendo ayuda. Al día siguiente, la Cámara en sesión plenaria de emergencia nombra presidente interino a Eulalio Pérez H. Los desconcertados Generales deciden visitar al presidente Vidal Sánchez para felicitarlo; Arroyo no está de acuerdo y tampoco está dispuesto a disculparse con Pérez H. Cuando regresa a su hotel le entregan una nota y un bultito: la viuda de González le mandaba el reloj de su finado marido que había encontrado en una cómoda. Arroyo recibe un citatorio y se reúne con el presidente Vidal Sánchez quien le explica sus planes para consolidar un gobierno revolucionario y lo designa jefe de la zona militar de Vieyra para controlar a los cristeros. Pérez H. asume la presidencia interina y el nuevo Ministro de Guerra y Marina es Vidal Sánchez. Arroyo debe investigar el origen de propaganda católica y combatir a los cristeros pero es víctima de la improvisación y de las órdenes confusas de Vidal Sánchez. En marzo de 1929 el presidente Pérez H. convoca a elecciones y Juan Valdivia se postula como candidato del Partido Reivindicador de los Ideales Revolucionarios PRIR dirigido por el General Artajo. Vidal Sánchez convoca a todos los Generales y les comunica que les está prohibido pertenecer a cualquier partido político y poco después renuncia al Ministerio de Guerra y Marina porque planea unir todas las fuerzas políticas en un partido único, cuyo candidato a la presidencia sería Valdivia. El 23 de julio el candidato Valdivia decide cerrar la campaña en su mansión en Cuernavaca; una vez ahí reunidos, les avisan que hay tropas en la carretera, Valdivia intenta llamar por teléfono a los diplomáticos invitados al evento pero las líneas están cortadas. Cunde el pánico y los Generales discuten las posibles salidas; en medio de la confusión empiezan a llegar los invitados y repentinamente suena el timbre del teléfono. Todos recuperan la calma pero durante el evento huyen en secreto. Al día siguiente los periódicos publican que fueron aprehendidos los Generales que confabularon y se levantaron en armas en Cuernavaca. Afortunadamente escaparon de las garras de Vidal Sánchez. En cuanto llega a Vieyra, Arroyo se rebela contra el gobierno de Pérez H. y para financiar la campaña toma prisioneros al gobernador, al gerente del banco y a cuatro cosecheros; marcha hacia Apapátaro que se rinde sin resistencia. El 3 de agosto se une a sus filas la caballería de Odilón Rendón, y el 7 de agosto le informan de los movimientos de sus aliados y que Macedonio Gálvez se dirige a combatirlo; avanzan hacia Cuévano donde se reúnen con Valdivia, deciden tomar una frontera en el norte y envían a Arroyo y a Trenza. Acampan a quince kilómetros de Pacotas y deciden cargar con dinamita el carro “Zirahuén” y lanzarlo por la pendiente para que estalle en la estación; lo intentan dos veces sin resultados. Arroyo se instala en Santa Ana y se enfrenta a Gálvez pero la falta de refuerzos lo obliga a retirarse y se acuartela en Ciudad Rodríguez, donde lo derrota el General Begonia; en la retirada explota el “Zirahuén” y por la noche deserta la infantería. Trenza y el Camaleón huyen a Estados Unidos; Arroyo se enfrenta a la columna del Chato Argüelles con veinte hombres y dos metralletas y cuando se les acaba el parque se rinden. En Ciudad Rodríguez le forman consejo de guerra y lo condenan a muerte; Begonia le explica que eran órdenes expresas del presidente Pérez H. Poco antes del fusilamiento, Macedonio Gálvez lo visita en su celda y lo deja escapar como agradecimiento porque le regaló su pistola de cacha de nácar; Arroyo no lo desmiente en esas circunstancias y huye al exilio. Cuando Pérez H. y Vidal Sánchez fueron exiliados, Trenza, Arroyo y el Camaleón regresaron a México donde fueron recibidos como los héroes sobrevivientes de la Revolución del 29.





Capítulo 3: La ironía como artificio


Los relámpagos de agosto es una parodia de la novela de la Revolución mexicana en la que Jorge Ibargüengoitia reunió los rasgos característicos de la narrativa que aborda este tema, la personalidad de los protagonistas de la gesta revolucionaria y las crónicas de la historia; logró amalgamar estos elementos y creó al General Arroyo, artífice de una causa perdida, exponente de la idiosincrasia de su tiempo, víctima y victimario de la ironía del destino.

El tono irreverente, el estilo irónico y el humor crítico de la narrativa de Jorge Ibargüengoitia son ampliamente reconocidos, y en la actualidad es posible identificar diversos tonos en la gama de la ironía, como figura del pensamiento, utilizados por el autor. A partir de la década de los noventas, Helena Beristáin y Wayne C. Booth, entre otros, realizaron varios estudios e investigaciones sobre los matices y las formas que adopta la ironía. La finalidad que persigue el análisis de esta novela es detectar la ironía, sus formas y matices; se inicia con las definiciones de la parodia y la ironía, sus características y los actantes que en ella intervienen; los matices y formas de la ironía se identifican y ejemplifican en fragmentos seleccionados. En el capítulo final, Más allá del texto, se presentan los resultados del análisis.


3.1. Parodia e ironía. Definiciones y características

La parodia es una imitación graciosa de un tema o de un género que tradicionalmente ha sido abordado con seriedad, respeto o solemnidad. El efecto de la parodia se produce al introducir, en forma velada, un tono solemne en el discurso de un personaje cuyas expresiones o acciones no lo son. El contraste entre lo solemne y ridículo causa sorpresa pero también invita a la reflexión (Beristáin, 392). Si la parodia es una imitación irónica de un modelo o referente estilístico o genérico; luego entonces, la ironía es un elemento esencial de la parodia, del contraste que la produce; la ironía la aporta la ficción y el elemento solemne suele provenir del referente histórico o real.

La parodia en Los relámpagos de agosto fluye con la narración del General Arroyo, quien a los 74 años decide contar su versión de los sucesos de la Revolución del 29 para desmentir a sus calumniadores, por lo cual su relato es contrario a la versión difundida de los hechos. En la novela, la ironía surge en los contrastes en la narración del General Arroyo, porque cuando expone su versión de los hechos se expresa con seriedad para describir acontecimientos que resultan triviales. Esta peculiaridad es evidente cuando el General explica lo sucedido en el Casino de Vieyra:

“Volviendo al hilo de mi narración, diré pues, que festejé el nombramiento, aunque no con los desórdenes que después se me atribuyeron. Eso sí, la champaña ha sido siempre una de mis debilidades y no faltó en esa ocasión; pero si el diputado Solís balaceó al Coronel Medina fue por una cuestión de celos a la que yo soy ajeno, y si la señorita Eulalia Arozamena saltó por la ventana desnuda, no fue porque yo la empujara, que más bien estaba tratando de detenerla” (Ibargüengoitia, 13).

En este fragmento, la ironía surge en la incongruencia entre la premisa, que consiste en desmentir el escándalo causado por el festejo, y la conclusión, porque se infiere que fue una celebración disoluta y mundanal. La ironía surge cuando el General Arroyo inicia desmintiendo los desórdenes causados en el Casino de Vieyra y termina confirmándolos cuando se refiere al altercado entre sus acompañantes y a la accidentada exhibición de una mujer desnuda. El lenguaje del General Arroyo es sobrio, ceremonioso y resalta la seriedad con que relata el desenlace de la parranda: aplica los términos “diputado” y “Coronel” para referirse pomposamente a un par de borrachos rijosos, y menciona por su nombre y apellido a una “señorita” de dudosa reputación. Mayra Gisela Bottaro señala que la ironía implica una evaluación de todo aquello que está regulado, como lo es una sociedad con sus leyes, sus normas, usos y costumbres (Bottaro, 4), y como se aprecia en este fragmento, el General Arroyo y sus comparsas desacataron algunas reglas de conducta.

Respecto al referente real o histórico, Helena Beristáin establece que la ironía, como figura del pensamiento, es un metalogismo que rebasa el marco lingüístico y textual, porque la idea que presenta solo puede entenderse gracias al contexto, al conjunto de conocimientos y valores compartidos por un grupo social (Beristáin, 276). Es por eso que la ironía sólo ocurre durante una interacción entre la mente y el mundo, surge cuando el lector logra reconocer los valores del contexto aludidos en la narración; la dimensión extra textual de la ironía como figura del pensamiento puede apreciarse en el enlace entre la ficción y el referente real (contexto o implícito). La ironía no debe reducirse a un simple juego semántico de contrarios, porque que en ella, las ideas accesorias, como el conocimiento del contexto, suelen ser más importantes que las palabras que efectivamente se pronuncian (Bottaro, 3).

En esta novela de Jorge Ibargüengoitia, la solemnidad procede del contexto de la Revolución mexicana como referente histórico: sus héroes, sus conquistas sociales, sus instituciones, sus manifestaciones artísticas. Y la ironía surge en la ficción, de las contradicciones e incongruencias que en ella se producen. Por ejemplo, la novela inicia con el segundo triunfo electoral del General Marcos González, quien envía una carta al General Arroyo:

“Como te habrás enterado por los periódicos, gané las elecciones por una mayoría aplastante. Creo que eso es uno de los grandes triunfos de la Revolución. Como quien dice, estoy otra vez en el candelero.” (Ibargüengoitia, 12)

En este ejemplo, la ironía surge por la contradicción entre un segundo triunfo electoral y el lema de Revolución mexicana que sintetiza sus causas y sus ideales: “sufragio efectivo, no reelección”, el efecto que produce la ironía descansa sobre este implícito y se confirma cuando el presidente considera que su reelección es “uno de los grandes triunfos de la Revolución”. La interacción entre el mundo y la mente se produce cuando se identifica que la transgresión al ideal revolucionario se considera un logro.

Los efectos de la ironía se producen por una contradicción, porque las palabras transmiten algo distinto de aquello que pretenden dar a entender. Helena Beristáin define a la ironía como una figura retórica que modifica el orden lógico en las expresiones y presenta una idea bajo una perspectiva distinta de la que se deduce del texto (Beristáin, 214). Pablo García Dussán establece que la principal característica de la ironía es que la contradicción que encierra esta figura permanece oculta e incompleta hasta que una lectura exacta la revela y la complementa (García, 2).

Es así como la ironía constituye una figura intelectualizada que exige la participación activa del lector para decodificar las estructuras ausentes y reconstruir el sentido que subyace en el texto. Para detectar el verdadero sentido que la ironía oculta es preciso atender los indicios en el texto, como frases y enunciados entre paréntesis, entre comillas, en letra cursiva, etc. Un episodio de la novela donde la ironía se detecta gracias a los indicadores textuales es cuando Doña Cesarita, la esposa del dueño del banco de Vieyra, visita al General Arroyo, quien tomó prisioneros y pidió rescate para financiar los gastos de la Revolución:

“Ella se alzó el velo (porque traía sombrero y todo) y entonces me di cuenta de que quería tanto a su marido que estaba dispuesta a entregárseme con tal de que lo soltara. O, mejor dicho, quería tanto a su dinero. Me la quedé mirando y pensé para mis adentros: “esta mujer no vale seiscientos mil pesos en ningún lado”, pero no le dije nada.” (Ibargüengoitia, 75)

En este fragmento, la frase entre paréntesis denota la elegancia del atuendo de la esposa del banquero y la importancia que esta reunión tenía para ella, pues estaban en riesgo la vida de su marido y su patrimonio. En el siguiente enunciado, la reformulación de lo expresado anteriormente contribuye a enfatizar la idea de que la cuestión realmente importante es el dinero. Y en el último enunciado, la frase entrecomillada destaca la impresión que la mujer causó en el General Arroyo. La ironía que se detecta por los indicadores textuales es que la apariencia física de la mujer fue el factor determinante en esa entrevista, pues insinúa que una mujer bella bien valdría seiscientos mil pesos.

Otro fragmento en el que se detecta la ironía gracias a los indicadores textuales corresponde al encuentro del General Arroyo con el General Trenza después de la confusa, pero exitosa, ofensiva en Cuévano:

“Cuando él me vio, se levantó y me dijo:
--¡Lupe, hemos ganado una gran victoria!
--“Hemos” son mucha gente –le dije, y entonces le reclamé la mala organización de la batalla (…) Ni siquiera entró en contacto con el enemigo y si a este no se le ocurre retirarse de motu propio la batalla no hubiera sido ni la mitad de lo gloriosa que fue.” (Ibargüengoitia, 91)

La exclamación triunfal inicial contrasta con la palabra entrecomillada “hemos” que rebate el plural para indicar que el General Trenza no colaboró en la victoria de Cuévano. En el enunciado final, la letra cursiva “motu propio” enfatiza que la supuesta victoria se logró por la iniciativa propia del enemigo para retirarse en medio de la confusión.

Pero lo irónico no sólo se encuentra en el juego lingüístico de decir lo no dicho sino que también alcanza niveles de incongruencia como los que se producen entre lo esperado y lo que finalmente acontece, lo que se dice y lo que se hace, lo que se narra y el cómo está narrado (Cardona-Colom, 626). Douglas Muecke establece que en toda ironía se da una incongruencia básica entre lo que parece ser y lo que realmente es, entre lo que se cree que es la realidad y lo que ésta resulta ser (Cabrera, 8). La ironía que surge de una incongruencia entre lo esperado y lo que acontece puede detectarse al final del primer capítulo cuando muere súbitamente el presidente electo:

“Yo estaba rasurándome en el gabinete de caballeros, y tenía la cara enjabonada, cuando alguien pasó diciendo: “Se murió el viejo.” Yo no hice caso y seguí rasurándome, cuando entró el auditor con un periódico que decía: “MURIÓ EL GENERAL GONZÁLEZ DE APOPLEJÍA.” Y había un retrato de González, el mero mero, el héroe de mil batallas, el Presidente Electo, el Primer Mexicano… el que acababa de nombrarme su Secretario Particular.” (Ibargüengoitia, 16)

La ironía radica en el último enunciado, después de exaltar la grandeza del presidente electo como héroe y político, queda sin valor el nombramiento del General Arroyo como secretario particular de la presidencia de la República. El contraste en la última frase proyecta el giro inesperado del destino: los privilegios en el círculo del poder que ya se creían seguros se pierden repentinamente. Con la muerte del presidente electo desaparece mucho más que un prócer y un líder, se evaporan una promesa y un estilo de vida, lo que resulta más doloroso que la muerte de un compañero de lucha. Los indicadores textuales son las letras mayúsculas del titular de la noticia del periódico.

La incongruencia entre lo que se narra y cómo está narrado que da lugar a la ironía, aparece en el siguiente fragmento donde el General Arroyo desmiente que él haya propuesto rebelarse y tomar las armas para salir de la emboscada en Cuernavaca:

“Yo hablé entonces:
--Vamos a romper el sitio antes de que lo cierren—dije, y no “Cada uno a su puesto y a levantarnos en armas”, como afirma el Gordo Artajo en sus Memorias; pero si lo hubiera dicho, no me avergonzaría, ni las cosas hubieran sido diferentes.” (Ibargüengoitia, 66)

La ironía en este fragmento surge en el enunciado final, cuando la refutación queda sin sustento y se afirma que ninguna de las opciones posibles hubiera repercutido realmente en el curso de los acontecimientos. En el enunciado final se introducen la confusión y la posibilidad de que los hechos hubiesen ocurrido en forma distinta a la narrada, por lo que se entiende que, efectivamente, los hechos sucedieron como los describe la versión que se pretende desmentir. En este fragmento también aparecen los indicadores textuales de la ironía: la expresión entrecomillada pertenece a la versión que se contradice, y en letra cursiva aparece el nombre del texto que provoca el debate.


3.2. Actantes

Los estudios más recientes sobre la ironía establecen que uno de sus rasgos distintivos son los actantes que en ella intervienen (Beristáin, 283). Tanius Karam cita a Domenella para afirmar que existe una red actancial básica integrada por el emisor, a quien también se le denomina “cínico”; la víctima o el blanco de la agresión; y el receptor o lector, que participa en calidad de cómplice de la agresión o burla. Las interrelaciones que se establecen entre estos actantes ponen en juego distintos modos de narración (Karam, 3). Respecto a los actantes es preciso indicar que la distancia entre el autor y el protagonista es una de las condiciones indispensables para que surja la ironía. Sólo así, el escritor podrá establecer la doble visión necesaria para que su obra pueda ser reconstruida por el lector (Bottaro, 15).

En Los relámpagos de agosto, el autor, Jorge Ibargüengoitia, se distingue expresamente del protagonista, emisor o cínico, que es el General Arroyo quien denuncia los vicios y la corrupción en las más altas esferas de la política; las víctimas o el blanco de sus denuncias son el presidente Vidal Sánchez, Germán Trenza, el Gordo Artajo y todos sus calumniadores; el receptor es el lector que interviene como cómplice del General Arroyo cuando interpreta la ironía y descubre el sentido verdadero de la narración. La red de actantes que propone Domenella se establece en este fragmento de la novela, donde es posible identificar a los participantes y apreciar la distancia entre el autor y el protagonista o emisor:

“Nunca me hubiera atrevido a escribir estas Memorias si no fuera porque he sido vilipendiado, vituperado y condenado al ostracismo, y menos a intitularlas Los relámpagos de agosto (título que me parece verdaderamente soez). El único responsable del libro y del título es Jorge Ibargüengoitia, un individuo que se dice escritor mexicano. Sirva, sin embargo, el cartapacio que esto prologa, para deshacer algunos malentendidos, confundir a algunos calumniadores, y poner los puntos sobre las íes sobre lo que piensan de mí los que hayan leído las Memorias del Gordo Artajo, las declaraciones que hizo al Heraldo de Nuevo León el malagradecido de Germán Trenza, y sobre todo, la Nefasta Leyenda que acerca de la Revolución del 29 tejió, con lo que se dice ahora muy mala leche, el desgraciado de Vidal Sánchez.” (Ibargüengoitia, 9)


3.3. Matices de la ironía

La ironía puede asumir varios matices dependiendo de su intención y su intensidad: puede presentarse como una burla fina, como una opinión disimulada, o como sarcasmo. Por ejemplo, si la intención es ridiculizar a la víctima, en la descripción se exageran y enfatizan sus defectos. Otro de los rasgos distintivos de la ironía es la extensión del campo semántico: otras figuras retóricas constan de una sola palabra o de una expresión que sólo es parte de un enunciado, pero la ironía se manifiesta en enunciados completos, en un complejo de varios enunciados o en una secuencia de escenas narradas (Ramírez, 7). Por eso, la ironía puede adoptar varias formas y cumplir diversas funciones; en Los relámpagos de agosto, la ironía adopta diversos matices: simulación, descripción burlona ó mimesis, meiosis; aparece en varias formas: dramática, situacional, estable ó inestable; y cumple las funciones desmitificadora y oposicional.

Cuando el emisor de la ironía sustituye un pensamiento y oculta su verdadera opinión para que el receptor la adivine, se adjudica a la ironía el nombre de simulación porque el emisor disfraza su opinión y generalmente finge, pero se logra comprender el verdadero sentido de la ironía por la evidencia semántica (Beristáin, 278). Un ejemplo de la ironía como simulación puede apreciarse en este fragmento de Los relámpagos de agosto, cuando el General Arroyo se refiere a la reputación de las otras viudas de González:

“Conviene hacer un paréntesis. La viuda de González a que me refiero, es la legítima. O mejor dicho, la reconocida oficialmente como legítima: Doña Soledad Espino de González y Joaquina Aldebarán de González, que también han sido consideradas como viudas del general González, pertenecen a otra clase social muy diferente.” (Ibargüengoitia, 20)

En este ejemplo, el General Arroyo disfraza su opinión respecto a las viudas ilegítimas del General González porque se refiere a ellas como a doñas con respeto simulado y falsa cortesía, pero el sentido oculto detrás de la simulación se detecta cuando se menciona que pertenecen a otra clase social.

La mimesis es la ironía que describe burlonamente el aspecto, el discurso,
la voz ó los gestos de alguien (Beristáin, 281). Por ejemplo, cuando el General Arroyo se refiere a Pérez H. en el funeral del presidente electo:

“Noté con repulsión que este último estaba allí cerca, a unos cuantos pasos de mí; con su ridícula calva, su bigote afeminado, su asquerosa papada y su cuerpo en forma de pera envuelto en un traje empapado.” (Ibargüengoitia, 28)

Esta descripción es una caricatura de un personaje a quien se desprecia, los
adjetivos son peyorativos que resaltan los defectos de Pérez H.: ridículo, afeminado y asqueroso; en este retrato se mencionan enfáticamente los rasgos de su aspecto: su calva, su papada y su cuerpo en forma de pera. Cuando la descripción burlona es cruel, la ironía se presenta como sarcasmo. También hay mimesis en este fragmento donde el General Arroyo se refiere al discurso de Vidal Sánchez en el funeral de Marcos González:

“Es aquel famoso que comienza: “Te nos vas de la vida, Director Preclaro…etc.” que es una de las piezas de oratoria más marrulleras que conozco (…) ¿Cómo es posible que haya dicho, además, “nos dejas en tinieblas”, cuando él bien sabía lo que tenía que hacer? ¿Y lo de “velaremos todos, como hermanos porque se respeten las Instituciones”? En ese momento ya había tomado la decisión de apuñalearnos por la espalda y convertir las Instituciones en el hazmerreir que son hasta la fecha.” (Ibargüengoitia, 27)

La descripción es burlona porque indica que el discurso es una pieza de oratoria que se reconoce porque se ha aplicado en el pasado en repetidas ocasiones, y es por eso que el General Arroyo repite de memoria el principio; también compara las expresiones enfáticas con los hechos puntualizando la falsedad del discurso. En las interrogaciones retóricas, el General Arroyo hace preguntas al lector, anticipando que entre ellos se produce una coincidencia de criterios, pero en realidad no se espera la respuesta y el cuestionamiento sirve para reafirmar lo que se dice.

Otro de los matices que asume la ironía como figura del pensamiento es la refutación, que consiste en tomar la opinión del adversario para ponerlo en evidencia; en la retórica clásica se conoce como impugnación y reproduce el punto de vista del adversario enfatizando sus errores (Beristáin, 282). El General Arroyo relata su conversación con el presidente Vidal Sánchez para evidenciar su falta de ética y su ambición por el poder, como se aprecia en este fragmento:

“Con el valor civil que siempre me ha caracterizado, le dije lo siguiente:
- Ese individuo no tiene energía bastante (con otras palabras) ni es simpático, ni tiene méritos en campaña. Nunca podrá hacer unas elecciones libres.
- ¿Pero quién quiere elecciones libres? – Textual.
Yo me escandalicé ante tanto descaro y le recordé los postulados sacrosantos de la Revolución. Él me contestó:
- ¿Sabes a dónde nos conducirían unas elecciones libres? Al triunfo del señor Obispo. Nosotros los revolucionarios verdaderos, los que sabemos lo que necesita este México tan querido, seguimos siendo una minoría. Necesitamos un gobierno revolucionario, no elecciones libres.” (Ibargüengoitia, 38)

En esta conversación se enfatiza la opinión del presidente Vidal Sánchez respecto a las elecciones libres como uno de los ideales revolucionarios. La ironía surge en la incongruencia entre lo que parece ser y lo que realmente es: un presidente elegido por el sufragio efectivo debería pugnar por fortalecer la democracia en ciernes; pero lo que realmente hace es un contubernio para conservar el poder. La refutación es la forma de la ironía más frecuente en esta novela de Jorge Ibargüengoitia, las conversaciones se reproducen en los momentos cruciales del relato.


3.4. Formas de la ironía

La ironía dramática se infiere cuando las acciones de los protagonistas son opuestas a la cordura, o son contrarias a lo que se espera de su carácter; también cuando no corresponden con lo que otros personajes piensan del protagonista (Beristáin, 282). En Los relámpagos de agosto, muchas de las acciones emprendidas por el General Arroyo en la Revolución del 29 fueron impulsivas y desmedidas; por ejemplo, el episodio del arresto de civiles por quienes pidió un rescate para financiar los gastos de guerra, donde la ironía dramática aparece con las consecuencias imprevistas:

“Decidimos (…) apresar a Don Virgilio Gómez Urquiza, el Gobernador del Estado, a Don Celestino Maguncia, que era gerente del Banco de Vieyra, y a cuatro de los miembros más fuertes de la Unión de Cosecheros y de exigirles seiscientos mil pesos de rescate, so pena de pasarlos por las armas, si esta cantidad no era encontrada transcurridas veinticuatro horas … (Ibargüengoitia, 74)

Los procedimientos del General Arroyo son irreflexivos y sus decisiones son atrevidas y temerarias, sin fundamento legal o militar. La ironía surge por las consecuencias de esas decisiones arbitrarias, cuando doña Cesarita de Maguncia, la esposa del gerente del banco de Vieyra visita al General:

“Cuando se dio cuenta de que no había esperanzas por ese lado, decidió hablarme con franqueza:
--Mire, general, yo sé que usted es un hombre de razón: comprenda que si mete en la cárcel a seis y les exige un rescate global, los familiares van a querer que pague el que parece más rico, que es mi marido. Pídales cien mil pesos a cada uno y amenaza con fusilar al que no pague y verá cómo mañana tiene el dinero.” (Ibargüengoitia, 75, 76)

La propuesta de doña Cesarita es realmente inesperada y esta situación es incongruente con la lógica, la justicia o el sentido común, porque uno de los afectados por las estrategias del General Arroyo le hace una propuesta ventajosa para ambas partes. La ironía dramática se confirma en el siguiente fragmento de este episodio:

“Me quedé espantado de lo inteligente que puede ser una mujer en cuestiones de dinero. Di las órdenes pertinentes para que se notificara a los deudos esta nueva modalidad. Entonces vino la segunda parte del negocio. Como nadie tenía efectivo, a Doña Cesarita, porque era la del Banco, le vendieron las tierras, casas y acciones al precio que a ella le dio la gana.” (Ibargüengoitia, 76)

La capitalización del arresto de su marido y los beneficios económicos que
obtuvo doña Cesarita son consecuencias imprevistas que enfatizan la incongruencia entre lo que se espera y lo que finalmente acontece.
La ironía dramática también se encuentra en la misión del Zirahuén, el destartalado carro comedor de ferrocarril cargado con dinamita y detonadores; la secuencia de los dos fragmentos siguientes la ejemplifica:

“Al llegar a la cima, detuvimos la locomotora, soltamos el vagón y lo empujamos a mano unos metros, hasta que comenzó a deslizarse cuesta abajo. Cuando lo vimos desaparecer en una curva, ya había tomado un impulso considerable.
Vimos el reloj y esperamos.
No pasó nada. No hubo ninguna explosión (…)
Y allí vamos, empujando al “Zirahuén”, bien asustados, a todo lo que daba la locomotora y cuesta abajo, además, con un quintal de dinamita en las narices (…)
El “Zirahuén”, nos dejó atrás y se fue a toda carrera.
Como el ruido de la máquina no nos dejaba oír, estábamos con la duda de si había habido explosión, o no. Por fin nos detuvimos (…) Él seguía empeñado en hacerle la lucha a su invento, pero yo ordené el regreso al campamento.” (Ibargüengoitia, 99-102)

“Íbamos por el camino de Tetela, cuando oímos por el rumbo del ferrocarril una terrible explosión (…) Al subir la loma ¡que vamos viendo el resplandor de un tren en llamas!
Cuando llegamos al lugar del siniestro, encontramos un gran desbarajuste.
El “Zirahuén”, que seguía cargado y al que Benítez le tenía tanto cariño que lo llevaba para todos lados, explotó. Nadie sabía por qué. Y con él explotaron dos carros de municiones que iban en el primer tren y además, toda la artillería y, por supuesto, todos sus ocupantes, incluyendo a Benítez, el inventor del “Zirahuén”, que tan valiosos servicios había prestado y que tan brillante futuro hubiera tenido de no haber estado de nuestra parte.
Lo terrible, no fue tanto haber perdido toda la artillería y las municiones, sino que la vía quedó obstruida para los otros dos trenes de la infantería. Ahora había que seguir la retirada a pie.” (Ibargüengoitia, 120, 121)

En el primer fragmento se describen los intentos fallidos para impulsar al Zirahuén, que según el plan, debería explotar en la estación fronteriza de Pacotas, poblado que se pretendía ocupar con las fuerzas del General Arroyo. La misión fracasa porque el Zirahuén se detiene antes de llegar a la estación. Posteriormente, cuando el ejército del General Arroyo debe retirarse, en el momento más inoportuno y sin razón aparente, explota el Zirahuén, complicando la retirada.

La ironía dramática en esta secuencia radica en la realización de sucesos imprevistos, ajenos a la voluntad, y se enfatiza cuando el General Arroyo se refiere al futuro promisorio que hubiera tenido Benítez, el inventor del Zirahuén, si no se hubiese unido a la rebelión.

En la ironía de situación, el autor no opina o aparenta no opinar; tampoco pretende notar la ironía y menos aún crearla. Todo parece quedar en manos del protagonista, dueño de sus secretos y arquitecto de su destino, y en las posibilidades de percepción del receptor para quien el autor ha dejado dispersos, a lo largo de la obra, una serie de claves e indicios (Cabrera, 8). Uno de los casos de la ironía situacional se produce en dos tiempos, después del funeral cuando el General Arroyo se encuentra con Pérez H., a quien considera un ladrón porque así lo sospechaba la viuda de González:

“Con un rápido movimiento de mis músculos bien ejercitados, empujé a mi acompañante al agujero. Y él, que toda su vida fue un abogadillo y tenía un cuerpo fláccido, se precipitó con un chapoteo en el fango asqueroso (…) Yo me alejé a tientas, sin hacer caso de Pérez H. que gritaba estúpidamente:
--Lupe, ayúdame… ¿Por qué me empujas?... ¿Qué te traes desgraciado?... etc. –con insultos que iban subiendo de tono. Lo hubiera matado de haber tenido con qué.
Ése fue el segundo mandoble que me asestó la Fortuna, porque al día siguiente, la Cámara, en sesión plenaria de emergencia, nombró Presidente Interino a Pérez H.” (Ibargüengoitia, 29)

“En el Hotel Cosmopolita me esperaba otro trago amarguísimo.
Cuando llegué a la administración a pedir la llave de mi cuarto, el encargado me entregó un sobre de luto y un bultito envuelto en papel estraza. Abrí el sobre y saqué de él una nota que decía, con letra femenina:
Estimado Don Lupe:
Aquí le mando el reloj del Finado. Lo encontré en uno de los cajones de la cómoda grande. No sé por qué lo metí allí. Salude a Matilde de mi parte.
Soledad E. de González” (Ibargüengoitia, 36)

En esta secuencia, la ironía se produce por los giros inesperados en el curso de los acontecimientos, por la incongruencia entre una intención y un resultado, o el desencaje entre un efecto y aquello que racional o moralmente cabía esperar. El General Arroyo está convencido de que Pérez H. es un ladrón y le juega una broma pesada; la ironía reside en que el presunto ladrón es nombrado presidente interino y se reafirma cuando la viuda admite que sus sospechas eran infundadas.

La ironía estable y la inestable son el resultado de la interpretación del texto y se vinculan con la capacidad de persuasión y argumentación. La ironía estable tiene su origen en la intención del autor, que se oculta detrás del sentido literal y exige una interpretación semántica (Vargas, 38). La ironía inestable remite a una época, a una convención literaria, a un tema ó a un género (Rojas, 6). En esta novela, la ironía aparece en ambas formas: como ironía estable porque la intención del autor se oculta en el sentido literal y el lector debe detectarla a través de los indicios en la narración, como sucede en este fragmento:

“(…) entró el teniente Casado, que era nuestro jefe de transmisiones.
--Hay un telegrama de Estación Azuela, mi general—le dijo a Trenza. Y le entregó el papel en donde estaba escrito lo siguiente:
Pasó tren rumbo norte sin identificarse,
Dávalos.
—Ordene que lo detengan en la Noria—dijo Germán sin darle mayor importancia. Luego se volvió a nosotros y nos dijo--: mañana veremos qué se decide, porque hoy estamos de mal humor.
Y se levantó y se fue a refocilar con la Camila, que no se le separaba. Los demás, nos fuimos a dormir.” (Ibargüengoitia, 103)

En este fragmento, la ironía radica en la realización de acciones contrarias a la lógica, pero el sentido de la ironía también apunta hacia la desorganización de la lucha armada, a la improvisación de las estrategias militares, a la ausencia de disciplina castrense entre los Generales revolucionarios y la toma irreflexiva de decisiones, basadas en el estado de ánimo y no en el sentido común.

La ironía inestable en la novela de Jorge Ibargüengoitia evoca a la novela de la Revolución mexicana porque la narración presenta algunos de los rasgos distintivos de esta temática y remite a las postrimerías de la gesta revolucionaria, cuando termina la época de los caudillos, como lo ejemplifican los siguientes fragmentos:

“(Conviene advertir que todo esto sucedió en el año de 28 y en una ciudad que, para no entrar en averiguatas, llamaré Vieyra) … ¿Por qué de entre tantos generales que habíamos entonces en el Ejército Nacional había González de escogerme a mí para Secretario Particular? Muy sencillo, por mis méritos, como dije antes, y además me debía dos favores. El primero era que cuando perdimos la batalla de Santa Fe, fue por culpa suya, de González …” (Ibargüengoitia, 11,12)

“Cuando deportaron a Vidal Sánchez y a Pérez H., los supervivientes de la Revolución del 29, es decir, Trenza, el Camaleón y yo, regresamos a México como héroes.” (Ibargüengoitia, 129)

En estos ejemplos se aprecian los tintes autobiográficos, el carácter testimonial de la narración y la objetividad en la descripción; también se ubica la narración en una época específica cuando los Generales del ejército dirigían el gobierno del país y predominaban en el círculo del poder político; el relato inicia en 1928 y en 1929 se produce el desenlace de la Revolución.


3.5. Finalidad y funciones de la ironía

La finalidad de la ironía y sus funciones se establecen en estudios recientes que destacan la naturaleza de la ironía como una reacción ante el mundo, y de ahí se deriva que su finalidad es denunciar, refutar, agredir, señalar (Beristáin, 283).

Las funciones de la ironía varían de acuerdo con la intensidad de la denuncia y la posición del denunciante. En la novela de Jorge Ibargüengoitia la ironía es oposicional porque el emisor, el General Arroyo no concuerda ni acepta las formas, prácticas y actitudes que prevalecían en el círculo del poder político, y cumple la función desmitificadora porque critica al grupo que ostenta el poder político y describe las debilidades del carácter de sus correligionarios. La ironía proyecta una imagen de los caudillos revolucionarios ajena a los personajes idealizados y a los próceres de la historia. Los presenta como un producto de las circunstancias, como militares improvisados que logran ascender en una precaria estructura jerárquica, hombres ordinarios con malos hábitos y peores costumbres, como se aprecia en los siguientes fragmentos:

“Quiero hacer un paréntesis para justificar esta actitud que me valió tantos vituperios: la primera consideración que tenemos que hacer es la Patria; la Patria estaba en manos de un torvo asesino: Vidal Sánchez, y de un vulgar ratero, Pérez H.; había que liberarla.” (Ibargüengoitia, 74)

La ironía en este fragmento es desmitificadora cuando el General Arroyo se refiere al presidente Vidal Sánchez como un torvo asesino y al interino Pérez H. como un vulgar ratero, y es oposicional porque la ironía surge como una reacción contra los gobernantes, cuya conducta se encuentra en franca contradicción con el excelso concepto de la patria que exige lo mejor de sus ciudadanos.

“(…) vi, con horror, que el Presidente de la República (Vidal Sánchez, que aunque era un torvo asesino, no por eso dejaba de tener la dignidad que le otorgaba la Constitución) se dirigía al lugar donde estaba el ratero Pérez H. (…) Volví la cabeza, tratando de dirigir mis miradas a un lugar menos impuro y descubrí a Baltasar Mendieta guardando en su bolsa una figurilla de porcelana.” (Ibargüengoitia, 21)

En este fragmento, durante el velorio del General González cuando el General Arroyo sorprende casualmente a uno de sus correligionarios robando una figurita de porcelana, la ironía desmitifica a los revolucionarios porque el General Arroyo describe tanto a sus compañeros como a sus adversarios como gente ordinaria con vicios y defectos.

Los componentes lingüísticos de la ironía alteran el orden lógico de las expresiones y producen la inversión semántica de la contradicción o antífrasis (Beristáin, 283). Es por eso que el sentido verdadero de la ironía surge cuando se expresa en la idea opuesta o contraria que se pretende desmentir. Un claro ejemplo es esta aseveración del General Arroyo:

“Nos abrazamos para sellar el pacto; pero yo no estaba borracho, como insinuó Artajo en sus Memorias.” (Ibargüengoitia, 49)

“Decidimos mis comandantes y yo, y no yo, “…con el despotismo que siempre me caracterizó”, como insinuó Cenón Hurtado durante el Consejo de Guerra que se me formó, más tarde (…)” (Ibargüengoitia, 74)

En estos ejemplos, la ironía se oculta detrás de las expresiones que desmienten las versiones de Artajo y Hurtado, respectivamente. La contradicción entre un enunciado y la realidad está subordinada a la acción de descalificar a alguien en su competencia para emitir juicios sobre la realidad. Mayra Gisela Bottaro establece que cuando un personaje no calificado para emitir juicios de valor, valora algo como negativo, entonces éste es positivo (Bottaro, 5).




Más allá del texto

En los veinte capítulos de Los relámpagos de agosto, Jorge Ibargüengoitia recurre a la ironía como la figura del pensamiento y como la estrategia que le permite expresar las incoherencias de la condición humana y utiliza los diversos matices de la ironía para abordar un tema sobrio y adusto que remonta a un periodo convulso y dramático de la historia nacional.

Cuando el General Arroyo describe la personalidad de sus adversarios y las peculiaridades en el carácter de sus correligionarios, el autor recurre a la caricatura y al sarcasmo para proyectar una imagen de los caudillos revolucionarios opuesta al retrato idealizado de estos personajes. En los episodios donde aparece la ironía como refutación, se expone el pensamiento de los personajes antagonistas como evidencia de la distorsión de los ideales revolucionarios; el episodio que ejemplifica este matiz de la ironía es el que reproduce la conversación entre el General Arroyo y el presidente Vidal Sánchez respecto a las elecciones libres, donde se enfatizan las discrepancias entre los personajes.

Desde la perspectiva del narrador, los caudillos revolucionarios son hombres ordinarios, vulnerables, con vicios y defectos. En los capítulos finales, cuando las fuerzas del General Arroyo y sus aliados deben enfrentar al ejército federal, la Revolución del 29 se presenta como una secuencia de confrontaciones desorganizadas y la consecuencia de decisiones impulsivas y arbitrarias. Es así como la ironía en esta novela desmitifica a los héroes revolucionarios y asume el sentido crítico que caracteriza a la novela de la Revolución mexicana.

La ironía dramática se realiza en esta novela con:

Los giros inesperados del destino, como el fallecimiento del presidente electo González y el nombramiento de Pérez H. como presidente interino.

En los sucesos imprevistos e imprevisibles, como la fracasada misión del Zirahuén en la estación Pacotas y su inoportuna explosión.

En las incongruencias en el proceder de los personajes y la vertiente de sus efectos deriva en el desenlace de la novela; por ejemplo, la decisión del General Arroyo de refugiarse en Ciudad Rodríguez, una posición estratégicamente vulnerable.

La ironía situacional establece el distanciamiento entre el autor y el protagonista, lo que permite identificarlos como actantes diferentes, lo que es posible cuando el narrador, el General Arroyo considera que soez el título de la novela, Los relámpagos de agosto, y lo atribuye a Jorge Ibargüengoitia, quien se dice escritor.

En los relámpagos de agosto, los diversos contrastes y contradicciones en la ironía realizan una función crítica cuando evidencian el proceder y las actitudes predominantes en la esfera política del siglo XX y abordan con irreverencia el tema de la Revolución mexicana, que anteriormente se había desarrollado con respeto y solemnidad, un ejemplo es el lenguaje sencillo y coloquial del narrador cuando relata las discusiones entre los Generales antes de sepultar al presidente electo, y cuando describe las maniobras militares en Cuévano y Apapátaro.

En esta novela, la ironía constituye una reacción ante el mundo y el cuestionamiento de los códigos de poder institucionalizados y legitimados en los ámbitos político, histórico y social. Los efectos de la ironía en esta novela se producen cuando Jorge Ibargüengoitia muestra una situación paródica, incongruente y proyecta una perspectiva desde la cual la historia es percibida como una extensa ironía, pletórica de las paradojas de la condición humana.




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Epidemia global

En algún lugar de la globalidad, entre las barras intangibles de códigos binarios, deambulan los espectros de una ideología compulsiva; los estragos de un dogma insulso se materializan en la angustia cotidiana, y las secuelas de los fatuos excesos perturban el porvenir…

La crisis financiera en EUA amenaza propagarse a todas las economías del mundo con la velocidad de un virus mutante y corrosivo; pero la pandemia global en el reino del mercado también es la consecuencia de una peste vaporosa que infectó la sensatez y distorsionó los valores éticos. La propagación fue incontenible porque el virus pulula en un entorno donde predomina la falacia y circula vertiginosamente a través de imágenes.

En pocos días se materializaron las críticas que se desestimaron en su momento, y ahora, las economías padecen los excesos de la fluidez irrestricta de las leyes del mercado. Pero la debacle del liberalismo globalizado apenas inicia porque la crisis virtual del sector financiero e inmobiliario se ha trasladado al entorno de la economía real.

El virus que catalizó esta peste globalizada se incubó en el modelo económico estadounidense, sustentado únicamente en volúmenes exorbitantes de producción y en el consumo exacerbado, y las secuelas irreversibles fueron el endeudamiento desmesurado y la insolvencia generalizada. La salud en las finanzas públicas y privadas se dificulta porque las mutaciones de los mercados superaron la evolución de las leyes que alguna vez intentaron regularlos.

Una recesión aguda en el 2009 es el barrunto generalizado y la evidencia del paroxismo en el reino del mercado es la cauta divulgación de un mensaje contrario al dogma predominante, y ahora ante la crisis se aconseja no adquirir lo superfluo, no comprar lo innecesario, no sucumbir en la fiebre de las compras compulsivas. La crisis del modelo de mercado se ha manifestado en el desmoronamiento de la idiosincrasia del consumo, y en el mundo concreto y cotidiano ya pocas cosas cuestan realmente lo que valen.

Pero la decadencia del paradigma instituido por la ética del lucro implica un quebranto más profundo que la insolvencia económica; implica un abrupto reajuste en los estereotipos vigentes, y la erradicación de: compulsiones y adicciones, de un estilo de vida y de una forma de percibir el mundo.

La actitud propagada entre los habitantes de la aldea global entronizó al mercado como única constante universal, y la alienación al modelo se lograba a través del consumo como el eje de la actividad económica y como el criterio para definir el éxito en el entorno social. La tecnología es la quimera posmoderna que invadió todas las manifestaciones de la conciencia humana y es el eslabón que encadenó a los consumidores y los sometió al corporativismo mercantil.

Aún en el umbral de la crisis, los modelos de excelencia en el reino del mercado sugerían una vida enfocada al consumo como placer; la prosperidad equivalía a la acumulación de propiedades y el éxito implicaba ostentación.
Por las características del entorno, surgió un padecimiento crónico y agudo entre los súbditos del reino del mercado: el síndrome de la globalidad, que se adquiere por la adicción al trabajo, a través del manejo institucional del stress, por contagio de la neurosis colectiva y por la dispersión masiva de la ansiedad ante una eminente pérdida del empleo. El síndrome se agudiza cuando se asimila la consigna de que es sano vivir con cierto nivel de tensión y que la única realización personal surge por la eficiencia operacional.

La manifestación más frecuente del síndrome es la angustia, socialmente compartida, de vivir en la cartera vencida del Buró de Crédito; las deudas contraídas provocan un estrés de alta intensidad, y ante la imposibilidad de pagar una deuda que crece diariamente y por las amenazas de embargo, aparece un círculo vicioso que inicia con el insomnio, lo que provoca crisis nerviosas, que derivan en una depresión, que alimenta a un monstruo invisible que devora la tranquilidad.

Ahora, el orden global se transforma minuto a minuto, la idiosincrasia mercantilista se desvanece por la crisis financiera, y la decadencia de los paradigmas de la globalización liberal agrava la atribulada salud mental de los consumidores cautivos del mercado. El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, declaró que "los riesgos que amenazan al entorno económico global son los más graves y difíciles de la memoria reciente”.

La amenaza se cierne sobre todos, porque las grandes rupturas se han producido cuando los dogmas intangibles no resisten el rigor de la realidad concreta; los grandes relatos han sucumbido al ras de la tierra por las contradicciones de la condición humana. Hoy por hoy, cuando el reino del mercado se reconfigura, ante la decadencia de una ideología hueca y compulsiva, para combatir la plaga del crédito que asola regiones enteras, el único remedio sensato consiste en invertir las prioridades y otorgar un justo valor al patrimonio intangible, en conservar intacto el legado íntimo, imposible de cuantificar, y de embargar.

El único alivio para los estertores financieros consiste en generalizar la confianza, pero la agonía del estereotipo global debería preceder a una nueva actitud; será necesario reubicar al individuo en el centro de la percepción social, recuperar la felicidad como un derecho inalienable y ejercer en forma masiva la templanza, la compasión y empatía para resarcir… los estragos del dogma insulso materializado en la angustia cotidiana, y para cauterizar las secuelas de los fatuos excesos que perturbaron el porvenir…

domingo, octubre 05, 2008

1968: Sombras sobre luces en la clara oscuridad

“Nuestra generación no se lamentará tanto
de los crímenes de los malvados,
como del estremecedor silencio de los cobardes"
Martin Luther King

En algún lugar del espacio habitable, donde todos los tiempos coexisten en igualdad de circunstancias, y durante todos los días vividos y por vivir, se realiza una labor inexorable; y justamente ahí, se construye una dimensión con todos los relatos posibles…

La actualidad es un lugar perenne donde los verbos se conjugan en infinitivo; es el desenlace de todos los relatos y, a la vez, el prólogo de todas las crónicas; es un entorno aromatizado por la esencia humana de los recuerdos.

Dicen los que saben, que el universo no está constituido por átomos sino por relatos, que la historia es la obra de un frío cronista que no tiene tiempo para ser justo, y que por eso, sólo inmortaliza los resultados, los avatares y las epopeyas. Según el canon de la condición humana, el pasado es lo que realmente ocurrió, y la historia es algo que jamás sucedió, escrito por alguien que no estaba allí, y es por eso que la versión oficial de la historia es una encomienda de los vencedores, cumplida cabalmente por una legión de esbirros que arrastran el lápiz sin ética ni compasión alguna. Y así, en la historia siempre existen varias versiones, y en el mismo plano de la realidad coexisten interpretaciones diferentes.


Durante el periodo del “Desarrollo Estabilizador” en la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, la versión oficial que se difundió a los cuatro vientos definía al movimiento estudiantil de 1968 como una conspiración del comunismo internacional para derrocar al gobierno; mientras tanto, en las prensas clandestinas se consignaba la violenta represión del régimen sobre la población civil.

Porque en la dimensión inmarcesible de la memoria cohabitan versiones diferentes de la realidad; la versión de los vencedores sólo es vigente durante el dominio emanado de la victoria, porque al margen de la versión oficial de la historia, acosando a las falacias oficiosas, circulan las vivencias de los protagonistas, los testimonios de los testigos se expanden desafiando a la clandestinidad, y en el ocaso del criterio dominante, logran emerger a la opinión pública para reconstruir un lapso de la memoria colectiva, iluminando una oscura claridad.

Así se explica, que durante muchos años permanecieran fuera del espectro de la luz pública los testimonios auténticos de la masacre de la noche del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Los excesos del Presidencialismo Institucionalizado censuraron cualquier versión de los hechos que fuese contraria a las declaraciones oficiales. Los detalles, los lugares, nombres y apellidos de todos los involucrados emergieron a la superficie cuando se inició el declive del Priato.

Hoy por hoy, cuando el presidencialismo es una pálida sombra de la Dictadura Perfecta, en el régimen del desencanto y con el poder fragmentado, se divulgan los pormenores del movimiento estudiantil de 1968, hasta el hartazgo.

Ahora todos saben, porque lo leyeron o les contaron, que hace 40 años, el 2 de octubre fue un miércoles lluvioso y que Jacobo Zabludovsky inició la emisión nocturna del noticiero diciendo “Hoy fue un día soleado”. Ahora todos hablan de algo que vivió en carne propia el vecino de la novia del compañero del pariente de fulano, y repentinamente recuperaron la memoria aquellos que por casualidad atestiguaron algún incidente en aquellos días.

La colindancia entre versiones antagónicas de la realidad es un fenómeno más frecuente de lo que parece, y no es una situación exclusiva de los regímenes totalitarios. Vgrs: en el reciente Informe de Felipe Calderón, las grotescas evidencias del clima de inseguridad que asola al país son el resultado de la exitosa cruzada anticrimen emprendida por el gobierno federal; y en lógica secuencia, obedeciendo al criterio presidencial, deslizándose sobre una ola creciente de violencia, - en la víspera se cometieron 24 asesinatos - Guadalupe Osuna afirmó en su primer informe que se avanza con solidez en la lucha contra la delincuencia: “por la respuesta violenta de los grupos criminales pareciera a veces que estamos perdiendo la batalla, pero nada más falso”. Estas contradicciones cohabitan en el ámbito social, donde se construye la historia, porque existe la posibilidad de interpretar los hechos desde perspectivas diferentes.

Pero la crueldad de las ironías se agudiza en el escenario de la historia: la masacre del 68 abandonó el cajón de los olvidos institucionalizados, y cayó en el dominio de una izquierda radicalizada que expropió los derechos del autor; aquel ideario fue víctima del oportunismo político y padeció los estragos de la cooptación de los disidentes y su asimilación por el aparato gubernamental. El acento cáustico de la ironía histórica recae en la pseudo-izquierda que se proclama heredera del pensamiento liberal del 68, porque aglutina a tropecientos opositores recalcitrantes y advenedizos, pero también a quienes giraban los engranes del mecanismo represor del Priato.

Vgrs: Porfirio Muñoz Ledo, ahora militante del PRD que hoy condena la represión en el autoritarismo totalitario, fue el priísta y el ferviente defensor de los sacrosantos postulados de la Revolución Institucionalizada que en 1968 pasó a la historia por la autoría de estas líneas del discurso presidencial: “nuestro partido ha perdurado y ha acrecentado su poder porque ha triunfado en su propósito de conservar la legitimidad constitucional, la legitimidad histórica y la legitimidad popular de los gobiernos de la Revolución Mexicana”.

Entre ironías y parodias, entre superlativos y antónimos, se distorsiona el movimiento del 68; por una metamorfosis irreversible ha devenido en una amalgama donde se confunden las memorias auténticas, las disidencias deglutidas por el poder, la impotencia de los silencios, las críticas de los indiferentes, la opacidad de los cobardes, la demagogia sin pudor, las ofensas de los provocadores y los reclamos contra la impunidad.

Y así, cuarenta años después, las convicciones de una generación de mexicanos que querían vivir en una sociedad más abierta, más libre y tolerante, las voces que se opusieron a los prejuicios, al conservadurismo y a la rigidez, se desintegran en protestas callejeras trastornadas por el vandalismo de porros infiltrados. La conmemoración de la masacre es el pretexto de los políticos para bañarse de pueblo, es el motivo de los opositores para refrendar su radicalismo, la oportunidad de los obtusos para esparcir moralina, pero es también la expresión de un relato que aún lucha por ser contado.

La crónica de aquella juventud que se atrevió a soñar con un mundo mejor será un relato sordo, sin ecos, en el auditorio cautivo de una generación adoctrinada en el mercado y adicta al consumo; no existen ya, coincidencias posibles, la Liturgia de la Protesta y la Fenomenología del Relajo son curiosidades inofensivas en un entorno donde prolifera la indiferencia como una manifestación sofisticada de la crueldad.

Ricoeur aconsejaba repetir la memoria y el dolor de recordar lo inolvidable para suturar las heridas que impiden olvidar. Yo? … Pues he resistido hasta lo humanamente posible, he buscado y sigo buscando “la razón de tanta falsedad”, pero le confieso que no tengo la neta del planeta, y que no he encontrado rosas en el mar. Aún me aguarda el proyecto de aquellos “pasos sin destino por cuarenta mil caminos”, todavía padezco de una incurable lluvia en el alma y arde una llama crónica en mis entrañas, porque “esas son las cosas que me hacen olvidar este mundo absurdo que no sabe a dónde va”.

Y me consuela saber que existe un lugar para mi versión personalísima del pasado, para el erigir mi verdad en “el color de un tiempo abierto” junto a “mil silencios y un olvido”, donde los “acordes son disonantes”… en esa dimensión inconmensurable que se construye con todos los relatos posibles…

miércoles, octubre 01, 2008

Guerra sin cuartel

En algún lugar del paisaje urbano que envolvió mi infancia, se libró una batalla subrepticia entre dos paradigmas antagónicos que pretendían invadir una de las grietas de mi percepción…

Nací durante la Guerra Fría en la Ciudad de México, y como ciudadana del bloque occidental del planeta, estuve expuesta a la divulgación mediática de los estigmas de la posguerra. La gran mayoría de los programas en televisión explotaban un argumento similar en el que los nazis y los comunistas eran personajes fríos, malévolos y desquiciados; los héroes eran, invariablemente, valientes soldados de los países aliados, y los judíos, las víctimas por antonomasia.

Sí!... La versión oficial de la historia que escribieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial impregnó el entorno de mi infancia, y por eso, los únicos rasgos de la cultura alemana que conocía en ese entonces fueron su lenguaje y su disciplina. La cultura de masas diseminó un código estigmatizante contra el nazismo y el comunismo en la década de los 60`s, pero simultáneamente, en otro frente, la versión de los vencidos se esparcía sigilosa, materializándose en los objetos que se incorporaron a mi rutina diaria, y que con el paso de los años adquirieron el tono sepia de mis nostalgias.

Desde trincheras opuestas y avanzando sobre terrenos diferentes, la ideología del mundo libre y el producto tangible de la determinación de un pueblo sometido luchaban por capturar mi atención. El criterio hegemónico occidental invadía el aire respirable, pletórico de mensajes codificados que agredían mi idiosincrasia; mientras tanto, el ingenio de las huestes dominadas se escabullía en el territorio neutral e inofensivo de la cotidianidad.

Confrontando a la retórica furibunda de un dictador ridiculizado en los dibujos animados (1) estaba el sonido de los organillos (2). Esas cajas de música ambulantes que me provocaban sensaciones agridulces cuando inundaban el mercado de la colonia con notas y tonos engarzados. Llegaron a México hace más de un siglo, en los tiempos de Don Porfirio, y aún funcionan en el Centro Histórico del Distrito Federal. El sonido de los organilleros se instaló en el ambiente capitalino y su presencia cotidiana en la estampa citadina se inmortalizó en la filmografía de los hermanos Rodríguez y en el legado visual de Luis Buñuel.

Muchas de las tardes de mi infancia transcurrieron ante un oxímoron galopante, porque recibía mis dosis diarias de adoctrinamiento capitalista a través de la pantalla de un televisor marca Telefunken (3). Años después, otros sonidos evocarían la existencia de una nación vencida y condenada al silencio, y fueron las notas inciertas de mi primer instrumento musical: una flauta dulce marca Honher (4). Nunca descifré los misterios de la flauta dulce, pero su resina resistió estoicamente tres años de desaires, maltratos y descuidos.

Una de mis nostalgias favoritas es mi primer automóvil, un Volkswagen sedán (5) modelo 1975 color azul plumbago, y ahora en retrospectiva, puedo afirmar que el vochito era el único vehículo a prueba de jóvenes; un dicho popular afirma que sus refacciones se podían conseguir hasta en las farmacias. Y hablando de reparaciones, mi madre sufría constantemente de migraña, y por eso, en un cajón de la cocina siempre había Cafiaspirina (6).

No… nunca estuve consciente de aquel enfrentamiento entre los prejuicios contra los nazis y la utilidad de los productos alemanes, porque ésa, como todas las maniobras para condicionar el inconsciente colectivo, fue una campaña tenue, paulatina e imperceptible (7). Transcurrieron muchos años antes de que yo pudiera reconocer la persuasión masiva en que estuve inmersa. Y sólo ahora, cuando exploraba las relaciones entre México y Alemania pude detectar los efectos de aquella guerra sin cuartel.

Nunca he tenido contacto directo con alemanes, y para no viciar este ensayo, realicé una encuesta en la ciudad donde vivo (8). Al analizar los resultados las cifras perdieron su frialdad: el 64% de los encuestados no conoce Alemania ni tiene amigos de origen alemán; el 24% de los entrevistados sí tiene amigos alemanes o ha visitado Alemania en alguna ocasión, y la opinión que tienen de los alemanes es el resultado del contacto directo con ellos; el 12% expresó que rechaza las generalizaciones y los estereotipos.

En cuanto a la imagen, el 40% indicó que los alemanes tienen carácter fuerte, que son formales y serios; el 24% consideró que son disciplinados y metódicos; el 17% opinó que son emprendedores y tenaces; para el 13% son inteligentes y cultos; son rudos y aguerridos para el 12% y el 4% piensa que son racistas.

El concepto que los encuestados se han formado de los alemanes es el resultado de: la imagen difundida en cine y televisión (49%), de la información en libros y cursos de historia (29%), del contacto personal con ciudadanos alemanes (14%), de la experiencia adquirida en viajes (8%).

El 35% de los entrevistados identifica al pueblo alemán por la selección nacional de futbol; de este porcentaje, la gran mayoría mencionó la frase atribuida a Michel Platiní que describe al soccer como un deporte que practican once jugadores y que siempre gana Alemania. El 22% identifica a los alemanes por sus automóviles, el 18% por su cerveza, el 15% por sus salchichas, el 10% por sus castillos.

También, se solicitó a los entrevistados que mencionaran tres sucesos acontecidos en Alemania: el 43% mencionó las Guerras Mundiales y/o el holocausto; el 34% mencionó la caída del Muro de Berlín y el 23% la Copa Mundial de Futbol Alemania 2006. Se realizó el mismo ejercicio con personajes célebres: el 34% mencionó a Adolfo Hitler, el 25% a Ludwig van Beethoven, el 24% al Papa Benedicto XVI Joseph Ratzinger, el 6% a Albert Einstein, el 4% a Oliver Kahn, el 4% a Michael Ballack, el 2% a Goethe, y el 1% a Franz Beckenbauer.

Las observaciones más frecuentes durante la realización de la encuesta fueron de índole afectivo: quienes tienen amigos alemanes o han viajado a Alemania, evitaron mencionar a Hitler, al holocausto, o las Guerras Mundiales. Quienes admiran a los alemanes, mencionaron a personajes y sucesos de la actualidad como el Festival de la Cerveza Octoberfest, o la Feria de la Navidad Christkindeslmarkt, que conocen por internet o documentales transmitidos por televisión.

Por los resultados de la investigación realizada se infiere que ningún criterio infundado resiste la vertiginosa circulación de datos, imágenes y sonidos, porque a diferencia de la cultura de masas que predominó durante mi infancia, ahora es el receptor quien decide el contenido y elige la fuente de la información. El contacto entre los pueblos, ya sea físico o virtual, es un poderoso antídoto contra los prejuicios y los estereotipos.

Yo?… Afortunadamente, salí ilesa de aquella contienda entre las ideas y las cosas de mi infancia porque la imagen que tengo del pueblo alemán surgió de la calidad de sus productos y esquivó las caricaturas denigrantes. La inteligencia y el ingenio materializados en objetos fue más contundente que los dogmas idiotizantes de Hollywood, y es hasta hoy, la expresión vital de la templanza de un pueblo para revertir la fatalidad de su destino.

Y… ¡sí!... adivinó: tengo un VW Jetta, tomo Cafispirina, y me encantan los futbolistas alemanes!

Auf Wiedersehen!!

(1) Los dibujos animados de Warner Brothers, Looney Tunes y Merrie Melodies, el monopolio de la diversión infantil en la época de la posguerra, fueron el vehículo para la divulgación de la ideología occidental que proyectó el estigma social contra el nazismo ridiculizando a Adolfo Hitler. Un puñado de cortometrajes de los Looney Tunes que datan de la Segunda Guerra Mundial, e incluso antes, se encuentran hoy descontinuados por la Warner Bros. debido a que contienen fuertes estereotipos raciales de alemanes, italianos, japoneses y judíos. En total son 11 las caricaturas descontinuadas desde 1968. Este grupo de caricaturas se conoce como Censored Eleven.
http://es.wikipedia.org/wiki/Looney_Tunes

(2) Los organillos alemanes llegaron en 1884 por primera vez a México y se hicieron parte del folclore mexicano. Alegraban a la gente en los parques, en las plazas y en los restaurantes. Hoy los organilleros en sus uniformes marrón claro también están aprovechando los numerosos embotellamientos del Distrito Federal para alegrar a los conductores y para ganar uno que otro peso. El antropólogo mexicano Víctor Inzúa ha estudiado la historia de los organillos y escribió un libro sobre este asunto. Los primeros ejemplares eran de la empresa ‘Wagner & Levien’ y luego la mayoría llegó hecho a mano provenientes de la fábrica de ‘Frati & Company’ desde Berlín hasta México. Pero ‘Frati & Company’ cesó su producción antes de la primera guerra mundial en 1912. En el año 1928, cuando Alemania ya no los suministraba porque ya no vivía la gente que los construía.
http://www.mexiko.diplo.de/Vertretung/mexiko/es/0A/Dt-Spuren/Drehorgel__seite.html

(3) Telefunken es una empresa alemana de fabricación de aparatos de radio y televisores, fundada en 1903. En 1911 el Káiser Guillermo II envió ingenieros de Telefunken a West Sayville, New York para levantar tres torres de radio de 180 metros de altura, una estación de similares características fue construida en Nauen, estableciendo así la única red inalámbrica de comunicaciones entre América del Norte y Europa. En 1967 se fusionó con AEG.
http://es.wikipedia.org/wiki/Telefunken

(4) El programa de estudios de la educación secundaria vigente durante la década de los 70´s incluía la asignatura de Música, en la que se requería como material obligatorio una flauta dulce; la marca Honher era la única, y llegó a popularizarse a tal grado, que se vendían hasta en las papelerías. La marca nació cuando Matthias Hohner compró una armónica, de las creaciones de Buschmann hijo y la copió comercialmente en su taller desde el año 1857. Su pueblo, Trossingen se volvió el centro mundial de producción de armónicas. En la Alemania nazi sus hijos abrieron el Colegio de Música del Estado en 1935, que ha producido más de 3000 maestros de armónica. Hohner introdujo su primera armónica en el gran mercado americano en 1862, explotando inteligentemente el prestigio de figuras bien conocidas de la música para engrandecer la apariencia de sus instrumentos.
http://todoarmonica.org/historia-armonica.html

(5) Volkswagen fue fundada en 1937 como una empresa pública en la entonces Alemania nazi para vender el Volkswagen Escarabajo. Después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el Ejército Británico tomó el control de la fábrica destrozada por las bombas y reanudó la producción del Beetle durante los difíciles años de la posguerra a los que Alemania tuvo que enfrentarse. En 1948, el gobierno británico devolvió la empresa al estado alemán. En 1960, a partir de la emisión de acciones de parte del gobierno federal alemán su nombre se convirtió en Volkswagenwerk Aktiengesellschaft (Aktiengesellschaft, abreviado AG, siendo el equivalente de Sociedad Anónima en español). El nombre fue cambiado a Volkswagen AG el 4 de julio de 1985, con sede central y fábrica principal, la Volkswagenwerk en Wolfsburg, Alemania. Actualmente es el cuarto mayor fabricante de automóviles en el mundo. En 2005 Volkswagen vendió más de 5,2 millones de vehículos, que equivale al 9,1 % del mercado mundial. http://www.mexiko.diplo.de/Vertretung/mexiko/es/05/Wirtschaft.html

(6) Cafiaspirina contiene ácido acetilsalicílico y cafeína que ayuda a aliviar dolores más intensos relacionados con dolores de cabeza, muelas y oídos, resfriados, gripe, reumatismo, neuralgia, jaqueca, fiebre y lumbago. En 1897, en el departamento farmacéutico de Bayer, se logra sintetizar el principio activo ácido acetilsalicílico, gracias a los experimentos de Felix Hoffmann. Dos años más tarde el nombre Aspirina es registrado por Bayer en la Oficina Imperial de Patentes de Berlín, el que sería el analgésico más popular del mundo. http://www.aspirina.com.mx

(7) Walter Benjamin, en su Tesis de filosofía de la historia (1940), realiza una crítica revolucionaria de la doctrina del progreso inevitable y de las concepciones conformistas de la historia, identificadas con el campo de los vencedores, quienes cambian la percepción cultural del pasado. La toma de conciencia basada en la experiencia es sustituida por la inducción de una construcción artificial o virtual de la realidad. Los vencedores crean su historia, donde “los vencedores de hoy caminan sobre los cuerpos de los vencidos de hoy” en un cortejo triunfal donde llevan consigo un botín: bienes de cultura. El origen de estos bienes no sólo se debe al esfuerzo de grandes genios, sino también a la servidumbre anónima de su contemporáneo, por ello afirma “un documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie”. En contra de la historia del punto de vista de los vencedores, Benjamin propone estudiar la de los vencidos, la clase dominada, o clase subalterna, como señala Ginzburg. Los vencidos no sólo son aquellos que perdieron una guerra, sino los que son víctimas permanentes de los sistemas de dominación.
http://es.shvoong.com/tags/walter-benjamin-y-la-historia-de-los-vencidos

8) Se aplicó un cuestionario a una muestra aleatoria de 250 personas, todas ellas mayores de 18 años, en la ciudad de Mexicali en el estado de Baja California.

domingo, septiembre 28, 2008

El bálsamo de la cultura

“Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.”
Octavio Paz



En algún lugar de la vida, desde los recovecos del infortunio hasta las cumbres de la plenitud, jugando entre la realidad y la conciencia, la percepción construye un refugio, un universo íntimo; y ahí, en ese mundo alterno, se abrevan las dosis de fantasía que toda mente requiere para mantener la cordura…

Dicen los que saben, que el sueño es la mitología privada de quien duerme; que sin esas dosis de surrealismo, el cerebro colapsaría en un infinito de filas y fobias; que la distancia entre la genialidad y la locura es casi imperceptible; y que por eso, para mantener la cordura en un mundo hostil es necesario aprender a soñar.

El arte es una forma de materializar los sueños, de expresar sensaciones recónditas que yacen en el fondo del pensamiento. La vida no es la misma para todos, el mundo se percibe de formas muy diversas, pero todas las realidades logran expresarse y compartirse a través de las manifestaciones culturales.

Entendiendo por cultura a todo, absolutamente todo, lo que surge por la imperiosa necesidad de exteriorizar los colores, los confines y los bemoles de la interioridad. Y así, por un instinto indeleble, los seres humanos proyectan su visión del mundo, su versión de la vida.

Sin embargo, por un intrincado proceso, tan rebuscado como el barroco, el arte y la cultura se alojaron en uno de los círculos más reducidos de la sociedad, en una elite que se apropió del derecho para definir el arte y construir el canon.

Pero nada es para siempre, y la posmodernidad se caracteriza por la ruptura de paradigmas, y uno de ellos, es la lejanía entre el arte y el pueblo. La distancia insalvable entre el vulgo y el gremio artístico se rompió, hace siglos, con el teatro ambulante. Hoy por hoy, el arte ha salido de su sobrio recinto para entrar a los reclusorios, para llegar a los ejidos y zonas populares; se rompieron los estigmas denigrantes para recibir con los brazos abiertos a quienes padecen la crueldad del entorno.

El Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) ha emprendido la noble tarea de revertir el estigma elitista del arte, llevando el bálsamo de la cultura a lugares rezagados, obsequiando cucharadas de Luna a los grupos vulnerables y a sectores marginales para atenuar los estragos de la desventura, la fatalidad y el infortunio. El ICBC lleva talleres y cursos itinerantes a las zonas apartadas, allá en las entrañas del ejido; realiza un programa de vinculación con los albergues temporales del DIF para recibir a los pequeños en el Centro Estatal de las Artes; en el reclusorio de El Hongo lleva a cabo un taller de banderines; y lanzó una convocatoria para detectar el talento infantil en todo el estado.

De esta forma, se pretende que la cultura sea una opción accesible en todos los estratos sociales, especialmente en aquellos donde es más urgente construir un refugio emocional para sanar las heridas de la adversidad. Y así, entre la catarsis del autor y la compasión del espectador, se abrevará un elixir humanizante.

En ese ambiente ubicuo, despojado del lastre que impone la materialidad, será posible reinventar el argumento de la vida, iluminar el mundo con tonos inéditos, interpretar la existencia desde un cristal de mil colores, para refugiarse del dolor cotidiano o evadir la soledad, para aligerar el peso de una carga abrumadora o transfigurar los sueños.

Y en esta época del año, cuando la ilusión impregna el horizonte de Baja California y se percibe la extravagante certeza de poder tocar La Luna, todas las manifestaciones del arte serán motivo de celebración durante el Séptimo Festival de Octubre organizado por el Instituto de Cultura de Baja California.

El poderoso influjo selenita despertará al genio que duerme el sueño de los justos, alborotará al poeta que se oculta entre las bambalinas de la cotidianidad, y todas las tardes de Octubre… jugando entre la realidad y la conciencia, la percepción construirá un refugio, un universo íntimo; y ahí, en ese mundo alterno, se abrevarán las cucharadas de Luna y las dosis precisas de fantasía que toda mente requiere para mantener la cordura…

domingo, septiembre 21, 2008

Clima vulnerable

En algún lugar de la plaza, cuando la fiesta culmina con un estallido de sangre, se esparcen el pánico y la confusión; y en ese preciso momento, se nubla el cielo de la justicia social y el clima se enturbia con la sensación de vulnerabilidad…

Uno de los efectos adversos de las explosiones en Morelia Michoacán fue la aparición del terrorismo como un adjetivo desmedido entre las líneas del discurso oficial. Poco después del atentado en Morelia, Felipe Calderón hizo un llamado a la unidad nacional e identificó a una minoría de cobardes como el enemigo público número uno. Simultáneamente, el terror se esparcía como la nueva amenaza sobre la paz social.

Pero la súbita inclusión de nuestro país en el ranking del terror es, letra por letra, una acción temeraria que puede desencadenar reacciones desproporcionadas. La resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas señala como una urgencia internacional que todos los estados adopten las medidas necesarias para prevenir y erradicar actividades terroristas.

El daño ya está hecho. En todos los estratos de la población se resiente el flagelo de la delincuencia en todas sus modalidades, y ahora, se pretende implantar una paranoia infundada en la conciencia colectiva para justificar la aplicación de medidas extremas.

El clima de inseguridad que aqueja a los mexicanos se agudiza con el ataque a civiles indefensos. Pero en este caso, el supuesto terrorismo como el móvil de las explosiones en Morelia es tan sólo un pretexto superlativo para convocar a la unión nacional y justificar la impericia del Estado para procurar justicia y mantener el orden público.

Y las secuelas del atentado han agravado la desconfianza en las autoridades: aunque ningún grupo subversivo se adjudicó el atentado, las primeras imputaciones cayeron sobre el cartel conocido como la Familia Michoacana, que burlando todos los perímetros de seguridad, colocó mensajes en la vía pública desmintiendo la versión oficial y deslindándose del atentado terrorista.

Los vuelcos en las investigaciones despertaron suspicacias y generan confusión. El horror público se desató por la divulgación de un video, que capta los momentos posteriores al estallido en la escena del crimen. En el video, en poder de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo), se aprecia la intervención de las corporaciones policiacas que alteraron y dañaron la escena del crimen; policías, paramédicos, civiles y hasta funcionarios estatales penetraron a la zona del estallido sin precaución alguna.

Pero las imágenes más alarmantes son las que muestran la disputa entre policías locales por la custodia de un detenido, y peor aún es la ausencia de un reporte oficial que constate la detención y liberación de un sospecho en el lugar de los hechos.

En este clima de inseguridad y desconfianza es preciso esclarecer el móvil de los estallidos en Morelia, porque el terrorismo, asociado al narcotráfico, es una justificación superlativa y temeraria que proyecta la paranoia oficial y se manifiesta en un despliegue colosal de ineptitudes y falsedades… y en ese preciso momento, se nubla el cielo de la justicia social y el clima se enturbia con la sensación de vulnerabilidad…

domingo, septiembre 14, 2008

Un zócalo, tres gritos y el pilón

En algún lugar de la fiesta, cuando la identidad se contonea en un jolgorio y todos los rasgos bailan al mismo ritmo, desde la cúspide del bullicio, un gentilicio se expande en la noche; y entonces, sobre el mismo suelo se fortalecen las raíces, y bajo el mismo cielo se traza la senda del destino…

La identidad es un relato que se escribe continuamente, es una sensación que se comparte y que se construye con los avatares del destino, y por eso, nunca se concluye.
Pero las sensaciones y las percepciones pertenecen a un entorno intangible y necesitan materializarse para definir el sabor de los pueblos, y lo hacen en la explosión sensorial de las fiestas.

Cada año, la mexicanidad explota en un jolgorio multitudinario la noche del 15 de septiembre, en el zócalo capitalino, en el centro cívico de los estados, en la plaza mayor de las provincias, en los palacios municipales, en las embajadas y consulados en el extranjero, y donde quiera que hubiere mexicanos reunidos.

Esta fiesta no sólo celebra la afinidad de los mexicanos, también exalta las equidades entre compatriotas, porque se comparte una manera de sentir, comprender y actuar en el mundo. Toda celebración requiere un espacio concreto para invocar las afinidades, y sólo existe un lapso en el tiempo para convocar las querencias.

Hoy por hoy, el patriotismo se exaltará en tres fiestas distintas, y en cada una de ellas, se condiciona el derecho de admisión a la militancia partidista. El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, el líder opositor Andrés Manuel López Obrador, y el presidente Felipe Calderón realizarán sus respectivas ceremonias del Grito de Independencia, pero en horarios diferentes.

Y así, el corazón del país retumbará con tres Gritos: el Jefe del Gobierno Capitalino, Marcelo Ebrard Casaubon, encabezará una ceremonia en el Salón de Cabildos del Antiguo Palacio del Ayuntamiento y rendirá un homenaje al Ayuntamiento de 1808. Además, su administración organizará una verbena popular en el Ángel de la Independencia y en el Paseo de la Reforma se instalará un grabado de un kilómetro con obras de pintores y poetas mexicanos.

Simultáneamente, y por primera vez en la historia del país, Andrés Manuel López Obrador, en su carácter de ciudadano sin cargo público formal, dará el Verdadero Grito de Independencia, el grito legítimo de los libres y los pobres, y lo hará al nivel del pueblo, en la plancha del zócalo capitalino, de las 20.00 a las 22:00 horas.

Y en cuanto los simpatizantes lopezobradoristas desalojen el zócalo, el presidente Felipe Calderón efectuará la Ceremonia Oficial Tradicional del Grito de Independencia, desde el balcón principal del Palacio Nacional.

La polémica por las tres versiones de las fiestas patrias refleja la necedad de materializar las convicciones de grupo, de exhibir el estado de las fuerzas vivas que alientan las tres alternativas patrióticas, ya sea en el grito del cabildo, en el grito de los libres, o en el grito tradicional, en el único e inconfundible zócalo capitalino.

Pero además, en uno de los flancos del zócalo, en la catedral metropolitana, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) consideró que la celebración de Independencia se ha convertido en un re-juego político y de poder, que entre lo legítimo o ilegítimo, el único perdedor y confundido es el pueblo de México. A través de un editorial, el organismo católico aseguró que la disputa por el Zócalo capitalino es derivada de una añeja polarización que sólo demuestra "la falta de madurez y sentido de servicio de algunos líderes políticos, empeñados en su afán de protagonismo, que han olvidado la esencia más pura y real de este acontecimiento independentista que año con año celebramos".

Y el vocero de la partidocracia, César duarte Jáquez, el presidente de la Cámara de Diputados, hizo un llamado a la unidad y al fortalecimiento de las instituciones: “ésta debe ser una fecha que nos una y no que nos separe. México en su conjunto es una nación con muchas visiones y muchas realidades y con distintas opiniones”.

Por lo pronto, la disputa por el espacio de la Plaza de la Constitución, comenzó el pasado martes (9 de septiembre) por la mañana. En el perímetro de la plancha del zócalo se levantó un doble cinturón de seguridad con vallas de más de dos metros y medio de altura, mismas que son custodiadas por los elementos de la Policía Federal para resguardar la plaza y las inmediaciones de Palacio Nacional.

Pero la invitación sigue en pie. Ya sea en el recinto histórico del cabildo, o en el Zócalo capitalino, en la verbena del Paseo de la Reforma o en los casinos de Las Vegas, la mexicanidad será el autentico motivo de la fiesta, un orgullo legítimo y compartido, y una alegoría envalentonada desde la médula autóctona hasta el corazón mestizo.

Sin distingos ni remilgos, el pueblo entero ignorará las discrepancias inútiles de la politiquería, porque esta noche, las visiones y los horizontes se fundirán en un colirio tricolor y delirante... la identidad se contoneará en un jolgorio, todos los rasgos bailarán al mismo ritmo, y desde la cúspide del bullicio se expandirá un gentilicio, y sobre el mismo suelo se fortalecerán las raíces, y bajo el mismo cielo, trazaremos la senda del destino…

¡Viva México!

domingo, septiembre 07, 2008

Desde los tiempos de Don Porfirio

En algún lugar del tiempo, donde la historia se desplaza sobre las espirales perpetuas, el pasado se actualiza y los anacronismos resurgen en las nuevas versiones del poder…

La historia es un relato cíclico que se edita y se actualiza constantemente, y por eso, dicen los que saben que no hay nada nuevo bajo el sol. En la versión vigente de la dominación mercantil han resurgido prácticas arcaicas que se suponían desterradas.

Recientemente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró la inconstitucionalidad de un plan de previsión social de Wal-Mart México, que consiste en pagar parte del sueldo a sus trabajadores con vales de despensa, canjeables únicamente en las tiendas de autoservicio de esa cadena.

La segunda sala de la Corte, dedicada a resolver asuntos administrativos y laborales, estimó que ese plan de Wal-Mart "es similar a la práctica que se llevaba a cabo en las antiguas tiendas de raya, vigentes durante el Porfiriato, cuando los trabajadores también recibían el pago de su salario mediante vales de despensa para ser canjeados en dichas tiendas, propiedad del patrón".

Hasta principios del siglo XX, en las entrañas del latifundio mexicano se practicaba un fraude consuetudinario; en las tiendas de raya se despojaba a los trabajadores, jornaleros y campesinos, obligándolos a cambiar los vales que recibían como pago por mercancías a precios inflados y desmedidos.

Sí!... La similitud es perversa, pero exacta. Y la perversidad se agudiza al considerar la magnitud de esta práctica anacrónica: este plan de previsión social se aplica en las 1,069 tiendas de Wal-Mart que operan en México. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) señaló que su fallo contra Wal-Mart de México, sólo protege Raúl Ávila Andujo, el empleado que presentó la queja y no a todos los trabajadores de la compañía.

Para erradicar este anacronismo y sentar jurisprudencia, deben presentarse cinco casos similares y los tribunales de todo el país estarían obligados a tomar en cuenta este mismo criterio en caso de atender un pedido de amparo por parte de otros empleados de Wal-Mart México.

Hoy por hoy, es incuantificable la trascendencia de esta resolución de la Suprema Corte; tal vez éste sea sólo un caso aislado de justicia laboral, pero también es posible que este precedente desencadene una reacción similar en todos los trabajadores sometidos al mismo plan de previsión social. El feliz desenlace del asunto sería el surgimiento de una nueva mentalidad ciudadana, de nuevas formas de pensar y actuar en la sociedad de mercado.

El capitalismo corporativo y el poder político son las dos versiones vigentes del dominio y la alineación en el nuevo orden mundial. En la aldea global, la única constante universal es el mercado y la alienación se produce a través del consumo; la tecnología es la quimera posmoderna que invade todas las manifestaciones de la conciencia humana, es el eslabón que encadena a los consumidores y los somete al corporativismo mercantil.

Por eso, en el discurso neoliberal, las nociones de mercado y democracia quedan incautadas por los excesos de poder. El totalitarismo global funciona por la dispersión del pensamiento único que establece como valores universales los intereses de las fuerzas económicas.

Pero la lógica dominante del capitalismo corporativo carece de alternativas. La globalización neoliberal es una totalidad insolidaria y, por eso, plantea un profundo problema ético: si muchos son excluidos y todos estamos globalizados, es preciso construir una cultura cuya misión sea preservar la dignidad humana.

Aunque la magnitud y las denominaciones sean diferentes, las estructuras son las mismas, y ahora como en los tiempos de Don Porfirio, las naciones se polarizan en dominantes y sometidos; hoy como siempre, las grandes transformaciones sociales sólo se producen por el consenso de voluntades, por la incorporación de las convicciones multitudinarias a las espirales perpetuas de la historia, cada vez que el pasado se actualice y los anacronismos resurjan en nuevas versiones del poder…

domingo, agosto 31, 2008

Mensaje de luces y sombras

En algún lugar del desamparo, en una tarde impregnada de silencios, surgió una luz multitudinaria iluminando el sufrimiento y la vulnerabilidad de un país en duelo…

La marcha “Iluminemos a México” realizada el sábado 30 de agosto en la capital y en muchas ciudades del país fue la manifestación, contundente y tangible, del clamor social de los mexicanos; las multitudes que caminaron exigiendo mayor seguridad establecieron el parámetro de la magnitud del sector victimizado por la delincuencia.

En el imperio de la imagen, instaurado por un régimen mediatizado, la realidad trascendió los límites de las versiones oficiales y proyectó al mundo entero la extensa luz blanca que emanaba de corazones afligidos y que inundó el zócalo capitalino.

Las marchas ciudadanas por la seguridad exhibieron la ineficiencia del régimen y la corrupción en las instituciones encargadas de la procuración de justicia, pero sobre todo, establecieron el punto más débil del gobierno calderonista.

En la víspera de la marcha, en Baja California, 61 organismos no gubernamentales, consejos ciudadanos, cámaras empresariales, barras de abogados y la Arquidiócesis de Tijuana, firmaron un desplegado en el que exigieron a las autoridades el cabal cumplimiento de sus obligaciones y señalaron a las autoridades como corresponsables del clima de inseguridad por su incapacidad, por miedo o franca complicidad.

Las consecuencias de la movilización social serán exitosas en la medida en que no se diluya la frontera entre las autoridades y la ciudadanía, porque la capacidad de denuncia se extingue cuando los protagonismos y las infiltraciones gubernamentales prostituyen una causa social.

El riesgo latente es la adjudicación de la vulnerabilidad social como bandera política: las fracciones políticas en la oposición ya se aprestan para transformar los índices delictivos en síntomas de ingobernabilidad e inestabilidad.

Desde el inframundo político han surgido llamados a la insurrección, propuestas para no pagar los impuestos al gobierno federal por el incumplimiento de las funciones primigenias, la suspensión del mandato constitucional de Felipe Calderón. Los priístas se distancian del calderonismo, se redefinen e intentan reunificarse con la reaparición estelar de Carlos Salinas. Y recientemente, se atribuyeron al narcotráfico las denuncias públicas de la corrupción en el ejército y el gobierno federal que exhibieron la complicidad con capos del narcotráfico, a quienes protegen.

La percepción generalizada de vulnerabilidad, la impotencia social ante la impunidad y la corrupción de las autoridades inciden en el desencanto de la ciudadanía, provocado por un cambio que nunca llegó. Y como el voto es el único instrumento que la democracia otorga a la ciudadanía para ejercer la soberanía, la decepción social se ha expresado, y se expresará, en altos índices de abstencionismo.

La apatía por la política sólo es comparable a la sinergia que surgió entre las víctimas de la violencia y del crimen: ahí reside la importancia de la marcha por la seguridad. Hoy por hoy, el poder de convocatoria de las víctimas de la violencia es superior a cualquier otra causa; por eso, el reclamo social que iluminó las penumbras que nacen en la impunidad y la corrupción debe mantener su esencia ciudadana.

No hay consulta, ni referéndum, ningún plebiscito, ni comicios electorales que hayan logrado expresar la voluntad social como lo han hecho las marchas ciudadanas contra la inseguridad. El mensaje fue contundente: escrito con las luces de la valentía sobre las sombras del dolor y al margen de la política, confrontando a las autoridades y al régimen… porque en una tarde impregnada de silencios, surgió una luz multitudinaria iluminando el desamparo y la vulnerabilidad de un país en duelo…

domingo, agosto 24, 2008

El arco del triunfo

En algún lugar de la demagogia, cuando una crisis desata el oportunismo, por un perverso artificio, surgen placebos para aliviar el flagelo público, y entonces, los reclamos sociales se traducen en los edictos vacíos de un discurso…

Detrás de las vallas metálicas, dentro de la zona más protegida del país y bajo la custodia de cientos de elementos del Estado mayor Presidencial y de la Policía Federal Preventiva, se celebró recientemente el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

En Palacio Nacional, acondicionado como bunker, los representantes de los tres Poderes de la Unión, los 31 gobernadores, el jefe de gobierno capitalino, los sindicatos, representantes de la Iglesia, empresarios, organismos civiles y medios de comunicación firmaron un Pacto Anticrimen de 75 compromisos que tiene plazos definidos para su cumplimiento.

Respondiendo a la convocatoria de Felipe Calderón, todos los niveles de gobierno se comprometieron a responder a los reclamos de la sociedad ante la espiral de violencia, y en un acuerdo político sin precedente, por consenso absoluto definieron a la delincuencia como un asunto de seguridad nacional.

Como la mayoría de las decisiones del ejecutivo federal, esta cumbre de seguridad fue una reacción eminentemente mediática y políticamente espectacular al reclamo de la cúpula empresarial por el secuestro y asesinato del niño Fernando Martí.

Sin embargo, la agenda nacional sigue su propio curso y las fuerzas políticas ya se preparan para próxima contienda; por una fatal coincidencia, la actual crisis de inseguridad se traslapa con el inicio del proceso electoral del 2009 que renovará el Congreso y seis gubernaturas.

Por eso, los efectos inmediatos del Pacto Anticrimen han sido políticos y el problema de la inseguridad será adoptado por todos los partidos como tema prioritario en las campañas.

Vgrs. El Jefe de Gobierno Capitalino, Marcelo Ebrard Casaubon, asistió puntualmente a la cumbre de seguridad convocada por Felipe Calderón, a quien no ha reconocido como presidente legítimo; y en un magistral desplante de oportunismo, Marcelo Ebrard aceptó el ultimátum del empresario Fernando Martí, quien demandó la renuncia de los funcionarios públicos en caso de no cumplir con los compromisos asumidos en el Pacto Anticrimen.

Al día siguiente, las autoridades capitalinas comenzaron a aterrizar acciones para combatir la delincuencia, mejorar las estrategias de persecución del delito y evitar un escenario que derive en la salida del jefe de Gobierno. Y en una reunión a la que se convocó a todos los jefes delegacionales, se determinó que de inmediato habrá una revisión en la forma de operación de las 71 coordinaciones territoriales y de las casi 40 Unidades de Protección Ciudadana .

Como resultado de esta inusitada diligencia, el juez 18 de lo Penal concedió a la Procuraduría capitalina la orden de arraigo contra los hermanos Noé e Israel Cañas Oballe, dos presuntos secuestradores vinculados a la banda de La flor, responsable del secuestro y homicidio de Fernando Martí.

Vgrs. En la clausura de la XX Asamblea Nacional, en la que se reformaron los estatutos internos del Partido Revolucionario Institucional, Beatriz Paredes, su presidenta, señaló que el régimen actual ha sido incapaz de contener la ingobernabilidad y detener la espiral de la violencia y muerte en el territorio nacional y aseguró que en el PRI, sus gobernadores y presidentes municipales han actuado con responsabilidad acompañando al gobierno federal. Y en una evidente consigna electorera, la líder del tricolor mencionó que como partido buscan que el gobierno de la república responda a cabalidad con su responsabilidad constitucional de proteger a la ciudadanía.

Y así como estas arengas, desfilarán por el arco del triunfo electoral, la cadena perpetua, la pena de muerte, la depuración de las corporaciones policiacas, la revocación del mandato y todas las propuestas que surjan para desmantelar la industria de la extorsión y del secuestro… y por un perverso artificio, surgirán placebos para aliviar el flagelo público, y los reclamos sociales se traducirán en los edictos vacíos de un discurso…

domingo, agosto 17, 2008

Epopeyas cotidianas

En algún lugar de la geografía humana existe un yermo, solitario como la desventura pero inconmensurable como la voluntad; por eso, en todos los rincones del destino se realizan proezas, y los héroes surgen en todas las coordenadas de la adversidad…

En los juegos olímpicos se ejercita la capacidad de asombro cada vez que se traspasan las fronteras de lo humanamente posible, circunstancia que ha sido comercializada en la cultura mediática; la ética del lucro impregna el triunfo de los atletas y el mercado absorbe la biografía de los vencedores para erigir a los héroes posmodernos porque en la aldea global ya no existen los ideales compartidos.

Hoy por hoy, ante la ruptura de los paradigmas y la escasez de ídolos, la conciencia colectiva refrenda los mitos legendarios para establecer los modelos de excelencia. Pero los mitos posmodernos se encarnan en las figuras entronizadas por la publicidad y endiosadas por la mercadotecnia.

Todos los reflectores se dirigen a Beijing, todas las expectaciones se concentran en la arena deportiva, y sin duda alguna, la admiración por los semidioses posmodernos procreará una miríada de esperanzas. Por eso, el encanto olímpico se generaliza y se expande, provocando la ilusión de que el tiempo y la realidad se han detenido.

Sin embargo, los engranes del mecanismo perpetuo nunca se detienen y en la arena de la cotidianidad también se realizan proezas y surgen héroes, pero su esfuerzo no es reconocido en el mercado de los arquetipos.

Muy lejos de la cobertura mediática, Adriana Pérez Soria, alumna de la División de Posgrado (DEP) de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se convirtió en la primera mexicana en obtener el premio que anualmente otorga la Asociación Internacional para la Investigación Dental. Adriana compitió con 40 tesis provenientes de todo el mundo en el congreso de esa asociación celebrado en Toronto, Canadá, donde el texto de la universitaria mexicana fue reconocido por un jurado calificador internacional.

No hubo fanfarrias triunfales cuando la preparatoriana mexicana Mariana Sánchez Villarreal obtuvo la medalla de plata en la Olimpiada Internacional de Biología celebrada en Bombay, India. Tampoco se transmitieron los pormenores de la Olimpiada Internacional de Química, donde Alejandro Romero Montalvo, de Xalapa, Veracruz, consiguió medalla de plata y Luis Ángel Martínez Martínez, originario de Oaxaca, obtuvo la medalla de bronce. Y ningún titular destacó que en la misma justa, Astron Rigel Martínez Rosas, de Toluca, estado de México, fue reconocido con Mención Honorífica, en una competencia en la que participaron 253 estudiantes de 68 naciones.

La victoria del mexicano Víctor Guevara pasó desapercibida en la mediocracia. Recientemente, cuando Víctor compitió en los cien metros planos, se enfrentó a representantes de 176 países, rompió su propia marca y ganó la medalla de oro en los juegos paraolímpicos, pero en el mercado de la personalidad aún no se le otorga ningún reconocimiento.

Y mientras Michael Phelps buscaba su octava medalla de oro y la gloria olímpica, al otro lado del mundo, en Tijuana, un pequeño grupo de albañiles se enfrentaron a pedradas a un comando de sicarios que pretendía secuestrar al arquitecto encargado de la construcción en que laboran.

Y así como éstos, se realizan muchos sucesos extraordinarios que no se registran con letras doradas en el canon de la humanidad; un sinfín de hazañas increíbles y héroes anónimos permanecerán al margen de los reflectores, y ni siquiera disfrutarán los quince minutos de fama que por reglamento concede la mediocracia en la mundo posmoderno.

No obstante, sin fama ni fortuna, la gloria es un pedacito del cielo que anida en el corazón de aquellos que vencen los límites de la fatalidad; la gloria se concentra en un momento inolvidable en la vida de todos, y por eso… en todos los rincones del destino se realizan proezas y los héroes surgen en todas las coordenadas de la adversidad…

domingo, agosto 10, 2008

Compás de espera

En algún lugar sobre la línea perpetua del tiempo, entre los hitos de la historia, transcurren lapsos fortuitos y sinuosos, claroscuros de esperanzas y decepciones; y esas prórrogas vacilantes sólo se disipan con la llegada de los visionarios…

Dicen los que saben, que los estadistas pertenecen al rango más elevado de la política porque anteponen los intereses de la nación a los personales, que tienen la capacidad para realizar los cambios que convengan y beneficien al país, que por eso, son muy pocos los políticos que han alcanzado la categoría de estadistas, y que el último de los estadistas mexicanos abandonó el escenario político en los años ochenta del siglo pasado.

La prioridad de un estadista es el lograr el desarrollo de la nación, su visión se enfoca en la transformación de la sociedad y de las instituciones, y conduce al estado hacia la funcionalidad integral: administrativa, legislativa y jurídica. Un verdadero estadista no tiene ataduras con grupos, sectores o intereses, y sus decisiones reflejan inteligencia, sensatez y compromiso.

Por todo eso, los estadistas escasean en la historia nacional; son personajes que surgen esporádicamente, y por los avatares del destino, aparecen en épocas de crisis y la influencia de su pensamiento incide en los grandes cambios sociales, aún mucho tiempo después de su intervención en la arena política.

Sí!... México está inmerso en una parsimoniosa prórroga de indefiniciones; transcurre ese compás de espera que suele caracterizarse por la ausencia de un verdadero estadista en la política nacional. Así lo confirman las recientes decisiones en el ejecutivo.

El grotesco desenlace del secuestro del joven Fernando Martí que consternó a la opinión pública, también provocó en Felipe Calderón una reacción visceral, irreflexiva, demagógica: el presidente envió a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión una propuesta para elevar a cadena perpetua el delito de secuestro, extrapolando al ámbito nacional una tragedia en particular.

La reacción del mandatario a este crimen reveló cómo influyen las cuestiones personales en las decisiones oficiales, al grado de incurrir en la incongruencia: ahora, Felipe Calderón propone cadena perpetua contra policías secuestradores, cuando hace apenas unos meses firmó dos protocolos internacionales contra las penas mayores.

El flagelo de la delincuencia organizada vulnera a toda la ciudadanía, la industria del secuestro y la extorsión se expande a todos los niveles socioeconómicos; todos los secuestros son condenables, y en todos los casos se producen daños irreversibles, por eso, es lamentable que la indignación del mandatario surja exclusivamente ante un agravio a la cúpula empresarial. Un presidente debe velar por la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos, sin distinciones. Un verdadero estadista no exhibe su cercanía con un grupo o sector, y decide en virtud de un proceso inteligente y concienzudo.


La inseguridad cunde como una epidemia y nadie se encuentra a salvo. El miedo se generaliza y se esparcen las cifras negras de la vergüenza: de cinco secuestros, solamente uno es denunciado. En el 2008 se han registrado oficialmente 438 secuestros, pero se estima que realmente han ocurrido casi dos mil en todo el país. Además, la vulnerabilidad social se acentúa porque únicamente el 0.7% de estos casos son sentenciados. La derrota ante la criminalidad se produjo en todos los frentes de la lucha y mucho antes de abrir la cajuela donde encontraron el cadáver de Fernando Martí.

No!... aún no se vislumbra el surgimiento de un estadista en el país y todos los pronósticos son aventurados. Pero en los periodos de indefiniciones, el único aliciente estriba en implantar la conciencia y la sensibilidad social en las generaciones venideras, porque entre los jóvenes de ahora surgirán los estadistas que habrán de guiarnos al final de este lapso fortuito y sinuoso, clarificando los claroscuros de esperanzas y decepciones, porque esta prórroga vacilante sólo se disipará con la llegada de los visionarios…

domingo, agosto 03, 2008

El último vestigio

“Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
como de sí mismos se desnudarían los dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos”
José Saramago


En algún lugar del éter, en esa dimensión inexpugnable donde residen las divinidades en templos de cristal, durante el amanecer de los tiempos, nació una inquietud en el corazón de los mortales, y a partir de entonces, los hombres se esfuerzan y se afanan por ascender al pedestal vacío de los semidioses del Olimpo…

La esencia de los juegos olímpicos surge por la transfiguración de la historia en un mito; por eso, en los albores del siglo XXI se actualiza el pensamiento helénico y los hombres pretenden superar sus limitaciones físicas y mentales, aún sueñan con despojarse de los lastres de la condición humana.

El mito olímpico sigue vigente, no obstante, los ideales evolucionaron para adaptarse al entorno, a los giros del pensamiento y al peso de las hegemonías. En Berlín, en 1936, los juegos olímpicos enmarcaron la fastuosa exhibición de la supremacía aria y el Tercer Reich. En México 1968, la lucha contra la discriminación ascendió al pódium de los campeones olímpicos enfundada en el guante del “Black power”. En 1972, el conflicto árabe israelí se trasladó a la villa olímpica en Munich. En Moscú 1980, el mundo libre y civilizado boicoteó los juegos olímpicos como protesta contra la invasión de la URSS en Afganistán. El humanismo apareció en 1992 cuando una flecha llameante surcó la noche de Barcelona.

En Beijing 2008, la República Popular China demostrará su poderío al mundo entero y exhibirá su capacidad para controlar y manejar multitudes. Pero mientras los atletas se partirán el alma por una medalla y unos minutos de gloria, en las afueras de la fiesta olímpica, el gobierno chino ha trasgredido los derechos humanos para depurar el ambiente social: un informe de Amnistía Internacional ponderó las reformas realizadas en China y criticó las detenciones sin juicio, el estricto control de los medios y el bloqueo de sitios de Internet; en la víspera de la inauguración, algunos periodistas presentaron quejas ante la inaccesibilidad de ciertas páginas dedicadas a noticias, al Tíbet y a los derechos humanos.

Hoy por hoy, en la globalidad, al margen de la justa deportiva se libra una competencia muy diferente: en la arena olímpica se promueven los avances del país anfitrión, las competencias son el escaparate de las firmas comerciales y cada competidor porta orgulloso el logotipo de sus patrocinadores.

Una medalla olímpica representa mucho más que el esfuerzo sobrehumano de un competidor, porque refleja el grado de atención que los países otorgan al desarrollo integral de sus habitantes. En el medallero olímpico, invariablemente, en los primeros lugares figuran los bastiones de la economía mundial.

Por eso, y para atenuar los estragos de su infame deficiencia, la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) realizó una proeza olímpica cuando detectó un remanente de setenta millones de pesos y estableció un poderoso aliciente a los atletas mexicanos que competirán en Beijing: una medalla de oro se premiará con cinco millones y medio de pesos, una medalla de plata equivaldrá a cuatro millones y la bronce se premiará con tres millones. Así esperan compensar el esfuerzo de los deportistas mexicanos, quienes han debido superar mil y un adversidades, que padecieron ante la burocracia deportiva, y aún así, lograron seguir adelante.

Y en la aldea global, como suele suceder cada cuatro años, miles de espectadores seguiremos las hazañas de los atletas; entre comerciales, logotipos y patrocinadores, presenciaremos la realización de muchos sueños; y volveremos a creer que lo mejor de los seres humanos se concentra a flor de piel, que la voluntad es el único móvil para remontar las distancias, trasgredir las medidas del tiempo y del espacio, burlar las fronteras de la gravedad.

Porque allá, muy lejos del Olimpo, y a pesar de las condicionantes que comercializan al mítico ideal, al margen de las hegemonías y de las impericias gubernamentales, resurgirá el último vestigio de divinidad en los hombres y se refrendará aquella legendaria inquietud… que nació en el corazón de los mortales, y una vez más, se esforzarán por ascender al pedestal vacío de los semidioses del Olimpo…