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domingo, noviembre 18, 2012

El prodigio de la ficción


Dedicada a Rosana Silva Di Giacomo,  a Mercedes González y a todos los escritores y artistas del Instituto Cultural Latinoamericano en Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

 

            En algún lugar imaginario, trascendiendo el  umbral de lo tangible se extiende el valle de las ficciones, y ahí,  residen seres excepcionales que se enfrentan a circunstancias extraordinarias, protagonistas de todos los afanes que venturosamente llegan al desenlace de mil y un argumentos…

 

            La habilidad para crear momentos y eventos inexistentes surgió con las primeras ideas en una mezcla volátil de miedos y visiones ancestrales que aligeró la soledad existencial de la única especie que adquirió el hábito de escudriñar los rincones de su conciencia. Desde entonces, las miradas de los soñadores empedernidos se han deslizado  por las líneas imaginarias del destino.

 

            Hoy por hoy, en la aldea global se materializan las excentricidades que alguna vez fueron ficciones: millones de individualidades se entrelazan en el ciberespacio enviando mensajes incesantes con etiqueta de urgentes pero  la inmediatez ha simplificado a las ideas en grafos y a las palabras en unas cuantas letras y esta reducción atrofia irremediablemente al nervio crítico; la omnipresencia de los consorcios mediáticos manipula el criterio del auditorio cautivo implantando actitudes y pautas de conducta… tal vez, dentro de algunos años se imponga la destrucción del raciocinio como una política pública, se criminalice la lectura y  la letra escrita se someterá a la inclemencia de devastadora de los 451° Fahrenheit… porque  los desvaríos de los hombres siempre han superado al frenesí literario de las ficciones y no es improbable que un futuro, en el masivo y globalizado siglo XXI, la lectura y la escritura lleguen a ser consideradas conductas subversivas y amenazas para las dictaduras del mercado.

 

            Pero aún en la inmediatez y a pesar de la trivialización galopante, en un resquicio de la aldea global se cumplen las leyes darwinianas: los especímenes hípermodernos se adaptan a las condiciones del entorno digital y en miles y miles de micro-mensajes la conciencia colectiva recupera la lucidez. Como un sentido homenaje a José Saramago, el  baluarte del pensamiento crítico  que este Noviembre estaría celebrando sus 90 años, sus lectores recuperaron las partes significativas de su pensamiento y las comprimieron en 140 caracteres  con la etiqueta #saramago.

 

            Y así, en escenarios desconcertantes y en condiciones delirantes, los especímenes pensantes se adaptan a las inclemencias de un entorno idiotizante, algunos escriben para despabilar a las conciencias adormecidas hilvanando las peripecias de seres excepcionales que se enfrentan a circunstancias extraordinarias, y otros, realizan el prodigio de nuestra especie cuando leen y recrean en su mente los afanes de los protagonistas que venturosamente llegan al desenlace de mil y un argumentos…

 

domingo, abril 01, 2012

Desde la penumbra

En algún lugar de la noche, sobre el estrato más sensible de la corteza terrestre se dispersaron pequeñas dosis de un bálsamo y una tenue sensación de alivio recorrió los meridianos del progreso…

Desde 2007, en la noche del último sábado de marzo se produce un apagón deliberado alrededor del mundo; atendiendo a la campaña “La hora del planeta” de la organización australiana World Wildlife Fund (WWF), de las 20:30 a las 21:30 en los horarios locales, permanecieron en la penumbra los monumentos emblemáticos y las áreas neurálgicas en las capitales del mundo civilizado con el afán de concientizar a la humanidad sobre dos catástrofes: el calentamiento global y la dependencia perniciosa a la tecnología. Esta manifestación de la conciencia humana se extiende año con año; en esta ocasión participaron 145 países y la marea de la penumbra fue grabada desde la Estación Espacial Internacional por el astronauta André Kuipers.

Sí! … es una manifestación impactante porque es un desafío a las inercias del desarrollo; esta iniciativa es la reacción consciente a los estragos causados en nombre del progreso de la especie humana y enfatiza las repercusiones sociales del dominio del hombre sobre la naturaleza, porque al margen del efecto invernadero y de los daños al planeta causados por los artificios del progreso, advierte sobre las repercusiones de la tecnología en el estilo de vivir, de pensar y de sentir de los ciudadanos de la hipermodernidad.

La invención del reloj mecánico permitió que la sociedad medieval administrara el tiempo y estableciera las jornadas de trabajo independientemente de la posición del sol. Hoy por hoy, el ritmo vertiginoso de la vida vulnera a un tercio de los habitantes en la sociedad del mercado que soportan y manejan elevadas dosis de adrenalina por las prisas y las exigencias en un entorno laboral donde los horarios se diluyen en una jornada asincrónica. En la Modernidad, los hogares y las ciudades se iluminaron con las bombillas eléctricas y se extendió el periodo productivo del día a la noche; el periodo de vigilia se postergó en detrimento del reposo y en una brutal ecuación el tiempo se equiparó al dinero. La tecnología en la comunicación permitió que los mensajes trascendieran las fronteras y eludieran las limitaciones de las distancias pero ensimismaron a los individuos, y ahora, la aldea global es un archipiélago de islas habitadas por seres humanos introvertidos, interconectados con otras islas vivientes pero desconectados de la realidad inmediata.

La desproporción es inmensa: una hora en un día del calendario de los hombres es la millonésima expresión de la nada en la escala del tiempo que abarca la existencia del planeta, pero representa un loable esfuerzo en la construcción de la empatía global, que bien podría iniciar con la coincidencia deliberada de miles de conciencias. En una hora a la penumbra se aprecian todas las estrellas del firmamento que se ocultan por la luminosidad, en 60 minutos de desconexión se pondera el rango del vacío que nos impregna y nos envuelve. Durante una hora, el planeta se refrescó con un apagón global, respiró en un momento de reflexión multitudinaria y palpitó en el corazón de cada uno de sus habitantes cuando una tenue sensación de alivio recorrió los meridianos del progreso…

domingo, noviembre 13, 2011

Un mundo sin humanos

“La solidaridad no se reduce al movimiento intimista de la compasión, sino que se amplía a la promoción de una justicia humanizadora para todos.”
Ramón Mínguez Vallejos

En algún lugar del porvenir, entre la ciencia y la ficción, existe un laboratorio donde se analizan los efectos de la materia sobre la conciencia; el resultado de un sinfín de experimentos cristaliza en las versiones posibles del hombre en un entorno deshumanizante…

Desde siempre, el conocimiento de las fuerzas que gobiernan el planeta le facilitó al hombre la ardua tarea de sobrevivir, y desde entonces, los avatares del progreso han modificado los hábitos y las actitudes; hoy por hoy, la tecnología impregna todas las esferas del quehacer humano y su influencia en la cotidianidad se manifiesta en el consumo como valor prioritario de individuos ensimismados, habitantes virtuales de la aldea global, conectados pero aislados. Y en este entorno materializante se diluyen la empatía y la solidaridad ante el predominio del ego como el origen de todos los afanes. Alguna vez, todo lo sólido se desvaneció en el aire, y ahora, la vida es un fluido efímero: los lazos afectivos se condensan y se evaporan la proximidad y las afinidades.

Un rasgo distintivo de la posmodernidad es la fragilidad de los vínculos entre los seres humanos, y una secuela inexorable de esta vulnerable condición se percibe en el entorno familiar, donde se extingue la calidez del resguardo. El hogar se transforma en un ambiente controlado donde coinciden los miembros de una familia pero no conviven ni se comunican. Cada cual atiende sus propios intereses. La presencia física no implica compañía, sobre todo cuando se vive al pendiente de lo que sucede en las redes sociales.

Y en este escenario se escuchan voces que advierten que la educación se ha reducido a la transmisión de los saberes indispensables para competir en el mercado de las oportunidades, y que no implica la formación de profesionales sensibilizados con la realidad social ni de ciudadanos capaces de reconstruir la equidad destruida por la ética del lucro.

Ante el individualismo, como dogma social que entroniza la indiferencia, surge la responsabilidad como un compromiso ético hacia los semejantes. La voluntad, la entrega y el esfuerzo de los padres permitirán que los hijos descubran lo que es verdaderamente importante en su vida; en la escuela, la nueva perspectiva de la educación implica la formación de seres humanos sensibles a las necesidades sociales con la determinación suficiente para solucionarlos.

Porque es imperativo reforestar el yermo del individualismo exacerbado con el germen de la solidaridad, erradicar la frialdad que materializa las esperanzas y reencauzar el rumbo del destino hacia un mundo más justo para escribir la nueva versión del hombre en un entorno humanizante…

domingo, agosto 28, 2011

Fragilidad consensuada

“Debemos ser conscientes de que la lengua está pasando por una suerte de mutación en que los contenidos empiezan a pudrirse ante la indiferencia general”.
José Saramago

En algún lugar del tiempo, sobre la línea perpetua de la historia, yacen inmutables los hitos en el pensamiento humano, los testimonios irrefutables de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

El siniestro ataque a un casino en la ciudad de Monterrey provoca la indignación general y el repudio proviene de todos los rincones del territorio nacional y se expande a la comunidad internacional. La condena a la violencia deliberada contra víctimas inocentes es unánime; se exacerban las sensaciones de vulnerabilidad y de impotencia y las palabras no son suficientes para expresar el repudio consensuado.

Ante actos grotescos y aborrecibles como éste, es menester conservar una pisca de sensatez para no incurrir en superlativos que desencadenen reacciones incontrolables. En el preciso momento en que se definió este acto como terrorismo se encendieron las alertas en el concierto internacional: Barack Obama condenó en los términos más enérgicos posibles el ataque bárbaro y censurable; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se declaró horrorizado por el ataque incendiario que asesinó a 53 persona;, Amnistía Internacional responsabilizó a las autoridades de una investigación verdaderamente exhaustiva para conocer la identidad de los autores de este crimen; y el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, lamentó profundamente los hechos de violencia ocurridos en Monterrey. Estas reacciones son previsibles en una aldea global donde la etiqueta del terrorismo implica todo lo aborrecible y condenable en la humanidad. Y en el ámbito mediático, el adjetivo terrorista provoca un bombardeo incesante que incide en la opinión pública; gracias a la extensa y excesiva divulgación de las imágenes de horror y sufrimiento se concatenan los engranes del mecanismo que modifica el orden de las ideas y, por consecuencia, las opiniones y las pautas de conducta.

Y así, en Monterrey y en todos los rincones de México se percibe la insufrible vulnerabilidad de la ciudadanía, y nadie en su sano juicio cuestiona la implementación de operativos militares para recuperar la esquiva paz social. Habrá quienes consideren como una prioridad la intervención de expertos extranjeros, algunos clamarán por el apoyo de las huestes al servicio de la libertad, porque ahora, todos los mexicanos estamos convencidos que estamos enfrascados en una guerra contra el crimen y que la vamos perdiendo. El fracaso y la fragilidad impregnan el imaginario colectivo y en estos momentos somos extremadamente manipulables. El terrorismo exhibe un reclamo, una ideología disidente y su divulgación flagela la mente de los inocentes. Pero en este caso, no hay causas justas, reclamos o ideales subversivos. Es la brutalidad en su máxima expresión, la consecuencia de años de impunidad e impericia para dirigir el estado mexicano. Y el terror ahora divulgado es el testimonio irrefutable de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

martes, febrero 15, 2011

Revolución en linea

En algún lugar intangible, en la inminencia de la virtualidad coinciden todas las voces y acuden todos los criterios; y ahí, en el etéreo entorno digital, eludiendo el engranaje de la censura, surgen espontáneamente las afinidades en el concierto incontenible de la libertad…

En la aldea global, bajo el imperio de los medios, por un resquicio del muro que restringe el discurso social se filtra un eco, vaporoso y esquivo, que al expandirse ha configurado el entorno digital. Hoy por hoy, las tecnologías de la información y la comunicación propician el encuentro de las opiniones que alguna vez fueron censuradas y restringidas por contradecir el criterio dominante o la versión oficial de la historia. A través de la conectividad móvil circulan las imágenes del rompecabezas inmenso de la realidad, y la veracidad de esos testimonios adquirió la consistencia necesaria para desmentir y refutar los discursos oficialistas. Las demandas e inquietudes legítimas de la ciudadanía emergen a espacios públicos, al ágora virtual donde se exponen y se erigen las afinidades.

El impacto de la conectividad virtual y las redes sociales será el primero de los hitos en la historia posmoderna, la presencia de un nuevo medio de comunicación que expande el estrecho espacio de la opinión pública, convoca y moviliza a pueblos enteros y tiene la inusitada contundencia para derribar autoritarismos.Los manifestantes que derrocaron al presidente tunecino Ben Ali e iniciaron una revolución en las calles de Egipto hasta conseguir la salida del mandatario Hosni Mubarak usaron sitios como Twitter y Facebook para coordinar sus acciones.Las revoluciones en Tunez y Egipto serán los eventos determinantes en la consolidación de una democracia sin mordazas.

La conectividad a Internet ya es considerada una amenaza; los gobiernos y agentes de inteligencia le prestan cada vez más atención a redes sociales para detectar las amenazas políticas, pero la represión tradicional de las dictaduras no ha surtido efectos. En enero del 2011 Wael Ghonim, alto funcionario de Google en Medio Oriente y cibermilitante, fue secuestrado por la policía secreta de Egipto tras ser descubrirse que con el seudónimo de “el sharid” (mártir) Wael configuró un perfil en Facebook desde el cual convocó exitosamente varias manifestaciones contra la dictadura. Durante las movilizaciones multitudinarias que exigieron y consiguieron la caída de Hosni Mubarak, el gobierno egipcio reaccionó restringiendo el acceso a internet.

Pero la conexión virtual de las conciencias es esquiva, vaporosa, inasible: ni los tanques ni las barricadas lograron contenerla: cibernautas de diversas partes del mundo contribuyeron a facilitar la comunicación de la disidencia y bloquear la represión gubernamental. Y ahora, el principio de una nueva era se inscribe con una revolución digital protagonizada por los ciudadanos de la globalidad que eluden el engranaje de la censura, que habitan en la virtualidad donde surgen espontáneamente las afinidades que irrumpen en el silencio con el concierto incontenible de la libertad…

domingo, mayo 10, 2009

Genio y figura

En algún lugar del mundo, en el ámbito de la feminidad se erige la dimensión social, porque el hogar ha sido siempre el invernadero donde germinan todas las ideas y florecen todos los principios; la silueta de una mujer es el contorno de los sueños que se han hecho realidad…

A través de los siglos y los milenios en la historia de la humanidad, donde lo único constante ha sido el vaivén de los criterios socialmente compartidos, la antropología ha identificado tres periodos en la identidad femenina. En la antigüedad, la mujer fue considerada como un ser inferior y despreciado, cuyo objetivo existencial era únicamente la maternidad; el prototipo de la “Primera Mujer” corresponde a un ser humano estigmatizado por la desconfianza y la carencia absoluta de inteligencia.

En el Medioevo, cuando apareció el amor cortesano, surgió “la Segunda Mujer”: aquella dama idolatrada, poseedora de todas las virtudes y las perfecciones morales y estéticas. En el siglo XII nació el culto a la mujer, a su belleza y su virtud, proceso que continúa en los siglos posteriores, siempre exaltando de manera romántica sus cualidades maternales.

Ya en los siglos XVIII y XIX, la mujer es reconocida por sus funciones como esposa y madre, y de manera especial, se le confiere el poder de formar a los niños, de educar lo masculino y civilizar comportamientos y costumbres. En el siglo XIX se estableció un rígido modelo normativo, apoyado con las instituciones de control de la modernidad, el Estado-Nación y la fábrica establecieron las normas sociales. El Estado retomó la división sexual y confinó a la mujer a su ámbito natural: la casa. Los sistemas educativos y de salud adoptaron el mismo discurso. El hombre se convierte en el individuo soberano de sí mismo, al igual que el Estado se convierte en el soberano del territorio.

Cuando surge la cultura de consumo se pretende emancipar a la mujer: en la década de los cincuenta los nuevos electrodomésticos y las cenas enlatadas le ofrecen una oportunidad a la mujer de liberarse de sus tareas “naturales”. También tuvo más acceso a la educación y en la estructura productiva se crearon nuevas oportunidades en el sector de servicios y de salud que fueron aprovechadas por las mujeres. El salario femenino contribuye al ingreso del hogar, lo que ayuda al sostenimiento del consumo en el marco de una sociedad de mercado.

Después de los años 60s y de las transformaciones sociales y culturales que tuvieron lugar en Occidente, se produjo el advenimiento histórico de lo que Lipovetsky llama: “la Tercera Mujer”. Este proceso se acompaña de una serie de cuestionamientos sobre la identidad femenina. La libertad de elección que otorga la sociedad de mercado a la mujer, le brinda la posibilidad de gozar del individualismo del hombre. El aborto, la anticoncepción, las demandas de divorcio de iniciativa femenina, la libertad sexual, al igual que el cambio en la estructura familiar hacen que la mujer se afirme como individuo.

Surge un nuevo modelo familiar que se caracteriza por deslegitimar el principio de subordinación de la mujer al hombre. Las decisiones familiares provienen de un consenso, con la participación de ambos cónyuges en las decisiones importantes. Con la tercera mujer, aparece la pareja igualitaria-participativa.

Pero las transformaciones de los códigos culturales y de los criterios sociales no significan una mutación histórica absoluta, no sustituyen a los prejuicios del pasado ni aniquilan los estigmas femeninos. En la actualidad, el género femenino aún es el encargado de la producción de los futuros ciudadanos, el rol de la mujer dentro de la familia y las tareas domésticas afirman su identidad al permitir el dominio de un universo propio y la constitución de un mundo íntimo, emocional y comunicacional.

Aún ahora, cuando los filósofos y los antropólogos celebran el surgimiento de la Tercera Mujer, persisten ideas obtusas que enaltecen a la mujer únicamente por el don de la maternidad y que condenan el derecho femenino a decidir. En la sociedad de mercado, la afirmación identitaria se realiza por un proceso de consumo que se guía por la capacidad y voluntad de comprar, y en este caso, se consume la imagen de la “madre”’ entronizada en el espacio privado.

Hoy por hoy, en la figura femenina convergen las dos versiones de la vida: la familiar y la social, versiones que la mujer debe conciliar por el lastre legendario que la confinó al hogar; la responsabilidad en la formación de los hijos es, aún, exclusiva de las madres, como lo es también el funcionamiento del hogar. La conciliación de los ámbitos es una de las genialidades de la mujer, el rol predominante de la mujer en la familia no es sólo una responsabilidad ineludible porque estas tareas enriquecen su vida emocional y le dan a su existencia una dimensión de sentido.

A pesar de la feminización de las carreras y del empleo, el poder económico y político permanece mayoritariamente en manos masculinas, pero esto no se debe solamente a las imposiciones masculinas sino a la priorización que dan las mujeres a los valores privados, lo que las hace renuentes a la lucha del poder por el poder.

La Tercera Mujer se reconcilia con el rol tradicional y por su incursión en el ámbito público se enriquece a sí misma. Sin embargo, aún perdura el criterio biológico para distinguir a los géneros de la especie humana y predomina la imagen maternal de la mujer por encima de todos sus atributos.

La figura femenina seguirá suspendida, pendiendo del criterio masculino que ella misma perpetúa, porque gracias a la genialidad de la mujer, la dimensión social se erige en el ámbito de la feminidad… porque el hogar ha sido siempre el invernadero donde germinan las ideas y florecen todos los principios, porque la silueta de una mujer es el contorno de los sueños que se han hecho realidad…

domingo, abril 26, 2009

El génesis de la imposición

En algún lugar de la victoria, cuando se pactaron las fronteras de la civilización, se impuso un canon existencial sobre los vencidos; y entonces, por la rosa de los vientos se dispersó una visión fragmentada de la humanidad, una versión mutilada del universo, y una fórmula excluyente de la felicidad…

La historia se escribe en el idioma de los vencedores y el dominio es el efecto inexorable de la victoria; sean cuales fueren las circunstancias, la raza o el credo, los vencedores imponen su visión del mundo a los vencidos. E invariablemente, en todos aquellos que han logrado someter a otros bajo su control o potestad se activa uno de los genes que distinguen a la especie humana del resto de los seres vivos: el gen de la imposición.

Mientras los seres humanos permanecen en el anonimato de una multitud sometida, el gen de la imposición es absolutamente recesivo, y permanecerá en estado latente hasta que un estímulo jerárquico despabile su animación suspendida. Por eso, cuando un individuo sobrevive bajo el dominio de un régimen o hegemonía, su conducta será sumisa, dócil y conformista. Pero en el mismo momento en que se le delega alguna responsabilidad y se le concede un atisbo de autoridad: se activa el gen de la imposición, su conducta se transforma y el sometido se convierte en un dictadorzuelo.

No!... No existe la mínima posibilidad de erradicar los estragos del gen impositivo. Y… ejemplos?... pues hay muchísimos, pero el más esclarecedor es el devenir de la nación judía: en los tiempos bíblicos, cuando su líder era Josué, fue un pueblo aguerrido que sometió a sus vecinos, todos ellos paganos, e impuso su ley y su religión en los territorios dominados.

Pero la beligerancia de los judíos apenas fue una pálida sombra de inconformidad o subversión cuando vivieron en calidad de refugiados y esclavos en Egipto; fueron extremadamente dóciles y sumisos cuando los deglutió el Imperio Romano; y no ofrecieron resistencia cuando el régimen nazi los despojó, los concentró y los exterminó. Y ahora, como los mártires del mundo libre y civilizado se envalentonan de nuevo para imponer su estado en una tierra prometida que no les pertenece aplicando todo el rigor de su fuerza militar contra los palestinos.

Sí!... la secuela más devastadora de la victoria es la imposición de un criterio, y los estragos del predominio de una cosmovisión son evidentes en las dos ediciones de la Cumbre contra el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia, auspiciadas por Naciones Unidas.

Recientemente, el Gobierno israelí promovió el boicoteo de la Segunda Edición de la Cumbre (Ginebra,2009) de los países europeos y EE UU porque en la Primera Edición de la Cumbre contra el Racismo (Durban, 2001), la resolución final equiparó al sionismo con el racismo.


Aquella resolución ofendió a la mitad occidental del mundo, específicamente a aquellas naciones amalgamadas con los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, quienes escribieron el origen y el desenlace de una de las conflagraciones más deleznables de la historia moderna.

Según la versión de los vencedores, el Holocausto de judíos en el Tercer Reich fue una atrocidad inexplicable e injustificable, condenable y execrable; calificativos que no aplican al infierno desatado por las bombas norteamericanas en Hiroshima y Nagasaki, porque la muerte de 120 000 civiles y la espantosa secuela de radiación nuclear fueron el precio de la paz mundial.

Curiosamente, desde la planeación de la Segunda Cumbre intervinieron elementos tendientes a parcializar la visión del mundo: la fecha de la cumbre coincidió con la fecha de la conmemoración del Holocausto en Israel y con el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler en el calendario judío.

Y meses antes de la realización de la cumbre, se negociaron los términos de la resolución final; se pactó la redacción de un texto que omitió las referencias explícitas al Estado de Israel y al conflicto árabe-israelí. Se menciona la necesidad de recordar el Holocausto, pero excluye el concepto de "difamación de religiones", que los países musulmanes pretendían incluir y que Occidente rechazó argumentando que se limitaba la libertad de expresión.

Contra viento y marea, y a pesar del boicot, se realizó la Segunda Cumbre contra el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia. Y ante la ausencia de Estados Unidos, Israel, Italia, Australia, Canadá, Alemania, el mandatario iraní, Mahmoud Ahmadineyad, denunció que “en compensación por las espantosas consecuencias del racismo en Europa, (los Aliados) ayudaron a otorgar poder al régimen más cruel, represivo y racista en Palestina".

Cuando Ahmadineyad inició su participación, aún humeaban los cañones israelíes que lanzaron decenas de cientos de bombas que causaron la muerte de un millar de palestinos, de los cuales, un tercio fueron niños. Y aún no terminaba el discurso de Ahmadineyad cuando una treintena de los asistentes abandonaban el recinto en señal de ofensa e indignación.

Estos incidentes en Durban II, como ya se le conoce a la Segunda Cumbre contra el Racismo exhiben las diferencias de Occidente y el resto del mundo. Para el criterio predominante y políticamente correcto, es inadmisible la declaración del mandatario iraní, quien adjudicó el adjetivo “racista” al gobierno israelí, porque el grupo de vencedores que ha divulgado la ideología occidental (y condena todo aquello con tintes socialistas, islamistas, musulmanes y otros desdichados más) fue el artífice del estado judío en territorio palestino como pináculo de la Segunda Guerra Mundial.

El colmo del cinismo en cuestiones racistas fue protagonizado por Vaclav Klaus, el presidente de la República Checa y un destacado euroescéptico que ejerce la presidencia en turno de la Unión Europea. Cuando Klaus se retiraba indignado de la Cumbre contra el racismo en protesta por el discurso del mandatario iraní, en Praga, destacados miembros checos de grupos neonazis brindaban una cálida bienvenida a David Duke, el antiguo líder del grupo xenófobo norteamericano Ku Klux Klan, y ex congresista de Louisiana. Oficialmente, el motivo de su viaje fue la presentación de su libro “Mi despertar”, en el que predica la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo y el racismo.

El boicot, la salida intempestiva en señal de protesta, la anticipada resolución de la cumbre contra el racismo, son manifestaciones del gen impositivo de una mitad del mundo que prevalece sobre la otra mitad. La tolerancia será una de las utopías del nuevo milenio mientras la verdad histórica se encubra en una versión distorsionada para legitimar el criterio dominante de un sistema opresivo y despótico (1).

El racismo será la descalificación social por antonomasia, un término de la opresión social exacerbado en una dictadura ideológica, lo suficientemente impreciso y elástico para adaptarlo tácticamente a cualquier controversia, para dispersarlo… por la rosa de los vientos como una visión fragmentada de la humanidad, una versión mutilada del universo, y una fórmula excluyente de la felicidad…


(1) Eduardo Arroyo. “Bienpensantes, proscritos y una cumbre sobre la palabra maldita”. Blog: Globalización. 24 de abril 2009. En El Semanal Digital.

domingo, febrero 15, 2009

El imperio de la conciencia

“A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.”
Mario Benedetti




En algún lugar de la ausencia, entre el siempre y el jamás, muy cerca del país donde habita el olvido, el aire es un compendio de suspiros y el tiempo una secuencia infinita de insomnios; allá, la multitud es un conglomerado de seres asilados y la faz de la Tierra se fragmenta en un sinfín de islas individuales; es por eso que ahora, el mundo es un archipiélago inconmensurable…


Dicen los que saben, que los habitantes de la era digital están más comunicados que nunca, que la información fluye eludiendo las distancias y abatiendo el tiempo, que este mundo es una aldea regida por la tecnología, y que por eso, el ser humano se refugia en una burbuja virtual, desde donde ve pasar los días de su vida.


La soledad es uno de los efectos colaterales de las tecnologías de la información; pero además, es un padecimiento social estigmatizado, el sinónimo del fracaso y del rechazo, la contradicción del estereotipo vigente. Y en la aldea globalizada donde todo, absolutamente todo, equivale a un precio en el mercado, la soledad es la antípoda del amor y la felicidad. La crueldad de la sociedad de consumo se concentra el Día de San Valentín y excluye a todos aquellos que son no aptos para realizar los rituales del amor y la amistad.


El 14 de Febrero los sentimientos se materializan, la objetivización de los afectos culmina, invariablemente, con un gasto; la cuantía de la erogación determina la dimensión del amor. Y ese día, todos los habitantes de la aldea global sucumben al embrujo de los convencionalismos comerciales masivamente aceptados y socialmente impuestos. Todo lo que el mundo necesita es amor, y ese día, esa necesidad infla millones de globos rojos que pululan en todas las esquinas.


Porque el amor, es ahora, un indicador económico. La tercera encuesta internacional “Can’t buy me love” (No me puedes comprar amor) indica que los mexicanos son los compradores más generosos del mundo cuando de amor se trata.
De acuerdo con un estudio realizado en el portal Parship, vencer la soledad y encontrar pareja implica una inversión económica y un dramático cambio de actitud: el 21% de los solteros mexicanos destina entre 10 y 20 mil pesos al año a la incesante búsqueda del amor, como tratamientos de belleza, salidas para conocer gente, ropa y accesorios, comida e inscripciones a sitios en la Red especializados en citas.


Porque la conversión matemática del cariño y el amor en cifras pecuniarias es una de las manifestaciones de una sociedad materializada, los bemoles actuales del amor coinciden con los dictados del consumismo y la ética del lucro.


Pero la evidencia más contundente del poder del amor como uno de los motores de la economía global es la suspensión del bloqueo sobre Gaza: por primera vez en casi tres años, Gaza exportará a Europa flores para San Valentín, lo que dará un pequeño respiro a los comerciantes de una franja ahogada por un bloqueo inhumano y duramente castigada por la ofensiva militar de Israel. El permiso para exportar este año se debe a los esfuerzos del Gobierno holandés, que envía materiales y financia la producción horticultora. Lamentablemente, el bloqueo no cedió por motivos humanitarios, sino por la inversión extranjera que estaba comprometida.


Sí!... El amor es un negocio, y además, una de tantas actividades asimiladas por el hiper espacio. El sociólogo José Luis Trueba Lara, revisa la historia de las prácticas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días; en su obra “Ensayo en pequeños capítulos” afirma que antes se creía que el amor duraría toda la vida, pero que ahora el amor es fugaz, desechable y carente de compromiso; que lo que fue el arte del amor, es ahora, el arte del truene. Trueba considera que el amor ha perdido terreno ante las nuevas tecnologías y que el mundo ha cambiado la perspectiva porque el amor y el erotismo han sucumbido en la vorágine de la cibernética y del consumo.


Hoy por hoy, los sitios más visitados en la Red son los portales de encuentro y redes sociales. Las citas por internet son una modalidad en expansión de las relaciones humanas, y es también, la evidencia de que la soledad es un padecimiento generalizado.


Yo?... prefiero la versión de los poetas: en esta aldea materializada y deshumanizante, ellos ostentan la única autoridad moral para suministrar el antídoto para la soledad: Benedetti la define como “nuestra propiedad más privada”, Gustavo Adolfo Bécquer la ubica en el “imperio de la conciencia”, Luis Cernuda la confronta y concluye: “cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?”, y Jaime Sabines la personaliza y describe a los amorosos como “los insaciables, los que siempre –que bueno- han de estar solos”.

Sea como fuere, es preciso aceptar la soledad como la condición primigenia de los seres humanos, renunciar a considerarla un episodio traumático y convertirla en un lapso de reflexión; si caminamos por los solitarios senderos de la conciencia, tarde o temprano encontraremos nuestra propia identidad. Y allá, en la más privada de nuestras propiedades, ventilar los temores y curar las angustias.

La soledad no es un castigo, y es algo muy diferente al aislamiento deliberado: la lejanía del entorno circundante por la conectividad es la conducta que predomina en la aldea global. Pero es una quimera, porque la interconexión no desvanece la soledad, al contrario: refuerza la burbuja donde habita cada cibernauta, y “así, diseminados pero juntos, cercanos pero ajenos, solos codo con codo, cada uno en su burbuja, insolidarios, envejecen mezquinos como islotes”1… porque el mundo globalizado es un archipiélago inconmensurable…



1 Fragmento del poema “Las soledades de Babel” de Mario Benedetti

domingo, octubre 26, 2008

Hiper terrorismo

En algún lugar del hiperespacio, cuando se diluyeron las fronteras entre la realidad y las ficciones, emergió un imperio ubicuo que entronizó a la imagen como el origen y el destino de la verdad; desde entonces, deambulan en el mismo sendero las certezas absolutas y falacias atroces, los más altos preceptos y los embustes más ruines comparten el mismo rango…

Hace apenas unos días en la Red, se activó un detonante en una progresión geométrica, expandiendo factorialmente una falsa alarma: a través de una vertiginosa cadena en el correo electrónico circuló un video de nueve minutos propagando la inminencia de una conspiración para sustituir al dólar por una nueva moneda llamada “amero”; Hal Turner, el protagonista del video, advierte sobre la hecatombe del 2009 y la suplantación masiva del dólar por el amero, fijando en niveles escalofriantes la paridad entre las dos divisas.

El desconcierto implícito en este mensaje se expandió a la enésima potencia, con el agravante de las supuestas medidas de seguridad que Hal Turner publicó en su blog. Este pseudo periodista predice un clima inexorable de anarquía, caos y terror, y aconseja abandonar la ciudad, conseguir víveres y provisiones, comprar armas, aprender a cazar y perder el miedo a matar.

Sí… el rumor es infundado, la idea es descabellada, pero el motivo es espeluznante: provocar el pánico, generalizar el temor, aterrorizar a una multitud de incautos e ingenuos. Sí algún día estas acciones se tipificasen jurídicamente, equivaldrían al delito de terrorismo en su modalidad virtual, con el agravante de lesiones a la sensatez social.

La charlatanería ha existido en todos los lugares y en todas las épocas, y sus estragos varían en función del alcance de los embelecos y las supercherías. Hoy por hoy, la magnitud de los embustes es imponderable; cualquier farsante puede incursionar en la Red y circular en las autopistas de la desinformación, divulgando cualquier cantidad de imbecilidades disfrazadas de veracidad.

Los impostores deambulan vestidos de profetas en épocas de incertidumbre, provocando ansiedad y angustia, esparciendo el temor por el advenimiento de catástrofes apoteósicas, y lo que es peor, despertando el salvajismo inherente en los hombres con el pretexto del instinto de conservación.

Los embelecos y las falsas alarmas cobran sentido cuando no existen certidumbres socialmente compartidas, cuando ninguna de las instancias de poder, fáctico o legítimo, ofrece una perspectiva viable. Actualmente, abundan versiones contradictorias, se improvisan medidas correctivas ante la emergencia, pero la fuerza del mercado ha excedido cualquier intento de contenerlo.

“La conspiración del amero” que sorprendió a muchos y alarmó a cientos de usuarios en la Red, debe su éxito a las características del entorno virtual; en este incidente se confirma la sentencia de McLuhan y la espectacularidad del medio ha desplazado al contenido del mensaje. En el imperio de la imagen, en la hipermedia y en la telecracia, se ha erigido a la pantalla (del monitor o del televisor), como la única fuente de información fidedigna, tendencia capturada en la cínica frase de Brozo, el Payaso Tenebroso: “si no lo ha visto aquí (en televisión), es porque no ha sucedido”.

Pero la ofensiva contra la sensatez es una realidad. La conspiración del amero y el pánico ante la pauperización de todo el continente son embustes vertiginosos y escalofriantes, pero además, desde la trinchera de la telecracia, se difunde una melcocha de cursilerías, un merengue insufrible de fatuos alientos. En un infame testimonial de Televisa, supuestas celebridades actúan un mensaje pletórico de sentimentalismos baratos, para minimizar el impacto de la actual crisis financiera y suavizar sus estragos en la economía real, en una evidente exhibición del servilismo de la cadena al régimen.

Ya sea desde la virtualidad de la Red o a través de promocionales televisivos, el único afectado es el espectador, a quien pretenden despojar, poco a poquito, de sus atribuciones de receptor. La ofensiva contra el discernimiento es paulatina y se recrudece en esta época de crisis e incertidumbre cuando los ataques contra la capacidad crítica se implementan en varias versiones y se difunden desde varias trincheras.

¿Yo?... pues le confieso que un solo día recibí dieciocho veces la cadena con el mensaje del amero; lo alarmante fue la cantidad de los mensajes, la velocidad con que se esparce una mentira debidamente disfrazada. La madurez mental como ciudadanos del entorno digital se logrará fortaleciendo el discernimiento y reactivando el hábito de la duda, sólo así será posible conservar intacta la cordura en un mundo hiper-mediatizado… donde deambulan en el mismo sendero las certezas absolutas y falacias atroces, los más altos preceptos y los embustes más ruines comparten el mismo rango…

domingo, octubre 12, 2008

Epidemia global

En algún lugar de la globalidad, entre las barras intangibles de códigos binarios, deambulan los espectros de una ideología compulsiva; los estragos de un dogma insulso se materializan en la angustia cotidiana, y las secuelas de los fatuos excesos perturban el porvenir…

La crisis financiera en EUA amenaza propagarse a todas las economías del mundo con la velocidad de un virus mutante y corrosivo; pero la pandemia global en el reino del mercado también es la consecuencia de una peste vaporosa que infectó la sensatez y distorsionó los valores éticos. La propagación fue incontenible porque el virus pulula en un entorno donde predomina la falacia y circula vertiginosamente a través de imágenes.

En pocos días se materializaron las críticas que se desestimaron en su momento, y ahora, las economías padecen los excesos de la fluidez irrestricta de las leyes del mercado. Pero la debacle del liberalismo globalizado apenas inicia porque la crisis virtual del sector financiero e inmobiliario se ha trasladado al entorno de la economía real.

El virus que catalizó esta peste globalizada se incubó en el modelo económico estadounidense, sustentado únicamente en volúmenes exorbitantes de producción y en el consumo exacerbado, y las secuelas irreversibles fueron el endeudamiento desmesurado y la insolvencia generalizada. La salud en las finanzas públicas y privadas se dificulta porque las mutaciones de los mercados superaron la evolución de las leyes que alguna vez intentaron regularlos.

Una recesión aguda en el 2009 es el barrunto generalizado y la evidencia del paroxismo en el reino del mercado es la cauta divulgación de un mensaje contrario al dogma predominante, y ahora ante la crisis se aconseja no adquirir lo superfluo, no comprar lo innecesario, no sucumbir en la fiebre de las compras compulsivas. La crisis del modelo de mercado se ha manifestado en el desmoronamiento de la idiosincrasia del consumo, y en el mundo concreto y cotidiano ya pocas cosas cuestan realmente lo que valen.

Pero la decadencia del paradigma instituido por la ética del lucro implica un quebranto más profundo que la insolvencia económica; implica un abrupto reajuste en los estereotipos vigentes, y la erradicación de: compulsiones y adicciones, de un estilo de vida y de una forma de percibir el mundo.

La actitud propagada entre los habitantes de la aldea global entronizó al mercado como única constante universal, y la alienación al modelo se lograba a través del consumo como el eje de la actividad económica y como el criterio para definir el éxito en el entorno social. La tecnología es la quimera posmoderna que invadió todas las manifestaciones de la conciencia humana y es el eslabón que encadenó a los consumidores y los sometió al corporativismo mercantil.

Aún en el umbral de la crisis, los modelos de excelencia en el reino del mercado sugerían una vida enfocada al consumo como placer; la prosperidad equivalía a la acumulación de propiedades y el éxito implicaba ostentación.
Por las características del entorno, surgió un padecimiento crónico y agudo entre los súbditos del reino del mercado: el síndrome de la globalidad, que se adquiere por la adicción al trabajo, a través del manejo institucional del stress, por contagio de la neurosis colectiva y por la dispersión masiva de la ansiedad ante una eminente pérdida del empleo. El síndrome se agudiza cuando se asimila la consigna de que es sano vivir con cierto nivel de tensión y que la única realización personal surge por la eficiencia operacional.

La manifestación más frecuente del síndrome es la angustia, socialmente compartida, de vivir en la cartera vencida del Buró de Crédito; las deudas contraídas provocan un estrés de alta intensidad, y ante la imposibilidad de pagar una deuda que crece diariamente y por las amenazas de embargo, aparece un círculo vicioso que inicia con el insomnio, lo que provoca crisis nerviosas, que derivan en una depresión, que alimenta a un monstruo invisible que devora la tranquilidad.

Ahora, el orden global se transforma minuto a minuto, la idiosincrasia mercantilista se desvanece por la crisis financiera, y la decadencia de los paradigmas de la globalización liberal agrava la atribulada salud mental de los consumidores cautivos del mercado. El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, declaró que "los riesgos que amenazan al entorno económico global son los más graves y difíciles de la memoria reciente”.

La amenaza se cierne sobre todos, porque las grandes rupturas se han producido cuando los dogmas intangibles no resisten el rigor de la realidad concreta; los grandes relatos han sucumbido al ras de la tierra por las contradicciones de la condición humana. Hoy por hoy, cuando el reino del mercado se reconfigura, ante la decadencia de una ideología hueca y compulsiva, para combatir la plaga del crédito que asola regiones enteras, el único remedio sensato consiste en invertir las prioridades y otorgar un justo valor al patrimonio intangible, en conservar intacto el legado íntimo, imposible de cuantificar, y de embargar.

El único alivio para los estertores financieros consiste en generalizar la confianza, pero la agonía del estereotipo global debería preceder a una nueva actitud; será necesario reubicar al individuo en el centro de la percepción social, recuperar la felicidad como un derecho inalienable y ejercer en forma masiva la templanza, la compasión y empatía para resarcir… los estragos del dogma insulso materializado en la angustia cotidiana, y para cauterizar las secuelas de los fatuos excesos que perturbaron el porvenir…