Mostrando las entradas con la etiqueta Rarámuris. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rarámuris. Mostrar todas las entradas

domingo, febrero 05, 2012

El origen de la tragedia

En algún lugar del discurso, detrás de las palabras triunfalistas que pregonan mil y un bondades, entre las líneas de una farsa, yace el argumento de una tragedia…

El jueves 2 de Febrero, Felipe Calderón viajó a la Sierra Tarahumara portando la gorra de jefe de las Fuerzas Armadas, descargó un helicóptero con víveres y garrafones de agua, y ordenó al Ejército y la Marina surtir a las comunidades necesitadas.En un despliegue espectacular de recursos se implementó un plan de emergencia: la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) repartirá en total 110 toneladas de alimentos y la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), anuncia que promoverá, a través del Fondo Nacional para las Artesanías (Fonart), la compra de artesanía rarámuri.

Pero ésta, como todas emergencias, pretende resolver en unos días los problemas que se ha desatendido por años. La tragedia tarahumara se origina en la indiferencia institucional, cuyos estragos se perciben en los sectores vulnerables, en las comunidades marginadas que han sido excluidas en las políticas públicas. La catastrófica situación en que se subsisten los rarámuris es el resultado de la insensibilidad gubernamental: en el transcurso del sexenio, 20 mil rarámuris fueron dados de baja del padrón de Oportunidades, el programa asistencial más importante del país, como castigo por haber incumplido reglas de operación, porque no acudían a escuelas o centros de salud, los que que les quedan a jornadas enteras de caminatas. Este año, el gobierno actual del Estado de Chihuahua, redujo en 24% el presupuesto de la oficina que se encarga de canalizar los apoyos gubernamentales a los indígenas rarámuris, pimas y guarojíos serranos. Como consecuencia, los hospitales en la Sierra Tarahumara registran un incremento de padecimientos en niños causados por desnutrición severa, la sequia provocó la primera epidemia de hepatitis en un albergue infantil y ya se detectaron brotes de sarna por la falta de higiene. En un acto de contrición multitudinario, la generosidad expiará la culpa social y las acciones de gobierno se divulgarán por los cuatro vientos pero el origen de la tragedia permanecerá latente.

La desolación es el paisaje que aflige al territorio nacional, en la sierra, en el valle o en la ciudad, existe un sector de mexicanos que no conocen las bondades del Estado ni la compasión de sus compatriotas. El número de mexicanos ignorados por los programas asistenciales y las políticas públicas crece y crece y es una cifra lacerante que se pretende maquillar con las categorías de la miseria. La desesperanza es una de tantos motivos que no aparecen en los discursos oficiales, que se encubren detrás de las palabras triunfalistas que pregonan mil y un bondades, pero entre las líneas de una farsa, yace el argumento de una tragedia…

domingo, enero 29, 2012

Kórima

En algún lugar inhóspito, detrás de la sierra del olvido y en un recoveco del tiempo, subsistió intacta una de las versiones más generosas del hombre; pero ahora, los estragos de la civilización recorren los senderos de la inocencia…

La sierra Tarahumara, hogar ancestral de los rarámuri, fue la frontera natural que durante mucho tiempo impidió la incursión de criterios ajenos; las distancias entre las familias y la extrema dificultad para desplazarse entre los escuetos asentamientos impidieron que los conquistadores, los misioneros y los revolucionarios impusieran su visión del mundo. Por derecho propio, los rarámuri permanecieron alejados del mundo civilizado y conservaron intactos los rasgos que fortalecieron la unión de su etnia. Al margen del progreso y la modernidad, los hombres de los pies alados, poseedores incuestionables del olvido institucional subsistieron por la fuerza de la solidaridad arraigada en sus memes: kórima es el vocablo rarámuri que designa al compromiso social como una tradición que surge en la ayuda y el apoyo mutuo. Pero nada es para siempre.

La lejanía, manantial de la autonomía y la dignidad de los rarámuri, se desvaneció por los estragos de ambiciones perniciosas: la tala inmoderada y excesiva modificó el entorno natural, los productores de estupefacientes impusieron la fatal disyuntiva entre la esclavitud y la muerte. No obstante, la legendaria barrera del silencio permanecía inalterable. La trágica situación de los rarámuri permanecía oculta, la indiferencia hacia ésta y todas las comunidades indígenas se mantuvo como el criterio predominante en las políticas públicas y en las etnias se concentraron todos los matices de la discriminación.

El abuso y la depredación de su entorno destruyeron paulatinamente su fortaleza. La desesperación arrasó con la maravillosa habilidad de volar con los pies en la tierra y la muerte se apareció como un remedio a los estragos de la hambruna. Y la intensidad de la desventura trascendió la frontera del olvido y un rumor irrumpió el silencio. La muerte de los rarámuri se filtró en los mensajes y en las redes sociales se reprodujo el eco de la indignación. La conciencia ciudadana logró vencer las inercias del olvido gubernamental, la solidaridad espontánea impregnó el ambiente y Kórima se expande más allá de sus límites ancestrales para atenuar los estragos de la sequía. Los centros de acopio se multiplican en todo el país, y la hambruna se escapa pero amenaza con volver, más tarde o más temprano la generosidad será insuficiente. El bienestar y la dignidad germinarán en el hogar de los rarámuri cuando las bondades del Estado lleguen a su territorio y se arraiguen como un derecho irrenunciable. Es imperativo que el progreso social lleguen a todo los moradores de la geografía nacional, que la salud sea una realidad latente en todos los recovecos donde el tiempo se detiene, que la prosperidad revierta los estragos de la civilización y fertilice los senderos de la inocencia…