“El hombre es dueño de su destino;
pero los niños están a merced de quienes les rodean."
John Lubbock
En algún lugar maravilloso, cuando la cruda realidad enturbia el ambiente el aire respirable se torna denso, el clima se endurece por los reclamos de la vida y se extinguen los oasis donde solían refrescarse las visiones de la infancia…
Alguna vez, el entretenido juego de la infancia abarcaba una época imprecisa pero imperecedera, era un periodo que no se extinguía del todo porque en el corazón de todos los hombres, en el recoveco más plácido, entre sueños y fantasías, dormía el niño que alguna vez fue. Dicen los que saben que se requieren millones y millones de años para que los cambios biológicos se inscriban en el código genético, que por eso, las mutaciones recientes en los seres humanos surgen y se inscriben en el entorno social. Desde la modernidad tardía, en los estratos favorecidos, la infancia perdió sus rasgos placenteros y despreocupados cuando la figura materna se transformó en una mujer productiva, las actividades extracurriculares saturaron todas las tardes y por los nuevos paradigmas, la infancia se transformó en un sector de mercado.
Pero mientras algunos afortunados desperdician los dones maravillosos de la infancia en un circo de objetos y marcas, una porción inconmensurable debe prescindir de las fantasías para incorporarse a las filas de un ejército de trabajadores que luchan por sobrevivir. Los niveles del trabajo infantil se incrementan en función de la escasez de oportunidades y por el detrimento en la calidad de vida. En México, en los estratos marginados, la educación y la salud públicas se otorgan en condiciones deplorables en un ambiente hostil donde solo una minoría sobrevive y pocos sobresalen. Y a la pobreza y al maltrato que flagelan la infancia se añade la orfandad como daño colateral de la guerra calderonista contra el crimen organizado.
Y así, las bendiciones de la prosperidad, el flagelo de la miseria o los daños colaterales de una cruzada absurda, arrebatan la espontaneidad y la inocencia de los pequeños habitantes de la aldea global. El juego carece de diversión y en su modalidad electrónica es uno más de los indicadores del poder adquisitivo; los rasgos infantiles se pierden en una adolescencia prematura. Pero los cambios en el entorno aún no se inscriben en el código genético: dormido, recesivo tal vez, pero latente, el gen de la infancia pervive en los seres humanos. Será necesario reorientar el curso del mundo para recuperar la frescura de la raza humana, quizá se requiera un cataclismo universal que nos obligue a recuperar los valores primigenios, es posible que el desencanto de las generaciones posmodernas provoque una mutación emocional, que la cruda realidad sucumba ante el impacto de la esperanza y que el clima enrarecido por los reclamos de la vida se torne gentil y que ese entorno propicie el florecimiento de la infancia como la virtud más grande de la humanidad…
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domingo, abril 24, 2011
domingo, junio 14, 2009
Proyecto changarro
En algún lugar de un fluido incomprensible, cuando la presión de la realidad es contundente, emergen a la superficie los cimientos perversos que yacían en el fondo…
Dicen los que saben que Pascal descifró un principio universal, que las leyes de la hidrostática tienen vigencia en todas las esferas de la vida social, y que por eso, la presión de la última gota desborda cualquier superficie.
El trágico incendio en una guardería en Hermosillo Sonora, es una gota más en el inmenso mar de la impunidad: la identificación de los responsables y la aplicación de la ley se enturbian por las peroratas vacías y pretextos absurdos. Pero la opinión pública es un recipiente indeformable y finito; esta gota también ha colmado el vaso del hartazgo.
El lamentable siniestro que ha cobrado la vida de 46 infantes, exhibe la dualidad del lenguaje político: los requerimientos de las madres trabajadoras ascienden al rubro de las prioridades en las promesas de campaña, pero una vez que ha concluido el proselitismo, las madres trabajadoras deben acudir a guarderías y estancias erigidas de improviso en instalaciones deficientes.
La changarrización de las guarderías, como proyecto gubernamental, es la evidencia de la tergiversación de las políticas públicas y de su implementación como negocios lucrativos. La subrogación de estancias infantiles y guarderías por el sector salud es un artificio para desplazar una función social a cargo del estado a particulares, con todas las deficiencias que esto implica.
La inseguridad de las instalaciones, la laxitud en la inspección y la deliberada confusión en cuanto a la licitación de las estancias changarro, son las anomalías inmediatas más evidentes; otra repercusión a largo plazo, pero no menos importante, es la escasa o nula calificación profesional de las personas encargadas del cuidado de los infantes en las estancias subrogadas.
La capacidad profesional de los encargados de los infantes en las guarderías changarro es también un factor inexistente en el proyecto “Inicia tu propio negocio: guarderías” elaborado por la Secretaría de Economía en el 2006.
El objetivo del proyecto es instruir a particulares interesados en el negocio de las guarderías particulares y la prioridad es eminentemente lucrativa. Actualmente la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) tiene registradas 8 mil 315 estancias infantiles, dentro de casas de uso común adecuadas para tal fin.
La infancia y los primeros años de vida son determinantes en el desarrollo de la personalidad, pero este aspecto, que debería regir el funcionamiento de las estancias infantiles no se menciona en ninguno de los requerimientos legales para las estancias subrogadas y mucho menos en el proyecto calderonista de las guarderías particulares.
Las anomalías que provocaron la tragedia en Hermosillo, son tan deleznables como las que provocaron las explosiones de los ductos de Pemex, el incendio del centro nocturno Lobohombo, el fatal operativo policiaco en el News Divine, la desaparición de infantes en el albergue Casitas del Sur, entre muchas más del pasado y por venir.
Esos siniestros son la manifestación del criterio gubernamental que equipara las políticas públicas con negocios particulares, que impone una ética de lucro a función social del estado. Pero es imperativo indicar que este criterio no es exclusivo de ningún partido político, es una tendencia generalizada en la clase política.
La tragedia en Hermosillo, como otras tantas, fue el resultado de los vicios generalizados en la administración pública. Hoy por hoy, en pleno proceso electoral, esta tragedia es la gota que desborda el recipiente indeformable de la opinión pública; es ahora cuando la presión de la realidad es contundente y emergen a la superficie los cimientos perversos que yacían en el fondo…
Dicen los que saben que Pascal descifró un principio universal, que las leyes de la hidrostática tienen vigencia en todas las esferas de la vida social, y que por eso, la presión de la última gota desborda cualquier superficie.
El trágico incendio en una guardería en Hermosillo Sonora, es una gota más en el inmenso mar de la impunidad: la identificación de los responsables y la aplicación de la ley se enturbian por las peroratas vacías y pretextos absurdos. Pero la opinión pública es un recipiente indeformable y finito; esta gota también ha colmado el vaso del hartazgo.
El lamentable siniestro que ha cobrado la vida de 46 infantes, exhibe la dualidad del lenguaje político: los requerimientos de las madres trabajadoras ascienden al rubro de las prioridades en las promesas de campaña, pero una vez que ha concluido el proselitismo, las madres trabajadoras deben acudir a guarderías y estancias erigidas de improviso en instalaciones deficientes.
La changarrización de las guarderías, como proyecto gubernamental, es la evidencia de la tergiversación de las políticas públicas y de su implementación como negocios lucrativos. La subrogación de estancias infantiles y guarderías por el sector salud es un artificio para desplazar una función social a cargo del estado a particulares, con todas las deficiencias que esto implica.
La inseguridad de las instalaciones, la laxitud en la inspección y la deliberada confusión en cuanto a la licitación de las estancias changarro, son las anomalías inmediatas más evidentes; otra repercusión a largo plazo, pero no menos importante, es la escasa o nula calificación profesional de las personas encargadas del cuidado de los infantes en las estancias subrogadas.
La capacidad profesional de los encargados de los infantes en las guarderías changarro es también un factor inexistente en el proyecto “Inicia tu propio negocio: guarderías” elaborado por la Secretaría de Economía en el 2006.
El objetivo del proyecto es instruir a particulares interesados en el negocio de las guarderías particulares y la prioridad es eminentemente lucrativa. Actualmente la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) tiene registradas 8 mil 315 estancias infantiles, dentro de casas de uso común adecuadas para tal fin.
La infancia y los primeros años de vida son determinantes en el desarrollo de la personalidad, pero este aspecto, que debería regir el funcionamiento de las estancias infantiles no se menciona en ninguno de los requerimientos legales para las estancias subrogadas y mucho menos en el proyecto calderonista de las guarderías particulares.
Las anomalías que provocaron la tragedia en Hermosillo, son tan deleznables como las que provocaron las explosiones de los ductos de Pemex, el incendio del centro nocturno Lobohombo, el fatal operativo policiaco en el News Divine, la desaparición de infantes en el albergue Casitas del Sur, entre muchas más del pasado y por venir.
Esos siniestros son la manifestación del criterio gubernamental que equipara las políticas públicas con negocios particulares, que impone una ética de lucro a función social del estado. Pero es imperativo indicar que este criterio no es exclusivo de ningún partido político, es una tendencia generalizada en la clase política.
La tragedia en Hermosillo, como otras tantas, fue el resultado de los vicios generalizados en la administración pública. Hoy por hoy, en pleno proceso electoral, esta tragedia es la gota que desborda el recipiente indeformable de la opinión pública; es ahora cuando la presión de la realidad es contundente y emergen a la superficie los cimientos perversos que yacían en el fondo…
domingo, febrero 22, 2009
Síndrome marginal
En algún lugar de la marginación, donde escasean las bondades de las políticas públicas, la insalubridad transmutó en un misterioso padecimiento y la incertidumbre es un síntoma de la pobreza…
Los Santorales es una zona suburbana de alta marginación al poniente de la ciudad de Mexicali, en el estado fronterizo de Baja California. Y en ese entorno persisten rezagos en servicios públicos y condiciones sanitarias, se han registrado trece fallecimientos en los últimos cinco meses y hasta el momento las autoridades sanitarias no han identificado el origen del extraño padecimiento.
En los trece casos se brindó atención médica hospitalaria, todos presentaron los mismos síntomas (fiebre, manchas rojas en la piel, vómito, mareos, dolor de cabeza y resfriado) pero ninguno de ellos respondió al tratamiento, y de acuerdo con las autoridades sanitarias, todos fallecieron por causas diferentes.
La alarma cunde por el número de casos, porque el padecimiento cobró la vida de niños y jóvenes, por la parsimoniosa respuesta de las instituciones del sector salud y porque las autoridades sanitarias decidieron actuar hasta que se registró el octavo fallecimiento.
Dicen los que saben que una epidemia surge cuando se detecta la similitud de síntomas y circunstancias en tres casos; que muchas veces es preciso mantener la calma para no provocar un pánico generalizado; pero que muchas veces, el silencio institucional encubre negligencia, desinterés, impericia.
Ya sea por la cantidad y la frecuencia, o por la ubicación del foco infeccioso, el desempeño de los responsables de la salud pública es deplorable y despierta suspicacias.
Esta situación no es provocada por la histeria colectiva ni es una epidemia de miedo que pueda aliviarse con placebos. Es la evidencia, contundente y lacerante, del olvido gubernamental, de la insensibilidad institucional hacia los sectores marginales.
La sombra de un estado fallido surge cuando el gobierno es superado por los poderes fácticos (mediocracia, crimen organizado, etc.), pero esa sombra adquiere consistencia cuando el estado es insuficiente, o incapaz, para proveer a sus habitantes los servicios sociales básicos (salud, educación, seguridad) a los que está obligado 1.
El padecimiento que aqueja al país es la secuela de los placebos gubernamentales derivados de la demagogia, de un virulento declive en la sensibilidad social, del distanciamiento inexorable entre los que tienen todo y los que nada tienen.
La salud y la educación públicas yacen el fondo del cajón de los olvidos institucionales porque el Estado de Bienestar se ha transfigurado en una mega-gerencia de negocios internacionales; el bienestar social es una quimera que sólo reluce en los discursos de proselitismo, es una vana ilusión mediática en la propaganda gubernamental, porque allá en el lumpen donde pululan los virus de la demagogia… la insalubridad transmutó en un misterioso padecimiento y la incertidumbre es un síntoma de la pobreza…
1. Estado de Bienestar (welfare state) se da cuando el Estado se obliga a asegurar a todos derechos y servicios básicos como la salud, la educación, los servicios sociales, la jubilación, la protección del empleo. Para ello desarrolla ministerios, leyes, presupuestos e instituciones. Luis Ugalde. “Globalización, estado de bienestar y neoliberalismo”
Los Santorales es una zona suburbana de alta marginación al poniente de la ciudad de Mexicali, en el estado fronterizo de Baja California. Y en ese entorno persisten rezagos en servicios públicos y condiciones sanitarias, se han registrado trece fallecimientos en los últimos cinco meses y hasta el momento las autoridades sanitarias no han identificado el origen del extraño padecimiento.
En los trece casos se brindó atención médica hospitalaria, todos presentaron los mismos síntomas (fiebre, manchas rojas en la piel, vómito, mareos, dolor de cabeza y resfriado) pero ninguno de ellos respondió al tratamiento, y de acuerdo con las autoridades sanitarias, todos fallecieron por causas diferentes.
La alarma cunde por el número de casos, porque el padecimiento cobró la vida de niños y jóvenes, por la parsimoniosa respuesta de las instituciones del sector salud y porque las autoridades sanitarias decidieron actuar hasta que se registró el octavo fallecimiento.
Dicen los que saben que una epidemia surge cuando se detecta la similitud de síntomas y circunstancias en tres casos; que muchas veces es preciso mantener la calma para no provocar un pánico generalizado; pero que muchas veces, el silencio institucional encubre negligencia, desinterés, impericia.
Ya sea por la cantidad y la frecuencia, o por la ubicación del foco infeccioso, el desempeño de los responsables de la salud pública es deplorable y despierta suspicacias.
Esta situación no es provocada por la histeria colectiva ni es una epidemia de miedo que pueda aliviarse con placebos. Es la evidencia, contundente y lacerante, del olvido gubernamental, de la insensibilidad institucional hacia los sectores marginales.
La sombra de un estado fallido surge cuando el gobierno es superado por los poderes fácticos (mediocracia, crimen organizado, etc.), pero esa sombra adquiere consistencia cuando el estado es insuficiente, o incapaz, para proveer a sus habitantes los servicios sociales básicos (salud, educación, seguridad) a los que está obligado 1.
El padecimiento que aqueja al país es la secuela de los placebos gubernamentales derivados de la demagogia, de un virulento declive en la sensibilidad social, del distanciamiento inexorable entre los que tienen todo y los que nada tienen.
La salud y la educación públicas yacen el fondo del cajón de los olvidos institucionales porque el Estado de Bienestar se ha transfigurado en una mega-gerencia de negocios internacionales; el bienestar social es una quimera que sólo reluce en los discursos de proselitismo, es una vana ilusión mediática en la propaganda gubernamental, porque allá en el lumpen donde pululan los virus de la demagogia… la insalubridad transmutó en un misterioso padecimiento y la incertidumbre es un síntoma de la pobreza…
1. Estado de Bienestar (welfare state) se da cuando el Estado se obliga a asegurar a todos derechos y servicios básicos como la salud, la educación, los servicios sociales, la jubilación, la protección del empleo. Para ello desarrolla ministerios, leyes, presupuestos e instituciones. Luis Ugalde. “Globalización, estado de bienestar y neoliberalismo”
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