En algún lugar elitista y excluyente, en el ámbito de las artes y desde hace siglos, los expertos en ilusiones y letras sesionan en la Oficina del Canon; y justamente ahí, en la estrechez de la cultura, se emite el criterio que consagra a los talentos excepcionales…
En un principio, el canon literario se configuró con las obras maestras que lograron trascender su entorno y su tiempo; surge como un compendio de la belleza traducida en palabras, como el reflejo de la condición humana en un firmamento iluminado por ideas brillantes. Pero el canon, como todos los criterios, es veleidoso, esquivo y fatal: depende del ángulo de apreciación de quienes lo establecen y este ángulo suele ubicarse en los estratos más elevados de la cultura; es tajante como el filo de las aristas de la percepción y excluye a las obras que exponen una visión del mundo diferente a la predominante; sucumbe a la fatalidad irreversible del origen de los autores y sólo consagra a quienes pertenecen al selecto círculo de los afortunados.
La aberración del canon se produce cuando se premia una obra por la cercanía emocional del jurado con el autor sin considerar sus méritos ni su talento, si es que existe, y este vicio en la apreciación ha marginado creaciones innovadoras, audaces, auténticas. Por la abyecta tradición de premiar a los colegas, a los que pertenecen a la misma elite y a los que perciben el mundo desde la perspectiva imperante, se instituyó la intelectualidad orgánica, las mentes de obra que producen alabanzas y lisonjas para el grupo en el poder, a los críticos que declinan y se arrodillan a cambio de un periodo de gracia, fama y fortuna.
Hoy por hoy, esta elegante quimera ha consagrado a mediocres impecables como Saltiel Alatriste, plagiario consumado recientemente galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores. Esta farsa exquisita y su injusta premiación provocaron una repulsión generalizada. Desde el portal de la revista Letras Libres, Guillermo Sheridan expresó que era “una pena que un escritor engañe: las letras y la inteligencia mexicanas configuraban un espacio de honestidad en un país proclive a la mentira”.
Gracias a la protesta de plumas virtuosas sucumbió la vana ilusión de premiar la deshonestidad. Ernesto Lumbreras, Carla Faesler, Gerardo Ochoa, Guillermo Sheridan, Gabriel Zaid, Jesús Silva-Herzog Márquez, entre otros indignados, definieron el plagio como “el fraude de ideas y palabras” que implica mucho más que la vulgar omisión de comillas, citas y referencias, exhibieron al plagiario galardonado como un oportunista que se apropia del talento ajeno para ocultar la carencia de inspiración. La presión y el repudio consensuados tuvieron éxito: Alatriste renunció al premio mal habido y presentó su dimisión como coordinador de Difusión Cultural en la Universidad Nacional Autónoma de México, (UNAM).
Quiero creer que este incidente atenuará la tendencia excluyente en el ámbito exquisito de las letras, pero aún cuando persista esa nefasta apreciación, es innegable que al margen del canon se producen obras excelsas que trascienden el criterio obtuso de un círculo exclusivo, que los autores honestos cautivan con sus ideas y sus palabras, que la admiración de los lectores es el mejor de los premios y que es el veredicto de los lectores lo que consagra a los talentos auténticos y excepcionales…
domingo, febrero 19, 2012
domingo, febrero 12, 2012
Lo indefinible
En algún lugar del tiempo, en la vertiente veleidosa de los afanes emergen las temerarias definiciones de lo intangible y en la región evanescente de los ideales florecen versiones híbridas de lo sublime que se propagan ansias galopantes de consumo…
El amor ha sido una definición esquiva que ha inquietado al hombre en todos los tiempos, por eso, en todas las épocas las expresiones del amor han adoptado la forma del criterio predominante. En la caverna de los trogloditas el amor germinó por las afinidades entre seres semejantes y floreció por la necesidad de pertenencia; aquellos vínculos se forjaron en la empatía y con el transcurso del tiempo se materializaron en los rasgos de una especie dominante.
Siglos después, cuando el hombre ascendió a la cima del mundo, el amor se incorporó al legado cultural y sus manifestaciones alcanzaron dimensiones épicas como la guerra de Troya; épica fue la reacción de Marco Antonio, cuando hizo traer 200,000 volúmenes de la biblioteca de Pérgamo para aliviar la tristeza de Cleopatra por el incendio de la biblioteca Alejandría. Cuando el romanticismo impregnó la razón, el amor ascendió a niveles sublimes y en la atmósfera de las idealizaciones la fortaleza incontenible provenía de la certeza de saberse amado.
Todavía en el siglo pasado, el amor fue el argumento de grandes historias. Hoy por hoy, el amor se enfrenta a una crisis existencial. En una sociedad caracterizada por el consumismo, cuando los individuos viven ensimismados dentro de una burbuja personal donde predominan sus propios intereses y necesidades, el amor se ha desvirtuado en una temporada de ventas masivas; las expresiones del amor son objetos materiales, símbolos de la versión más cursi del amor, que se encarecen en la víspera de San Valentín y que pierden todo su valor un día después.
Vivimos en una época de incertidumbres, en un mundo materializante donde todo caduca y es desechable, la moda es el síntoma inequívoco de la sumisión irreflexiva al mandato del mercado. Los afectos sólo existen si se expresan con objetos y la certeza del amor se comprime en el perfil que se publica en las redes sociales.
Pero ahora, como siempre y desde entonces, el amor permanece en el mapa genético de nuestra especie, surge en el páramo de la soledad posmoderna, germina con la afinidad y florece en la conectividad. Emigra de la virtualidad para consolidarse en una atracción viva y latente. Los senderos son vertiginosos y las distancias ya no existen para este legendario sentimiento que alguna vez movilizó los ejércitos de un hombre resentido. Aún en su versión más frívola y cursi, comprimido en objetos inútiles, el amor es un concepto indefinible que perdura en la región evanescente de los ideales, que florece sublime, inmarcesible e imperturbable entre versiones híbridas que se propagan como ansias galopantes de consumo…
El amor ha sido una definición esquiva que ha inquietado al hombre en todos los tiempos, por eso, en todas las épocas las expresiones del amor han adoptado la forma del criterio predominante. En la caverna de los trogloditas el amor germinó por las afinidades entre seres semejantes y floreció por la necesidad de pertenencia; aquellos vínculos se forjaron en la empatía y con el transcurso del tiempo se materializaron en los rasgos de una especie dominante.
Siglos después, cuando el hombre ascendió a la cima del mundo, el amor se incorporó al legado cultural y sus manifestaciones alcanzaron dimensiones épicas como la guerra de Troya; épica fue la reacción de Marco Antonio, cuando hizo traer 200,000 volúmenes de la biblioteca de Pérgamo para aliviar la tristeza de Cleopatra por el incendio de la biblioteca Alejandría. Cuando el romanticismo impregnó la razón, el amor ascendió a niveles sublimes y en la atmósfera de las idealizaciones la fortaleza incontenible provenía de la certeza de saberse amado.
Todavía en el siglo pasado, el amor fue el argumento de grandes historias. Hoy por hoy, el amor se enfrenta a una crisis existencial. En una sociedad caracterizada por el consumismo, cuando los individuos viven ensimismados dentro de una burbuja personal donde predominan sus propios intereses y necesidades, el amor se ha desvirtuado en una temporada de ventas masivas; las expresiones del amor son objetos materiales, símbolos de la versión más cursi del amor, que se encarecen en la víspera de San Valentín y que pierden todo su valor un día después.
Vivimos en una época de incertidumbres, en un mundo materializante donde todo caduca y es desechable, la moda es el síntoma inequívoco de la sumisión irreflexiva al mandato del mercado. Los afectos sólo existen si se expresan con objetos y la certeza del amor se comprime en el perfil que se publica en las redes sociales.
Pero ahora, como siempre y desde entonces, el amor permanece en el mapa genético de nuestra especie, surge en el páramo de la soledad posmoderna, germina con la afinidad y florece en la conectividad. Emigra de la virtualidad para consolidarse en una atracción viva y latente. Los senderos son vertiginosos y las distancias ya no existen para este legendario sentimiento que alguna vez movilizó los ejércitos de un hombre resentido. Aún en su versión más frívola y cursi, comprimido en objetos inútiles, el amor es un concepto indefinible que perdura en la región evanescente de los ideales, que florece sublime, inmarcesible e imperturbable entre versiones híbridas que se propagan como ansias galopantes de consumo…
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Antropología social,
En algún lugar...,
Laura M. López Murillo
domingo, febrero 05, 2012
El origen de la tragedia
En algún lugar del discurso, detrás de las palabras triunfalistas que pregonan mil y un bondades, entre las líneas de una farsa, yace el argumento de una tragedia…
El jueves 2 de Febrero, Felipe Calderón viajó a la Sierra Tarahumara portando la gorra de jefe de las Fuerzas Armadas, descargó un helicóptero con víveres y garrafones de agua, y ordenó al Ejército y la Marina surtir a las comunidades necesitadas.En un despliegue espectacular de recursos se implementó un plan de emergencia: la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) repartirá en total 110 toneladas de alimentos y la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), anuncia que promoverá, a través del Fondo Nacional para las Artesanías (Fonart), la compra de artesanía rarámuri.
Pero ésta, como todas emergencias, pretende resolver en unos días los problemas que se ha desatendido por años. La tragedia tarahumara se origina en la indiferencia institucional, cuyos estragos se perciben en los sectores vulnerables, en las comunidades marginadas que han sido excluidas en las políticas públicas. La catastrófica situación en que se subsisten los rarámuris es el resultado de la insensibilidad gubernamental: en el transcurso del sexenio, 20 mil rarámuris fueron dados de baja del padrón de Oportunidades, el programa asistencial más importante del país, como castigo por haber incumplido reglas de operación, porque no acudían a escuelas o centros de salud, los que que les quedan a jornadas enteras de caminatas. Este año, el gobierno actual del Estado de Chihuahua, redujo en 24% el presupuesto de la oficina que se encarga de canalizar los apoyos gubernamentales a los indígenas rarámuris, pimas y guarojíos serranos. Como consecuencia, los hospitales en la Sierra Tarahumara registran un incremento de padecimientos en niños causados por desnutrición severa, la sequia provocó la primera epidemia de hepatitis en un albergue infantil y ya se detectaron brotes de sarna por la falta de higiene. En un acto de contrición multitudinario, la generosidad expiará la culpa social y las acciones de gobierno se divulgarán por los cuatro vientos pero el origen de la tragedia permanecerá latente.
La desolación es el paisaje que aflige al territorio nacional, en la sierra, en el valle o en la ciudad, existe un sector de mexicanos que no conocen las bondades del Estado ni la compasión de sus compatriotas. El número de mexicanos ignorados por los programas asistenciales y las políticas públicas crece y crece y es una cifra lacerante que se pretende maquillar con las categorías de la miseria. La desesperanza es una de tantos motivos que no aparecen en los discursos oficiales, que se encubren detrás de las palabras triunfalistas que pregonan mil y un bondades, pero entre las líneas de una farsa, yace el argumento de una tragedia…
El jueves 2 de Febrero, Felipe Calderón viajó a la Sierra Tarahumara portando la gorra de jefe de las Fuerzas Armadas, descargó un helicóptero con víveres y garrafones de agua, y ordenó al Ejército y la Marina surtir a las comunidades necesitadas.En un despliegue espectacular de recursos se implementó un plan de emergencia: la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) repartirá en total 110 toneladas de alimentos y la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), anuncia que promoverá, a través del Fondo Nacional para las Artesanías (Fonart), la compra de artesanía rarámuri.
Pero ésta, como todas emergencias, pretende resolver en unos días los problemas que se ha desatendido por años. La tragedia tarahumara se origina en la indiferencia institucional, cuyos estragos se perciben en los sectores vulnerables, en las comunidades marginadas que han sido excluidas en las políticas públicas. La catastrófica situación en que se subsisten los rarámuris es el resultado de la insensibilidad gubernamental: en el transcurso del sexenio, 20 mil rarámuris fueron dados de baja del padrón de Oportunidades, el programa asistencial más importante del país, como castigo por haber incumplido reglas de operación, porque no acudían a escuelas o centros de salud, los que que les quedan a jornadas enteras de caminatas. Este año, el gobierno actual del Estado de Chihuahua, redujo en 24% el presupuesto de la oficina que se encarga de canalizar los apoyos gubernamentales a los indígenas rarámuris, pimas y guarojíos serranos. Como consecuencia, los hospitales en la Sierra Tarahumara registran un incremento de padecimientos en niños causados por desnutrición severa, la sequia provocó la primera epidemia de hepatitis en un albergue infantil y ya se detectaron brotes de sarna por la falta de higiene. En un acto de contrición multitudinario, la generosidad expiará la culpa social y las acciones de gobierno se divulgarán por los cuatro vientos pero el origen de la tragedia permanecerá latente.
La desolación es el paisaje que aflige al territorio nacional, en la sierra, en el valle o en la ciudad, existe un sector de mexicanos que no conocen las bondades del Estado ni la compasión de sus compatriotas. El número de mexicanos ignorados por los programas asistenciales y las políticas públicas crece y crece y es una cifra lacerante que se pretende maquillar con las categorías de la miseria. La desesperanza es una de tantos motivos que no aparecen en los discursos oficiales, que se encubren detrás de las palabras triunfalistas que pregonan mil y un bondades, pero entre las líneas de una farsa, yace el argumento de una tragedia…
domingo, enero 29, 2012
Kórima
En algún lugar inhóspito, detrás de la sierra del olvido y en un recoveco del tiempo, subsistió intacta una de las versiones más generosas del hombre; pero ahora, los estragos de la civilización recorren los senderos de la inocencia…
La sierra Tarahumara, hogar ancestral de los rarámuri, fue la frontera natural que durante mucho tiempo impidió la incursión de criterios ajenos; las distancias entre las familias y la extrema dificultad para desplazarse entre los escuetos asentamientos impidieron que los conquistadores, los misioneros y los revolucionarios impusieran su visión del mundo. Por derecho propio, los rarámuri permanecieron alejados del mundo civilizado y conservaron intactos los rasgos que fortalecieron la unión de su etnia. Al margen del progreso y la modernidad, los hombres de los pies alados, poseedores incuestionables del olvido institucional subsistieron por la fuerza de la solidaridad arraigada en sus memes: kórima es el vocablo rarámuri que designa al compromiso social como una tradición que surge en la ayuda y el apoyo mutuo. Pero nada es para siempre.
La lejanía, manantial de la autonomía y la dignidad de los rarámuri, se desvaneció por los estragos de ambiciones perniciosas: la tala inmoderada y excesiva modificó el entorno natural, los productores de estupefacientes impusieron la fatal disyuntiva entre la esclavitud y la muerte. No obstante, la legendaria barrera del silencio permanecía inalterable. La trágica situación de los rarámuri permanecía oculta, la indiferencia hacia ésta y todas las comunidades indígenas se mantuvo como el criterio predominante en las políticas públicas y en las etnias se concentraron todos los matices de la discriminación.
El abuso y la depredación de su entorno destruyeron paulatinamente su fortaleza. La desesperación arrasó con la maravillosa habilidad de volar con los pies en la tierra y la muerte se apareció como un remedio a los estragos de la hambruna. Y la intensidad de la desventura trascendió la frontera del olvido y un rumor irrumpió el silencio. La muerte de los rarámuri se filtró en los mensajes y en las redes sociales se reprodujo el eco de la indignación. La conciencia ciudadana logró vencer las inercias del olvido gubernamental, la solidaridad espontánea impregnó el ambiente y Kórima se expande más allá de sus límites ancestrales para atenuar los estragos de la sequía. Los centros de acopio se multiplican en todo el país, y la hambruna se escapa pero amenaza con volver, más tarde o más temprano la generosidad será insuficiente. El bienestar y la dignidad germinarán en el hogar de los rarámuri cuando las bondades del Estado lleguen a su territorio y se arraiguen como un derecho irrenunciable. Es imperativo que el progreso social lleguen a todo los moradores de la geografía nacional, que la salud sea una realidad latente en todos los recovecos donde el tiempo se detiene, que la prosperidad revierta los estragos de la civilización y fertilice los senderos de la inocencia…
La sierra Tarahumara, hogar ancestral de los rarámuri, fue la frontera natural que durante mucho tiempo impidió la incursión de criterios ajenos; las distancias entre las familias y la extrema dificultad para desplazarse entre los escuetos asentamientos impidieron que los conquistadores, los misioneros y los revolucionarios impusieran su visión del mundo. Por derecho propio, los rarámuri permanecieron alejados del mundo civilizado y conservaron intactos los rasgos que fortalecieron la unión de su etnia. Al margen del progreso y la modernidad, los hombres de los pies alados, poseedores incuestionables del olvido institucional subsistieron por la fuerza de la solidaridad arraigada en sus memes: kórima es el vocablo rarámuri que designa al compromiso social como una tradición que surge en la ayuda y el apoyo mutuo. Pero nada es para siempre.
La lejanía, manantial de la autonomía y la dignidad de los rarámuri, se desvaneció por los estragos de ambiciones perniciosas: la tala inmoderada y excesiva modificó el entorno natural, los productores de estupefacientes impusieron la fatal disyuntiva entre la esclavitud y la muerte. No obstante, la legendaria barrera del silencio permanecía inalterable. La trágica situación de los rarámuri permanecía oculta, la indiferencia hacia ésta y todas las comunidades indígenas se mantuvo como el criterio predominante en las políticas públicas y en las etnias se concentraron todos los matices de la discriminación.
El abuso y la depredación de su entorno destruyeron paulatinamente su fortaleza. La desesperación arrasó con la maravillosa habilidad de volar con los pies en la tierra y la muerte se apareció como un remedio a los estragos de la hambruna. Y la intensidad de la desventura trascendió la frontera del olvido y un rumor irrumpió el silencio. La muerte de los rarámuri se filtró en los mensajes y en las redes sociales se reprodujo el eco de la indignación. La conciencia ciudadana logró vencer las inercias del olvido gubernamental, la solidaridad espontánea impregnó el ambiente y Kórima se expande más allá de sus límites ancestrales para atenuar los estragos de la sequía. Los centros de acopio se multiplican en todo el país, y la hambruna se escapa pero amenaza con volver, más tarde o más temprano la generosidad será insuficiente. El bienestar y la dignidad germinarán en el hogar de los rarámuri cuando las bondades del Estado lleguen a su territorio y se arraiguen como un derecho irrenunciable. Es imperativo que el progreso social lleguen a todo los moradores de la geografía nacional, que la salud sea una realidad latente en todos los recovecos donde el tiempo se detiene, que la prosperidad revierta los estragos de la civilización y fertilice los senderos de la inocencia…
lunes, enero 23, 2012
El factor imponderable
En algún lugar ambiguo y esquivo, en un resquicio de la condición humana y en estado latente, subsiste un ancestral mandato genético; por eso, cuando el ambiente es propicio, emerge el instinto de dominio y predomina la bestialidad…
En el último minuto de la última sesión en el periodo ordinario 2011 de la Cámara de Diputados, el temerario representante de Durango, Ricardo López Pescador, lanzó una propuesta de reforma al artículo 24 Constitucional, que garantiza la libertad de culto y fundamenta la naturaleza laica del Estado Mexicano.
La susodicha reforma, como la gran mayoría de las modificaciones legislativas, es imprecisa, ambigua. Lejos de esclarecer el significado del mandato constitucional lo complica y provoca interpretaciones bizarras y contradictorias. El elemento que se incorpora y que modifica este artículo es la “libertad de conciencia y de religión”, prerrogativa que se define como “la libertad del ciudadano de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual y colectivamente, tanto en público como en privado.”
Jurídicamente, la propuesta incide en la libertad de culto al definirla como una manifestación de las creencias religiosas. Semánticamente es una redundancia. La lógica indica que no es una innovación pero la lógica brilla por su ausencia en la historia de los hombres, específicamente en el capítulo de las creencias.
Y en la historia de México, los enfrentamientos más violentos y encarnizados se registraron en las guerras matizadas con los tintes religiosos. Las Leyes de Reforma, sustento del estado laico, se promulgaron después de tres años de luchas insufribles entre liberales y conservadores; el parte de la guerra cristera arroja 250 mil muertes y las crónicas describen la polarización exacerbada de la sociedad en función del fanatismo. Esta propuesta de reforma al 24 Constitucional, con sus carencias y ambigüedades es lo suficientemente perversa para exacerbar los ánimos y motivar reacciones beligerantes. La jerarquía católica se congratula mientras la ciudadanía laica manifiesta su repudio en marchas de protesta, y en la víspera de un proceso electoral, la incursión de los fundamentalismos es sumamente riesgosa.
Porque hoy, como siempre y desde entonces, el dogma ha sido el factor imponderable y esquivo, capaz de filtrarse por un resquicio de la condición humana para despertar los genes de la intolerancia y la violencia. Y justamente ahora, cuando la democracia debiera entenderse como una forma de convivencia, el riesgo del fanatismo está latente en un criterio perversamente ambiguo que propicia el dominio y las imposiciones y la bestialidad…
En el último minuto de la última sesión en el periodo ordinario 2011 de la Cámara de Diputados, el temerario representante de Durango, Ricardo López Pescador, lanzó una propuesta de reforma al artículo 24 Constitucional, que garantiza la libertad de culto y fundamenta la naturaleza laica del Estado Mexicano.
La susodicha reforma, como la gran mayoría de las modificaciones legislativas, es imprecisa, ambigua. Lejos de esclarecer el significado del mandato constitucional lo complica y provoca interpretaciones bizarras y contradictorias. El elemento que se incorpora y que modifica este artículo es la “libertad de conciencia y de religión”, prerrogativa que se define como “la libertad del ciudadano de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual y colectivamente, tanto en público como en privado.”
Jurídicamente, la propuesta incide en la libertad de culto al definirla como una manifestación de las creencias religiosas. Semánticamente es una redundancia. La lógica indica que no es una innovación pero la lógica brilla por su ausencia en la historia de los hombres, específicamente en el capítulo de las creencias.
Y en la historia de México, los enfrentamientos más violentos y encarnizados se registraron en las guerras matizadas con los tintes religiosos. Las Leyes de Reforma, sustento del estado laico, se promulgaron después de tres años de luchas insufribles entre liberales y conservadores; el parte de la guerra cristera arroja 250 mil muertes y las crónicas describen la polarización exacerbada de la sociedad en función del fanatismo. Esta propuesta de reforma al 24 Constitucional, con sus carencias y ambigüedades es lo suficientemente perversa para exacerbar los ánimos y motivar reacciones beligerantes. La jerarquía católica se congratula mientras la ciudadanía laica manifiesta su repudio en marchas de protesta, y en la víspera de un proceso electoral, la incursión de los fundamentalismos es sumamente riesgosa.
Porque hoy, como siempre y desde entonces, el dogma ha sido el factor imponderable y esquivo, capaz de filtrarse por un resquicio de la condición humana para despertar los genes de la intolerancia y la violencia. Y justamente ahora, cuando la democracia debiera entenderse como una forma de convivencia, el riesgo del fanatismo está latente en un criterio perversamente ambiguo que propicia el dominio y las imposiciones y la bestialidad…
domingo, enero 15, 2012
El muro de la indiferencia
En algún lugar pletórico y vertiginoso se concentran los efectos de aislamiento y se expanden los estragos de la indiferencia; y es justamente ahí, en un sitio sin reposo donde la identidad se disuelve en el anonimato…
Entre los rasgos que distinguen a los habitantes de la aldea global predomina el individualismo, el ego exacerbado que aniquila la empatía; por los efectos de esa predisposición socialmente adquirida se atenúa, al grado mórbido, el mandato genético que hizo del hombre un ser social. Hoy por hoy, el mundo se ha transformado en un sendero de circulación incesante donde los transeúntes se desplazan apresurados sin mirar a su alrededor porque padecen el agobio galopante de la indiferencia. La paradoja de esta época consiste en la percepción: los individuos ensimismados deambulan sin percatarse de la realidad tangible que los envuelve porque su atención está capturada en las redes de un tejido virtual.
En el ajetreo cotidiano y por esa indiferencia lacerante, la belleza, la maldad y las perversidades pasan desapercibidas. Así lo confirmó el experimento de Gene Weingarten, redactor del diario The Washington Post. Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo: ataviado con pantalones de mezclilla, camiseta de manga larga, gorra y su Stradivarius (de 1713, valorado en 3,5 millones de dólares). El 12 de enero del 2007 a las 7:51 de la mañana, el artista comenzó un recital de seis melodías de autores clásicos en la estación de L'Enfant Plaza en Washington, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo. Lejos de los grandes escenarios, entre las prisas y la apatía, el violinista recaudó en su estuche 32 dólares y 17 centavos, durante 43 minutos. 1.097 personas pasaron cerca de él, sólo una mujer lo reconoció y muy pocos se detuvieron para escucharle.
En julio del 2011, en la Ciudad de México, el empresario textil Miguel Moisés Sacal Smeke, propietario de una cadena de boutiques de ropa, estalló en ira, gritó, ofendió y golpeó a Hugo Enrique Vega, portero del edificio donde vive. En la filmación de la cámara de seguridad se aprecian las humillaciones y el desprecio del magnate, pero también se perciben la sumisión de la victima y la cruel indiferencia de sus compañeros de trabajo quienes atestiguaron el incidente. Esta brutal exhibición de prepotencia fue imperceptible hasta el momento en que este video se insertó en las redes sociales; fue entonces cuando se desencadenó el rechazo y abundó la discriminación en las etiquetas de miles de mensajes. Pero la vida siguió curso y el centro del mundo recuperó su egocéntrica ubicación. Después de una breve saturación mediática todas las miradas regresaron al muro donde transcurre la vida virtual, al muro de la indiferencia que bloquea la percepción de la realidad latente y tergiversa los significados de la presencia y la compañía.
La indiferencia como forma de crueldad se erige como la hipótesis que confirma la naturaleza cambiante de una especie vulnerable. El primer capítulo en la historia de los hombres inicia cuando la afinidad y la empatía le permitieron sobrevivir como especie; ahora, en la aldea global se concentran los efectos de aislamiento y se expanden los estragos de la indiferencia porque el mundo es un sitio sin reposo donde la identidad se disuelve en el anonimato…
Entre los rasgos que distinguen a los habitantes de la aldea global predomina el individualismo, el ego exacerbado que aniquila la empatía; por los efectos de esa predisposición socialmente adquirida se atenúa, al grado mórbido, el mandato genético que hizo del hombre un ser social. Hoy por hoy, el mundo se ha transformado en un sendero de circulación incesante donde los transeúntes se desplazan apresurados sin mirar a su alrededor porque padecen el agobio galopante de la indiferencia. La paradoja de esta época consiste en la percepción: los individuos ensimismados deambulan sin percatarse de la realidad tangible que los envuelve porque su atención está capturada en las redes de un tejido virtual.
En el ajetreo cotidiano y por esa indiferencia lacerante, la belleza, la maldad y las perversidades pasan desapercibidas. Así lo confirmó el experimento de Gene Weingarten, redactor del diario The Washington Post. Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo: ataviado con pantalones de mezclilla, camiseta de manga larga, gorra y su Stradivarius (de 1713, valorado en 3,5 millones de dólares). El 12 de enero del 2007 a las 7:51 de la mañana, el artista comenzó un recital de seis melodías de autores clásicos en la estación de L'Enfant Plaza en Washington, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo. Lejos de los grandes escenarios, entre las prisas y la apatía, el violinista recaudó en su estuche 32 dólares y 17 centavos, durante 43 minutos. 1.097 personas pasaron cerca de él, sólo una mujer lo reconoció y muy pocos se detuvieron para escucharle.
En julio del 2011, en la Ciudad de México, el empresario textil Miguel Moisés Sacal Smeke, propietario de una cadena de boutiques de ropa, estalló en ira, gritó, ofendió y golpeó a Hugo Enrique Vega, portero del edificio donde vive. En la filmación de la cámara de seguridad se aprecian las humillaciones y el desprecio del magnate, pero también se perciben la sumisión de la victima y la cruel indiferencia de sus compañeros de trabajo quienes atestiguaron el incidente. Esta brutal exhibición de prepotencia fue imperceptible hasta el momento en que este video se insertó en las redes sociales; fue entonces cuando se desencadenó el rechazo y abundó la discriminación en las etiquetas de miles de mensajes. Pero la vida siguió curso y el centro del mundo recuperó su egocéntrica ubicación. Después de una breve saturación mediática todas las miradas regresaron al muro donde transcurre la vida virtual, al muro de la indiferencia que bloquea la percepción de la realidad latente y tergiversa los significados de la presencia y la compañía.
La indiferencia como forma de crueldad se erige como la hipótesis que confirma la naturaleza cambiante de una especie vulnerable. El primer capítulo en la historia de los hombres inicia cuando la afinidad y la empatía le permitieron sobrevivir como especie; ahora, en la aldea global se concentran los efectos de aislamiento y se expanden los estragos de la indiferencia porque el mundo es un sitio sin reposo donde la identidad se disuelve en el anonimato…
domingo, enero 08, 2012
El ícono de los vicios
En algún lugar del calendario nacional se inscribe con letras brillantes y afanes luminosos una celebración precipitada en una fecha postergada; pero las dimensiones del evento denuncian la magnitud de los vicios y la majestuosidad del festejo exhibe la cuantía de la perversión…
La estela de luz, el monumento emblemático del México independiente fue inaugurado este fin de semana, muchos meses después de la conmemoración del bicentenario y unas horas antes de una marcha en protesta por las víctimas inocentes en la cruzada calderonista contra el crimen organizado. La obra consta de dos columnas de 104 metros de altura, que representan los dos siglos de autonomía del gobierno mexicano y se ubica en la entrada del Bosque de Chapultepec.
Felipe Calderón entregó este monumento a los mexicanos en una ceremonia triunfalista donde predominó el afán de encubrir los vicios con un exabrupto de música y pirotecnia y en su impecable discurso omitió mencionar a César Pérez Becerril, autor de la Estela, quien denunció la corrupción en la construcción de la obra. Pero los giros de la ironía son implacables y la luminosidad de este monumento no basta para encubrir todas las inconsistencias e irregularidades que surgieron en este proyecto. La torre de mil 704 paneles formados de dos placas de cuarzo iluminadas por leds adquiere una carga simbólica exasperante porque es el resultado de los vicios que predominan en la elite gobernante.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, a cargo de José Manuel Villalpando, autorizó el pago del proyecto arquitectónico ejecutivo para la Estela de luz cuando todavía estaba incompleto. Cundieron las irregularidades y el favoritismo hacia la empresa Gutiérrez Cortina Infraestructura (Gutsa) a la que III Servicios, filial de Pemex, le adjudicó directamente y sin fundamento legal la construcción de este monumento. Los recursos del fideicomiso para la Estela de Luz se dispararon de 200 a 1,122 millones 954 mil 542 pesos porque el costo total del monumento se incrementó, entre muchas razones, por la modificación de los cimientos y la compra de materiales en el extranjero, como las placas de cuarzo que se iluminaron en su inauguración.
Después de no sé cuántos plazos postergados, gracias al derroche de los recursos públicos y a la discrecionalidad en las licitaciones, en México se yergue imponente el monumento a la corrupción y a la ineficiencia, la luminosidad de la Estela simboliza la opacidad en el dispendio del erario y su excesiva dimensión representa la exuberante parsimonia en las obras públicas. La Estela de luz es el ícono de los vicios en las alturas del poder.
Sí!... sé muy bien que esta polémica será fugaz, que conforme transcurran los meses y los días se desvanecerán en el imaginario colectivo las ofensas a la ciudadanía que se materializaron en esta magna obra, y sé también que en el futuro la Estela encandilará a propios y extraños, que el exceso de luz encubrirá su opacidad, que las cifras sombrías de la corrupción se integrarán a las malas lenguas y que sólo una minoría, unos cuantos iluminados, podrán advertir que sus dimensiones denuncian la magnitud de los vicios y que su majestuosidad exhibe la cuantía de la perversión…
La estela de luz, el monumento emblemático del México independiente fue inaugurado este fin de semana, muchos meses después de la conmemoración del bicentenario y unas horas antes de una marcha en protesta por las víctimas inocentes en la cruzada calderonista contra el crimen organizado. La obra consta de dos columnas de 104 metros de altura, que representan los dos siglos de autonomía del gobierno mexicano y se ubica en la entrada del Bosque de Chapultepec.
Felipe Calderón entregó este monumento a los mexicanos en una ceremonia triunfalista donde predominó el afán de encubrir los vicios con un exabrupto de música y pirotecnia y en su impecable discurso omitió mencionar a César Pérez Becerril, autor de la Estela, quien denunció la corrupción en la construcción de la obra. Pero los giros de la ironía son implacables y la luminosidad de este monumento no basta para encubrir todas las inconsistencias e irregularidades que surgieron en este proyecto. La torre de mil 704 paneles formados de dos placas de cuarzo iluminadas por leds adquiere una carga simbólica exasperante porque es el resultado de los vicios que predominan en la elite gobernante.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, a cargo de José Manuel Villalpando, autorizó el pago del proyecto arquitectónico ejecutivo para la Estela de luz cuando todavía estaba incompleto. Cundieron las irregularidades y el favoritismo hacia la empresa Gutiérrez Cortina Infraestructura (Gutsa) a la que III Servicios, filial de Pemex, le adjudicó directamente y sin fundamento legal la construcción de este monumento. Los recursos del fideicomiso para la Estela de Luz se dispararon de 200 a 1,122 millones 954 mil 542 pesos porque el costo total del monumento se incrementó, entre muchas razones, por la modificación de los cimientos y la compra de materiales en el extranjero, como las placas de cuarzo que se iluminaron en su inauguración.
Después de no sé cuántos plazos postergados, gracias al derroche de los recursos públicos y a la discrecionalidad en las licitaciones, en México se yergue imponente el monumento a la corrupción y a la ineficiencia, la luminosidad de la Estela simboliza la opacidad en el dispendio del erario y su excesiva dimensión representa la exuberante parsimonia en las obras públicas. La Estela de luz es el ícono de los vicios en las alturas del poder.
Sí!... sé muy bien que esta polémica será fugaz, que conforme transcurran los meses y los días se desvanecerán en el imaginario colectivo las ofensas a la ciudadanía que se materializaron en esta magna obra, y sé también que en el futuro la Estela encandilará a propios y extraños, que el exceso de luz encubrirá su opacidad, que las cifras sombrías de la corrupción se integrarán a las malas lenguas y que sólo una minoría, unos cuantos iluminados, podrán advertir que sus dimensiones denuncian la magnitud de los vicios y que su majestuosidad exhibe la cuantía de la perversión…
domingo, enero 01, 2012
La explanada de la democracia
“La enfermedad mortal de las democracias
es la renuncia de los ciudadanos a participar”.
José Saramago
Dedicada a mi tío: Arturo Murillo
En algún lugar meteorológico, por encima de la línea de flotación y sobre la curvatura más tenue del horizonte es posible vislumbrar el clima que se aproxima; y a veces, si la atmósfera está contenta, se pueden predecir los ánimos y las precipitaciones sociales…
El clima electorero se caracteriza por las precipitaciones triunfalistas, por las desavenencias con los plazos legalmente establecidos y por la animosidad del criterio partidista. En estas circunstancias, la ciudadanía se ve expuesta a un bombardeo proselitista de mensajes contradictorios y cunde la desinformación; cuando se exacerban los ánimos en la contienda electoral suelen desatarse escándalos aberrantes y predominan el repudio y el hartazgo sociales.
Sí!.. es una fórmula nefasta pero comprobada hasta el cansancio: cuando se incrementa la divulgación de perversidades se agudiza el rechazo. Y en una reacción en cadena, el desencanto de la ciudadanía provoca una apatía expansiva, y así, la soledad y el vacío ocupan la explanada de la democracia. Esa plaza pública, donde los ciudadanos participan en la toma de las decisiones que afectan la vida y el provenir de todos, corre el riesgo de convertirse en un páramo, en un desierto habitado por las huestes de la partidocracia quienes deciden el rumbo del destino nacional.
El ágora posmoderno presenta ya los estragos del abandono, pero no son irreversibles porque en cada ciudadano reside la posibilidad de revertir la tendencia que favorece exclusivamente a la clase gobernante. En este momento histórico se confrontan la ciudadanía y las aristocracias fácticas: la partidocracia produjo una pseudo reforma electoral que aminoró el poder de la mediocracia, que transmite mensajes para debilitar la confianza en las autoridades electorales. Y es preciso aclarar que los ataques al Instituto Federal Electoral, (IFE) hieren la integridad del electorado, porque esta institución articula el interés y la voluntad de todos los ciudadanos que lo conforman.
Ante las inclemencias que se avecinan es imperativo atender la convocatoria del IFE y ejercer plenamente la ciudadanía como funcionarios de casilla, como capacitadores asistentes o supervisores, como observadores o consejeros. Es necesario que los mexicanos acudan a la explanada de la democracia y ocupen el lugar que legítimamente les corresponde y que hagan valer su derecho a intervenir en las grandes decisiones para revertir los pronósticos que auguran la apatía, desánimo y el abstencionismo en las precipitaciones sociales…
es la renuncia de los ciudadanos a participar”.
José Saramago
Dedicada a mi tío: Arturo Murillo
En algún lugar meteorológico, por encima de la línea de flotación y sobre la curvatura más tenue del horizonte es posible vislumbrar el clima que se aproxima; y a veces, si la atmósfera está contenta, se pueden predecir los ánimos y las precipitaciones sociales…
El clima electorero se caracteriza por las precipitaciones triunfalistas, por las desavenencias con los plazos legalmente establecidos y por la animosidad del criterio partidista. En estas circunstancias, la ciudadanía se ve expuesta a un bombardeo proselitista de mensajes contradictorios y cunde la desinformación; cuando se exacerban los ánimos en la contienda electoral suelen desatarse escándalos aberrantes y predominan el repudio y el hartazgo sociales.
Sí!.. es una fórmula nefasta pero comprobada hasta el cansancio: cuando se incrementa la divulgación de perversidades se agudiza el rechazo. Y en una reacción en cadena, el desencanto de la ciudadanía provoca una apatía expansiva, y así, la soledad y el vacío ocupan la explanada de la democracia. Esa plaza pública, donde los ciudadanos participan en la toma de las decisiones que afectan la vida y el provenir de todos, corre el riesgo de convertirse en un páramo, en un desierto habitado por las huestes de la partidocracia quienes deciden el rumbo del destino nacional.
El ágora posmoderno presenta ya los estragos del abandono, pero no son irreversibles porque en cada ciudadano reside la posibilidad de revertir la tendencia que favorece exclusivamente a la clase gobernante. En este momento histórico se confrontan la ciudadanía y las aristocracias fácticas: la partidocracia produjo una pseudo reforma electoral que aminoró el poder de la mediocracia, que transmite mensajes para debilitar la confianza en las autoridades electorales. Y es preciso aclarar que los ataques al Instituto Federal Electoral, (IFE) hieren la integridad del electorado, porque esta institución articula el interés y la voluntad de todos los ciudadanos que lo conforman.
Ante las inclemencias que se avecinan es imperativo atender la convocatoria del IFE y ejercer plenamente la ciudadanía como funcionarios de casilla, como capacitadores asistentes o supervisores, como observadores o consejeros. Es necesario que los mexicanos acudan a la explanada de la democracia y ocupen el lugar que legítimamente les corresponde y que hagan valer su derecho a intervenir en las grandes decisiones para revertir los pronósticos que auguran la apatía, desánimo y el abstencionismo en las precipitaciones sociales…
domingo, diciembre 25, 2011
Átomos, moléculas y partículas suspendidas
En algún lugar del horizonte, cuando la incertidumbre es el color predominante del destino, y cuando la única certeza se fracciona en mil contingencias, en ese preciso instante, se activa un mecanismo ancestral, despierta un instinto perpetuo para preservar la especie y embellecer el mundo…
Cuando el clima cambia y el hábitat se transforma, cuando la ciencia ficción se materializa en aparatos cotidianos, cuando los pronósticos más aventurados palidecen ante las crónicas de la realidad, la única constante universal se condensa detrás de las fronteras de la piel.
Sean cuales fueren el color del porvenir y la textura del destino, el único motor capaz de generar soluciones a contingencias impredecibles, funciona con el ingenio. En el territorio intangible del raciocinio habitan todas las fórmulas por despejar, todos los enigmas por descubrir; y para convertir este planeta en un lugar habitable, será necesario activar los engranes de la inteligencia y alimentar el motor del ingenio con partículas de sensibilidad.
La esperanza en un mundo mejor reside en la capacidad del hombre para construir su destino, en la firmeza de sus edificaciones, pero sobretodo, en el grado de generosidad respirable en las moléculas suspendidas en el aire y en su capacidad para embellecer todos los átomos del ambiente.
La especie humana ha sobrevivido a hecatombes, catástrofes, tragedias, cataclismos, holocaustos, revoluciones, tiranías, y lo ha hecho desplegando sus capacidades cognitivas y artísticas, compartiéndolas con generosidad.
Por eso ahora, en el apogeo de la crisis deshumanizante será preciso derrochar empatía y cordialidad, ostentar generosidad y prodigar aquello que siempre ha sido realmente valioso: los apreciados minutos de nuestro tiempo y los átomos de la sincera consideración.
El único elemento que jamás pierde su valor, aquello que nunca de deprecia ni se devalúa, es la quintaesencia que nos confiere la calidad de humanos, es por eso que ante las adversidades y las amenazas… se activa un mecanismo ancestral, despierta un instinto perpetuo para preservar la especie y embellecer el mundo…
Muchas, muchísimas veces: mil gracias a mis lectores, porque su amable consideración le confiere sentido y significado a mis palabras.
Feliz Año Nuevo!
Cuando el clima cambia y el hábitat se transforma, cuando la ciencia ficción se materializa en aparatos cotidianos, cuando los pronósticos más aventurados palidecen ante las crónicas de la realidad, la única constante universal se condensa detrás de las fronteras de la piel.
Sean cuales fueren el color del porvenir y la textura del destino, el único motor capaz de generar soluciones a contingencias impredecibles, funciona con el ingenio. En el territorio intangible del raciocinio habitan todas las fórmulas por despejar, todos los enigmas por descubrir; y para convertir este planeta en un lugar habitable, será necesario activar los engranes de la inteligencia y alimentar el motor del ingenio con partículas de sensibilidad.
La esperanza en un mundo mejor reside en la capacidad del hombre para construir su destino, en la firmeza de sus edificaciones, pero sobretodo, en el grado de generosidad respirable en las moléculas suspendidas en el aire y en su capacidad para embellecer todos los átomos del ambiente.
La especie humana ha sobrevivido a hecatombes, catástrofes, tragedias, cataclismos, holocaustos, revoluciones, tiranías, y lo ha hecho desplegando sus capacidades cognitivas y artísticas, compartiéndolas con generosidad.
Por eso ahora, en el apogeo de la crisis deshumanizante será preciso derrochar empatía y cordialidad, ostentar generosidad y prodigar aquello que siempre ha sido realmente valioso: los apreciados minutos de nuestro tiempo y los átomos de la sincera consideración.
El único elemento que jamás pierde su valor, aquello que nunca de deprecia ni se devalúa, es la quintaesencia que nos confiere la calidad de humanos, es por eso que ante las adversidades y las amenazas… se activa un mecanismo ancestral, despierta un instinto perpetuo para preservar la especie y embellecer el mundo…
Muchas, muchísimas veces: mil gracias a mis lectores, porque su amable consideración le confiere sentido y significado a mis palabras.
Feliz Año Nuevo!
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Laura M. López Murillo
domingo, diciembre 18, 2011
Víspera navideña
En algún lugar del tiempo, entre los ciclos perpetuos de la vida existe un leve declive, una temporada de reposo; es entonces cuando el aire respirable se impregna con el eco instintivo y todos los seres vivos buscan el calor del refugio; y en esa tregua existencial, se revitaliza el ánimo y resurgen las esperanzas fallidas…
Con el solsticio del invierno principia un periodo de gracia existencial; desde la oscuridad de los tiempos, en esa época se atenuaban las pasiones y cesaban las hostilidades; los mercenarios abandonaban el campo de batalla para volver en la primavera; y en todos los rituales y en todos los dogmas, esos días se han consagrado a la reflexión. Pero la humanidad es una especie en evolución. La ruptura de paradigmas y el surgimiento de nuevos modelos ha sido la constante en el trayecto histórico de los hombres. Y ahora, en un proceso inexorable se desvanece lo que alguna vez fue un periodo propicio para reforzar los lazos afectivos y solidarios y se posterga la ocasión para reincidir en los sentimientos más sublimes.
Si alguna certeza ha sido permanente en este mundo es que nada es para siempre y que las verdades no son absolutas. La diversidad de visiones y el resurgimiento de criterios minoritarios que caracterizan a la posmodernidad han logrado cuestionar las bendiciones de un sistema de mercado y han exhibido las crueldades de la ética del lucro. Si el paradigma de esta época es el individuo egocéntrico, con la ruptura se recupera la esencia humana de los habitantes de la aldea global. Los profetas posmodernos aguardan el advenimiento de un humanismo pleno que glorifique la igualdad, la equidad y la felicidad como derechos inalienables e irrenunciables.
La crisis y las amenazas exigen esfuerzos extraordinarios, y éste es un momento decisivo, es la oportunidad para reorientar los anhelos, podría ser el umbral de un mundo más justo, tal vez, es la ocasión ideal para recuperar las utopías que desfallecieron en un sistema inclemente. Y es muy probable que en este invierno el aire respirable se impregne con un eco instintivo y todos los seres vivos busquen el calor de un refugio; y espero, de todo corazón, que en esa tregua existencial, se revitalice el ánimo y resurjan las esperanzas fallidas…
En esta Navidad, con mi sincero agradecimiento por la atención que a mis palabras se le concede, comparto mis anhelos con todas las miradas que coinciden en este breve espacio: deseo que la aspereza del entorno no endurezca nuestra esencia, que la luz del sol refrende todos los días nuestro derecho a ser felices, que el amor nos fortalezca y nos haga invulnerables, que nos hermane la convicción inquebrantable de cambiar al mundo.
Feliz Navidad!
Con el solsticio del invierno principia un periodo de gracia existencial; desde la oscuridad de los tiempos, en esa época se atenuaban las pasiones y cesaban las hostilidades; los mercenarios abandonaban el campo de batalla para volver en la primavera; y en todos los rituales y en todos los dogmas, esos días se han consagrado a la reflexión. Pero la humanidad es una especie en evolución. La ruptura de paradigmas y el surgimiento de nuevos modelos ha sido la constante en el trayecto histórico de los hombres. Y ahora, en un proceso inexorable se desvanece lo que alguna vez fue un periodo propicio para reforzar los lazos afectivos y solidarios y se posterga la ocasión para reincidir en los sentimientos más sublimes.
Si alguna certeza ha sido permanente en este mundo es que nada es para siempre y que las verdades no son absolutas. La diversidad de visiones y el resurgimiento de criterios minoritarios que caracterizan a la posmodernidad han logrado cuestionar las bendiciones de un sistema de mercado y han exhibido las crueldades de la ética del lucro. Si el paradigma de esta época es el individuo egocéntrico, con la ruptura se recupera la esencia humana de los habitantes de la aldea global. Los profetas posmodernos aguardan el advenimiento de un humanismo pleno que glorifique la igualdad, la equidad y la felicidad como derechos inalienables e irrenunciables.
La crisis y las amenazas exigen esfuerzos extraordinarios, y éste es un momento decisivo, es la oportunidad para reorientar los anhelos, podría ser el umbral de un mundo más justo, tal vez, es la ocasión ideal para recuperar las utopías que desfallecieron en un sistema inclemente. Y es muy probable que en este invierno el aire respirable se impregne con un eco instintivo y todos los seres vivos busquen el calor de un refugio; y espero, de todo corazón, que en esa tregua existencial, se revitalice el ánimo y resurjan las esperanzas fallidas…
En esta Navidad, con mi sincero agradecimiento por la atención que a mis palabras se le concede, comparto mis anhelos con todas las miradas que coinciden en este breve espacio: deseo que la aspereza del entorno no endurezca nuestra esencia, que la luz del sol refrende todos los días nuestro derecho a ser felices, que el amor nos fortalezca y nos haga invulnerables, que nos hermane la convicción inquebrantable de cambiar al mundo.
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domingo, diciembre 11, 2011
Frontera y sublimación
En algún lugar fronterizo, sobre la línea que separa al sueño americano y al desencanto mexicano, se produce el efecto insólito de la sublimación y la consistencia de las verdades se evapora, y al cruzar el lindero, la solidez de las virtudes adquiere la volatilidad de los vicios…
Las fronteras delimitan el alcance geográfico de los usos, las costumbres y las tradiciones; establecen el rango territorial donde predomina la visión del mundo de sus habitantes, sus afanes y sus fobias, sus delirios y sus mitos. La frontera es la grieta en un muro inescrutable por donde se filtran los migrantes que huyen de la miseria nacional. Y por las declaraciones recientes en el New York Times las fronteras adquieren una atribución insólita: son el filtro de las verdades. Bajo el argumento de identificar la manera en que los criminales mueven su dinero, dónde guardan sus bienes y quiénes son los líderes, agentes encubiertos de la Administración Federal Antidrogas (DEA) han manejado cientos de miles de dólares de dinero ilegal a través de la frontera.
Las operaciones encubiertas de las agencias norteamericanas recientemente reveladas por el NYT describen una tendencia que contradice el discurso oficial de las administraciones de ese país, al menos en apariencia: su afán por detener el flujo de drogas hacia su territorio y el apoyo que “generosamente” ofrecen al gobierno mexicano para combatir al crimen organizado no coinciden con el envío subrepticio de armas y dinero que habilitan a los carteles de la droga para continuar funcionando y expandir el ámbito de su dominio. El efecto sublimador de la frontera se produce cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos admite que la DEA realiza operaciones encubiertas de lavado de dinero, que éstas se llevan a cabo con la autorización previa del Congreso en aplicación de la Ley de EU, frecuentemente en colaboración con sus contrapartes extranjeras (léase: mexicanas!), y que han sido descritas en detalle en numerosos casos, reportes y conferencias de prensa en las pasadas tres décadas.
Si: un cargamento de droga procedente de México cruza la frontera estadounidense se convierte en un delito; y sólo sí: un cargamento de dólares procedente de Norteamérica cruza la frontera mexicana se transforma en una operación encubierta; luego entonces: los motivos de un combate en un país se transforman en el rubro financiero que genera ganancias millonarias en el otro.
Pero ésta sublimación tiene matices trágicos: el combate al narcotráfico ha sido la prioridad del calderonismo, la causa de una lucha sin cuartel, de 50,000 muertes y de la denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional; marca la postura de los partidos y será el elemento ineludible en las campañas de proselitismo. Pero al cruzar la frontera, esta guerra, que no es guerra, se transforma en una operación financiera de gran escala que encubre a sus beneficiarios; y al ras de la superficie, los vicios son un negocio rentable para unos y una perversión que debe erradicarse para otros, porque más allá del lindero, la solidez de las virtudes adquiere la volatilidad de los vicios…
Las fronteras delimitan el alcance geográfico de los usos, las costumbres y las tradiciones; establecen el rango territorial donde predomina la visión del mundo de sus habitantes, sus afanes y sus fobias, sus delirios y sus mitos. La frontera es la grieta en un muro inescrutable por donde se filtran los migrantes que huyen de la miseria nacional. Y por las declaraciones recientes en el New York Times las fronteras adquieren una atribución insólita: son el filtro de las verdades. Bajo el argumento de identificar la manera en que los criminales mueven su dinero, dónde guardan sus bienes y quiénes son los líderes, agentes encubiertos de la Administración Federal Antidrogas (DEA) han manejado cientos de miles de dólares de dinero ilegal a través de la frontera.
Las operaciones encubiertas de las agencias norteamericanas recientemente reveladas por el NYT describen una tendencia que contradice el discurso oficial de las administraciones de ese país, al menos en apariencia: su afán por detener el flujo de drogas hacia su territorio y el apoyo que “generosamente” ofrecen al gobierno mexicano para combatir al crimen organizado no coinciden con el envío subrepticio de armas y dinero que habilitan a los carteles de la droga para continuar funcionando y expandir el ámbito de su dominio. El efecto sublimador de la frontera se produce cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos admite que la DEA realiza operaciones encubiertas de lavado de dinero, que éstas se llevan a cabo con la autorización previa del Congreso en aplicación de la Ley de EU, frecuentemente en colaboración con sus contrapartes extranjeras (léase: mexicanas!), y que han sido descritas en detalle en numerosos casos, reportes y conferencias de prensa en las pasadas tres décadas.
Si: un cargamento de droga procedente de México cruza la frontera estadounidense se convierte en un delito; y sólo sí: un cargamento de dólares procedente de Norteamérica cruza la frontera mexicana se transforma en una operación encubierta; luego entonces: los motivos de un combate en un país se transforman en el rubro financiero que genera ganancias millonarias en el otro.
Pero ésta sublimación tiene matices trágicos: el combate al narcotráfico ha sido la prioridad del calderonismo, la causa de una lucha sin cuartel, de 50,000 muertes y de la denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional; marca la postura de los partidos y será el elemento ineludible en las campañas de proselitismo. Pero al cruzar la frontera, esta guerra, que no es guerra, se transforma en una operación financiera de gran escala que encubre a sus beneficiarios; y al ras de la superficie, los vicios son un negocio rentable para unos y una perversión que debe erradicarse para otros, porque más allá del lindero, la solidez de las virtudes adquiere la volatilidad de los vicios…
domingo, diciembre 04, 2011
Imágenes parlantes
En algún lugar del proselitismo, en la factoría de carismas y perfiles existe un laboratorio metafísico, y ahí, bajo la presión del escrutinio y soportando el fuego inclemente de la contienda, las personalidades ficticias deberán trascender el plano vacío de la imagen…
En el inicio del proceso electoral rumbo a la presidencia en el 2012 se advierte el predominio de la imagen de los candidatos sobre la percepción de los partidos políticos. La estrategia mediática se sustenta en la inverosímil capacidad para el olvido selectivo de los electores: la promoción exhaustiva del carisma diseñado para un candidato deberá ser suficiente para anular los escándalos de la partidocracia en la memoria colectiva.
Pero existe un elemento inesperado: los tiempos establecidos para el inicio de las campañas y la difusión masiva de mensajes proselitistas. El silencio mediático establecido por la ley electoral es la ocasión ideal para comprobar la solidez de las imágenes públicas de los virtuales candidatos Andrés Manuel López Obrador por el PRD y Enrique Peña Nieto por el PRI. El acceso a los medios masivos está restringido a sus participaciones en eventos públicos donde, por mera cortesía, se les conceda el uso de la palabra pero sin emitir mensajes persuasivos invitando al voto. Las imágenes diseñadas de los candidatos deberán adquirir consistencia y trascender el plano unidimensional de los logotipos; el discurso, por breve que sea, reforzará o destrozará las imágenes cuidadosamente elaboradas. Y ahí, en situaciones disímiles y en escenarios alternos, fuera de su entorno habitual se pondrá a prueba la consistencia de los carismas diseñados porque las palabras trascienden a la imagen y proyectan la capacidad intelectual del hablante. Y dicen los que saben, que en las expresiones espontáneas inicia el despegue o la debacle de una campaña.
Por lo pronto, ya se registraron las primeras frases que esclarecen el carácter y intelecto encubiertos detrás de una imagen espectacular: Andrés Manuel asumió la candidatura por los resultados de las encuestas realizadas en el PRD y en el ánimo de victoria aseguró que si se le hubiera reconocido el triunfo en el 2006, en lugar de Lula y Brasil, en el mundo se estaría hablando de México y de él. Y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, durante la presentación del libro “México, la gran esperanza”, Enrique Peña Nieto aseguró que leyó algo que seguramente alentó su vocación por la política; dijo que fueron varios libros, o algunos, pero confundió el título y el autor del único libro que logró recordar.
El electorado ha soportado heroicamente el bombardeo mediático de dos campañas presidenciales y el desencanto resultante provocó el hartazgo por los artificios de la propaganda. La contienda exige esfuerzos inauditos porque las personalidades ficticias deberán trascender el plano vacío de la imagen…
En el inicio del proceso electoral rumbo a la presidencia en el 2012 se advierte el predominio de la imagen de los candidatos sobre la percepción de los partidos políticos. La estrategia mediática se sustenta en la inverosímil capacidad para el olvido selectivo de los electores: la promoción exhaustiva del carisma diseñado para un candidato deberá ser suficiente para anular los escándalos de la partidocracia en la memoria colectiva.
Pero existe un elemento inesperado: los tiempos establecidos para el inicio de las campañas y la difusión masiva de mensajes proselitistas. El silencio mediático establecido por la ley electoral es la ocasión ideal para comprobar la solidez de las imágenes públicas de los virtuales candidatos Andrés Manuel López Obrador por el PRD y Enrique Peña Nieto por el PRI. El acceso a los medios masivos está restringido a sus participaciones en eventos públicos donde, por mera cortesía, se les conceda el uso de la palabra pero sin emitir mensajes persuasivos invitando al voto. Las imágenes diseñadas de los candidatos deberán adquirir consistencia y trascender el plano unidimensional de los logotipos; el discurso, por breve que sea, reforzará o destrozará las imágenes cuidadosamente elaboradas. Y ahí, en situaciones disímiles y en escenarios alternos, fuera de su entorno habitual se pondrá a prueba la consistencia de los carismas diseñados porque las palabras trascienden a la imagen y proyectan la capacidad intelectual del hablante. Y dicen los que saben, que en las expresiones espontáneas inicia el despegue o la debacle de una campaña.
Por lo pronto, ya se registraron las primeras frases que esclarecen el carácter y intelecto encubiertos detrás de una imagen espectacular: Andrés Manuel asumió la candidatura por los resultados de las encuestas realizadas en el PRD y en el ánimo de victoria aseguró que si se le hubiera reconocido el triunfo en el 2006, en lugar de Lula y Brasil, en el mundo se estaría hablando de México y de él. Y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, durante la presentación del libro “México, la gran esperanza”, Enrique Peña Nieto aseguró que leyó algo que seguramente alentó su vocación por la política; dijo que fueron varios libros, o algunos, pero confundió el título y el autor del único libro que logró recordar.
El electorado ha soportado heroicamente el bombardeo mediático de dos campañas presidenciales y el desencanto resultante provocó el hartazgo por los artificios de la propaganda. La contienda exige esfuerzos inauditos porque las personalidades ficticias deberán trascender el plano vacío de la imagen…
domingo, noviembre 27, 2011
Momentos estelares
En algún lugar perpetuo, sobre las órbitas excéntricas del tiempo se producen coincidencias excepcionales que se materializan en afinidades expansivas que abandonan el silencio y rompen los paradigmas imperantes; y en esas circunstancias y sólo entonces, es posible vislumbrar los momentos estelares de la humanidad…
La transición entre las épocas suele ser un periodo de contrastes en el que se agudizan las diferencias, las condiciones en que sobreviven las multitudes llegan a niveles insufribles mientras las élites acaparan todos los privilegios e imponen su visión del mundo. En la sociedad de mercado los consorcios del capitalismo industrial impusieron la ética del lucro y glorificaron el consumo compulsivo: para ser feliz es indispensable comprar y el valor de las personas varía en función de su poder adquisitivo. Por esta imposición, las festividades giran en torno al consumo y el mejor de los ejemplos es el Viernes Negro cuando hordas frenéticas irrumpen en tiendas y almacenes buscando la felicidad en el vértigo compulsivo de mil y un ofertas.
Pero las idiosincrasias tienen una fecha de caducidad, que coincide con una temporada de cambios en el entorno social. Y el imperio del consumo no será la excepción. Al margen del mercado, donde lo valioso se materializa, ha sobrevivido la visión humanista, esa convicción que denuncia los estragos de un sistema inclemente que produce gente indiferente y ensimismada. En la posmodernidad se inicia un proceso inexorable: las minorías del pasado ahora son mayorías dispuestas a defender su derecho a la felicidad, en los grupos marginados surge la empatía como elemento de cohesión y los rígidos modelos sociales tienden a suavizarse.
En el vienes negro reciente, en el fragor de las compras se escucharon las protestas de los indignados, ese ejército de desafortunados que han perdido la cualidad indispensable para sobrevivir en este mundo: la solvencia. Este movimiento de indignación se expandió rápidamente en todo el mundo porque la producción de marginados no ha cesado desde la primera revolución industrial y, hoy por hoy, la insolvencia alcanza niveles nacionales por la propagación de la volatilidad financiera.
El sistema global sustentado en el consumo se tambalea: la crisis por endeudamiento en la zona euro está extendiéndose rápidamente y los mercados temen un efecto de contagio de dimensiones inimaginables hacia otros países y regiones. Estas son condiciones para el advenimiento de una época de transformaciones y cambios significativos en las convicciones y en las prioridades. Porque los periodos críticos provocan reacciones extraordinarias, entre las ruinas de los imperios yacen los cimientos de un nuevo orden social y en el porvenir se vislumbra el resplandor de uno de los momentos estelares de la humanidad…
La transición entre las épocas suele ser un periodo de contrastes en el que se agudizan las diferencias, las condiciones en que sobreviven las multitudes llegan a niveles insufribles mientras las élites acaparan todos los privilegios e imponen su visión del mundo. En la sociedad de mercado los consorcios del capitalismo industrial impusieron la ética del lucro y glorificaron el consumo compulsivo: para ser feliz es indispensable comprar y el valor de las personas varía en función de su poder adquisitivo. Por esta imposición, las festividades giran en torno al consumo y el mejor de los ejemplos es el Viernes Negro cuando hordas frenéticas irrumpen en tiendas y almacenes buscando la felicidad en el vértigo compulsivo de mil y un ofertas.
Pero las idiosincrasias tienen una fecha de caducidad, que coincide con una temporada de cambios en el entorno social. Y el imperio del consumo no será la excepción. Al margen del mercado, donde lo valioso se materializa, ha sobrevivido la visión humanista, esa convicción que denuncia los estragos de un sistema inclemente que produce gente indiferente y ensimismada. En la posmodernidad se inicia un proceso inexorable: las minorías del pasado ahora son mayorías dispuestas a defender su derecho a la felicidad, en los grupos marginados surge la empatía como elemento de cohesión y los rígidos modelos sociales tienden a suavizarse.
En el vienes negro reciente, en el fragor de las compras se escucharon las protestas de los indignados, ese ejército de desafortunados que han perdido la cualidad indispensable para sobrevivir en este mundo: la solvencia. Este movimiento de indignación se expandió rápidamente en todo el mundo porque la producción de marginados no ha cesado desde la primera revolución industrial y, hoy por hoy, la insolvencia alcanza niveles nacionales por la propagación de la volatilidad financiera.
El sistema global sustentado en el consumo se tambalea: la crisis por endeudamiento en la zona euro está extendiéndose rápidamente y los mercados temen un efecto de contagio de dimensiones inimaginables hacia otros países y regiones. Estas son condiciones para el advenimiento de una época de transformaciones y cambios significativos en las convicciones y en las prioridades. Porque los periodos críticos provocan reacciones extraordinarias, entre las ruinas de los imperios yacen los cimientos de un nuevo orden social y en el porvenir se vislumbra el resplandor de uno de los momentos estelares de la humanidad…
domingo, noviembre 13, 2011
Un mundo sin humanos
“La solidaridad no se reduce al movimiento intimista de la compasión, sino que se amplía a la promoción de una justicia humanizadora para todos.”
Ramón Mínguez Vallejos
En algún lugar del porvenir, entre la ciencia y la ficción, existe un laboratorio donde se analizan los efectos de la materia sobre la conciencia; el resultado de un sinfín de experimentos cristaliza en las versiones posibles del hombre en un entorno deshumanizante…
Desde siempre, el conocimiento de las fuerzas que gobiernan el planeta le facilitó al hombre la ardua tarea de sobrevivir, y desde entonces, los avatares del progreso han modificado los hábitos y las actitudes; hoy por hoy, la tecnología impregna todas las esferas del quehacer humano y su influencia en la cotidianidad se manifiesta en el consumo como valor prioritario de individuos ensimismados, habitantes virtuales de la aldea global, conectados pero aislados. Y en este entorno materializante se diluyen la empatía y la solidaridad ante el predominio del ego como el origen de todos los afanes. Alguna vez, todo lo sólido se desvaneció en el aire, y ahora, la vida es un fluido efímero: los lazos afectivos se condensan y se evaporan la proximidad y las afinidades.
Un rasgo distintivo de la posmodernidad es la fragilidad de los vínculos entre los seres humanos, y una secuela inexorable de esta vulnerable condición se percibe en el entorno familiar, donde se extingue la calidez del resguardo. El hogar se transforma en un ambiente controlado donde coinciden los miembros de una familia pero no conviven ni se comunican. Cada cual atiende sus propios intereses. La presencia física no implica compañía, sobre todo cuando se vive al pendiente de lo que sucede en las redes sociales.
Y en este escenario se escuchan voces que advierten que la educación se ha reducido a la transmisión de los saberes indispensables para competir en el mercado de las oportunidades, y que no implica la formación de profesionales sensibilizados con la realidad social ni de ciudadanos capaces de reconstruir la equidad destruida por la ética del lucro.
Ante el individualismo, como dogma social que entroniza la indiferencia, surge la responsabilidad como un compromiso ético hacia los semejantes. La voluntad, la entrega y el esfuerzo de los padres permitirán que los hijos descubran lo que es verdaderamente importante en su vida; en la escuela, la nueva perspectiva de la educación implica la formación de seres humanos sensibles a las necesidades sociales con la determinación suficiente para solucionarlos.
Porque es imperativo reforestar el yermo del individualismo exacerbado con el germen de la solidaridad, erradicar la frialdad que materializa las esperanzas y reencauzar el rumbo del destino hacia un mundo más justo para escribir la nueva versión del hombre en un entorno humanizante…
Ramón Mínguez Vallejos
En algún lugar del porvenir, entre la ciencia y la ficción, existe un laboratorio donde se analizan los efectos de la materia sobre la conciencia; el resultado de un sinfín de experimentos cristaliza en las versiones posibles del hombre en un entorno deshumanizante…
Desde siempre, el conocimiento de las fuerzas que gobiernan el planeta le facilitó al hombre la ardua tarea de sobrevivir, y desde entonces, los avatares del progreso han modificado los hábitos y las actitudes; hoy por hoy, la tecnología impregna todas las esferas del quehacer humano y su influencia en la cotidianidad se manifiesta en el consumo como valor prioritario de individuos ensimismados, habitantes virtuales de la aldea global, conectados pero aislados. Y en este entorno materializante se diluyen la empatía y la solidaridad ante el predominio del ego como el origen de todos los afanes. Alguna vez, todo lo sólido se desvaneció en el aire, y ahora, la vida es un fluido efímero: los lazos afectivos se condensan y se evaporan la proximidad y las afinidades.
Un rasgo distintivo de la posmodernidad es la fragilidad de los vínculos entre los seres humanos, y una secuela inexorable de esta vulnerable condición se percibe en el entorno familiar, donde se extingue la calidez del resguardo. El hogar se transforma en un ambiente controlado donde coinciden los miembros de una familia pero no conviven ni se comunican. Cada cual atiende sus propios intereses. La presencia física no implica compañía, sobre todo cuando se vive al pendiente de lo que sucede en las redes sociales.
Y en este escenario se escuchan voces que advierten que la educación se ha reducido a la transmisión de los saberes indispensables para competir en el mercado de las oportunidades, y que no implica la formación de profesionales sensibilizados con la realidad social ni de ciudadanos capaces de reconstruir la equidad destruida por la ética del lucro.
Ante el individualismo, como dogma social que entroniza la indiferencia, surge la responsabilidad como un compromiso ético hacia los semejantes. La voluntad, la entrega y el esfuerzo de los padres permitirán que los hijos descubran lo que es verdaderamente importante en su vida; en la escuela, la nueva perspectiva de la educación implica la formación de seres humanos sensibles a las necesidades sociales con la determinación suficiente para solucionarlos.
Porque es imperativo reforestar el yermo del individualismo exacerbado con el germen de la solidaridad, erradicar la frialdad que materializa las esperanzas y reencauzar el rumbo del destino hacia un mundo más justo para escribir la nueva versión del hombre en un entorno humanizante…
domingo, octubre 30, 2011
De las utopías y los desencantos
“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos,
pero no se detienen los procesos sociales
ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.”
Salvador Allende
En algún lugar del tiempo, sobre la línea de la historia existen puntos álgidos, momentos decisivos en el rumbo del destino que son registrados en el lenguaje de los vencedores, y a partir de entonces, prevalece una, y sólo una, versión del pasado ante el juicio de la posteridad…
Las movilizaciones populares de la “Primavera árabe” provocaron la caída de los regímenes en Medio Oriente, exhibieron y denunciaron los abusos y los excesos de los dictadores que pretendían perpetuarse en el poder. En una secuencia ininterrumpida, los mandatarios han sido exiliados, aprehendidos, enjuiciados, ejecutados. Pero la tendencia no es uniforme: los niveles de crueldad en las detenciones, juicios y ejecuciones varían en función del servilismo o la rebeldía de los dictadores hacia el Imperio Occidental. Mientras Hosni Mubarak aguardaba su juicio en un hospital egipcio, Muamar Gaddafi fue capturado y ejecutado por una turba enardecida.
Sí! … Es una distinción grotesca, pero es el indicador infalible de la servidumbre de mandatarios impuestos por la fuerza y sostenidos en el poder por la obra y la gracia de un gobierno extranjero (léase: norteamericano). En un alarde de cinismo, personajes siniestros y perversos obtuvieron la benevolencia en cortes internacionales y acudieron al juicio de la historia con todas las consideraciones que su edad y su condición merecieron por motivos humanitarios; esa deleznable categoría incluye a personajes del talante de Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla, Alfredo Stroessner, Francisco Franco.
Porque el mismo criterio que distingue a los dictadores es el mismo con el que se escribe la historia del mundo; alguna vez fue la expansión del control norteamericano y ahora es la apropiación de energéticos. Hoy por hoy, cuando la democracia es un requisito ante los consorcios financieros internacionales, la figura de los dictadores es un remanente del colonialismo que es preciso extinguir. El proyecto ya está en marcha: las dictaduras caerán por su obsolescencia, por el peso de su anacronismo cuando ya no sean indispensables para controlar a las naciones. Los nuevos regímenes liberados de la perversidad de la dictadura serán gobernados por un mandatario sumiso y servil a la hegemonía del mercado y a los dueños del dinero, y entonces, el crédito y el financiamiento esclavizarán a los habitantes de un país sin líderes auténticos en la simulación de una democracia emergente.
Pero no! … el rumbo del destino aún no se define. La única fuerza alternativa capaz de modificar este proceso, que ahora parece inexorable, reside en la inmensa mayoría de ciudadanos que se mantienen al margen de las grandes decisiones. En forma simultánea a la “Primavera árabe” brotó el germen de “Los indignados”. Tal vez, presenciamos el nacimiento de la utopía en una época caracterizada por el desencanto; quizás, el inicio de una nueva época se ubica en la desesperanza multitudinaria y aún exista la posibilidad de revertir las inercias para que los pueblos escriban los momentos álgidos de su historia y el compendio de voluntades registre la versión del pasado ante el juicio de la posteridad…
pero no se detienen los procesos sociales
ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.”
Salvador Allende
En algún lugar del tiempo, sobre la línea de la historia existen puntos álgidos, momentos decisivos en el rumbo del destino que son registrados en el lenguaje de los vencedores, y a partir de entonces, prevalece una, y sólo una, versión del pasado ante el juicio de la posteridad…
Las movilizaciones populares de la “Primavera árabe” provocaron la caída de los regímenes en Medio Oriente, exhibieron y denunciaron los abusos y los excesos de los dictadores que pretendían perpetuarse en el poder. En una secuencia ininterrumpida, los mandatarios han sido exiliados, aprehendidos, enjuiciados, ejecutados. Pero la tendencia no es uniforme: los niveles de crueldad en las detenciones, juicios y ejecuciones varían en función del servilismo o la rebeldía de los dictadores hacia el Imperio Occidental. Mientras Hosni Mubarak aguardaba su juicio en un hospital egipcio, Muamar Gaddafi fue capturado y ejecutado por una turba enardecida.
Sí! … Es una distinción grotesca, pero es el indicador infalible de la servidumbre de mandatarios impuestos por la fuerza y sostenidos en el poder por la obra y la gracia de un gobierno extranjero (léase: norteamericano). En un alarde de cinismo, personajes siniestros y perversos obtuvieron la benevolencia en cortes internacionales y acudieron al juicio de la historia con todas las consideraciones que su edad y su condición merecieron por motivos humanitarios; esa deleznable categoría incluye a personajes del talante de Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla, Alfredo Stroessner, Francisco Franco.
Porque el mismo criterio que distingue a los dictadores es el mismo con el que se escribe la historia del mundo; alguna vez fue la expansión del control norteamericano y ahora es la apropiación de energéticos. Hoy por hoy, cuando la democracia es un requisito ante los consorcios financieros internacionales, la figura de los dictadores es un remanente del colonialismo que es preciso extinguir. El proyecto ya está en marcha: las dictaduras caerán por su obsolescencia, por el peso de su anacronismo cuando ya no sean indispensables para controlar a las naciones. Los nuevos regímenes liberados de la perversidad de la dictadura serán gobernados por un mandatario sumiso y servil a la hegemonía del mercado y a los dueños del dinero, y entonces, el crédito y el financiamiento esclavizarán a los habitantes de un país sin líderes auténticos en la simulación de una democracia emergente.
Pero no! … el rumbo del destino aún no se define. La única fuerza alternativa capaz de modificar este proceso, que ahora parece inexorable, reside en la inmensa mayoría de ciudadanos que se mantienen al margen de las grandes decisiones. En forma simultánea a la “Primavera árabe” brotó el germen de “Los indignados”. Tal vez, presenciamos el nacimiento de la utopía en una época caracterizada por el desencanto; quizás, el inicio de una nueva época se ubica en la desesperanza multitudinaria y aún exista la posibilidad de revertir las inercias para que los pueblos escriban los momentos álgidos de su historia y el compendio de voluntades registre la versión del pasado ante el juicio de la posteridad…
domingo, octubre 23, 2011
El Niágara en bicicleta
“Los únicos interesados en cambiar al mundo son los pesimistas,
porque los optimistas están encantados con lo que hay.”
José Saramago
En algún lugar del infortunio, donde las esperanzas se desvanecen y no se vislumbra remedio alguno, en el momento en que la impotencia amenaza con doblegar todos los esfuerzos, desde el fondo del quebranto emerge incontenible la indignación…
Dicen los que saben que nadie es profeta en su tierra ni en su época, y que la grandeza de los hombres se aprecia cuando el destino se encarga de realizar el pensamiento de los visionarios. En el siglo pasado se consideraron alarmistas todas las advertencias ante la emergencia de un imperio financiero que sometería a los estados nacionales. A José Saramago se le atribuyó el título “Profeta del pesimismo” porque percibió la amenaza del mercado como un poder total e inclemente.
Hoy por hoy, al margen de los poderes fácticos, la indignación alienta a miles y miles de habitantes en la aldea global que padecen el quebranto provocado por los consorcios financieros que manejan el mercado sin restricciones. El destino de millones de personas se decide en las altas esferas de las finanzas eludiendo cualquier mandato legal, ético y moral, ahí se cometen día a día, impunemente, los crímenes financieros que con lesa humanidad condenan a la miseria y a la desesperación a millones de desventurados en el todo el mundo. Grandes sectores sociales no se sienten reconocidos en el sistema ni en sus instituciones, ni se ven representados por las élites políticas y económicas.
La pobreza se propaga como un virus letal y el surgimiento de la indignación ciudadana es el síntoma inequívoco del síndrome del pesimismo global y galopante. Y una vez más, como siempre y desde la oscuridad de los tiempos, ante la inminencia del desastre, cuando el peligro de la extinción amenaza a la clase media, se desencadena el instinto de conservación, y súbitamente, del pesimismo acendrado surge la fuerza para resistir a los poderes omniscientes y se emprende la marcha contra la corriente. “Sólo los pesimistas podrán cambiar al mundo” desde la Contracultura con una determinación socialmente compartida, cuando se genere la empatía y la sinergia necesarias para realizar imposibles; y entonces, cuando las convicciones diluyan los límites para irrumpir en el concierto oficial se producirá un compás de espera y será posible cruzar el Niágara en bicicleta. La dimensión global del movimiento de los "indignados" y la ausencia de caudillos y líderes le confieren a esta manifestación la autenticidad social para confrontar a los líderes políticos del mundo civilizado y exigir que escuchen sus protestas contra los excesos del sistema financiero y la precariedad económica vinculada a la crisis que ha doblegado todos sus esfuerzos; esta es la oportunidad para registrar un hito en la historia posmoderna y vislumbrar una nueva época , para reconstruir la esperanza desde el fondo del quebranto con la fuerza incontenible la indignación…
porque los optimistas están encantados con lo que hay.”
José Saramago
En algún lugar del infortunio, donde las esperanzas se desvanecen y no se vislumbra remedio alguno, en el momento en que la impotencia amenaza con doblegar todos los esfuerzos, desde el fondo del quebranto emerge incontenible la indignación…
Dicen los que saben que nadie es profeta en su tierra ni en su época, y que la grandeza de los hombres se aprecia cuando el destino se encarga de realizar el pensamiento de los visionarios. En el siglo pasado se consideraron alarmistas todas las advertencias ante la emergencia de un imperio financiero que sometería a los estados nacionales. A José Saramago se le atribuyó el título “Profeta del pesimismo” porque percibió la amenaza del mercado como un poder total e inclemente.
Hoy por hoy, al margen de los poderes fácticos, la indignación alienta a miles y miles de habitantes en la aldea global que padecen el quebranto provocado por los consorcios financieros que manejan el mercado sin restricciones. El destino de millones de personas se decide en las altas esferas de las finanzas eludiendo cualquier mandato legal, ético y moral, ahí se cometen día a día, impunemente, los crímenes financieros que con lesa humanidad condenan a la miseria y a la desesperación a millones de desventurados en el todo el mundo. Grandes sectores sociales no se sienten reconocidos en el sistema ni en sus instituciones, ni se ven representados por las élites políticas y económicas.
La pobreza se propaga como un virus letal y el surgimiento de la indignación ciudadana es el síntoma inequívoco del síndrome del pesimismo global y galopante. Y una vez más, como siempre y desde la oscuridad de los tiempos, ante la inminencia del desastre, cuando el peligro de la extinción amenaza a la clase media, se desencadena el instinto de conservación, y súbitamente, del pesimismo acendrado surge la fuerza para resistir a los poderes omniscientes y se emprende la marcha contra la corriente. “Sólo los pesimistas podrán cambiar al mundo” desde la Contracultura con una determinación socialmente compartida, cuando se genere la empatía y la sinergia necesarias para realizar imposibles; y entonces, cuando las convicciones diluyan los límites para irrumpir en el concierto oficial se producirá un compás de espera y será posible cruzar el Niágara en bicicleta. La dimensión global del movimiento de los "indignados" y la ausencia de caudillos y líderes le confieren a esta manifestación la autenticidad social para confrontar a los líderes políticos del mundo civilizado y exigir que escuchen sus protestas contra los excesos del sistema financiero y la precariedad económica vinculada a la crisis que ha doblegado todos sus esfuerzos; esta es la oportunidad para registrar un hito en la historia posmoderna y vislumbrar una nueva época , para reconstruir la esperanza desde el fondo del quebranto con la fuerza incontenible la indignación…
domingo, octubre 16, 2011
Certezas maquiavélicas
En algún lugar de la contienda, cuando el curso del destino presagia la derrota y la humillación es inminente, se enardecen las ansias del poder, y en el fondo de la postración, se entretejen las amarguras de los vencidos…
En la víspera del inicio formal del proceso electoral en México, antes de las designaciones de los candidatos que contenderán por la presidencia de la República, en la turbia esfera de la partidocracia ya se proclamó a los vencedores. Y ante la eventualidad de la derrota surgen componendas y artificios para atenuar el resentimiento del vencedor por las afrentas infringidas en el fragor de las campañas.
Esta es la única justificación que encuentro para el desplegado “Por una democracia constitucional” que recientemente inundó todos los espacios mediáticos con la propuesta de un gobierno de coalición fundamentada en la confrontación partidista, como causa evidente de la parálisis legislativa y como el factor que perturba el funcionamiento armonioso del gobierno.
El desplegado está firmado por 46 personalidades de la clase política y de la comentocracia como los dignos postulantes de un sistema político que haga compatibles las diferencias propias de una democracia, un sueño guajiro que, si llegare a realizarse, eliminaría el disenso y el debate como cualidades esenciales de la democracia. Además, los intelectuales y políticos firmantes ignoran la tradición de infamias y traiciones en la política mexicana cuando afirman una falacia: en la democracia, la política nos hace diferentes pero no enemigos.
No!... Lo sorprendente del desplegado no es el motivo, ni la propuesta y mucho menos el título. Lo que ha conmocionado a la opinión pública es la lista de personalidades que lo firman, algunas con prestigio total y otras totalmente desprestigiadas, unos animados por un cambio estructural y otros por la animosidad de la derrota. Pero entre las líneas de este desplegado se leen los rasgos de una lucha feroz y grotesca por el poder en la partidocracia. Se perciben los ominosos motivos de una clase política mexicana como la concentración de advenedizos improvisados, sin formación cívica con una preparación carente de los elementos básicos en el nivel profesional, y son evidentes los argumentos de una intelectualidad sin independencia de criterio que se desplaza sigilosa en la espiral del silencio.
Quienes firman este desplegado deberían saber que la historia de los hombres es confirmación perpetua de los preceptos maquiavélicos: que causa su propia ruina quien favorece el poder de otro, que es preciso caer en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente se podrá conservar el poder, que en el poder se extinguen las promesas y que no es prudente entretejer alianzas con las amarguras de los vencidos…
En la víspera del inicio formal del proceso electoral en México, antes de las designaciones de los candidatos que contenderán por la presidencia de la República, en la turbia esfera de la partidocracia ya se proclamó a los vencedores. Y ante la eventualidad de la derrota surgen componendas y artificios para atenuar el resentimiento del vencedor por las afrentas infringidas en el fragor de las campañas.
Esta es la única justificación que encuentro para el desplegado “Por una democracia constitucional” que recientemente inundó todos los espacios mediáticos con la propuesta de un gobierno de coalición fundamentada en la confrontación partidista, como causa evidente de la parálisis legislativa y como el factor que perturba el funcionamiento armonioso del gobierno.
El desplegado está firmado por 46 personalidades de la clase política y de la comentocracia como los dignos postulantes de un sistema político que haga compatibles las diferencias propias de una democracia, un sueño guajiro que, si llegare a realizarse, eliminaría el disenso y el debate como cualidades esenciales de la democracia. Además, los intelectuales y políticos firmantes ignoran la tradición de infamias y traiciones en la política mexicana cuando afirman una falacia: en la democracia, la política nos hace diferentes pero no enemigos.
No!... Lo sorprendente del desplegado no es el motivo, ni la propuesta y mucho menos el título. Lo que ha conmocionado a la opinión pública es la lista de personalidades que lo firman, algunas con prestigio total y otras totalmente desprestigiadas, unos animados por un cambio estructural y otros por la animosidad de la derrota. Pero entre las líneas de este desplegado se leen los rasgos de una lucha feroz y grotesca por el poder en la partidocracia. Se perciben los ominosos motivos de una clase política mexicana como la concentración de advenedizos improvisados, sin formación cívica con una preparación carente de los elementos básicos en el nivel profesional, y son evidentes los argumentos de una intelectualidad sin independencia de criterio que se desplaza sigilosa en la espiral del silencio.
Quienes firman este desplegado deberían saber que la historia de los hombres es confirmación perpetua de los preceptos maquiavélicos: que causa su propia ruina quien favorece el poder de otro, que es preciso caer en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente se podrá conservar el poder, que en el poder se extinguen las promesas y que no es prudente entretejer alianzas con las amarguras de los vencidos…
domingo, octubre 09, 2011
Conciencia digital
En algún lugar del destino, entre los giros inesperados de la fortuna y los crueles devaneos de la ironía, cuando se traspasa el punto sin retorno surgen los incontenibles efectos de todas las causas y se escriben las secuelas de todas las sagas…
Los estragos de la crisis global se agudizan destrozando las esperanzas de una generación sin rumbo que deambula buscando el porvenir en un entorno hostil que no le ofrece oportunidades y que destroza sus expectativas profesionales. La pérdida irremediable del sustento, la incertidumbre económica, la ausencia de oportunidades, la creciente desigualdad que polariza a la humanidad en magnates y pobres, el hartazgo hacia la clase política, la simulación democrática y los estragos de la ética del lucro, entre otras causas, están convocando a multitudes en todo el mundo.
La Primavera árabe, las revoluciones en Yemen y en Egipto, los indignados en España y en París, y ahora la concentración ciudadana cuya consigna propone “Ocupar Washington” son la manifestación contundente de la desesperanza que flagela a la inmensa mayoría en todo el planeta. La indignación, la frustración y el hartazgo se concentran en el punto más álgido de las movilizaciones sociales en todos los continentes desde los primeros días del 2011 cuando los ciudadanos decepcionados de la clase gobernante, cansados de la ineficiencia de las políticas públicas y la simulación exigieron la instauración de una democracia real. Ahora, los jóvenes de la llamada “generación perdida”, quienes crecieron con padres angustiados por la escases económica, que atestiguaron la evaporación del patrimonio familiar, que con estrecheces fundaron sus expectativas en la educación, y que ahora no encuentran oportunidades para construir su destino, se concentran en el Centro Financiero del Capitalismo.
La característica de estas movilizaciones de protesta ciudadana es la espontaneidad de su organización: gracias a las redes sociales y a la conectividad móvil las afinidades surgen por contagio y se expanden con la velocidad de un suspiro. El rasgo determinante de estos movimientos es la configuración de una conciencia colectiva como un ente revolucionario; la ubicuidad del epicentro ideológico en una nube de frustraciones virtuales sustituye a los líderes y los caudillos, lo que dificulta a las agencias de inteligencia rastrear la emergencia de los líderes para cooptarlos, para desvirtuar y extinguir el movimiento.
Entre los giros inesperados de la fortuna y los crueles devaneos de la ironía, en la ubicuidad de la nube de datos surgen afinidades; en un sueño materializado de Steve Jobs que fusiona la tecnología y el mercado, miles de usuarios comparten desesperanzas, frustraciones y la misma visión del mundo, porque ahora como siempre, el encuentro de afinidades y la sensación de pertenencia son imperativos existenciales que exceden al control y al dominio, porque cuando se traspasa el punto sin retorno surgen los incontenibles efectos de todas las causas y se escriben las secuelas de todas las sagas…
Los estragos de la crisis global se agudizan destrozando las esperanzas de una generación sin rumbo que deambula buscando el porvenir en un entorno hostil que no le ofrece oportunidades y que destroza sus expectativas profesionales. La pérdida irremediable del sustento, la incertidumbre económica, la ausencia de oportunidades, la creciente desigualdad que polariza a la humanidad en magnates y pobres, el hartazgo hacia la clase política, la simulación democrática y los estragos de la ética del lucro, entre otras causas, están convocando a multitudes en todo el mundo.
La Primavera árabe, las revoluciones en Yemen y en Egipto, los indignados en España y en París, y ahora la concentración ciudadana cuya consigna propone “Ocupar Washington” son la manifestación contundente de la desesperanza que flagela a la inmensa mayoría en todo el planeta. La indignación, la frustración y el hartazgo se concentran en el punto más álgido de las movilizaciones sociales en todos los continentes desde los primeros días del 2011 cuando los ciudadanos decepcionados de la clase gobernante, cansados de la ineficiencia de las políticas públicas y la simulación exigieron la instauración de una democracia real. Ahora, los jóvenes de la llamada “generación perdida”, quienes crecieron con padres angustiados por la escases económica, que atestiguaron la evaporación del patrimonio familiar, que con estrecheces fundaron sus expectativas en la educación, y que ahora no encuentran oportunidades para construir su destino, se concentran en el Centro Financiero del Capitalismo.
La característica de estas movilizaciones de protesta ciudadana es la espontaneidad de su organización: gracias a las redes sociales y a la conectividad móvil las afinidades surgen por contagio y se expanden con la velocidad de un suspiro. El rasgo determinante de estos movimientos es la configuración de una conciencia colectiva como un ente revolucionario; la ubicuidad del epicentro ideológico en una nube de frustraciones virtuales sustituye a los líderes y los caudillos, lo que dificulta a las agencias de inteligencia rastrear la emergencia de los líderes para cooptarlos, para desvirtuar y extinguir el movimiento.
Entre los giros inesperados de la fortuna y los crueles devaneos de la ironía, en la ubicuidad de la nube de datos surgen afinidades; en un sueño materializado de Steve Jobs que fusiona la tecnología y el mercado, miles de usuarios comparten desesperanzas, frustraciones y la misma visión del mundo, porque ahora como siempre, el encuentro de afinidades y la sensación de pertenencia son imperativos existenciales que exceden al control y al dominio, porque cuando se traspasa el punto sin retorno surgen los incontenibles efectos de todas las causas y se escriben las secuelas de todas las sagas…
domingo, octubre 02, 2011
El deporte oficial
En algún lugar de la agenda pública, al margen de las fechas oficiales y en la víspera de la contienda electoral, se registra el inicio de una temporada feroz e insufrible; en esta tradición reciente y alterna se concentra el simbolismo de rituales espontáneos que pretendiendo enaltecer a los protagonistas exhiben su deleznable condición…
Los usos y costumbres definen los rasgos de las épocas y reflejan la idiosincrasia de los pueblos; por eso, los cambios sociales se reflejan en la extinción de hábitos y oficios y en la aparición de nuevas costumbres. El declive del Priato en México fortaleció a sus opositores, propició la beligerancia en el proselitismo, se exacerbaron las críticas de los adversarios, y desde entonces, en forma alterna al calendario oficial y poco antes del proceso electoral se inaugura la temporada del deporte político por antonomasia: lanzamiento de mierda al ventilador.
Las categorías que participan en esta excéntrica disciplina están determinadas por el rango que se abarca al esparcir la podredumbre y por las alturas jerárquicas que se ensucian. No!... No se necesitan estadios. Este deporte se practica en la arena pública y podrán competir todos aquellos que tengan acceso irrestricto a los medios masivos de comunicación. El reglamento estipula que nadie es intocable y que el lanzamiento podrá realizarse exclusivamente con: excesos de triunfalismo, rencores incontenibles, ambiciones exacerbadas, odios reprimidos y todas las pasiones nauseabundas que suelen surgir a la sombra del poder. Y una cláusula escrita en letras ilegibles indica que: todos los temerarios y valedores que se atrevan a participar asumirán la responsabilidad política, histórica y amoral, porque una vez realizado el lanzamiento serán expuestos al escrutinio público y no habrá en el territorio nacional recoveco, escondrijo o grieta que les permita exiliarse del ridículo.
En esta ocasión, la temporada 2012 inició prematuramente con un mega lanzamiento, que según los expertos, destrozó el record vigente en el rango de cobertura y alturas jerárquicas: en el fragor de una polémica resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que reconoce la facultad del estado de Baja California para legislar en materia del derecho a la vida, cuando el debate social polariza a la ciudadanía, en el marco de las Fiestas del Sol en Mexicali, capital del panismo rampante, en Baja California, la catedral del amor y de la esperanza, el obispo José Isidro Guerrero afirmó que la SCJN emitió esta resolución gracias a la intervención de varios gobernadores y del mismísimo presidente de la República, y que cuando la causa parecía perdida, milagrosamente una llamada del Papa… lo cambió todo!
Con esta inconmensurable exhibición de triunfalismo queda demostrado que en las cuestiones del laicismo como virtud ineludible, el estado mexicano pierde soberanía e independencia, que la institución encargada de esclarecer la justa aplicación de las leyes aparece como un despacho vulnerable y manipulable, que las políticas públicas se enturbian con criterios dogmáticos y que los fundamentalismos ancestrales seguirán flagelando el derecho a disentir. Yo?... el humor involuntario es el único consuelo que me queda, porque los lanzamientos de podredumbre suelen ser reversibles y éstos rituales espontáneos ensucian a los protagonistas y a todos los involucrados al exhibir su deleznable condición…
Los usos y costumbres definen los rasgos de las épocas y reflejan la idiosincrasia de los pueblos; por eso, los cambios sociales se reflejan en la extinción de hábitos y oficios y en la aparición de nuevas costumbres. El declive del Priato en México fortaleció a sus opositores, propició la beligerancia en el proselitismo, se exacerbaron las críticas de los adversarios, y desde entonces, en forma alterna al calendario oficial y poco antes del proceso electoral se inaugura la temporada del deporte político por antonomasia: lanzamiento de mierda al ventilador.
Las categorías que participan en esta excéntrica disciplina están determinadas por el rango que se abarca al esparcir la podredumbre y por las alturas jerárquicas que se ensucian. No!... No se necesitan estadios. Este deporte se practica en la arena pública y podrán competir todos aquellos que tengan acceso irrestricto a los medios masivos de comunicación. El reglamento estipula que nadie es intocable y que el lanzamiento podrá realizarse exclusivamente con: excesos de triunfalismo, rencores incontenibles, ambiciones exacerbadas, odios reprimidos y todas las pasiones nauseabundas que suelen surgir a la sombra del poder. Y una cláusula escrita en letras ilegibles indica que: todos los temerarios y valedores que se atrevan a participar asumirán la responsabilidad política, histórica y amoral, porque una vez realizado el lanzamiento serán expuestos al escrutinio público y no habrá en el territorio nacional recoveco, escondrijo o grieta que les permita exiliarse del ridículo.
En esta ocasión, la temporada 2012 inició prematuramente con un mega lanzamiento, que según los expertos, destrozó el record vigente en el rango de cobertura y alturas jerárquicas: en el fragor de una polémica resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que reconoce la facultad del estado de Baja California para legislar en materia del derecho a la vida, cuando el debate social polariza a la ciudadanía, en el marco de las Fiestas del Sol en Mexicali, capital del panismo rampante, en Baja California, la catedral del amor y de la esperanza, el obispo José Isidro Guerrero afirmó que la SCJN emitió esta resolución gracias a la intervención de varios gobernadores y del mismísimo presidente de la República, y que cuando la causa parecía perdida, milagrosamente una llamada del Papa… lo cambió todo!
Con esta inconmensurable exhibición de triunfalismo queda demostrado que en las cuestiones del laicismo como virtud ineludible, el estado mexicano pierde soberanía e independencia, que la institución encargada de esclarecer la justa aplicación de las leyes aparece como un despacho vulnerable y manipulable, que las políticas públicas se enturbian con criterios dogmáticos y que los fundamentalismos ancestrales seguirán flagelando el derecho a disentir. Yo?... el humor involuntario es el único consuelo que me queda, porque los lanzamientos de podredumbre suelen ser reversibles y éstos rituales espontáneos ensucian a los protagonistas y a todos los involucrados al exhibir su deleznable condición…
domingo, septiembre 11, 2011
Una pálida sombra
En algún lugar de la condición humana, entre el raciocinio y la emoción, eludiendo todas las mutaciones, perduran los genes del dominio; justamente ahí, donde las razones sobran y los sentimientos estorban, surgen los imperativos instintivos de la bestia que yace en el interior del hombre…
El hito más reciente en la historia de la humanidad se registró el 11 de Septiembre del 2001. A partir de ese momento el aire respirable se impregnó de miedos exacerbados, de indignante repudio y miradas discriminatorias. Se materializaron los peores presagios y en una cruzada de odio y venganza se confrontaron dos versiones del mundo. El atentado perpetrado al World Trade Center desencadenó un bombardeo incesante e implacable de mensajes mediáticos que introdujeron la sensación de vulnerabilidad y despertaron una enfermiza xenofobia en la mente de todos los habitantes de la porción “civilizada” del mundo. Desde entonces, año tras año, se conmemora ese brutal ataque para mantener viva a la incertidumbre y resucitar al temor.
Hoy por hoy, la secuela destructiva de aquel atentado aún no concluye. La cruzada posmoderna emprendida por las huestes de la ambición en nombre de la libertad y la democracia ha producido un ejército de mutilados y paranoicos, las diferencias se han agudizado y el planeta se divide ahora en dos hemisferios dogmáticos: el hemisferio del mercado y el hemisferio del fanatismo. La porción terrestre donde residen los últimos especímenes de la esperanza es cada vez más reducida, es por eso que el Dalai Lama es un templo itinerante, la encarnación de la ética que camina por el mundo con el alma envuelta en el ombligo. En el umbral de la sociedad del conocimiento, el raciocinio es una habilidad en peligro de extinción, y es por eso que cada día es más dolorosa la ausencia de José Saramago, el profeta del pesimismo que inquietaba las conciencias cuando pregonaba los estragos del lucro y del odio en la explanada del absurdo.
En aquel septiembre del 2001, Saramago deslindó de culpas a todos los dioses cuando identificó al “Factor Dios, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.”
En su visita a México, el Dalai Lama logró mantener encendida la esperanza con la luz de una ética laica basada en la conciencia del bien común, muy diferente a la moral religiosa fundamentada en el castigo divino, porque “los problemas siempre serán algo natural, pero su solución no vendrá de los gobiernos, sino de cada uno de los integrantes de la sociedad que actúen con ética y responsabilidad, independientemente de cuál sea su religión.”
En este mundo devastado por la ética del lucro la esperanza es apenas un pálida sombra que yace olvidada en el fondo del ánfora de Pandora, pero aún existe la remota posibilidad de rescindir los genes del dominio para erradicar el vacío existencial donde las razones sobran y los sentimientos estorban, y en un salto evolutivo, domesticar a la bestia que yace en el interior del hombre…
El hito más reciente en la historia de la humanidad se registró el 11 de Septiembre del 2001. A partir de ese momento el aire respirable se impregnó de miedos exacerbados, de indignante repudio y miradas discriminatorias. Se materializaron los peores presagios y en una cruzada de odio y venganza se confrontaron dos versiones del mundo. El atentado perpetrado al World Trade Center desencadenó un bombardeo incesante e implacable de mensajes mediáticos que introdujeron la sensación de vulnerabilidad y despertaron una enfermiza xenofobia en la mente de todos los habitantes de la porción “civilizada” del mundo. Desde entonces, año tras año, se conmemora ese brutal ataque para mantener viva a la incertidumbre y resucitar al temor.
Hoy por hoy, la secuela destructiva de aquel atentado aún no concluye. La cruzada posmoderna emprendida por las huestes de la ambición en nombre de la libertad y la democracia ha producido un ejército de mutilados y paranoicos, las diferencias se han agudizado y el planeta se divide ahora en dos hemisferios dogmáticos: el hemisferio del mercado y el hemisferio del fanatismo. La porción terrestre donde residen los últimos especímenes de la esperanza es cada vez más reducida, es por eso que el Dalai Lama es un templo itinerante, la encarnación de la ética que camina por el mundo con el alma envuelta en el ombligo. En el umbral de la sociedad del conocimiento, el raciocinio es una habilidad en peligro de extinción, y es por eso que cada día es más dolorosa la ausencia de José Saramago, el profeta del pesimismo que inquietaba las conciencias cuando pregonaba los estragos del lucro y del odio en la explanada del absurdo.
En aquel septiembre del 2001, Saramago deslindó de culpas a todos los dioses cuando identificó al “Factor Dios, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.”
En su visita a México, el Dalai Lama logró mantener encendida la esperanza con la luz de una ética laica basada en la conciencia del bien común, muy diferente a la moral religiosa fundamentada en el castigo divino, porque “los problemas siempre serán algo natural, pero su solución no vendrá de los gobiernos, sino de cada uno de los integrantes de la sociedad que actúen con ética y responsabilidad, independientemente de cuál sea su religión.”
En este mundo devastado por la ética del lucro la esperanza es apenas un pálida sombra que yace olvidada en el fondo del ánfora de Pandora, pero aún existe la remota posibilidad de rescindir los genes del dominio para erradicar el vacío existencial donde las razones sobran y los sentimientos estorban, y en un salto evolutivo, domesticar a la bestia que yace en el interior del hombre…
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