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domingo, julio 11, 2010

Hasta la próxima

“Se acabó.
El sol nos dice que llegó el final,
por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual”
Joan Manuel Serrat

En algún lugar de la noche, conforme se extinguen los ecos de la fiesta resurgen los márgenes de la realidad que se diluyeron momentáneamente por el influjo de una quimera…

La fiesta del futbol que el mundo celebró en Sudáfrica se traslada a España, que según la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) es el país más feliz del planeta. El mundial de fútbol confirma, una vez más, que la humanidad necesita placebos para conservar alguna esperanza, por vana que parezca. Pero esa necesidad existencial es explotada por la industria del entretenimiento que logra acaparar la atención de todo el mundo en una confrontación deportiva diseñada para promoción de actitudes y la divulgación de estereotipos.

El predominio de la ética del lucro se manifiesta en la profesionalización, que debe entenderse como la capitalización de las habilidades y la comercialización de los esfuerzos. Los actuales modelos de excelencia predominan en el ámbito deportivo y son patrocinados por firmas comerciales o consorcios industriales.

Pero mientras millones y millones de personas siguieron los incidentes del Mundial de Fútbol en Sudáfrica, los grandes consorcios mediáticos incrementaron sus ganancias a niveles exponenciales. Porque los verdaderos vencedores son los organismos organizadores de la Copa Mundial de Futbol, las firmas que vendieron la transmisión de los 64 juegos y los patrocinadores que insertaron sus anuncios publicitarios durante la fiesta futbolera.

Del monto estratosférico de las ganancias generadas durante la Copa Mundial sólo una mínima parte favoreció al pueblo sudafricano durante la construcción de los estadios y la organización del evento. Los millones generados en la fiesta futbolera saldrán de Sudáfrica en cuanto los medios, los patrocinadores y los visitantes retornen a sus lugares de origen.

Y así, hasta el próximo Mundial y durante cuatro largos años, los medios masivos alimentarán la esperanza de quienes sueñan con el triunfo, y fortalecerán la quimera del juego como el único camino en el ascenso a la gloria. En un vulgar mercadeo venderán ídolos y exportarán los moldes de la excelencia y los modelos del éxito, guiando las ilusiones de un mundo necesitado de alegrías, capitalizando las dosis esporádicas de placebos existenciales que requiere la humanidad.

Porque ahora, como siempre y desde entonces, la gloria de los héroes y la fama de los ídolos son indispensables para sobrellevar los devaneos de la fortuna, para fortalecer las ilusiones cuando se hayan extinguido los ecos de la fiesta, cuando resurgen los márgenes de la realidad que se diluyeron momentáneamente por el influjo de una quimera…

domingo, junio 06, 2010

Fiesta y futbol

En algún lugar cotidiano, en el trayecto del alba al ocaso existe una vereda, un sendero alterno donde el tiempo se detiene y en esa pausa es posible evadir las tribulaciones rutinarias; durante esos momentos, la realidad se transfigura y adquiere una apasionante simplicidad…

Desde el momento en que la propiedad surgió como el factor determinante de los rangos sociales, la existencia ha transcurrido entre el trabajo y la fiesta, entre el esfuerzo y el descanso. La naturaleza opuesta de esos extremos se percibe en sus efectos: la retribución de la jornada laboral se materializa en bienes y servicios; mientras el reposo y el ocio inciden en la condición anímica y en las actitudes.

Como en todas las situaciones excluyentes, todos los excesos son dañinos y perniciosos, y en la oposición trabajo-fiesta el equilibrio implica mesura y templanza, por eso, es lo más difícil de lograr: no es sano dedicar todo el tiempo al trabajo, ni lo es vivir en una fiesta interminable. La existencia requiere un sentido, una satisfacción que se logra en el trabajo; pero sin el reposo la humanidad corre el riesgo de transformarse en una especie amargada, materialista, utilitaria, corrosiva.

Hoy por hoy, en la sociedad de mercado y por los efectos de la comunicación masiva, el tiempo destinado al descanso es el objetivo de la industria del entretenimiento. El deporte, como uno de los espectáculos masivos por excelencia, reduce la complejidad del mundo a unas cuantas reglas y ofrece la posibilidad de alcanzar un triunfo que en el mundo real es inalcanzable.

Ahora, en la víspera del Mundial de Fútbol, todas las esperanzas de los ciudadanos se trasladarán a Sudáfrica, y mágicamente de desvanecerán todas las preocupaciones durante los 90 minutos de las 32 fechas del torneo mundialista.

Pero la sub-especie política es inmune a los efectos de la ensoñación masiva, y precisamente durante esos lapsos donde la fiesta mediática inunda el pensamiento de especie humana, esos especímenes infra-humanos capitalizan el jolgorio multitudinario para lesionar el entorno y el contexto sociales con incrementos en los precios e imposiciones legales. La consigna romana “Pan y Circo” es una de las consagraciones de la fiesta como una distracción nacional; la versión actualizada sería “Fiesta y fútbol”.

El Mundial de Fútbol en Sudáfrica, cuando los humanos evadirán la realidad y se transfigurarán en héroes deportivos, coincide con la fase culminante en los procesos electorales. En Baja California, las campañas, los comicios del 4 de Julio y los resultados electorales se realizarán al margen de la atención ciudadana. Normalmente las elecciones intermedias provocan una escasa participación ciudadana, y en éstas el riesgo latente es el triunfo de las militancias.

Sí!... Es justo y necesario evadir las preocupaciones, los plazos y los deberes; es cierto que la esperanza social se desvanece inevitablemente, pero también es cierto que la voluntad es el ingrediente primordial de los sueños, y en el sueño democrático la voluntad reside en el pueblo.
No!... También se puede soñar despierto: imaginar que la contienda democrática suscite el interés de la fiesta mundialista, cuando la realidad se transfigura y adquiere una apasionante simplicidad…