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La imperiosa necesidad de escribir surgió en un corazón saturado, cuando la presión de los silencios sobrepasó su límite natural y frenéticamente buscó una salida. En el momento en que arrastré el lápiz, se produjo un diálogo instintivo entre el papel y mi conciencia. Y desde entonces, mis palabras adquieren forma, substancia y color cuando una mirada las recorre. Mis ideas y mis sueños cobrarán vida cuando alguien les regale un breve lapso en su recuerdo...

domingo, octubre 14, 2018

La vejez y el porvenir


En algún lugar del porvenir se compendian las esperanzas y perdura el anhelo de lograr todo lo que ahora es imposible, por eso, en la frontera que separa el pasado del futuro se rezagan todas las artes y los artificios destinadas a la obsolescencia, las prioridades y los prejuicios que alguna vez nos distinguieron…

          Históricamente, la distancia entre las épocas se ha reducido constantemente; si la Modernidad abarcó dos siglos, la Posmodernidad llegará a su fin antes del cincuentenario y el siglo XXI podría albergar más de dos épocas. Por las ironías del destino y la impaciencia del porvenir, en la era digital conviven  seis generaciones y cada una, es el digno representante de su tiempo: la Generación Grandiosa sobrevivió a la Gran Guerra y la Generación Silenciosa, a la Segunda Guerra Mundial; los Baby Boomers crecieron con la televisión y protestaron contra los excesos del poder; la Generación X  fue testigo de la desilusión de los Boomers y optó por el individualismo en los albores de la globalización; los Millenials protagonizan la transformación de los esquemas laborales defendiendo el feudo personal; y los Boomlets, o Nativos Digitales, no imaginan cómo pudo funcionar el mundo sin Internet.
  
          Esta brecha está definida por la tecnología en las comunicaciones pero las diferencias entre ellas también se manifiestan en los ideales y las prioridades que comparten. Alguna vez la patria fue el ideal que justificaba todos los esfuerzos y sacrificios; hubo un tiempo en que la lealtad se ofrendó a la empresa; hace décadas, el funcionamiento de la familia dependía de la presencia de todos sus integrantes. Hoy por hoy, la lealtad se restringe al ámbito individual y la familia acepta a una variedad de versiones, antes condenadas por los efectos del prejuicio.

          Y en la familia se registran los datos que esclarecen las diferencias entre las generaciones recientes: en el México de los 70’s, la tasa de fecundidad nacional fue de 6 hijos y desde entonces se reduce notablemente década tras década. En los 90’s la tasa de fecundidad fue de 3 hijos, en el 2018 es de 2 y se pronostica que en el 2050 será de un hijo. Los rasgos de la época también inciden en los modelos tradicionales del compromiso como lo registra Inegi en la tendencia de la nupcialidad: desde 1980 se incrementaron los divorcios de 4 por cada cien matrimonios a 22 en el 2016 cuando los divorcios administrativos ascendieron a 13, 639 y los judiciales a 126, 168.

          En la década de los 60’s México era un país joven porque la inmensa mayoría de sus habitantes aún no cumplía la mayoría de edad; el México del mañana será un país de “mayores en plenitud”, jubilados y pensionados en la etapa más vulnerable de su vida. Si la esperanza de vida continúa incrementándose como hasta ahora, podría llegar a los 100 años cuando la niñez registre sus niveles más bajos. Hemos adoptado nuevas formas de trabajar, de amar y de vivir; el anhelo primordial sería que los viejos del futuro prodiguen su experiencia para construir un entorno incluyente y generoso, para erradicar los prejuicios que aún ahora nos distinguen…


domingo, octubre 07, 2018

La dolorosa tardanza


En algún lugar doloroso, en el vacío de la fragilidad se acumula el eco de los reclamos oprimidos por la injusticia y ahí deambularán en una penosa espera hasta el día en que las lágrimas borren las mentiras registradas…

            La reivindicación suele llegar siempre tarde, y algunas veces nunca llega. En el mejor de los casos, el esclarecimiento de las versiones oficiales y oficiosas se realiza cuando los implicados ya no pueden afrontar la responsabilidad de sus acciones porque la impunidad los protege hasta el fin de sus días en un ciclo perverso, insufrible, indigno.

            Este 2 de octubre se conmemora el 50 aniversario de la masacre civil en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco y en el 2018 celebramos también el fin oficial de la censura que reprimió la divulgación de imágenes reales, datos fidedignos y versiones verificables.  Hace 50 años aquella “prensa vendida” publicó la versión oficial de un enfrentamiento entre terroristas y elementos del ejército que defendieron la paz pública contra los intereses del comunismo internacional. Esa falacia adquirió el rango de las verdades absolutas y fue el filtro para identificar a los esbirros oficialistas, a los ultraconservadores, a los ingenuos y crédulos que aceptaban sin discernir la desinformación de la mediocracia.

Por eso ahora, después de una dolorosa tardanza, los principales periódicos y los medios de comunicación se reivindican publicando las verdades reprimidas y ocultas: Desde el 22 de julio se recrearon los pormenores de todos los acontecimientos que culminaron en el mitin de Tlatelolco, que hoy se conmemorará con un ritual de flores y cantos en la explanada, con guardias en honor a tod@s l@s caid@s aquel 2 de octubre y marchas luctuosas en la Ciudad de México y en todos los estados.

Ahora, por el rechazo social a la verdad histórica impuesta por Gustavo Díaz Ordaz, se retiraron de edificios, plazas e instalaciones públicas todas las placas alusivas a ese personaje. Y much@s de l@s que atestiguamos la brutal manipulación de la información en aquel entonces, esperamos que el repudio también alcance al expresidente Luis Echeverría, uno de los protagonistas protegidos por la impunidad.

Son muchas las mentiras que deben esclarecerse, abundan las verdades que han sido desvirtuadas y el tiempo apenas será suficiente para resarcir el dolor infringido. Pero lo más doloroso, es constatar el reinicio de un ciclo de aberraciones que parece no tener fin. Mientras conmemoramos el advenimiento de las verdades en torno al movimiento de 1968, miles de deudos buscan sin encontrar los restos mortales de sus familiares desaparecidos en una insufrible tardanza que posterga la resignación. 

Como compatriotas es nuestro deber exigir el esclarecimiento de las masacres recientes y el castigo a los responsables; el valor cívico se ejerce como una virtud colectiva por la empatía con quienes buscan la verdad y esperan el rigor de la justicia. De la ciudadanía depende la vigencia de la fragilidad social y la persistencia del ciclo infame de la impunidad; si la indignación y los reclamos oprimidos se manifiestan en su justa dimensión, se borrarán todas las mentiras registradas…

La noche del jueves y a media luz. Sombras nada más


En algún lugar de la penumbra, cuando se disipa el matiz amenazante, las sombras envuelven los límites sensoriales y la indefensión se agudiza, pero resurge el eco olvidado de los instintos y las vulnerabilidades se desvanecen al compartirlas…

            El jueves anterior, la luz de las velas propagó un ambiente íntimo y seductor en muchos restaurantes del país porque a las 7 en punto de la noche interrumpieron la corriente eléctrica; la idea surgió en la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) que convocó a todos sus afiliados a cortar el suministro de la energía eléctrica durante dos horas en la noche de los jueves de octubre para protestar por los incrementos en las tarifas de la Comisión Federal de Electricidad y presionar a la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

            Tras el inicio de la campaña “Prendo una vela y apago la luz” empresarios de la industria hotelera y de la transformación se unieron a la convocatoria y dirigentes de las cámaras empresariales (Coparmex, Canaco, Servitur, Canirac, AMHM) manifestaron que en las cuestiones de la energía eléctrica estamos en penumbras. Y la sombra de la indefensión ya cubre todo el territorio nacional: Mientras esto sucedía en el centro del país, en el noroeste y a miles de kilowatts de distancia, la CFE sorprendió a muchos mexicalenses con la llegada intempestiva de adeudos insólitos; en unos casos por el consumo de energía (en uno de los meses en que se registran las temperaturas más elevadas en la región) y en otros, por un dichoso ajuste retroactivo por el mal funcionamiento de los medidores.         

El desconcierto es general y hasta el momento, no hay argumento ni defensa para eludir el pago de adeudos a la CFE, como tampoco existen las razones para los incrementos repentinos de las tarifas, mucho menos, la lógica que explique el costo diferenciado de la energía en la zona donde se produce y las tarifas comerciales suelen desfalcar a los emprendedores.

Lo único claro es la penumbra. Recientemente asistí a uno de los “Diálogos en la oscuridad” que tienen por objeto sensibilizarnos de la hostilidad del paisaje, urbano y social, ante la ceguera. Fue toda una experiencia: desde una súbita angustia hasta el primer impulso de la adaptación; desde la indefensión hasta la empatía. Por esa experiencia en la oscuridad total, auguro que la campaña “Prendo una vela y apago la luz” será todo un éxito, no sólo para protestar por la tiranía de la CFE, porque en esa penumbra deliberada se dilatarán las pupilas de los clientes y se despabilarán los sentidos adormilados por las comodidades cotidianas: el vino adquirirá un sabor desconocido, las flores exhalarán aromas que se creían obsoletos y la presencia del acompañante recuperará las virtudes  expropiadas por las redes sociales.

            Y así, por el súbito reencuentro con las sensaciones postergadas, lo que inició como una protesta podría convertirse en un reconfortante hábito. A media luz se recuperaría la sana costumbre de conversar en la cena fortaleciendo el músculo atrofiado de la cortesía; asumiríamos nuestra indefensión y en la solidaria penumbra se desvanecerían nuestras vulnerabilidades por el simple hecho de compartirlas…

“Prenda una vela y apague la luz”

domingo, septiembre 23, 2018

La batalla de los necios


En algún lugar de la discordia, merodean los adjetivos de la hostilidad exacerbando los argumentos del triunfo, enardeciendo los motivos de la derrota, transformando en incordios todas las oportunidades para el acuerdo…  

            En semanas recientes y por obra de la casualidad, he observado los efectos del fanatismo en varias conversaciones cuando los tintes políticos convirtieron a los participantes en fieros adversarios. Los encuentros de opiniones en torno a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador son auténticos encontronazos de filias y fobias, defendidas apasionadamente. Y ahí, en la defensa a ultranza y en la contundencia del ataque, merodeaba la intolerancia.

            Paulatinamente, los mexicanos nos hemos segregado en dos opciones excluyentes y repelentes; no hay medias tintas ni tonos grises porque las alternativas se encuentran en extremos que cada vez se alejan más, alejándonos del verdadero consenso. La hostilidad entre los conversadores demerita el debate y no existe la justa medianía para lograr un acuerdo porque al calor de la discusión se evaporan las razones y emergen los prejuicios para asestar insultos sin disimulo y con desdén.

            Unos se envalentonan y otros se afanan pero el intercambio de opiniones se reduce al reproche de las diferencias entre ellos, pero tanto unos como los otros, son víctimas del fanatismo: Quienes defienden al presidente electo y quienes no lo eligieron son paladines fieles a su dogma y no admiten cuestionamientos, críticas ni observaciones. Y si alguien no comulga con sus postulados, es un adversario indigno de confianza.

Los que presencian estos altercados generalmente se quedan sin palabras, algunas veces por prudencia y otras por la efusividad de los contrincantes; en el resguardo del silencio y con pena ajena, atestiguan la metamorfosis de sus conocidos en personajes con una ferocidad desconocida cuando se les pregunta por su militancia partidista. Al percatarse de la transformación de dos finas personas en feroces energúmenos, los testigos de la polémica intentan atenuar la rispidez y calmar los ánimos exasperados alertándolos de la intolerancia inminente, pero nadie atiende los llamados a la concordia y el fiel de la balanza permanece imperturbable, esperando que la sensatez conduzca a los beligerantes al aristotélico punto del equilibrio.  

            Los incordios, y el fervor que implican, conducen invariablemente al callejón de la amargura. Estos insufribles ejercicios de la necedad concluyen cuando alguno de los involucrados desiste, ya sea por cansancio o por coraje, mientras su contra parte se vanagloria como el portador de la verdad absoluta, o sea, la neta del planeta. Tras la pírrica victoria de los necios, lo que queda en el ambiente es una sensación agridulce y la desagradable certeza del distanciamiento.

            La simpatía o militancia partidista es el criterio menos recomendable para adjudicar atributos a nuestros compatriotas, sin embargo, parece que el incordio se ha convertido en el entretenimiento favorito de la ciudadanía pero ya es tiempo de erradicarlo; el próximo presidente gobernará a tod@d l@s mexican@s, debe trabajar por el bienestar, la seguridad y el progreso de tod@s; sin importar las filias partidistas, la ciudadanía debe asumir su responsabilidad como contrapeso del poder y aprovechar todas las oportunidades para el acuerdo…

domingo, septiembre 16, 2018

Entre la urgencia y la emergencia. Redefinir lo indefinido


En algún lugar sin fronteras se compendian todos los conceptos y se definen todos los términos para hermanar las palabras y los significados; y así, gracias al lenguaje se describen los giros del destino en la cambiante configuración del mundo…

            La hegemonía de los imperios perdura por siglos y en el lenguaje se compendian el impacto y los efectos de su influencia. Actualmente, la tecnología dicta el canon del desarrollo y su influencia en nuestras vidas se detecta cuando damos un “click”, al tomar una “selfie” o cuando enviamos un “emoji”. El placebo de las redes sociales se produce con un “like” y   la paradoja de la comunicación se agudiza en el “phubbing”. Palabrejas como estas describen los nuevos hábitos (usos y vicios) en el imperio digital que se han incorporado a nuestra cotidianidad y a nuestro lenguaje.

            Por eso, desde 2005, la Fundación del Español Urgente integra las expresiones adquiridas de otra lengua por la fuerza de la cotidianidad y  desde 2013  elige a la “Palabra del Año”: “que no tiene que ser necesariamente una voz nueva, pero ha de suscitar interés lingüístico por su origen, formación o uso y haber tenido un papel protagonista en el año de su elección”.

             En el 2013, cuando surgió la polémica por las manifestaciones de ciudadanos frente al domicilio de las personas denunciadas, se elijió a la palabra “escrache” (proveniente de Río de la Plata). En 2014, la palabra “selfi” (sin la “e” al final) describió el uso abrumador del anglicismo y la propagación exponencial de esta actividad en redes sociales. En 2015 se eligió a la palabra “refugiado” porque al “emplear palabras específicas para acotar la realidad es un primer paso para relacionarse eficazmente con ella”. La palabra del 2016 fue “populismo” para redefinir las estrategias electorales que determinaron el resultado del Brexit y la victoria de Donald Trump. En el 2017, la palabra del año fue “aporofobia”, acuñada por la filósofa española Adela Cortina para definir un sentimiento existente que nadie había bautizado. Aporofobia se define como el rechazo a los pobres y ese mismo año se incluyó en el Código Penal Español como un agravante.

            En el próximo noviembre la Fundeu elegirá a la palabra del 2018 y por un extraño afán, me gustaría que escudriñaran la realidad mexicana; tal vez, emergerían vocablos para redefinir a los debates, al proselitismo y a la militancia mediática. Creo que empezar a llamar a las cosas por su nombre sería un buen ejercicio de honestidad cívica: Recuperaríamos el sustantivo “rufián” para referirnos a todos los que hacen de la política un negocio y quizás, encontraríamos en el “limbo” la confianza que hemos perdido en los gobernantes. Sea como fuere, reinventemos el lenguaje para inculcar la tolerancia, la legalidad y la empatía. Tal vez logremos conciliar significados, reescribir nuestras prioridades aunque tengamos que redefinir lo indefinido y, gracias al lenguaje, nos integraríamos a los giros del destino en la cambiante configuración del mundo…

domingo, septiembre 09, 2018

Alter ego encarnado. La canción del poeta


En algún lugar incontenible florecen los aromas que inundan la mirada; la esencia otoñal es temeraria, impetuosa, se opone y se resiste, con toda fuerza sensible, a las formalidades y protocolos…  

            El miércoles 29 de agosto, en un evento organizado por la Junta Local del INE en Baja California con motivo de la entrega de reconocimientos a l@s consejer@s electorales cuya designación concluyó, gentilmente me asignaron la exposición de motivos y les dije que una feliz coincidencia nos condujo a todos los ahí reunidos al ámbito electoral.

            Que como consejer@s nos percatamos de que en un proceso electoral, todos los días y todas las horas son hábiles, que los plazos son angustiosamente impostergables y que las responsabilidades de l@s consejer@s no están debidamente contempladas en la legislación electoral porque la cuantía y la calidad de sus esfuerzos excede, por mucho, lo plasmado en la ley. Que cuando cumplieron en tiempo y forma con las exigencias de la estrategia nacional, atendiendo punto por punto los lineamientos emitidos por el Consejo General, lo hicieron por la satisfacción del deber cumplido.

            Extraje el recuerdo más envolvente de mi experiencia en un consejo distrital para explicar el pequeño prodigio que se realiza cuando encontramos en otros la misma convicción y el mismo valor civil que nos impulsa a trabajar por el bien común; me hubiera gustado citar a Octavio Paz para confirmar que el mundo cambia cuando aquellos que se buscan, se encuentran.  Confesé que las palabras no bastaban para reconocer el valor de sus esfuerzos, que no encontraba los adjetivos…  Entonces, les hubiera dicho que las grandes hazañas de la historia se han logrado por la maravillosa fuerza de la afinidad; que las convicciones suelen generar apego y pertenencia y que por eso duele desprenderse del alter ego encarnado en l@s compañer@s.

            Les hubiera dicho que la mexicanidad auténtica se configura con las aportaciones de ciudadan@s como ell@s; que el único valor constante en la ingeniería social es la consistencia de los ideales. Hubiera descrito los matices del color de esa feliz coincidencia, hubiera parafraseado a Saramago… pero desde hace algún tiempo he sido presa de las lágrimas y cada vez me doblegan con mayor facilidad; sucumbo sin motivos aparentes y cuando menos lo espero porque no hay señales previas que me alerten. Las palabras se detuvieron por el nudo que me cerraba la garganta, mi voz se distorsionó y todo lo que quería decir se disolvió en el “hubiera”. Cuando las fibras sensibles se apaciguaron, la canción del poeta merodeaba mi mente hasta que la resignación me sorprendió repitiendo el síntoma inequívoco de mi edad: “cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”.

            Querid@s compañer@s: con este acto de contrición quise revertir la inclemencia del “hubiera” y decirles ahora, lo que en su momento no pude… porque es más fácil escribirlo que decirlo porque la esencia otoñal es temeraria, impetuosa, se opone y se resiste, con toda fuerza sensible, a las formalidades y protocolos…  

domingo, septiembre 02, 2018

Una cuestión de inteligencia. "Un mundo nos vigila"


En algún lugar de la ingenuidad y en la total indefensión, todos los gestos son indicios de un carácter subversivo y todas las palabras se traducen en amenazas…
           
Cuando Don Pedro Ferriz Santa Cruz advertía de la proximidad de los extraterrestres y su incursión en la vida cotidiana de todos los habitantes de la Tierra, no imaginaba que la frontera de la privacidad sería derribada por artefactos diseñados en este planeta.

Desde que el mundo es mundo, la vigilancia y el espionaje han sido el fundamento de la decisión de líderes, generales y gobernantes. En cuestiones del estado, la definición de “inteligencia” adquiere un significado implacable cuando la defensa de la seguridad nacional es el motivo que la justifica. En la actualidad, la invasión de la privacidad es un artificio utilizado despiadadamente con fines de lucro: siguiendo el rastro de las transacciones es posible configurar el perfil de un usuario y deducir sus preferencias para bombardearlo con promociones en las redes sociales. Esta es la aplicación más benigna porque existen programas que pueden invadir un teléfono “inteligente” para acceder a los mensajes en el correo electrónico, para identificar a los contactos, para escuchar conversaciones y filmar todas las escenas del día protagonizadas por un usuario incauto.

No. No es el argumento de una novela de ciencia ficción. Se trata de un virus (malware) creado por la empresa israelí NSO Group para convertir los teléfonos celulares en dispositivos de vigilancia. El espía se instala en el teléfono celular cuando el usuario reacciona con un “click” a un mensaje, a un meme o a una promoción. En 2017, varios abogados, activistas, periodistas, académicos y defensores de los derechos humanos en México denunciaron el espionaje a través de sus teléfonos celulares y se identificó al programa “Pegasus”, suministrado por NSO Group al gobierno mexicano. Inmediatamente después, el presidente Peña Nieto instruyó a la Procuraduría General de la República para la investigación del mal uso y la perversa implementación del virus.



No. No es el argumento de un cuento surrealista: El implicado en la adquisición del virus espía se investigaría a sí mismo; tal vez por eso, desde entonces a la fecha, la investigación no avanza. Y ya en los límites del realismo mágico, los funcionarios mexicanos encargados de la investigación solicitaron el apoyo del FBI, pero la agencia norteamericana decidió no involucrarse en lo que calificaron como una simulación.

No. Este no es el final del cuento. NSO Group continúa produciendo y suministrando ciber armas al mejor postor para la “prevención del crimen y del terrorismo” insistiendo en que no se responsabiliza por el mal uso de su programa. El New York Times revela el espionaje a un emir, a un príncipe saudí y al editor de un periódico árabe como una muestra del programa que NSO realizó para convencer a un cliente potencial; mientras tanto, los denunciantes mexicanos se integraron a las demandas legales interpuestas en Israel y Chipre porque en la total indefensión, todos los gestos fueron indicios de un carácter subversivo y todas las palabras se tradujeron en amenazas…
  

domingo, agosto 26, 2018

La noche de un día soleada. 50 años de silencio. Tercer y última parte




“Tiempo al tiempo y cada huella irá encontrando su arena.”
Jorge Drexler



Durante décadas, sistemáticamente, todos los intentos por dignificar el movimiento estudiantil de 1968 fueron demeritados y las memorias, mancilladas; las marchas conmemorativas devinieron en episodios de vandalismo. Los estudiantes comprometidos con el movimiento, flagelados por los artificios de un régimen represivo, se incorporaron al silencio forzado y todos los testimonios se marginaron por la contundencia del olvido institucionalizado, cuya vigencia trascendió los primeros gobiernos de alternancia.

En diciembre del 2001, la portada de la revista Proceso recuperó la fotografía de un estudiante golpeado, semi desnudo, empapado; al fondo aparecen soldados sometiendo a otros estudiantes bajo la leyenda: “Tlatelolco 68: Las fotos ocultas”. Era el ejemplar 1,310 (10 de diciembre 2001) con la convocatoria “Reconozca y Reconózcase: quienes tengan una historia que contar sobre los personajes, víctimas o victimarios, que aparecen en estas fotografías, comuníquese a la Redacción”.
 
Y el joven de la portada se reconoció, se comunicó con la revista Proceso y brindó su testimonio, que fue publicado en el ejemplar 1,311 (16 de diciembre 2001): Florencio López Osuna, fue dirigente de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en 1968 y en el 2001 era Subdirector de la Vocacional 5 del mismo instituto. La fotografía (de autoría anónima) fue tomada en el momento de su detención en el edificio Chihuahua en Tlatelolco, poco antes de su traslado al Campo Militar Número Uno donde permaneció hasta su reclusión en Lecumberri.

Pero la convocatoria de la revista Proceso tuvo un desenlace increíble: resucitó los artificios más perversos de la censura, imponiendo un silencio fatal y absoluto. En el ejemplar 1,312, de la siguiente semana (23 de diciembre 2001) se publicaron los reportajes que cubrieron la extraña muerte de Florencio López Osuna, cuyo cadáver fue encontrado en un hotel de paso la noche del jueves 20 de diciembre, apenas 4 días después de la publicación de su testimonio.  

Pero los esfuerzos por esclarecer las sombras que envuelven ese episodio no han claudicado. Fabrizio Mejía Madrid consultó las 5,000 páginas del expediente de Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (que surgió y desapareció en el sexenio de Vicente Fox) y 60 libros testimoniales para recuperar, momento a momento, los 123 días del movimiento estudiantil en su novela “Esa luz que nos deslumbra”.


Quiero creer que por fin podremos leer el capítulo maldito que siempre se excluyó de la historia oficial; ojalá que un testimonio ya no signifique arriesgar la vida; espero impaciente el derrumbe de la feroz custodia del pasado para que las leyes del tiempo alivien el dolor que estuvo recluido en el olvido y que por fin, nada ni nadie se resista a sus efectos…