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domingo, marzo 02, 2014

El síndrome de Maléfica

En algún lugar egocéntrico, la esencia se desvanece en apariencias a través de una búsqueda frenética de afinidades; y entonces, una imagen se transforma en un centro de atención que cuantifica las miradas y pondera las señales de aceptación…

            En el lenguaje se reflejan las actitudes socializadas en un determinado contexto. Ya se incorporaron al diccionario el verbo “googlear” y el abominable término “phubbing” que proyectan los nuevos hábitos en la sociedad de la información. Debido a la rápida generalización de este neologismo en las redes sociales, donde se mencionó en un 17%  de las conversaciones,  el Diccionario de Oxford eligió el término “selfie” como la palabra del año 2013 y la define como la fotografía de uno mismo, captada con un smartphone o con una cámara web y que se publica en los medios sociales de la Red. El autorretrato digital es un fenómeno viral: ya  existe un manual de 8 pasos; recientemente se realizó un análisis estadístico en SelfieCity y Selfiexploratory es una herramienta para localizar todas las variantes de los selfies publicados.

            Los selfies han generado una intensa polémica que gira en torno al reconocimiento social. Se ha emitido la alerta de posibles padecimientos provocados (paranoia, depresión, celotipia)  por una escasa aceptación, equiparable al rechazo. En esta práctica se han identificado los rasgos del narcisismo y se detectó la naturaleza adictiva de los selfies cuando se obtiene la aprobación de los usuarios. Uno de los selfies más famosos es de la autoría de Barak Obama en compañía de David Cameron y Helle Thorning durante el funeral de  Nelson Mandela.

            El fenómeno de la socialización en entornos digitales es muy reciente y aún no se han cuantificado los estragos de los hábitos adquiridos en las redes sociales, pero la sensatez me aconseja buscar el equilibrio entre la realidad y la virtualidad, no caer en los pedantes anacronismos y actualizar las leyes darwinianas adaptándome a los cambios.

            No suelo deambular en las redes sociales e intento no procrastinar pero reconozco que me alegra encontrar a los amigos que dejé de ver hace mucho tiempo y que geográficamente está muy lejos. Como todos los seres humanos, soy curiosa y busco los detalles en las biografías de mis amigos y comparto las publicaciones que me conmueven pero también, como a todos, me afectan los desaires. Por las  andanzas en Facebook ya padezco del síndrome de Maléfica: me exaspera encontrar selfies y fotografías de reuniones a las que no me invitaron, y en venganza he bloqueado a todos los que no me escriben ni me consideran y no me arrepentiré aunque se torne verdoso el color de mi piel.


            El síndrome de Maléfica provoca las mismas reacciones del rechazo que, desde la oscuridad de los tiempos, es uno de los peores castigos. La exclusión de un grupo causa angustia y desmorona la autoestima porque los seres humanos, como todas las especies, somos gregarios,  la soledad equivale al fracaso y hace miles de años era una sentencia de muerte. Como siempre y desde entonces, buscamos las afinidades con nuestros semejantes para satisfacer la necesidad de pertenencia pero ahora lo hacemos a través de una imagen que se transforma en un centro de atención para cuantificar las miradas y ponderar las señales de aceptación…



            

Fuentes:

EFE. (2014). "Selfies" pueden causar paranoia. Milenio. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://www.milenio.com/tendencias/Selfies-pueden-causar-paranoia_0_246575486.html
El País. (2014). Selfies revelan estereotipos culturales, según estudio. Vanguardia. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://www.vanguardia.com.mx/selfiesrevelanestereotiposculturalessegunestudio-1957823.html
Emol/GDA. (2014). Presentan el primer estudio mundial sobre las populares fotos "selfies". El País. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://www.elpais.com.uy/vida-actual/presentan-primer-estudio-mundial-populares.html
Espinoza, Carlos. (2010). La personalidad narcisista. Definición del narcisismo. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://adolescenciaantisocial.blogspot.mx/2010/07/la-personalidad-narcisista-definicion.html
Nates, Oscar. (2013). Facebook y la fiebre del autorretrato en el siglo XXI. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://oscarenfotos.com/2013/08/11/autorretrato-y-fotografia/
Oxford Dictionaries. (2014). Selfie. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://www.oxforddictionaries.com/es/definicion/ingles_americano/selfie
Sandri, Piergiorgio. (2014). La fiebre de los selfies. La Vanguardia. Recuperado el 1 de Marzo del 2014, de http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20140228/54401754829/la-fiebre-de-los-selfies.html

domingo, febrero 15, 2009

El imperio de la conciencia

“A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.”
Mario Benedetti




En algún lugar de la ausencia, entre el siempre y el jamás, muy cerca del país donde habita el olvido, el aire es un compendio de suspiros y el tiempo una secuencia infinita de insomnios; allá, la multitud es un conglomerado de seres asilados y la faz de la Tierra se fragmenta en un sinfín de islas individuales; es por eso que ahora, el mundo es un archipiélago inconmensurable…


Dicen los que saben, que los habitantes de la era digital están más comunicados que nunca, que la información fluye eludiendo las distancias y abatiendo el tiempo, que este mundo es una aldea regida por la tecnología, y que por eso, el ser humano se refugia en una burbuja virtual, desde donde ve pasar los días de su vida.


La soledad es uno de los efectos colaterales de las tecnologías de la información; pero además, es un padecimiento social estigmatizado, el sinónimo del fracaso y del rechazo, la contradicción del estereotipo vigente. Y en la aldea globalizada donde todo, absolutamente todo, equivale a un precio en el mercado, la soledad es la antípoda del amor y la felicidad. La crueldad de la sociedad de consumo se concentra el Día de San Valentín y excluye a todos aquellos que son no aptos para realizar los rituales del amor y la amistad.


El 14 de Febrero los sentimientos se materializan, la objetivización de los afectos culmina, invariablemente, con un gasto; la cuantía de la erogación determina la dimensión del amor. Y ese día, todos los habitantes de la aldea global sucumben al embrujo de los convencionalismos comerciales masivamente aceptados y socialmente impuestos. Todo lo que el mundo necesita es amor, y ese día, esa necesidad infla millones de globos rojos que pululan en todas las esquinas.


Porque el amor, es ahora, un indicador económico. La tercera encuesta internacional “Can’t buy me love” (No me puedes comprar amor) indica que los mexicanos son los compradores más generosos del mundo cuando de amor se trata.
De acuerdo con un estudio realizado en el portal Parship, vencer la soledad y encontrar pareja implica una inversión económica y un dramático cambio de actitud: el 21% de los solteros mexicanos destina entre 10 y 20 mil pesos al año a la incesante búsqueda del amor, como tratamientos de belleza, salidas para conocer gente, ropa y accesorios, comida e inscripciones a sitios en la Red especializados en citas.


Porque la conversión matemática del cariño y el amor en cifras pecuniarias es una de las manifestaciones de una sociedad materializada, los bemoles actuales del amor coinciden con los dictados del consumismo y la ética del lucro.


Pero la evidencia más contundente del poder del amor como uno de los motores de la economía global es la suspensión del bloqueo sobre Gaza: por primera vez en casi tres años, Gaza exportará a Europa flores para San Valentín, lo que dará un pequeño respiro a los comerciantes de una franja ahogada por un bloqueo inhumano y duramente castigada por la ofensiva militar de Israel. El permiso para exportar este año se debe a los esfuerzos del Gobierno holandés, que envía materiales y financia la producción horticultora. Lamentablemente, el bloqueo no cedió por motivos humanitarios, sino por la inversión extranjera que estaba comprometida.


Sí!... El amor es un negocio, y además, una de tantas actividades asimiladas por el hiper espacio. El sociólogo José Luis Trueba Lara, revisa la historia de las prácticas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días; en su obra “Ensayo en pequeños capítulos” afirma que antes se creía que el amor duraría toda la vida, pero que ahora el amor es fugaz, desechable y carente de compromiso; que lo que fue el arte del amor, es ahora, el arte del truene. Trueba considera que el amor ha perdido terreno ante las nuevas tecnologías y que el mundo ha cambiado la perspectiva porque el amor y el erotismo han sucumbido en la vorágine de la cibernética y del consumo.


Hoy por hoy, los sitios más visitados en la Red son los portales de encuentro y redes sociales. Las citas por internet son una modalidad en expansión de las relaciones humanas, y es también, la evidencia de que la soledad es un padecimiento generalizado.


Yo?... prefiero la versión de los poetas: en esta aldea materializada y deshumanizante, ellos ostentan la única autoridad moral para suministrar el antídoto para la soledad: Benedetti la define como “nuestra propiedad más privada”, Gustavo Adolfo Bécquer la ubica en el “imperio de la conciencia”, Luis Cernuda la confronta y concluye: “cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?”, y Jaime Sabines la personaliza y describe a los amorosos como “los insaciables, los que siempre –que bueno- han de estar solos”.

Sea como fuere, es preciso aceptar la soledad como la condición primigenia de los seres humanos, renunciar a considerarla un episodio traumático y convertirla en un lapso de reflexión; si caminamos por los solitarios senderos de la conciencia, tarde o temprano encontraremos nuestra propia identidad. Y allá, en la más privada de nuestras propiedades, ventilar los temores y curar las angustias.

La soledad no es un castigo, y es algo muy diferente al aislamiento deliberado: la lejanía del entorno circundante por la conectividad es la conducta que predomina en la aldea global. Pero es una quimera, porque la interconexión no desvanece la soledad, al contrario: refuerza la burbuja donde habita cada cibernauta, y “así, diseminados pero juntos, cercanos pero ajenos, solos codo con codo, cada uno en su burbuja, insolidarios, envejecen mezquinos como islotes”1… porque el mundo globalizado es un archipiélago inconmensurable…



1 Fragmento del poema “Las soledades de Babel” de Mario Benedetti