Autocensura inducida
“La Crítica es una renuncia a la aceptación irreflexiva de la realidad social tal y como se nos presenta y surge siempre desde una simple proposición:
otra sociedad es posible.”
Max Horkheimer y Theodoro Adorno
En algún lugar del silencio, en el rincón donde se ocultan las amenazas que conjuran contra el criterio establecido, yacen los datos y las cifras, los nombres y las fechas de la versión más perturbadora de la realidad…
Dicen los que saben que las líneas trazadas desde el poder siempre son las mismas, que las tendencias de la imposición suelen ser escasas y cíclicas porque los pueblos no tienen memoria. Es por eso que aún ahora, en el umbral de la sociedad de la información, se aplica el legendario principio griego que postula la coincidencia de la aritmética y la democracia en las relaciones de igualdad, mientras la geometría y la oligarquía convergen en las proporciones de desigualdad.
Hoy, como siempre y desde entonces, una de las prioridades del poder es reprimir el pensamiento crítico y reflexivo, ocultar todos los elementos de la realidad que no aparecen en los discursos oficiales y tipificar como conjura detestable todas las contradicciones. La imposición, como legado de los regímenes absolutistas y despóticos, sigue vigente y el ritual de la pompa y circunstancia de quienes se someten a los caprichos de los gobernantes ha sido, siempre, verdaderamente insufrible; como lo fue el magno evento de la Iniciativa México edición 2011. Si en la primera edición la sensibilidad social se tergiversó en un vulgar concurso de popularidad entre ciudadanos que asumen como propio el compromiso postergado del gobierno, en la segunda edición se traza la línea a la que deben someterse todos los partes informativos de una guerra sin cuartel.
Sí… quienes disienten adquieren el estigma de la mezquindad, se les excluye y se descalifican sus opiniones. Es una polarización feroz cuya paradoja es la desinformación en un entorno donde abunda la “información”. Una secuela alterna es que aquellos que no están representados por los medios de comunicación están realmente mudos y no existen. Pero esta minoría que se encuentra al final de la espiral del silencio está plenamente consciente que ése es el precio que debe pagar por encontrarse en la vanguardia del pensamiento.
Hoy por hoy, la manipulación es, aún, el procedimiento elemental para el control del discurso social, los artificios del poder sólo se detectan por una minoría marginada que no desiste y sólo obedece un imperativo ético y moral; no obstante, su visión del mundo constituye una amenaza, una conjura contra el criterio establecido, por eso, la censura oficial pretende eliminar los datos y las cifras, los nombres y las fechas de la versión más perturbadora de la realidad…
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domingo, marzo 27, 2011
domingo, octubre 31, 2010
El gran mexicano
En algún lugar del paisaje urbano entre los avatares y las ironías del destino, los auténticos próceres luchan por una vida mejor, y envestidos de una determinación heroica, realizan cualquier sacrificio y solventan las carencias para alcanzar una oportunidad…
El programa de festejos del bicentenario de la guerra por la independencia nacional y del centenario de la revolución mexicana ha producido una serie de eventos fulgurantes y campañas insulsas, fiestas multitudinarias y espectaculares que no han cumplido con el objetivo esencial de una conmemoración: incidir en la memoria y despabilar las conciencias para repensar el porvenir.
Para el bicentenario de la independencia se produjo una telenovela histórica con una versión alterna de la historia oficial; la noche del grito derivó en un espectáculo pseudo-popular de luces y sombras en el zócalo; el proyecto Iniciativa México es un fatuo concurso de popularidad y recientemente inició el debate para encontrar al mejor mexicano de todos los tiempos. Esas conmemoraciones mediáticas sólo cumplieron con el dogma de la industria del entretenimiento: narcotizar las conciencias presentando ficciones para evadir la realidad y, debo enfatizar, mientras más extensa es la multitud cautiva, el mensaje mediático será más idiotizante.
Pero la extensa cobertura mediática no es absoluta ni es total: al margen de la farándula, indiferente al discurso tendencioso y perverso de los medios masivos, sobrevive, lucha y se esfuerza todos los días el auténtico prócer mexicano: este héroe sí es una figura nacional porque fusiona la valentía de todos los ciudadanos que día a día se parten el alma por solventar el costo de la vida.
La gran mexicana sale a trabajar y al volver a casa emprende una segunda jornada de trabajo, asume la responsabilidad de formar a los hijos y nunca le rinde el tiempo pero jamás pierde el ánimo ni la entereza. El gran mexicano recorre tediosos trayectos en el transporte público, cobra un salario mínimo, trabaja después de la jornada laboral, hace verdaderos milagros con sus fuerzas y su presupuesto para solventar las necesidades de su familia y dar a los hijos lo que él no tuvo. El gran mexicano es el joven que se esfuerza por aprovechar las oportunidades del sistema educativo, que armado únicamente con su talento, dedicación e inteligencia se dispone a emprender la construcción de su destino en una sociedad estratificada por el lucro.
El gran mexicano vive entre nosotros y en cada uno nosotros. La mexicanidad debe entenderse como la determinación de ser mejores, solidarios, honestos y generosos, es la convicción de merecer y exigir lo justo que sobrevive al desencanto causado por una perniciosa y deleznable clase política. El gran mexicano no es una estrella de televisión ni el campeón en un concurso de popularidad, pero es un héroe auténtico, porque realiza cualquier sacrificio y soporta las carencias para alcanzar una oportunidad…
El programa de festejos del bicentenario de la guerra por la independencia nacional y del centenario de la revolución mexicana ha producido una serie de eventos fulgurantes y campañas insulsas, fiestas multitudinarias y espectaculares que no han cumplido con el objetivo esencial de una conmemoración: incidir en la memoria y despabilar las conciencias para repensar el porvenir.
Para el bicentenario de la independencia se produjo una telenovela histórica con una versión alterna de la historia oficial; la noche del grito derivó en un espectáculo pseudo-popular de luces y sombras en el zócalo; el proyecto Iniciativa México es un fatuo concurso de popularidad y recientemente inició el debate para encontrar al mejor mexicano de todos los tiempos. Esas conmemoraciones mediáticas sólo cumplieron con el dogma de la industria del entretenimiento: narcotizar las conciencias presentando ficciones para evadir la realidad y, debo enfatizar, mientras más extensa es la multitud cautiva, el mensaje mediático será más idiotizante.
Pero la extensa cobertura mediática no es absoluta ni es total: al margen de la farándula, indiferente al discurso tendencioso y perverso de los medios masivos, sobrevive, lucha y se esfuerza todos los días el auténtico prócer mexicano: este héroe sí es una figura nacional porque fusiona la valentía de todos los ciudadanos que día a día se parten el alma por solventar el costo de la vida.
La gran mexicana sale a trabajar y al volver a casa emprende una segunda jornada de trabajo, asume la responsabilidad de formar a los hijos y nunca le rinde el tiempo pero jamás pierde el ánimo ni la entereza. El gran mexicano recorre tediosos trayectos en el transporte público, cobra un salario mínimo, trabaja después de la jornada laboral, hace verdaderos milagros con sus fuerzas y su presupuesto para solventar las necesidades de su familia y dar a los hijos lo que él no tuvo. El gran mexicano es el joven que se esfuerza por aprovechar las oportunidades del sistema educativo, que armado únicamente con su talento, dedicación e inteligencia se dispone a emprender la construcción de su destino en una sociedad estratificada por el lucro.
El gran mexicano vive entre nosotros y en cada uno nosotros. La mexicanidad debe entenderse como la determinación de ser mejores, solidarios, honestos y generosos, es la convicción de merecer y exigir lo justo que sobrevive al desencanto causado por una perniciosa y deleznable clase política. El gran mexicano no es una estrella de televisión ni el campeón en un concurso de popularidad, pero es un héroe auténtico, porque realiza cualquier sacrificio y soporta las carencias para alcanzar una oportunidad…
domingo, junio 13, 2010
Figuras y desfiguros
“Será preciso conquistar el mundo de las ideas
para que lleguen a ser las ideas el mundo”.
Antonio Gramsci
En algún lugar privilegiado, donde residen las minorías afortunadas, todo lo intangible se materializa, la ética se vulgariza y lo sublime se deteriora; y en un vano afán nacionalista emanarán incesantemente figuras efímeras, ideales y modelos desfigurados…
La Iniciativa México es un proyecto espectacular que concentra una serie de contradicciones y artificios para la supuesta realización de un objetivo patrióticamente excelso: transformar la actitud y las pautas de conducta arraigadas en la mexicanidad que impiden el avance de la nación hacia el progreso y el desarrollo.
Es una contradicción galopante: Iniciativa México involucra los criterios opuestos de los consorcios mediáticos y las instituciones educativas; se pretende reconocer la calidad humana de los habitantes de una nación deshumanizada; se premiarán los valores intangibles con estímulos monetarios y la ética será galardonada con una lucrativa divulgación mediática. El imaginario colectivo será mágicamente transformado durante los quince minutos de fama otorgados por la minoría que ha manipulado brutalmente la opinión pública.
Esa loable iniciativa pretende erradicar la figura del estado paternalista y benefactor, y por consecuencia, extinguir la dependencia de los ciudadanos a los programas asistenciales gubernamentales. Para redirigir los esfuerzos y la energía de todos los mexicanos hacia el mismo objetivo, los promotores presentan Iniciativa México como un mega-concurso de proyectos colectivos e individuales con impacto social y/o ecológico realizados sin fines de lucro y fuera del presupuesto público.
La iniciativa manifiesta que los aspirantes al premio mayor deberán demostrar al menos uno de los siguientes valores: responsabilidad, cooperación, solidaridad, justicia y compromiso social. Y así, los valores que enaltecen a los mexicanos: el altruismo, la filantropía y la nobleza serán explotados en la industria del entretenimiento. Y en la parafernalia mediática, los aspirantes a próceres serán seleccionados por un Consejo Técnico y el ganador será determinado por la votación de la audiencia nacional en un reality show.
Pero claro que por supuesto y desde luego que no!... Esta iniciativa se anuncia como una convocatoria sin precedentes pero existen varios proyectos similares que lo anteceden, no es un proyecto original: es la compilación de conceptos y argumentos de otras campañas similares que se han realizado en la India y en Perú. El lanzamiento de Iniciativa México también guarda una escalofriante similitud con “Solidaridad” del salinismo, con “Vamos México” del foxismo.
Además, es desconcertante la tendencia a imitar y apropiarse de la retórica estadounidense: no sé a quién carambas debe atribuirse el plagio vulgar y descarado de aquella frase que inmortalizó John F. Kennedy en su discurso de investidura presidencial: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”…
Sí!... Todo indica que Iniciativa México está destinada a la fugacidad en el entretenimiento mediático, porque la única revolución posible, el cambio generalizado que el país requiere implica a las ideas y a las convicciones, pero la transformación jamás será posible mientras las instancias encargadas de la justicia y bienestar social permanezcan sometidas a los intereses de una minoría.
Porque la apatía y el desencanto nacionales no se transformarán en un trivial concurso de popularidad. La actitud que predomina en el horizonte mexicano sólo cederá cuando la justicia sea una realidad tangible y una percepción popular, cuando el gobierno ofrezca las mismas oportunidades a todos los habitantes y el bienestar social una prioridad.
No obstante, es imperioso reconocer que esta convocatoria tiene un mérito: el plagio, la trivialidad, la incongruencia que configuran la iniciativa serán maquiavélicamente atenuados por la euforia de la fiesta mundialista. Y mientras la algarabía inunda el ambiente, pasarán desapercibidas la vulgarización de la ética y el deterioro de lo sublime, serán inútiles los afanes mediáticos y la incesante divulgación de ideales y modelos desfigurados…
para que lleguen a ser las ideas el mundo”.
Antonio Gramsci
En algún lugar privilegiado, donde residen las minorías afortunadas, todo lo intangible se materializa, la ética se vulgariza y lo sublime se deteriora; y en un vano afán nacionalista emanarán incesantemente figuras efímeras, ideales y modelos desfigurados…
La Iniciativa México es un proyecto espectacular que concentra una serie de contradicciones y artificios para la supuesta realización de un objetivo patrióticamente excelso: transformar la actitud y las pautas de conducta arraigadas en la mexicanidad que impiden el avance de la nación hacia el progreso y el desarrollo.
Es una contradicción galopante: Iniciativa México involucra los criterios opuestos de los consorcios mediáticos y las instituciones educativas; se pretende reconocer la calidad humana de los habitantes de una nación deshumanizada; se premiarán los valores intangibles con estímulos monetarios y la ética será galardonada con una lucrativa divulgación mediática. El imaginario colectivo será mágicamente transformado durante los quince minutos de fama otorgados por la minoría que ha manipulado brutalmente la opinión pública.
Esa loable iniciativa pretende erradicar la figura del estado paternalista y benefactor, y por consecuencia, extinguir la dependencia de los ciudadanos a los programas asistenciales gubernamentales. Para redirigir los esfuerzos y la energía de todos los mexicanos hacia el mismo objetivo, los promotores presentan Iniciativa México como un mega-concurso de proyectos colectivos e individuales con impacto social y/o ecológico realizados sin fines de lucro y fuera del presupuesto público.
La iniciativa manifiesta que los aspirantes al premio mayor deberán demostrar al menos uno de los siguientes valores: responsabilidad, cooperación, solidaridad, justicia y compromiso social. Y así, los valores que enaltecen a los mexicanos: el altruismo, la filantropía y la nobleza serán explotados en la industria del entretenimiento. Y en la parafernalia mediática, los aspirantes a próceres serán seleccionados por un Consejo Técnico y el ganador será determinado por la votación de la audiencia nacional en un reality show.
Pero claro que por supuesto y desde luego que no!... Esta iniciativa se anuncia como una convocatoria sin precedentes pero existen varios proyectos similares que lo anteceden, no es un proyecto original: es la compilación de conceptos y argumentos de otras campañas similares que se han realizado en la India y en Perú. El lanzamiento de Iniciativa México también guarda una escalofriante similitud con “Solidaridad” del salinismo, con “Vamos México” del foxismo.
Además, es desconcertante la tendencia a imitar y apropiarse de la retórica estadounidense: no sé a quién carambas debe atribuirse el plagio vulgar y descarado de aquella frase que inmortalizó John F. Kennedy en su discurso de investidura presidencial: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”…
Sí!... Todo indica que Iniciativa México está destinada a la fugacidad en el entretenimiento mediático, porque la única revolución posible, el cambio generalizado que el país requiere implica a las ideas y a las convicciones, pero la transformación jamás será posible mientras las instancias encargadas de la justicia y bienestar social permanezcan sometidas a los intereses de una minoría.
Porque la apatía y el desencanto nacionales no se transformarán en un trivial concurso de popularidad. La actitud que predomina en el horizonte mexicano sólo cederá cuando la justicia sea una realidad tangible y una percepción popular, cuando el gobierno ofrezca las mismas oportunidades a todos los habitantes y el bienestar social una prioridad.
No obstante, es imperioso reconocer que esta convocatoria tiene un mérito: el plagio, la trivialidad, la incongruencia que configuran la iniciativa serán maquiavélicamente atenuados por la euforia de la fiesta mundialista. Y mientras la algarabía inunda el ambiente, pasarán desapercibidas la vulgarización de la ética y el deterioro de lo sublime, serán inútiles los afanes mediáticos y la incesante divulgación de ideales y modelos desfigurados…
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