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domingo, enero 10, 2016

Olvido intencional

En algún lugar  cercano al olvido, yacen todos los argumentos del raciocinio y los silogismos de la reflexión que han sido relegados por la espectacularidad de la primicia…

            El año 2016 inicia con la exasperante cobertura mediática de la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, narcotraficante y enemigo público número uno del gobierno mexicano. La primicia surgió en la cuenta oficial del presidente Peña Nieto en twitter: “Misión cumplida. Lo tenemos”. Y desde ese momento, la mediocracia mexicana divulgó los detalles del exitoso operativo de minuto a minuto. El mensaje oficial de la presidencia enfatizó que “las instituciones han demostrado una vez más, que los ciudadanos pueden confiar en ellas". Fue una noticia pletórica de triunfalismo en un momento de desolación popular tras la devaluación del peso frente al dólar y la incontenible baja en el precio internacional del petróleo. Y por unas horas, se consideró como una estrategia perfectamente implementada para mejorar la imagen del presidente Peña y su gobierno, algunos críticos la catalogaron como una distracción ante el advenimiento de tiempos difíciles y otros como un acto de proselitismo anticipado.

            Pero el triunfalismo en México fue efímero, una llamarada de petate que alumbró unas cuantas horas porque al día siguiente de la recaptura, en la portada de la revista Rolling Stone aparece el acto Sean Penn estrechando la mano del hombre más buscado en el mundo. Y los detalles de la entrevista que concedió el Chapo a Sean Penn provocaron la suspicacia generalizada: la entrevista se realizó el 28 de Septiembre del 2015 cuando el Chapo era un prófugo de la justicia y “el gobierno de Enrique Peña Nieto lo buscaba hasta por debajo de las piedras en la zona de la Sierra Madre Occidental”.   

            Ahora, dicen las autoridades que el encuentro de Sean Penn con el Chapo les permitió seguir el rastro y lograr su recaptura, que llamaran al actor para interrogarlo y deslindar responsabilidades porque no es un periodista obligado a guardar  la secrecía de sus fuentes. Pero la cuestión de fondo es aclarar la secuencia de los hechos: si las autoridades conocieron o no las circunstancias en que se realizó la entrevista.

            Y como suele suceder, los pormenores del intrincado episodio acaparan la atención masiva y desplazan a un segundo plano las reflexiones de Sean Penn respecto a la guerra contra la drogas. El artículo inicia con una frase de Michel Montaigne que refleja la influencia de las costumbres en la idiosincrasia de los pueblos 1)  y en los primeros párrafos identifica a los consumidores de narcóticos ilícitos como cómplices de los asesinatos y de los actos de corrupción en México y en Norteamérica. Describe como una cuestión de moralidad relativa la reclusión de miles y miles de adictos en instituciones donde padecen “actos indecibles de deshumanización”. Y sus cuestionamientos conducen al monopolio de la violencia, atribución del estado que describe como “acciones sin equivalencia moral y abominaciones que rivalizan con los crímenes que persigue.

            Pero la opinión de Sean Penn no acapara los titulares porque se ha minimizado su participación en este episodio del surrealismo mexicano; su visión de la guerra emprendida contra el narcotráfico podría generar la reflexión pero la reflexión implica una amenaza y como tal debe reprimirse y archivarse en el cajón de los olvidos donde yacen todos los argumentos del raciocinio y los silogismos de la reflexión que han sido relegados por la espectacularidad de la primicia…






Fuentes


BBC Mundo. (2016). La sorpresiva entrevista que le dio Joaquín “El Chapo” Guzmán a Sean Penn en la clandestinidad. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160109_entrevista_rolling_stone_chapo_sean_penn_bm
Esquivel, Jesus. (2016). Mientras Peña Nieto lo buscaba, “El Chapo”  daba entrevista a Sean Penn y Kate del Castillo. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.proceso.com.mx/?p=425754
La Jornada. (2016). El chapo, implicaciones de una entrevista. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.jornada.unam.mx/2016/01/10/opinion/002a1edi
Montaigne, Michel. (s/f). Capítulo XXII. De la costumbre y de la dificultad de cambiar los usos recibidos. En Ensayos. Recuperado el 10 de enero del 2016 de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ensayos-de-montaigne--0/html/fefb17e2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_83.html#I_31_
Penn, Sean. (2016). El  Chapo speaks. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.rollingstone.com/culture/features/el-chapo-speaks-20160109
Somaiya, Ravi. (2016). Lo actores Sean penn y Kaye del Castillo entrevistaron al ‘El Chapo’ en México para la revista Rolling Stone. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.nytimes.com/2016/01/10/universal/es/sean-penn-kate-del-castillo-entrevistaron-a-el-chapo-en-mexico.html?_r=0
Stelter, Brian. (2016). Un ‘un golpe de estado: Penn, Rolling Stone’ y ‘el Chapo’. Recuperado el 10 de Enero del 2016, de http://www.cnnexpansion.com/negocios/2016/01/10/un-golpe-de-estado-penn-rolling-stone-y-el-chapo





1)   La ley de la conciencia, que consideramos como compañera de la humana naturaleza, nace también y tiene su origen en la costumbre; cada cual acata y venera los hábitos o ideas recibidos y aprobados en derredor suyo, y no sabe desprenderse de ellos sin remordimiento, ni practicarlos sin aplauso. Cuando los cretenses querían en los pasados tiempos maldecir a alguno, rogaban a los dioses que le arrastraran a contraer alguna costumbre perversa. Pero el principal efecto de su poderío consiste en apoderarse de nosotros de tal suerte, que apenas sí somos dueños de libertarnos de sus garras ni de razonar ni discurrir en qué consiste tal influjo. Diríase que con la leche de nuestras nodrizas penetra en nuestro ser el espectáculo del mundo, y así queda luego estereotipado para siempre; diríase que nacemos con la condición expresa de seguir la marcha general, y que los hábitos sociales que nos circundan y están en crédito se ingieren en nuestra alma con la semilla de nuestros padres, y son para nosotros los ordinarios y naturales; por donde nos acontece que todo aquello que queda fuera de los linderos de la costumbre, lo creemos fuera de los de la razón; y Dios sabe con cuánta sinrazón las más de las veces.

domingo, agosto 28, 2011

Fragilidad consensuada

“Debemos ser conscientes de que la lengua está pasando por una suerte de mutación en que los contenidos empiezan a pudrirse ante la indiferencia general”.
José Saramago

En algún lugar del tiempo, sobre la línea perpetua de la historia, yacen inmutables los hitos en el pensamiento humano, los testimonios irrefutables de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

El siniestro ataque a un casino en la ciudad de Monterrey provoca la indignación general y el repudio proviene de todos los rincones del territorio nacional y se expande a la comunidad internacional. La condena a la violencia deliberada contra víctimas inocentes es unánime; se exacerban las sensaciones de vulnerabilidad y de impotencia y las palabras no son suficientes para expresar el repudio consensuado.

Ante actos grotescos y aborrecibles como éste, es menester conservar una pisca de sensatez para no incurrir en superlativos que desencadenen reacciones incontrolables. En el preciso momento en que se definió este acto como terrorismo se encendieron las alertas en el concierto internacional: Barack Obama condenó en los términos más enérgicos posibles el ataque bárbaro y censurable; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se declaró horrorizado por el ataque incendiario que asesinó a 53 persona;, Amnistía Internacional responsabilizó a las autoridades de una investigación verdaderamente exhaustiva para conocer la identidad de los autores de este crimen; y el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, lamentó profundamente los hechos de violencia ocurridos en Monterrey. Estas reacciones son previsibles en una aldea global donde la etiqueta del terrorismo implica todo lo aborrecible y condenable en la humanidad. Y en el ámbito mediático, el adjetivo terrorista provoca un bombardeo incesante que incide en la opinión pública; gracias a la extensa y excesiva divulgación de las imágenes de horror y sufrimiento se concatenan los engranes del mecanismo que modifica el orden de las ideas y, por consecuencia, las opiniones y las pautas de conducta.

Y así, en Monterrey y en todos los rincones de México se percibe la insufrible vulnerabilidad de la ciudadanía, y nadie en su sano juicio cuestiona la implementación de operativos militares para recuperar la esquiva paz social. Habrá quienes consideren como una prioridad la intervención de expertos extranjeros, algunos clamarán por el apoyo de las huestes al servicio de la libertad, porque ahora, todos los mexicanos estamos convencidos que estamos enfrascados en una guerra contra el crimen y que la vamos perdiendo. El fracaso y la fragilidad impregnan el imaginario colectivo y en estos momentos somos extremadamente manipulables. El terrorismo exhibe un reclamo, una ideología disidente y su divulgación flagela la mente de los inocentes. Pero en este caso, no hay causas justas, reclamos o ideales subversivos. Es la brutalidad en su máxima expresión, la consecuencia de años de impunidad e impericia para dirigir el estado mexicano. Y el terror ahora divulgado es el testimonio irrefutable de los vaivenes en las ideas, de la metamorfosis de las palabras, de la tergiversación de los miedos…

domingo, abril 24, 2011

El gen reprimido de la infancia

“El hombre es dueño de su destino;
pero los niños están a merced de quienes les rodean."
John Lubbock

En algún lugar maravilloso, cuando la cruda realidad enturbia el ambiente el aire respirable se torna denso, el clima se endurece por los reclamos de la vida y se extinguen los oasis donde solían refrescarse las visiones de la infancia…

Alguna vez, el entretenido juego de la infancia abarcaba una época imprecisa pero imperecedera, era un periodo que no se extinguía del todo porque en el corazón de todos los hombres, en el recoveco más plácido, entre sueños y fantasías, dormía el niño que alguna vez fue. Dicen los que saben que se requieren millones y millones de años para que los cambios biológicos se inscriban en el código genético, que por eso, las mutaciones recientes en los seres humanos surgen y se inscriben en el entorno social. Desde la modernidad tardía, en los estratos favorecidos, la infancia perdió sus rasgos placenteros y despreocupados cuando la figura materna se transformó en una mujer productiva, las actividades extracurriculares saturaron todas las tardes y por los nuevos paradigmas, la infancia se transformó en un sector de mercado.

Pero mientras algunos afortunados desperdician los dones maravillosos de la infancia en un circo de objetos y marcas, una porción inconmensurable debe prescindir de las fantasías para incorporarse a las filas de un ejército de trabajadores que luchan por sobrevivir. Los niveles del trabajo infantil se incrementan en función de la escasez de oportunidades y por el detrimento en la calidad de vida. En México, en los estratos marginados, la educación y la salud públicas se otorgan en condiciones deplorables en un ambiente hostil donde solo una minoría sobrevive y pocos sobresalen. Y a la pobreza y al maltrato que flagelan la infancia se añade la orfandad como daño colateral de la guerra calderonista contra el crimen organizado.

Y así, las bendiciones de la prosperidad, el flagelo de la miseria o los daños colaterales de una cruzada absurda, arrebatan la espontaneidad y la inocencia de los pequeños habitantes de la aldea global. El juego carece de diversión y en su modalidad electrónica es uno más de los indicadores del poder adquisitivo; los rasgos infantiles se pierden en una adolescencia prematura. Pero los cambios en el entorno aún no se inscriben en el código genético: dormido, recesivo tal vez, pero latente, el gen de la infancia pervive en los seres humanos. Será necesario reorientar el curso del mundo para recuperar la frescura de la raza humana, quizá se requiera un cataclismo universal que nos obligue a recuperar los valores primigenios, es posible que el desencanto de las generaciones posmodernas provoque una mutación emocional, que la cruda realidad sucumba ante el impacto de la esperanza y que el clima enrarecido por los reclamos de la vida se torne gentil y que ese entorno propicie el florecimiento de la infancia como la virtud más grande de la humanidad…

domingo, abril 17, 2011

Los delirios de una guerra

En algún lugar beligerante, donde impera la violencia y las palabras adquieren un acento cáustico e imperativo, no existe la posibilidad de capitular porque las rectificaciones son exclusivas de los sabios que se atreven a cambiar de opinión…

En la “lucha” emprendida por Felipe Calderón contra la delincuencia organizada es posible identificar las obstinaciones que provocaron las derrotas más estrepitosas de la historia: la negativa obcecada de los generales a retirarse del campo de batalla y la visión distorsionada que les impide reconocer el advenimiento de la derrota.

La obstinación del jefe supremo de las fuerzas armadas mexicanas ha llegado a los niveles aborrecibles de la genuflexión en los que se negocia la soberanía nacional por apoyo de las agencias norteamericanas de inteligencia para combatir al crimen organizado. Y la realidad adquiere un tinte perniciosamente perverso en los partes de esta guerra sin cuartel: en la versión del ejecutivo federal, el nivel ascendente de la violencia es la evidencia del daño infringido al enemigo. La inmensa mayoría de las masacres y de las ejecuciones se atribuyen a conflictos entre los cárteles del crimen organizado, y curiosamente, todas las supuestas líneas de investigación así lo afirman. Bajo ésta lógica, el clima imponderable de la violencia y de la inseguridad que impregna el territorio nacional es por obra y gracia de la delincuencia organizada, deslindando al régimen calderonista de cualquier responsabilidad. La ira exacerbada de Felipe Calderón le impide aceptar la validez del reclamo de Javier Sicilia, el poeta que ha llorado el asesinato de su hijo protestando y denunciando la ineptitud de las autoridades en el estado de Morelos; tampoco reconoce la valentía del discurso de la Dra. Denise Dresser donde exhibe la impericia de un estado fallido que se niega a reconocer la derrota en una costosa e infame guerra civil.

Pero el encono inutiliza el raciocinio y la reacción del ejecutivo federal es un uténtico delirio: pretendiendo acallar la rabia del poeta atraparon a uno de los presuntos implicados en el secuestro y asesinato de Juan Francisco Sicilia y seis jóvenes más; el supuesto cómplice declaró que el móvil del delito fue un altercado antrero porque los jóvenes asesinados discutieron con los sicarios por una mujer; no obstante, ni los tiempos ni los lugares coinciden y los únicos indicios de la verdad son las heridas en el rostro del presunto culpable. Y ante la disyuntiva “legalizar o colombianizar” de la Dra. Dresser, la respuesta de Felipe Calderón fue incisiva: no desfallecerá en su lucha, no claudicará, porque hacerlo significaría entregar el territorio nacional a delincuentes con licencia para matar. Pero aún no terminaba el discurso calderonista donde se exigían cifras concretas al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzosas e Involuntarias de la ONU cuando se descubrieron más de cien cadáveres en fosas clandestinas… pero claro que por supuesto y desde luego que sí: el macabro hallazgo es una evidencia fehaciente del debilitamiento de los cárteles del narcotráfico, y hoy por hoy, no existe la posibilidad de capitular porque las rectificaciones son exclusivas de los sabios que se atreven a cambiar de opinión…

domingo, marzo 27, 2011

Autocensura inducida

Autocensura inducida

“La Crítica es una renuncia a la aceptación irreflexiva de la realidad social tal y como se nos presenta y surge siempre desde una simple proposición:
otra sociedad es posible.”
Max Horkheimer y Theodoro Adorno

En algún lugar del silencio, en el rincón donde se ocultan las amenazas que conjuran contra el criterio establecido, yacen los datos y las cifras, los nombres y las fechas de la versión más perturbadora de la realidad…

Dicen los que saben que las líneas trazadas desde el poder siempre son las mismas, que las tendencias de la imposición suelen ser escasas y cíclicas porque los pueblos no tienen memoria. Es por eso que aún ahora, en el umbral de la sociedad de la información, se aplica el legendario principio griego que postula la coincidencia de la aritmética y la democracia en las relaciones de igualdad, mientras la geometría y la oligarquía convergen en las proporciones de desigualdad.

Hoy, como siempre y desde entonces, una de las prioridades del poder es reprimir el pensamiento crítico y reflexivo, ocultar todos los elementos de la realidad que no aparecen en los discursos oficiales y tipificar como conjura detestable todas las contradicciones. La imposición, como legado de los regímenes absolutistas y despóticos, sigue vigente y el ritual de la pompa y circunstancia de quienes se someten a los caprichos de los gobernantes ha sido, siempre, verdaderamente insufrible; como lo fue el magno evento de la Iniciativa México edición 2011. Si en la primera edición la sensibilidad social se tergiversó en un vulgar concurso de popularidad entre ciudadanos que asumen como propio el compromiso postergado del gobierno, en la segunda edición se traza la línea a la que deben someterse todos los partes informativos de una guerra sin cuartel.

Sí… quienes disienten adquieren el estigma de la mezquindad, se les excluye y se descalifican sus opiniones. Es una polarización feroz cuya paradoja es la desinformación en un entorno donde abunda la “información”. Una secuela alterna es que aquellos que no están representados por los medios de comunicación están realmente mudos y no existen. Pero esta minoría que se encuentra al final de la espiral del silencio está plenamente consciente que ése es el precio que debe pagar por encontrarse en la vanguardia del pensamiento.

Hoy por hoy, la manipulación es, aún, el procedimiento elemental para el control del discurso social, los artificios del poder sólo se detectan por una minoría marginada que no desiste y sólo obedece un imperativo ético y moral; no obstante, su visión del mundo constituye una amenaza, una conjura contra el criterio establecido, por eso, la censura oficial pretende eliminar los datos y las cifras, los nombres y las fechas de la versión más perturbadora de la realidad…

domingo, enero 16, 2011

Una quimera de largo aliento

En algún lugar del lenguaje, entre los significados y las intenciones, existe una gama de artificios para tergiversar el sentido estricto de las palabras, para atenuar las incoherencias y encubrir las ambigüedades…

En el primer “Diálogo por la Seguridad” y ante la escalofriante cifra de 34,612 homicidios con violencia, Felipe Calderón redefinió uno de los objetivos fundamentales de su mandato: el conflicto entre el crimen organizado y su régimen ya no es una “guerra”, porque ahora es una lucha, un combate, una estrategia de gobierno. El mandatario se negó categóricamente a utilizar el término “guerra” porque implica únicamente a las fuerzas armadas y corrige su discurso justamente ahora, cuando solicita el involucramiento y el compromiso de la sociedad civil para erradicar la inseguridad del clima social.

Después de cuatro años de “lucha”, la mayor expectativa creada por el calderonismo sigue en el limbo de las promesas; el narcotráfico, erigido como la causa de todos los males y la consecuencia de todos los rezagos, sigue siendo el enemigo público número Uno hacia donde se trasladan todas las frustraciones del régimen.

Pero a Felipe Calderón le urge ganar este combate, o aparentar una victoria en esta quimera de largo aliento, para izarla como el estandarte del panismo en la próxima contienda electoral. Su premura refleja la carencia de resultados porque la impunidad y la corrupción son los grandes pendientes sin resolver. Su ansiedad trasciende el ámbito de su competencia: la crítica de Calderón se enfoca en la actuación de los jueces a quienes califica como “simples verificadores de requisitos”, además, la propuesta presidencial para la reforma a la Ley de Seguridad Nacional y el tema del fuero militar no han logrado un consenso favorable en el legislativo.

Sea como fuere, y aunque “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, esta lucha, estrategia, combate, o como se le ocurra llamarle, pasará a las Crónicas del Poder como el complicado argumento de una quimera sin final. La violencia, las injusticias y los abusos derivados de la actuación de las fuerzas armadas sustentarán los discursos de los opositores en la contienda electoral para descalificar al calderonismo.

Y en el reinicio del circulo vicioso, las palabras que ahora atenúan el fracaso se transformarán en adjetivos descalificativos e hirientes, lo que ahora se ostenta como un éxito se traducirá en una mediocridad desde la perspectiva electorera, porque este año la administración pública se mimetizará con la búsqueda del poder. Y una vez más, los hechos adquirirán dos enfoques contrarios y excluyentes por los efectos demagógicos del lenguaje, y entre los significados y las intenciones, se desplegará esa gama de artificios que tergiversan el sentido estricto de las palabras, que atenúan las incoherencias y encubren las ambigüedades…

domingo, enero 09, 2011

Saldo rojo

En algún lugar de la obstinación, en la cúspide de la necedad se extinguen todos los argumentos y las razones; y justamente ahí, los criterios se estrechan y se tornan obtusos, y no hay cifras contundentes, ni reclamos, ni lágrimas suficientes para exhibir los estragos de un error sin corrección posible…

Dicen los que saben que la humildad es la virtud que distingue a los sabios, que el error es la única certeza en un mundo cambiante, que siempre están dispuestos a corregir y cambiar de opinión, y que por eso, la obstinación es el vicio que distingue a los energúmenos.

Y la obstinación a ha sido el tenor del calderonismo: ante el fracaso de la guerra contra el crimen organizado, el Ejecutivo persiste en legitimarse y gobernar mediante la imposición de la violencia, sin considerar los daños colaterales de esta guerra inútil y desgastante: las autoridades estatales en el municipio de Ciudad Juárez y zonas circunvecinas indicaron que 158 menores de edad, algunos con apenas meses de nacidos, sucumbieron ante la violencia de la guerra contra el narco; aunque en la mayoría de los casos se presume que han sido víctimas circunstanciales, en otros hay claros indicios de que los ataques fueron directos contra sus familiares.

Al respecto, la Cámara de Diputados indica que de diciembre de 2006 a octubre de 2010, cerca de 1, 600 menores de edad fallecieron en la guerra contra el crimen organizado —uno al día, en promedio— y alrededor de 40 mil niños quedaron huérfanos por la misma situación.

De acuerdo con la Procuraduría General de la República, en lo que va del sexenio de Calderón murieron en ese contexto 30 mil 196 personas. Regiones enteras viven sumidas en el caos y la anarquía, a lo cual se suma la militarización y para-militarización de amplias zonas del país, con la consiguiente secuela de violaciones flagrantes a los derechos humanos por parte de uniformados, lo que ha derivado en un terror generalizado y un éxodo de sectores de clase alta y media hacia Estados Unidos.

Además, se suman múltiples denuncias por tortura y maltrato contra detenidos, confiscaciones efectuadas por la autoridad sin apego a los procedimientos legales, montajes mediáticos realizados por jerarcas militares y de seguridad pública, la realización de aprehensiones y de allanamientos sin órdenes judiciales y la violación sistemática del principio de presunción de inocencia.

Pero el sufrimiento, las injusticias, el caos, el terror y la impunidad que implica este saldo rojo no bastan: Felipe Calderón se obstina en proseguir su guerra sin considerar los costos sociales. Este es un régimen obtuso a cargo de un mandatario obstinado, encerrado a piedra y lodo en la cúspide el poder, donde los criterios se estrechan y se tornan obtusos, y no hay cifras contundentes, ni reclamos, ni lágrimas suficientes para exhibir los estragos de un error sin corrección posible…

domingo, enero 10, 2010

Paseos y callejones

En algún lugar de la realidad, las costumbres han configurado la geografía social donde coexisten los vicios y las virtudes; por eso, existe un espacio para todas las expresiones de la condición humana, desde las sublimes hasta las perversas…

Históricamente, todas las sociedades han reconocido la existencia de diversos grupos, con funciones específicas y expresiones distintivas. Así surgieron los ámbitos identificados por la antropología social: el clero, la milicia, la política, la academia, la cultura y el pueblo, pero también surgió la ilegalidad. Circunscrita a las zonas de tolerancia, la esfera de la ilegalidad albergó a indigentes y mendicantes, vagales y maleantes, delincuentes y viciosos.

Cada una de las actividades debería realizarse dentro de un espacio exclusivo y específico, sin intervenir en los demás y sin permitir incursiones ajenas. Coexistieron en armonía, cada cual en su esfera respectiva: el Estado, la religión, la cultura, la ciencia y la academia, pero también el vicio y el placer.

La gran diferencia entre las actividades socialmente aceptadas y las ilícitas se ha ubicado en su difusión: las virtudes siempre han sido públicas y se ostentan en los grandes paseos y avenidas; mientras los vicios siempre son privados y se mantienen en la oscuridad de los callejones.

Pero la perversión no sólo se manifiesta en el ámbito de la ilegalidad:
se han realizado abusos aberrantes bajo la aureola de la religión, tras bambalinas, en la sombra de la política y con el pretexto de la fama.

La esfera de la ilegalidad cobró un poder inusitado debido a la dualidad de la condición humana y a su capacidad para impregnar subrepticiamente a los demás esferas. Porque los seres humanos tenemos una extraña aptitud: somos capaces de crear y percibir lo sublime, pero también somos aptos para la degradación.

En su columna en el diario El País, Mario Vargas Llosa declaró que la lucha contra el narcotráfico en México no se ganará militarmente y argumenta que la despenalización de las drogas es el único remedio. Disiento. Considero que después de una sangrienta e infructuosa cruzada nacional, pero antes de despenalizar las drogas, es necesario un liderazgo real, una figura de autoridad capaz reconocer la diversidad social que establezca los límites de los paseos y los callejones.

Sólo así se recuperará la armonía, y en el balance podrán compartir la realidad tanto los justos como los bandidos, los ignorantes y los cultos, los políticos y los ciudadanos, los creyentes y los herejes… configurando la geografía social donde coexisten los vicios y las virtudes, delimitando un espacio para todas las expresiones de la condición humana, desde las sublimes hasta las perversas…