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domingo, mayo 15, 2016

Érase que se era


En algún lugar remoto de una época imprecisa pero mágica, entre las líneas de un cuento se hilvanaron las virtudes de personajes admirables que ascendieron al trono de la felicidad; por un hechizo imperecedero, las virtudes y los modelos son caprichosos y se reinventan una y otra vez en un relato que nunca termina…



            Las primeras versiones escritas de las leyendas y los relatos europeos retrataron las condiciones predominantes en un mundo romántico cuando el espectro del hambre merodeaba la vida de los campesinos y la extrema pobreza deambulaba en las ciudades; cuando el matrimonio por libre elección o por amor era inimaginable porque era una imposición para consolidar la alianza económica y política entre las familias de la nobleza. En aquellos relatos, la bondad y la virtud siempre eran recompensados cuando la luz de la justicia otorgaba a cada quien su merecido.



            En el siglo XX y gracias a la magia del cine, se recrearon los relatos y los personajes en una versión que  dulcificó las circunstancias en hermosas animaciones musicalizadas que implantaron la figura de las princesas de acuerdo a un modelo que glorificaba a la mujer como la reina de un hogar feliz, pletórico de electrodomésticos. Pero el hechizo implacable del tiempo también afecta a las princesas y se desdibujan los rasgos de vulnerabilidad, dependencia, sumisión, silencio y abnegación para elevarlas al trono de su vida, como reinas de su destino.



Fue entonces cuando seis valerosas españolas, todas Lila, se atrevieron a romper el molde que ha mantenido restringidas a las mujeres: Ainhoa, Irantzu, Esti, Arkaitz, Lidia y María emprendieron la aventura del “desprincesamiento”, esgrimieron la espada de la virtud para resistir a “la imposición de un canon de belleza imposible” y para   destruir el estereotipo y los prejuicios que subordinan a las mujeres. Y el rumor de su valentía se dispersó por la rosa de los vientos y al otro lado del mundo, las psicólogas Lorena Cataldo y Jendery Haldin, y el sociólogo Yuri Bustamante, intentan fortalecer la confianza en sí mismas de las niñas chilenas entre 9 y 15 años. Por el éxito alcanzado en sus talleres en Iquique, el desprincesamiento es una de las políticas públicas en todas las Oficinas de Protección de Derechos de la Infancia en Chile.



Y así, entre juegos y cantos se inicia una de las grandes rupturas del siglo XXI; la osadía para derribar paradigmas arcaicos y destrozar los prejuicios imperantes llegará, tarde o temprano, a todos los rincones del planeta, incluso a  Mexicali,  uno de los bastiones del conservadurismo rampante. Y antes de que el mar se seque y por el esfuerzo compartido, se derrumbará la torre inexpugnable que aprisiona los pensamientos y las aspiraciones de las mujeres. Y llegará el día, en una época imprecisa pero maravillosa, en que los trazos de la felicidad no admitan distinciones de género, cuando hombres y mujeres por igual ostenten el derecho al trono de la felicidad como personajes admirables que se reinventan una y otra vez, en un relato que nunca termina…



Fuentes





Algarabía. (2012). Cuentos infantiles. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://algarabia.com/algarabia-extra/cuentos-infantiles/

Algarabía. (2014). Diez películas inspiradas en cuentos de hadas. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://algarabia.com/enfilme/diez-peliculas-inspiradas-en-cuentos-de-hadas/

Cavalli, Pierina. (2016). Desprincesamiento en Iquique. Qué hacen las niñas en el taller de des-princesamiento. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de https://www.facebook.com/desprincesamiento/photos/a.451378231713123.1073741827.451375771713369/456279151223031/?type=3&theater

Clarín. (2016). Crean talleres de “desprincesamiento” para niñas. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://entremujeres.clarin.com/genero/Crean-talleres-desprincesamiento-ninas_0_1545445736.html

Clarín. (2016). Feminista ilustrada: humor 2.0 frente al machismo cotidiano. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de              http://entremujeres.clarin.com/genero/feminismo-ilustracion-machismo-Facebook_0_1563443770.html

El racangüino. (2016). “Más que princesas”: los talleres pro igualdad de género que causan furor en las niñas de la región. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://elrancaguino.cl/2016/05/08/mas-que-princesas-los-talleres-pro-igualdad-de-genero-que-causan-furor-en-las-ninas-de-la-region/

Faktoria Lila. (2016). Taller de Desprincesamiento. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://www.faktorialila.com/index.php/es/de-formacion/taller-de-desprincesamiento

Fernández Domínguez, Nieves. (2016). El “desprincesamiento”. Recuperado el 15 de Mayo del 2016, de http://ciudadrealnoticias.es/el-desprincesamiento/






domingo, junio 17, 2012

Cien mil afanes


“Nunca en las angustias por verte contento, he trazado signos de tanto por ciento.

Ahora, pequeño, quisiera orientarte: mi agente viajero llegará a cobrarte.

Será un niño tuyo: gota de tu sangre, y entonces, mi niño,
como un hombre honrado, a tu propio hijo deberás pagarle.”




            En algún lugar invulnerable, en una fortaleza edificada con la voluntad y el deber, noche tras noche y por el impulso de los anhelos se agrega una pluma a las alas que algún día emprenderán el vuelo hacia el punto más lejano del horizonte…



            Cuenta la leyenda que Dédalo, el arquitecto de un mítico laberinto, fue encarcelado en una torre de Creta con su hijo, Ícaro, y ahí, Dédalo fabricó unas alas para superar aquel infortunio. Unió las plumas grandes con hilo y las pequeñas con cera, y por eso, le advirtió a Ícaro que al volar no se acercara al sol. Cuando emprendieron el vuelo, el éxtasis de la libertad impulsó a Ícaro y buscó el paraíso  más allá de la esfera celeste, y la cera de sus alas y el horizonte de sus  ansias se derritieron.



            La figura paterna, como todos los parámetros del comportamiento,  es susceptible al contexto: la definen los criterios predominantes,  se configura por los modelos socialmente compartidos y generalmente aceptados. En la sociedad conservadora y restrictiva en los principios del siglo XX, el padre encarnaba la autoridad implacable, el rigor de una disciplina ineludible. Con la contracultura emergió una sociedad permisiva y los hijos de los padres autoritarios se convirtieron en padres comprensivos que declinaron en el ejercicio de la autoridad y la delegaron a sus hijos quienes la ejercieron como pequeños tiranos.



            Durante la transición de una época a otra coexisten modelos tradicionales y emergentes; la familia es un paradigma que admite todas las versiones de la convivencia. En los hogares tradicionales, la paternidad se asume con la legendaria convicción de Dédalo y todos los afanes se dedican a la formación de un carácter libre y autónomo. Cuando se desvanecen los compromisos emocionales,  la figura paterna equivale a una ausencia generalizada en un modelo emergente de familia; la  paternidad se expande más allá de la aportación biológica y abarca un territorio que excede al mandato genético. En los hogares monoparentales el ejemplo y la autoridad son responsabilidades que recaen en uno de los progenitores, sea hombre o mujer.



            La sociedad de mercado impone ubicaciones y horarios laborales que alguna vez fueron impensables; la cultura de masas propaga  nuevos valores y estilos de vida. Esta época se define por la ruptura de paradigmas y en este entorno, la paternidad es un compromiso moral que un ser humano acepta con la convicción de trascender en la personalidad de los hijos. Ya sea en el hogar o lejos de la familia, con el apoyo del cónyuge o cargando con toda la responsabilidad, la figura paterna encarna en aquellos visionarios que fusionan el cariño y la disciplina en un abrazo. Hoy por hoy,  cuando el individualismo deviene en egocentrismo y declina la capacidad de compromiso, la paternidad es una convicción, una generosa actitud, la versión más honesta de la empatía que se reproducirá en el futuro cuando los hijos (propios o ajenos) se conviertan en padres y repitan el ritual inexorable  de los anhelos al agregar  plumas a las alas que algún día emprenderán el vuelo hacia el punto más lejano del horizonte…



Dedicada al héroe de mi hogar y padre de mis hijos,

y a todas las figuras, sea cual fuere el género,

que valientemente enfrentan los retos de la paternidad.



Feliz Día del Padre!!

domingo, noviembre 27, 2011

Momentos estelares

En algún lugar perpetuo, sobre las órbitas excéntricas del tiempo se producen coincidencias excepcionales que se materializan en afinidades expansivas que abandonan el silencio y rompen los paradigmas imperantes; y en esas circunstancias y sólo entonces, es posible vislumbrar los momentos estelares de la humanidad…

La transición entre las épocas suele ser un periodo de contrastes en el que se agudizan las diferencias, las condiciones en que sobreviven las multitudes llegan a niveles insufribles mientras las élites acaparan todos los privilegios e imponen su visión del mundo. En la sociedad de mercado los consorcios del capitalismo industrial impusieron la ética del lucro y glorificaron el consumo compulsivo: para ser feliz es indispensable comprar y el valor de las personas varía en función de su poder adquisitivo. Por esta imposición, las festividades giran en torno al consumo y el mejor de los ejemplos es el Viernes Negro cuando hordas frenéticas irrumpen en tiendas y almacenes buscando la felicidad en el vértigo compulsivo de mil y un ofertas.

Pero las idiosincrasias tienen una fecha de caducidad, que coincide con una temporada de cambios en el entorno social. Y el imperio del consumo no será la excepción. Al margen del mercado, donde lo valioso se materializa, ha sobrevivido la visión humanista, esa convicción que denuncia los estragos de un sistema inclemente que produce gente indiferente y ensimismada. En la posmodernidad se inicia un proceso inexorable: las minorías del pasado ahora son mayorías dispuestas a defender su derecho a la felicidad, en los grupos marginados surge la empatía como elemento de cohesión y los rígidos modelos sociales tienden a suavizarse.

En el vienes negro reciente, en el fragor de las compras se escucharon las protestas de los indignados, ese ejército de desafortunados que han perdido la cualidad indispensable para sobrevivir en este mundo: la solvencia. Este movimiento de indignación se expandió rápidamente en todo el mundo porque la producción de marginados no ha cesado desde la primera revolución industrial y, hoy por hoy, la insolvencia alcanza niveles nacionales por la propagación de la volatilidad financiera.

El sistema global sustentado en el consumo se tambalea: la crisis por endeudamiento en la zona euro está extendiéndose rápidamente y los mercados temen un efecto de contagio de dimensiones inimaginables hacia otros países y regiones. Estas son condiciones para el advenimiento de una época de transformaciones y cambios significativos en las convicciones y en las prioridades. Porque los periodos críticos provocan reacciones extraordinarias, entre las ruinas de los imperios yacen los cimientos de un nuevo orden social y en el porvenir se vislumbra el resplandor de uno de los momentos estelares de la humanidad…