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miércoles, febrero 14, 2007

El amor en los tiempos de Internet

“Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada,
oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
—¡Es el amor que pasa!”

Gustavo Adolfo Bécquer


En algún lugar de la fatalidad, en el sitio más inesperado y en el momento menos oportuno, suelen producirse las coincidencias donde se desvanece la soledad existencial; y entonces, cuando los recuerdos se disuelven entre las sombras del porvenir, el amor surge como un sentimiento que abraza la totalidad del destino humano, suspendido del hilo de dos eternidades…

Una de estas tardes, poco antes del ocaso, mientras contemplaba la inverosímil quietud del viento, descubrí a Cupido. Lo encontré al seguir el vuelo caprichoso de los colibríes. Estaba en un árbol, sentadito en una rama buscando un sitio donde guardar su arco y sus flechas, porque aquel, era el último día de sus andanzas como emisario del amor. Cuando notó mi extrañeza ante semejante noticia, me dijo que había decidido cambiar su modus operandi porque ahora el romance surge en la Red en citas a ciegas donde se conectan miles de corazones solitarios. Y que además, ya no quiere desperdiciar el encanto de sus flechas, porque desde que salió a la venta el perfume de feromonas ya nadie cree en el amor a primera vista. Me confesó su desesperanza por la tremenda devaluación que han sufrido los besos, que ahora son tan sólo un gesto frívolo y vacío, porque dejaron de ser aquella incomprensible fusión de dos vidas en el mismo instante.

Me dijo que su desilusión es inmensa porque ya ningún mortal se atreve a tomar la ilógica decisión de sacrificar la libertad en un desplante de pasión y libre albedrío. Añoró aquellos tiempos cuando los poetas escudriñaban, sin éxito, la inexplicable transformación de la posesión en entrega. Recordó la etérea atmósfera del romanticismo, donde se percibía la libertad del espíritu y cuando la fortaleza provenía de la certeza de saberse amado.

Pero me aseguró, que ni tecnología avanzada, ni el mapa del genoma humano lograrían descifrar los misterios del amor; y que no obstante el vertiginoso ritmo de la vida actual, los mortales siempre serán susceptibles a sus estragos, porque el indescriptible juego de influencias entre la atracción y el destino, será una de las grandes incógnitas de la humanidad.

Ese sublime sentimiento que se apodera de nuestra voluntad, que altera la percepción del mundo y que nos enaltece como seres humanos y nos obsesiona con dar lo mejor de nosotros mismos, ya se ha incorporado al hiper espacio: desde una conexión transformará paulatinamente a los cibernautas en enamorados, los besos serán asincrónicos, el romance será ubicuo y el sexo virtual Aquella noche, antes de partir y con un dulce gesto de desconsuelo, Cupido se quitó sus alas y las guardó en el haz del primer rayo de Luna, donde se confunden la realidad y la ficción. Y desde entonces, Cupido es un experto en Informática que navega a través de la anchura de banda disparando saetas de silicio a los incautos, pero ningún ordenador ha logrado codificarlos.

Porque aun en la ubicuidad del Internet… en el sitio más inesperado y en el momento menos oportuno, se producirán las coincidencias donde se desvanecerá la soledad existencial; y entonces, cuando los recuerdos se disuelvan entre las sombras del porvenir, el amor resurgirá como un sentimiento que abraza a la totalidad del destino humano, suspendido en el hilo de dos eternidades…


A todos, absolutamente todos mis lectores:

Ojalá que oigan flotando en olas de armonía,
el rumor de los besos y el batir de las alas de Cupido,
y que el amor sea siempre su fiel compañero.


¡Feliz Día del Amor y la Amistad!

martes, octubre 31, 2006

La Noche de los Fieles Difuntos

“Vivir en el corazón de aquellos que
hemos dejado, no es morir”
Goëthe

En algún lugar de la noche, en un sendero alfombrado de cempasúchil que conduce a una cruz de ceniza impregnada del aroma del incienso, cuando la llama azul de las velas ilumina los puntos cardinales, revive un mito ancestral para remover el dolor causado por la ausencia.

Dicen que los mitos expresan los sentimientos más recónditos de los seres humanos y que están construidos con todos los misterios y los temores que nunca se han esclarecido… y que esta noche, el miedo y el dolor se fundirán en un abrazo fatal para rendirle culto a la muerte con la remota esperanza de reencontrar a quienes he perdido.

Es posible que la muerte sea una venganza a la vida porque nos libera de todas las vanidades y banalidades con que vivimos para convertirnos, a todos por igual, en huesos o cenizas… por eso, esta noche, voy a jugar con la calaca, flaca y catrina, pretendiendo ignorar que es ella quien juega conmigo.

La poesía me enseña que el hombre vive, sueña lo que es hasta despertar; y que la vida es la niñez de la inmortalidad… y así, esta noche, entre las sombras y la ficción, sin saber por qué sí ni por qué no, la vida de los difuntos iluminará mi memoria.

La oscuridad de la incertidumbre y el silencio perpetuo de los sepulcros adquieren forma y sustancia en los símbolos… porque esta noche, con un puñado de sal evitaré que se corrompan los recuerdos, expiaré mis culpas ante una cruz de cenizas y brindaré con mis difuntos con un trago de tequila.

Los sentimientos y resentimientos se desahogan en los rituales que desvanecen la distancia entre la vida y la muerte… y esta noche, voy a velar junto al altar de mis difuntos, esperaré junto al cempasúchil hasta que la luz del día confirme la irrealidad del mito.

Y después de esta noche, mientras llega el momento fatal y definitivo, cuando habrán de despejarse todas las incógnitas y develarse todos los misterios, la vida transcurrirá entre sueños y lamentos, ajena a las verdades absolutas porque un enigmático equilibrio así lo ha dispuesto. Y por eso, las utopías que pretenden embellecer la existencia humana, germinan y florecen fuera del camposanto y solamente en la ingenuidad es posible sobrevivir en un mundo incoherente: un planeta lleno de crueldades e ignorancia, con destellos de bondad y justicia; un compendio de historias que se repiten una y otra vez.

Sobrevivimos ingenuamente buscando la razón de la existencia en las estrellas, adivinando el futuro entre las líneas de la palma de la mano, escuchando relatos y creyendo en leyendas porque todas esas verdades están más allá de nuestro alcance.

Hoy por hoy, vivimos en un entorno que agudiza las diferencias imponiendo un modelo global; desperdiciamos la vida entre el consumo y una larga lista de deudas y plazos; materializamos lo sublime y olvidamos lo trascendente.

En un desliz globalizado, importamos costumbres y calabazas y nos vestimos como las monstruosidades extranjeras, cuando tenemos en el País valiosos especimenes en la clase gobernante que encarnan todas las perversidades posibles.

…¿Yo?... No sé si alguno de mis difuntos ha visitado alguna vez mi altar de muertos. No sabré jamás si alguno de ellos me acompaña de vez en cuando… pero esta noche, mantendré viva la esperanza porque quiero creer en lo imposible, porque para mí este mito es un consuelo terrenal.

Y quiero bailar con mi amiga Conchita y platicar con la Bona, cantar con el Ingeniero Vallejo, ofrecerle una taza de café a mi tía Irma y servirle unos chongos zamoranos a mi papá, jugar con mi perrito “Junior …”

… y ojalá pudiera escuchar en el eco de la noche… la voz de mi hermana Cuquita saludándome.

domingo, octubre 08, 2006

Del origen y el Destino

En algún lugar del trayecto, en un instante perenne entre el origen y el destino, las presencias se transforman en reminiscencias y el aroma del hogar se instala en la grieta más profunda de la memoria, donde la realidad no puede alterarla ni distorsionarla…

Una de las secuelas del modelo económico sustentado en el mercado, es la sacralización del trabajo: las condiciones de vida, y la vida misma, dependen del trabajo, sin él no ha posibilidad alguna de sobrevivir con dignidad y no se puede ascender en una sociedad cruelmente estratificada.

En la aldea global, como en todas las épocas anteriores, el instinto de conservación se impone y para sobrevivir es indispensable trabajar, donde sea y como sea. Y así, buscando el sustento y un mejor porvenir, millones de seres humanos se han desplazado en olas migratorias, tenues pero persistentes, subrepticias pero contundentes.

Por eso, actualmente millones de vidas transcurren en dos sitios diferentes y distantes; se nace en el terruño, que se abandona buscando la preparación académica que brinde mejores oportunidades de trabajo, las que se encuentran en los centros estratégicos de desarrollo, generalmente al otro lado del mundo, y ahí se vive en un lugar y se trabaja en otro.

Así, la ubicuidad es una de las características del hombre postmoderno: son varios los gentilicios que pueden atribuirse a una persona, ya sea por su origen, por su formación, por su profesión, por su domicilio fiscal ó por la dirección de su casa, pero la manera más efectiva de localizarlo es mediante correo electrónico, telefonía celular o señales satelitales, que son dispositivos y artefactos extraterritoriales, que irónicamente también son ubicuos.

Las migraciones, los desplazamientos de las personas en función del trabajo con la intención de adoptar una nueva residencia, es un componente de cambio poblacional tan decisivo como la fecundidad y la mortalidad.

Pero como todo tiende a evolucionar, las olas migratorias han derivado en la trans-migración: todos los días se recorre el mismo trayecto de ida y vuelta, del hogar al trabajo y del trabajo al hogar, invirtiendo gran parte del día en transportarse de un lugar al otro y viceversa. El hogar es tan sólo el lugar donde se pernocta porque la vida se dispersa allá afuera.

Y así, las biografías en la postmodernidad son una transmigración, los seres humanos viven sin ubicación permanente ni destino establecido, lejos de las raíces, cerca de todo y de nada a la vez, repartiendo la memoria en varios entornos y dejando un pedazo del corazón en todos ellos.

¿Yo?... Soy un compendio de gentilicios… cuenta la leyenda que mis bisabuelos nacieron en Loreto y llegaron a Mexicali buscando trabajo; años después, los abuelos viajaron desde Tijuana hasta Puebla por la promesa de una vacante en el ferrocarril; pero la promesa no se realizó y durante el triste regreso hicieron una escala forzada en la Ciudad de México, donde por azares del destino, se conocieron mis padres; mi padre fue el hijo único de una joven que nació en Querétaro y creció en Zacatecas donde se enamoró; por los agravantes de la situación tuvo que cambiar su residencia a la Ciudad de México, donde cuarenta años después yo nací, y ahí crecí, estudié y me casé; por requerimientos del trabajo he vivido en San Luis Potosí, donde nació el primero de mis hijos, volví a la Ciudad de México, donde nació mi hija, quien al cumplir los dos años emprendió con su familia el viaje a Mexicali, donde vivimos desde entonces.

Ahora, el calor de los brazos de mi madre es una necesidad vital que me parte el corazón, porque desde aquel instante perenne entre mi origen y mi destino, cuando las presencias se transformaron en reminiscencias, el aroma del hogar emergió de la grieta más profunda de mi memoria, donde la realidad nunca pudo alterarla ni distorsionarla…

miércoles, agosto 23, 2006

Líneas, fronteras y climas

En algún lugar de la cosmogonía, en el principio de los tiempos emergieron del caos las leyes de la naturaleza, y desde entonces, el color de la piel coincide con el clima, el ocaso se inicia en el oeste, en los polos existen los hielos perpetuos y la prosperidad obedece a la fuerza magnética del planeta.

En la geografía económica y social del planeta aún persisten los límites legendarios que dividen a la humanidad: la línea Este- Oeste separa las naciones civilizadas y las arcaicas; la línea Norte-Sur aleja a los pobres de los ricos. La influencia contundente e irreversible de las leyes universales de la física y la biología en la especie humana se agudiza con las tendencias sociales; de esta manera, la frialdad de los polos, la prosperidad y el racismo se concentran en el norte occidental, mientras en el sur y en el poniente prevalece la calidez, el desamparo y la humildad.

Hoy por hoy, este argumento, que algunas veces fue considerado como un enfoque innovador y otras como una ingenua explicación, se actualiza y se reedita con el resurgimiento de aquellas aberraciones que se creían exitosamente superadas cuando la modernidad proclamó el triunfo de la razón sobre las ideas absolutas y totalizantes.

Ahora, las líneas imaginarias que polarizan a la humanidad se agudizan y reubican: las diferencias existenciales Norte-Sur ahora son más profundas y se traducen en la contradicción Trabajo vs. Dignidad; y la estratificación de las naciones obedece ahora al Eje del Mal que establece la lucha entre el Terrorismo y la Democracia.

Por eso, quienes creían que los genocidios se extinguieron con la derrota del nazismo duermen el sueño de los justos, y todos aquellos que celebraron la caída del Muro del Berlín deberían condenar ahora la xenofobia en la frontera de Arizona.

El neo-nazismo con sus cabezas rapadas y el KKK actualizado construyen el nuevo muro de la ignominia en la frontera entre México y EUA. En el país donde el trabajo es un fetiche y el ocio es un placebo, las víctimas de la discriminación son ahora estigmatizadas por el desempleo, que ahora coincide con el color de su piel.

Porque ahora, hacia el norte se concentran los sueños, la riqueza y la prosperidad, la libertad y el porvenir, pero ese mundo feliz y fantástico se sustenta en la explotación de los trabajadores indocumentados.


Y en esta época, cuando los grandes relatos han fracasado, y en la geografía del empleo, los efectos actuales de la línea Norte-Sur conforman un flujo, tenue pero persistente, que se inicia con la migración ilegal, la que provee a los empresarios norteamericanos de mano obra barata de trabajadores que realizan todas las tareas que nadie en ese país quiere realizar; la explotación de los trabajadores ilegales genera excedentes de producción a bajo costo, lo que incrementa las ganancias en el mercado; del infra-sueldo que reciben los trabajadores ilegales se conforman las remesas de dinero que se envían a nuestro país y que ya constituyen la segunda fuente de ingresos en el PIB (sólo la superan las divisas generadas en PEMEX); esas remesas le permiten subsistir a cientos de familias en el agro mexicano, y parte de esas remesas se destina para pagar el traslado a la frontera de otros aspirantes a indocumentados; el cruce ilegal por la frontera cada vez es más costoso por el aumento en las medidas de seguridad y la paranoia en la frontera norteamericana; sin embargo, la desesperación y el ingenio seguirán siendo la única tecnología para burlar cualquier control aduanal.

Pero, a pesar de las líneas imaginarias, ni los límites de la geografía económica ni las justificaciones de la nueva versión de los vencidos logran convencerme de la superioridad de los unos sobre los otros… y creo que nunca la aceptaré… tal vez, si yo hubiera nacido en un clima más frío, mi piel hubiera sido más blanca, mi estupidez más grande y mi corazón más duro…

3 de Abril del 2005

Laura M López Murillo
enalgunlugarlaura@hotmail.com

martes, julio 25, 2006

Ellos y Nosotros

En algún lugar del organigrama social, en un espacio lúgubre, aislado y alejado, sin conexión alguna con el resto de los grupos en la comunidad humana, en un sombrío recuadro se circunscribe la clase gobernante.

Los acontecimientos recientes en el ámbito electoral y en la vida política nacional confirman mis sospechas respecto a la naturaleza biológica y mental de aquellos que se dedican al ejercicio de la política.

Todos esos energúmenos forman parte de una subespecie animal híbrida: Poseen rasgos de los parásitos, de los grandes depredadores, de los carroñeros y de los reptiles; y en su actividad cerebral se han identificado los procesos mentales de psicópatas, mercenarios y criminales.

Es evidente que en el caso de los políticos se distorsiona el diagrama del genoma humano, y de esta mutación genética surge una seudo-raza de seres degenerados. Aún no se han logrado unificar los criterios, pero la opinión generalizada entre los científicos establece que estos especimenes se crean por generación espontánea, porque todas sus acciones y decisiones confirman que no tienen madre.

Esta hipótesis también se sustenta en los índices de la calidad del aire en los recintos políticos, pues en todas las dependencias de gobierno, en todas las oficinas de partidos políticos, en todas sin excepción, se respira aire pútrido. Luego entónces: los únicos seres con la capacidad fisiológica para sobrevivir en la inmundicia son los entes políticos.

Respecto al origen de esta subespecie, todo parece indicar, que adquieren sus rasgos distintivos a la sombra del poder: Si algún ser humano, normal pero incauto, sucumbe a las canonjías y adulaciones emanadas del poder, por leve que éste sea, sufre una metamorfosis irreversible e inexorable hasta convertirse en un prepotente, en un dictadorzuelo, o en un jefazo; y en cuanto logra poner el pie sobre alguien más débil, jamás podrá recuperar su condición humana.

Paulatinamente, aquella persona que alguna vez caminara erguida con la frente en alto, adquirirá la habilidad de reptar y arrastrarse, de soltar lisonjas y promesas, de mentir y exagerar. La última pizca de dignidad de pierde en el preciso momento en que desaparece la opinión propia para adoptar las ideas de un líder sin convicciones y ávido de poder.

En cuanto se asciende en la escala política se adquiere la cómoda capacidad de los parásitos, porque el erario es la fuente de los ingresos y el presupuesto se constituye en el modus vivendi. Simplemente por el hecho de existir en la nómina se adquiere una inexplicable solvencia económica; posteriormente, si se accede a posiciones estratégicas del poder, se desarrolla la habilidad depredadora de recursos; y el apetito carroñero aparece cuando se aprovecha y se capitaliza la desgracia de los adversarios.

Las diferencias raciales entre la gente normal y los entes políticos se agudizan en el solsticio de invierno, cuando todos los seres humanos de buena voluntad hacen una pausa para buscar en su interioridad algún vestigio de la esencia divina. Cuando la población se encandila con el ambiente navideño, los políticos aprovechan la indiferencia generalizada para aprobar leyes y reglamentos sin que nadie diga nada porque a nadie le importó.

Me queda claro que la clase política es una subespecie de seres sin escrúpulos que no tienen corazón y pululan alrededor del poder. Pero la naturaleza es sabia: En este ecosistema, esa fauna híbrida cumple la función prioritaria de ser motivo del escarnio popular, ellos son los personajes de parodias y leperadas, son el detonante de nuestro sentido del humor; porque nosotros, los seres de condición humana, tenemos la virtud de reírnos de nuestra desgracia.


24 de Julio del 2oo6

Laura M López Murillo
enalgunlugarlaura@hotmail.com

jueves, junio 22, 2006

Bajo el influjo de La Luna

En algún lugar del firmamento entre el cenit y el nadir, una noche de Octubre, envuelta en los brazos de la gravedad y la inercia, la Luna se llevó mis pensamientos al Mar de la Tranquilidad. Cuando alunizó mi mirada en la desolación de sus valles, comprendí que la ciencia jamás podrá despejar la incógnita de la soberbia lunar y que el halo de su misterio es aún indescifrable.

¡Ya sé! …
Usted está pensando que soy una lunática… y déjeme decirle: ¡que tiene toda la razón!
Con el Claro de Luna de Beethoven me escapo a un universo paralelo y placentero, me sé de memoria la leyenda del hijo de la Luna de Mecano y por experiencia reconozco que si me bajaran la Luna… ¡no sé cómo diablos la cargaba!

Admito mi tendencia selenita porque soy una figura solitaria, aunque ahora soy tan contundente como la Luna Llena, alguna vez fui tan frágil como el Creciente y a menudo soy retraída y huraña como la Luna Nueva.

Estoy convencida de que la Luna aún conserva su magia porque a pesar de estar tan ocupada confirmando las leyes Universales de la Física ha tenido el ingenio para desafiarlas y ha desplegado la fantasía que inspira cuentos, poesías y canciones.

A pesar de sentirse tremendamente atraída a la Tierra y nunca poder tocarla, algunas noches, la Luna le alborota los océanos y sus caricias tienen forma de mareas. Y aunque la Tierra y la Luna jamás ocuparán el mismo lugar en el espacio, se requiere de un inmenso encanto para mantener el mismo nivel de atracción durante siglos y siglos.

¿No cree que la Luna es simplemente fantástica?…
Aunque la han observado hasta el último rincón, la han pellizcado por todos lados para analizarla, la han pisado y le han impuesto un propietario y una banderita, la Luna sigue siendo ella misma: refleja con soberbia su misterio en el espejo del Hubble, conserva su belleza en el núcleo y se mantiene flotando con su impecable estilo… ¡quien pudiera ser como ella!

Por eso, a partir de esta noche me voy a dormir en el techo de mi casa para platearme con los rayos de la Luna, y siguiendo los consejos de Sabines voy a tomar cada dos horas mis cucharadas de Luna, en dosis precisas y controladas para desintoxicarme de la filosofía, llevaré como amuleto un pedazo de Luna en el bolsillo para encontrar al ser amado, conservaré un frasquito de aire de la Luna para no agobiarme y pondré debajo de mi almohada una hoja tierna de la Luna para mirar sólo lo que quiero ver.

18 de Julio de 1998.

Laura M. López Murillo
enalgunlugarlaura@hotmail.com

martes, junio 20, 2006

Auditoría interna

En algún lugar, sobre la puerta del refrigerador y sostenida por un magneto, tengo la última factura que me cobró la vida. Aunque ya pagué mis deudas, la conservo ahí, donde siempre puedo verla, como un memorándum de lo cruel que resulta ajustar cuentas con el destino. Siempre creí que el dictámen de mi proceder llegaría hasta el día del juicio final y nunca me preocupé por el balance de mis días.

Así que, ya se imaginará cómo me sorprendí cuando recibí mi estado de cuenta. Sólo de recordarlo… ¡me dan escalofríos!
En el instante en que ví el monto de mi adeudo, me quedé muda porque los ovarios me obstruían la garganta. El impacto emocional me zarandeó los sesos y no pude leer las condiciones de pago porque trataba de evitar que se me salieran los ojos.

¿Cómo dice? …
Mire; si usted está que se lo lleva el diablo porque le mortifica sobremanera todo eso de los créditos, déjeme decirle que éso: ¡no es nada!
Si viera qué altos son los réditos que cobra el destino, porque ahí, donde más le duele, es justamente donde se capitalizan los intereses.

Pero, ¡bueno!…Usted no deje de preocuparse.

¡No! …
Yo no sé quien elabora los estados de cuenta. Podría ser un agrónomo, porque no hay una sóla semilla, buena o mala, cuyo fruto no se coseche. Aunque, viéndolo bien, podría ser un ingeniero en sonido, porque el eco de nuestras palabras, tarde o temprano, nos perfora el tímpano…
¡Vaya usted a saber!

¡Ah! Pero déjeme decirle: así como nos cobran los errores u omisiones, así tambien nos abonan los detalles nobles y sinceros. Y no sé en qué legislación se fundamente; ignoro si se trata de la ley causa-efecto; podrían ser predisposiciones kármicas, o tal vez el filo de la espada de Damócles, pero ante los ojos de la justicia universal, no hay mérito ni bondad que no se recompense, ni deshonestidad que no se castigue.

¿Queeé?…
¡Uff! …
Me salió ¡ca-rí-si-mo!
Me cobraron el uso indebido de berrinches, la desmesurada concesión de confianza a quien no la merece, la privación ilegal de la realidad, la demanda excesiva de respuestas, los silencios innecesarios y las palabras sin convicción… y ya mejor ni me acuerdo, porque me duele el codo y… el ego. Quedé tan frágil después de saldar mi deuda, que tuve que declararme en quiebra.

¡ Y créame! No se lo deseo a nadie.

El ajuste de mis cuentas me exprimió el alma, porque la erogación debe hacerse en especie: ya sea con varios litros de lágrimas, o con una tonelada de remordimientos. Y aunque fue una experiencia extenuante y devastadora: ¡no tiene precio!
Cuando el destino se dió por bien pagado, le imprimió el sello de la serenidad a mi conciencia.

¡Pero fue tan difcil aceptar la bancarrota! …

Volver a empezar a partir de cero, me exigió duplicar mis esfuerzos y mi buena voluntad. Sin un patrimonio que respaldara mi existencia, tuve que vivir al día, pero aprendí a concederle a los acontecimientos, su justo valor. Reestructuré mi organigrama y sólo conservé los afectos sinceros.

A partir de entonces, he procurado sanear mis finanzas y llevar un balance de mis actitudes. No tengo ni la menor idea de mi saldo, pero de vez en cuando, me hago una auditoría interna con la finalidad de elevar el índice de mi calidad humana.

Pero ¡éso sí le digo! No me vuelve a pasar.

Por eso, tengo la factura a la vista, y por éso, lo pienso dos veces antes de pasarme de lanza. Además, estoy buscando a un experto en finanzas para que me ayude a renegociar mis pasivos y un monge tibetano me está enseñando a fortalecer mi espíritu.

Y usted…¿tiene algún indicio del estado en que se encuentran las finanzas de su vida?

25 de Septiembre de 1998.

Laura M. López Murillo
enalgunlugarlaura@hotmail.com

El bastión del silencio

En algún lugar del aire, donde se desvanece la frontera entre lo sublime de lo absurdo, en una repisa apacible, tengo una botellita que contiene mis silencios, porque un buen día, comprendí que guardar silencio es mucho más digno que intercambiar necedades, y desde entonces, lo he atesorado y he desechado las diatribas y peroratas inútiles.

Cuando las palabras son el reflejo del sentimiento o de la razón, hacen vibrar el aire y la conciencia de quien las oye…

¡Oiga!…
Le estaba diciendo, que cuando sus palabras no superen la ecuanimidad de su silencio: ¡no las diga!.

… ¿Me está usted escuchando?…
Debe tener mucho cuidado con lo que me dice. Mire que con sus palabras puede construir afinidades y entrelazar vidas o puede destrozar mi susceptibilidad y traicionar mi confianza...

¡Sí! Es muy riesgoso manejar la palabra; es un arma de dos filos y puede ser letal. De la voz se desprenden afectos argentinos y gratificantes, pero también se desencadenan las más graves notas de desprecio.

¡Si sí! Pero, ¡claro!
Por supuesto que admiro a Marcel Marceau, pero yo no le hago a la mímica. He tratado de sincronizar mis neuronas y mi voz. Antes de hablar, cuantifico la repercusión de mis palabras y si no alcanzan la longitud de onda del Kriptón 86, entonces: me muerdo la lengua, frunzo el ceño y censuro mis palabras con todo el rigor de la Ley Mordaza.

¡Y viceversa! Cuando escucho intrascendencias, entran por un oído, pasan sin dejar rastro alguno en mi memoria, y en cuanto salen por el otro oído, las mando directamente al Corral de la Ignominia.

¡Hey! ¡Hey!…¡Oiga!…
¿No cree que sería mucho más reconfortante, compartir un silencio que enredarse en dimes y diretes?

…¿Se ha quedado usted afónico?…
Entonces, ¡dígame! ¿No le parece que el silencio es una fortaleza inescrutable donde podemos refugiarnos de la ironía, de lo hiriente y de lo absurdo?

¡Épale!
Cuando yo hablo, me gusta que me miren a los ojos…
¡Fíjese bien en lo que he estado diciendo!…
¡Óigame!…
He hablado como chachalaca y usted…¡ni se inmuta!
Después de un incesante bla-bla-blá, he llegado a la conclusión de que ésta boca es mía y usted: ¡ni se entera!

Pero, ¡bueno!…
Usted también tiene derecho a refugiarse en su silencio; eso puedo entenderlo.
Pero…¡dígame!
¿A dónde rayos mandó todas las palabras que le dije?…
¿A dónde?….
¡Ay!… ¡Qué gacho!

25 de Enero de 1999.

Laura M. López Murillo
enalgunlugarlaura@hotmail.com

La curandera

En algún lugar de la Selva Lacandona, muy lejos de la prosperidad, vive una curandera maravillosa…
¿Que cómo llegué ahí? …
Pues, ¡no sé!
Yo andaba buscando al tal Marcos, pero el pasamontañas no me dejaba ver bien, no sé dónde perdí el rumbo y …
¡No! … No encontré a Marcos, pero la curandera me encontró a mí.

Ella me platicó que tiene la virtud de reconstruir corazones heridos, que ha enderezado muchas vidas y que conoce todos los secretos de la naturaleza humana.

Cuando ella descubrió la curiosidad en mis ojos, me hizo suspirar, y con una ramita de hierbabuena, midió la profundidad de mi desaliento.

Puso una pelotita de chicle en mi mano derecha y me dijo que la oprimiera con fuerza, para que se dibujaran las huellas dactilares de mi ingenuidad.

¿Que cuál fue el diagnóstico? …
Ella me dijo que la aspereza de la ingratitud ha lastimado mi generosidad; que mi buena voluntad se ha debilitado, porque en la mayoría de los casos, la bondad no es bien correspondida.
¿Acertada? …
¡Sí! Totalmente. La deslealtad y la ingratitud me han causado una herida tan profunda, que a veces, me arrepiento de haber sido tan benevolente con quien no lo merecía.

Le confesé mi decepción a la curandera, y ella me dijo que la memoria de los ingratos es endeble y veleidosa, y sin embargo, los efectos de una acción noble y generosa siempre perduran, a pesar de la indiferencia y el olvido.

Me dijo que ella conoce muy bien el daño que causa un corazón desagradecido, pues muchos enfermos y desventurados, humildemente han pedido su ayuda y sus consejos; pero en cuanto los desvalidos recuperan la salud y la fortuna, la soberbia les impide reconocer la bondad que han recibido.

¡Sí! …
La necesidad y la conveniencia se disfrazan de amistad… Cuando ya no hay intereses de por medio: se acaba el cariño y uno se queda chiflando en la loma con la amarga sensación de haber sido utilizado.

… ¡Oiga! ¡Tiene razón!
Todos los oportunistas usan un ábaco muy distorsionado. Si usted cree que alguno de ellos le debe un favor…¡olvídelo! Con el simple transcurso del tiempo, usted será quien salga debiendo, porque a fin de cuentas, ellos le brindaron el invaluable privilegio de ayudarlos…

¡Ya sé! ¡Ya sé!
Así es la condición humana…
¡Ah! Pero una cosa sí le digo: lo peor que puede sucederle a todos los desagradecidos, es que sigan siendo exactamente como son: advenedizos, volubles, egoístas y …

… ¡No! …
Yo ya estoy bien. Para quitarme el espanto, la curandera me dio un remedio de inhalo-terapia. Me dio una vela de esperanza y me dijo que la enciendera en una noche de Luna Menguante, para que su flama se llevara todos mis desengaños. Para sanar mis heridas, me dio unas varitas de incienso y me dijo que las encendiera en las noches de Luna Creciente.

… Pues mire: cuando se extinguió la llama de la vela, exhalé mi desconfianza; y cada vez que inhalo el incienso, se fortalece mi buena voluntad.

Desde entonces, cuando tengo que enfrentarme a la ingratitud, recuerdo los consejos de la curandera y ya no me lastima la deslealtad.

… ¡Ay! …
Pues, fíjese que no sé cómo se llama la curandera… y tampoco sé dónde encontrarla.
Usted podría preguntar por ella en San Andrés Larráinzar… o en Acteal…
Es posible que el tal Marcos ó Samuel Ruiz la conozcan…
Pero lo más seguro, es que ella lo encontrará a usted.

Viernes 26 Febrero 1999

Laura M. López Murillo
enalgunlugarlaurahotmail.com